miércoles, 31 de marzo de 2010

Trilce

Me parece increíble que aunque sigamos viviendo en la misma ciudad (si: a veces se me desborda la ingenuidad) no nos hayamos vuelto a encontrar. Así, fortuitamente, como resultan esos encuentros, como se encontraban Oliveira y la Maga: al cruzar una calle o dar vuelta en una esquina, al encederse las luces en una sala de cine, en la fila del supermercado, al escrutar con la mirada las incontables y fugaces caras de transeúntes, pasajeros, conductores... Después de esa última vez que nos vimos, supongo que por mera casualidad, nunca más ha sucedido. Yo iba entrando en una Iglesia y tu salías, justo en ese momento. Clavaste tus ojos en los míos, no dijiste palabra pero me hiciste saber que preferías no verme, mucho menos hablar conmigo. Diste media vuelta, regresaste sobre tus pasos; torpemente -yo no estaba invitada a la boda, luego supe que tu si- alcancé a felicitar a la novia (al novio no recuerdo haberlo visto) y me fui. No intenté seguirte. No pude preguntarte, ¿qué ha sido de ti en todos estos años? Entonces solo habían pasado tres o cuatro desde nuestra separación. Ahora suman ya catorce. También me parece increíble que todavía no me haya librado de tu recuerdo.

Y esta tarde la tecnología (movida por la curiosidad del pequeño fisgón que llevo dentro) me permitió verte. A distancia, en la lejanía aséptica del que mira sin ser visto, del que pareciera no comprometer el corazón, del que interpreta indicios y se entera, inoportunamente y a destiempo, de lo que ha pasado. Sin los riesgos de estar cara a cara, sin el pánico de saber que, de encontrarnos de nuevo, tu me darías la espalda aunque yo querría abrazarte, disculparme una y mil veces (decirte que en verdad lo sentí entonces y lo siento ahora), explicarte y preguntarte tantas cosas. El que busca encuentra. Hoy te encontré: algunas fotos, varios videos, evidencia de que sigues ahí, Dios sabrá dónde. De que la vida continuó después de todo. De que cada uno siguió como pudo y se hizo de esa vida que cuando estábamos juntos era un vago proyecto en ciernes. Es triste y dulce verte así. También lo es darme cuenta de que esta es la única forma en que puedo y, tonto consuelo, podré verte.



Versos de
Trilce, cortesía de César Vallejo.
Video de Drake de Beth Gibbons, cortesía de ramelou.

sábado, 27 de marzo de 2010

¡Feliz primer aniversario!
































Tres formidables tartas cumpleañeras para el primer aniversario de nimbemon... ¡Espero alcancen para todos!
Pasteles cortesía de www.venuscakes.com

jueves, 18 de marzo de 2010

La niña de los insectos o de cómo llegué a leer cierta novela (y de qué trata)

I
El recorrido por los vericuetos del encuentro y lectura de ciertos libros parece tener que ver más con la forma (misteriosa, es cierto) en que los propios libros lo encuentran a uno y, a veces después de décadas, se dejan leer. De niña, la cubierta frontal de un libro en el estudio de mi padre llamaba particularmente mi atención. Sería porque ese libro estaba en medio de una repisa, justo donde a veces se halla un espacio vacío que espera ser llenado con más libros y que crea, en su vacuidad transitoria, una especie de ventana que permite ver no solo el lomo sino también alguna de las dos cubiertas del afortunado libro que no está comprimido entre otros dos. (¿Habrá sido realmente así? ¿O, tal vez, este libro particular estaba en un lugar privilegiado, justo en el librero a la entrada del estudio o sobre la mesa de trabajo o coronando una torre de libros junto al sofá, bajo la ventana, y no había forma de ignorarlo? No lo sé.)

Según puedo recordar, en la tapa de este libro aparece la cara de un mujer joven, con cierto aire de niña, rodeada de flores e insectos; esta imagen, que miraba y miraba cada vez que la ocasión así lo permitía, me provocaba curiosidad, primero porque "la niña de los insectos", como empecé a llamarla, parecía sacada literalmente de un pasado remoto (el sepia del retrato, supongo, fraguó esa impresión) y segundo porque nunca entendí las razones por las cuales una oruga y unas abejas que parecían polillas enmarcaban la foto avejentada (ahora, con el libro en las manos, veo que la imagen también incluye una mariposa y hasta un angelito que pinta un corazón, detalles que había olvidado por completo).


Ocho palabras custodiaban esta imagen y cuatro de ellas dieron vueltas y vueltas en mi cabeza durante algunos años: Ada o el ardor. El nombre propio no era causa de extrañeza, pero la palabra que le sigue -ardor- siempre desató una letanía de preguntas: ¿le arde algo a Ada? A lo mejor un raspón o un piquete de una de las abejas que la acompañan. Pero, ¡si parecen polillas y esas no pican! No, eso es imposible porque el libro no se llama El ardor de Ada. Entonces, ¿de qué ardor se trata? ¿A quién le arde qué? Y, ¡válgame el cielo!, ¿por qué hay que elegir entre Ada y un ardor indescifrable (recuérdese la disyuntiva que el "o" introduce)? Si hay que escoger, pues me quedo con Ada porque, ¿qué demonios es este ardor y, sobre todo, qué demonios tiene que ver con la niña de los insectos?

II
Pasaron los años y el libro de Ada siguió ahí, en su lugar en el estante (o sobre la mesa o en la torre de libros). Nunca lo tomé para leerlo, quiza lo olvidé con el tiempo; luego entré a la universidad y poco después me fui de la casa paterna a buscar mi propia vida. Un buen día, un amigo de la Facultad me pidió que sacara una novela de la biblioteca de la escuela donde trabajaba y, la verdad, hasta hoy no entiendo por qué él mismo no fue a la Biblioteca Central para hacer lo propio. En fin: saqué Lolita de Vladimir Nabokov. A pesar de que entonces no había leído nada de este autor, ya sabía a qué alude la gente cuando, al hablar de una colegiala muy, muy joven y más perversa aún, dice con desdén: "ah, si: es que es toda una lolita". Esta referencia prejuiciada dió por resultado que me limitara a cumplir con el encargo y le hiciera un monumental feo a la novela del ruso Nabokov.

Al cabo de una semana, mi amigo -lector voraz- devolvió el libro y cuando le pregunté si le había gustado dijo que si. "Mucho", dijo, "es más: muchísimo", enfatizó. Aunque el apellido "Nabokov" yo lo equiparaba en aquél tiempo a una especie de viejillo raboverde que acosa niñas (que le dan tres vueltas, lolitas al fin), pensé que no estaba de más echarle un ojo a la famosísima novela: según yo, no tenía la más mínima intención de leer un libro cuya temática era tan escandalosa (además, pasaba entonces por una etapa de lectura cien por ciento cortazariana en mi pseudoecléctica y, ¡ay!, tan limitada (de)formación literaria). Pero después de revisar la primera página, mi opinión sobre Lolita cambió dramáticamente. El prejuicio se desvaneció con solo unos párrafos y no pude parar de leer las falsas memorias del ficticio Humbert Humbert.

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¿Tuvo Lolita una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, Lolita no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.

Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.


Cuando di la vuelta a la última página de Lolita y finalmente cerré el libro que con tal urgencia y ardor había devorado, me vino a la mente una imagen: ¡la niña de los insectos! ¡Ada! El primer fin de semana que pude fui a comer con mis papás. Después de la inescapable sobremesa corrí al estudio, entré y ahí estaba la Ada de Nabokov, tan disponible y a la vista como la recordaba. La sustraje del estante (o de la mesa o de la cima de una pila de libros) donde la había visto reposar durante tantos años y me la llevé a casa bajo el brazo, lo que dió inicio a una etapa de lectura cien por ciento nabokoviana. A Ada le sigió la soberbiamente fantástica y desquiciadamente creativa Pálido Fuego y después mi gusto por Nabokov se desbordó con Pnin; El ojo; Rey, Dama, Valet; La verdadera vida de Sebastian Knight; una segunda lectura de Ada; La defensa; y Habla, Memoria, más todas sus novelas que me faltan por leer.

III
Hablar de Ada o el ardor es hablar de la nostalgia, la lítost de Kundera, nostalgia por un tiempo y lugar perdidos. La historia épica de esta "crónica de familia" -subtítulo del libro en su edición inglesa- hace referencia a las épocas perfectas de la niñez y la juventud y, poco a poco, a los avatares del devenir adulto y el envejecimiento. El leitmotiv de Nabokov en Ada: el tiempo y los estragos, incluso gozosos, que va dejando, inexorable, a su paso.


Desde que el lector empieza a recorrer el viaje al pasado que la novela plantea, una sensación de añoranza lo invade. "Nuestros recuerdos son más o menos estilizados", dice Nabokov a través de sus personajes y en esta novela construye, a partir de esos recuerdos, una estilizada filigrana de sentimientos, ambientes e impresiones sobre el contundente y también sutil paso del tiempo que cautivan al lector de inmediato. Nabokov claramente toma elementos prestados su propia autobiografía -Habla, Memoria- para construir la trama de Ada.


Ada o el ardor es la historia de amor interrumpida (y largo tiempo prolongada) entre la Ada del título -la niña de los insectos- y su Van, claramente el alterego del autor: escritor, poeta, amante febril, acróbata e intelectual ruso en el exilio americano. Ada y Van, eternos enamorados, primos hermanos muy cercanos, ya ancianos leen el manuscrito de lo que será la autobiografía de Van y comentan al calce sus impresiones en un diálogo que hace las veces de narrador fuera de la historia. Ésta comienza cuando, de niños, comparten los veranos en Ardis -la idílica casa de campo en el inexistente Ladore propiedad de Daniel Veen, padre de Ada y tío de Van- junto a la pequeña y curiosa hermana de Ada, Lucette, y a la madre de ambas, Marina Veen, actriz excéntrica y frívola que recuerda a las divas del cine mudo. Nabokov entremezcla el despertar sexual precoz de los niños con las referencias literarias, los viajes y pasatiempos de su propia infancia. A Ada le presta su afición por la entomología y la botánica; a Van, sus preceptores rusos; a Lucette, su perfecto francés. Al descubrir la razón que prohibe su amor, los adolescentes se separan para continuar su relación a través de cartas: Van desde sus incursiones al selecto burdel Flor Amor y sus correrías con Cordelia y Ada desde el desierto tras casarse con Andrey Vinelander, petrolero ruso-texano. Décadas de correspondencia y el deceso de todos sus familiares anteceden el reencuentro final de Ada y Van, quienes hallan su amor intacto, aunque matizado por su vejez.


Narrada con una fluidez y humor inusitados, a lo largo de sus casi 500 páginas Ada o el ardor es una verdadera delicia. Comparada necesariamente con Lolita por las ninfetas que protagonizan ambas novelas, he de confesar que Ada me gusta mucho más. Tal vez porque la vinculo a un misterio de infancia que afortunadamente se resolvió a su debido tiempo: el significado del ardor que tanto me cuestioné de niña.

-¡Vas a enseñármelo inmediatamente!- dijo Ada, con autoridad.
Van se despojo de su improvisado kilt. Y Ada cambió en seguida de tono.
-¡Dios mío!- murmuró, como un niño que habla a otro niño. -¡Está todo desollado, en carne viva! ¿Te duele? ¿Te duele mucho?
El suplicó: -¡Tócalo, pronto!
-¡Van, pobre Van!- siguió ella, con la vocetita que emplean las niñas buenas para hablar a los gatos, a las orugas, a los perritos. -Estoy segura de que eso te quema. ¿Crees que te aliviarías si te lo tocara?
-¿Que si lo creo? ¡Puedes apostar!
-Mapa en relieve: los ríos de África- dijo la pedantilla. Su índice remontó el Nilo Azul, hasta las selvas, y luego volvió a seguir la dirección de la corriente. -¿Y esto? El sombrerete del champiñón rojo no es ni la mitad de suave. De veras (en un tono intrascendente), me recuerda una flor de geranio, o, mejor, de pelargonio.
-¡Dios mío, ya estás con la botánica!
-¡Ay, Van, Van, ese fruto me gusta! ¡Francamente me gusta!
-¡Apriétalo entonces, tonta! ¿No ves que me muero?

lunes, 15 de marzo de 2010

Cualquier día es bueno para festejar (segunda de dos partes)

Ya se me cuecen las habas (como decía mi madre) por publicar la segunda parte de mis 20 posts favoritos publicados en este blog. Sin más preámbulo -salvo la advertencia al lector de que lo que sigue es una desvergonzada oda a la autocita- he aquí la continuación de la lista celebratoria del primer año de nimbemon...

11. Pensamientos desordenados Un experimento de edición, producto de la lluvia, la lectura, las dudas amorosas, las pláticas con Alex y las recetas del veterinario.
12. Quimeras de los quehaceres Un post sobre las cosas extrañas que se me ocurren mientras hago la limpieza.
13. Salvado por la vergüenza Mi conversación favorita de todas las publicadas en este blog. Hago constar que todo lo que aquí se cuenta efectivamente ocurrió así o, según recuerdo, el inefable P lo narró de esta manera, palabras más, palabras menos, una noche de viernes...
14. La cartita de Felipón Y resulta que un buen día llegó a mi casa una cartita firmada por el mismísimo Felipe Calderón Hinojosa. La leí y no pude contener las ganas de comentarla. Este post transcribe la misiva e intercala unas cuantas opiniones mías sobre su contenido.
15. Cómo se siente vivir. A propósito del primer aniversario luctuoso de David Foster Wallace En julio del año pasado, a diez meses del suicidio de Wallace, descubrí Infinite Jest, su última novela publicada. Desde entonces se me desató la curiosidad por la vida y obra de este escritor americano: he visto todos los videos (que he podido encontrar) sobre él, así como escuchado todos los podcasts de sus entrevistas en radio. Este post es un pequeño homenaje con motivo de su temprana muerte.
16. ¿De que otra cosa podríamos hablar? Muerte, arte, censura, escándalo... y fiestas patrias De cómo, un miércoles que parecía domingo, me subí en el tren de una trifulca que no era mía -en sentido estricto- pero que igual me apropié. Sigan los links y hallaran el encontronazo de opiniones a propósito de la obra de Teresa Margolles.
17. Crónica de dinero y chantaje: sobre el Teletón 2009 El mero día de este evento se me ocurrió prender la tele y la curiosidad mató al gato. Finalmente, uno ya sabe qué esperar de una abrumadora mayoría de los programas de Televisa y ni se diga del "concepto" Teletón...
18. Idas y vueltas La primera "brevedad" que publiqué en nimbemon... Y si: es breve a comparación de la gran mayoría de los posts en este blog. Además me gustan la fotos que la ilustran.
19. Los caminos de la voz Reflexiones sueltas sobre las circunstancias en que/gracias a las que se ha expresado una vocación (más o menos fallida: finalmente lo hago con regularidad) que tengo bastante escondida: cantar.
20. Hoy, después de leer el periódico... o de las consecuencias de (quesque) andarse informando. Otro ejercicio de edición, esta vez con los redondos versos de Miguel Hernández y unas cuantas palabras mías.

Así termina la lista y no está de más dar crédito y expresar por esta vía un especial agradecimiento a dos personas que asiduamente han seguido, leído, comentado e inspirado este blog desde que, hace casi un año, vio la luz del ciberespacio por primera vez: Alex y Beatriz. Amigas mías: infinitas bendiciones, hartos besos y abrazos siempre. Y a todos y todas los y las que andan por aquí, gracias de nuevo. Ojalá nos sigamos leyendo y escribiendo (y también trifulqueando, ¡si!) en el segundo año de nimbemon... que ya inicia.

sábado, 13 de marzo de 2010

Cualquier día es bueno para festejar (primera de dos partes)

Aunque todavía faltan 14 días para el primer aniversario de nimbemon... yo ya estoy de ánimo celebratorio (además, es muy posible que ande de vacaciones el mero día que, un año atrás, vio nacer este bló, por eso tomo mis precauciones y adelanto el festejo). Un 27 de marzo de 2009 posteé la primera entrada; desde entonces me la he pasado escribe que escribe y lee que lee en este universo tan entretenido y fascinante de la blogósfera. nimbemon... ha transitado por épocas extremadamente fértiles (mi exilio de interiores de seis meses, por ejemplo); también le han atacado rachas de sequía creativa. Comento por allá, recibo comentarios por aquí, respondo a tales comentarios (cosa que debo hacer más frecuentemente: digo, ¿para qué sirven este tipo de plataformas sino para fomentar el diálogo y alimentar este ir y venir de opiniones?), lo que ha construido a lo largo de este año intensas relaciones virtuales -dimes y diretes, solidaridades a distancia, complicidades cibernéticas- con personas que no conozco cara a cara (con las que felizmente he compartido este y otros espacios, letra a letra) y con algunas otras con quienes, desde hace años ya, me unen filias y fobias en común. A todos ustedes que siguen este blog, que leen y comentan lo que aquí expongo y exhibo (o que nomás leen sin comentar, todo se vale), mi más sincero agradecimiento.

Como parte de las celebraciones del primer aniversario de este blog (y como no hay ningún comité organizador de las festividades, salvo quien escribe estas líneas), he decidido enlistar y acompañar con un breve comentario los 20 posts -de los 137 en existencia- que, por razones más o menos indescifrables, especialmente me gustan. nimbemon... monotemático (o casi) y circular (bastante, si) hoy se da el lujo de regodearse en la autocita desbocada. Ahí les van pues los primeros diez posts de la lista...

1. El pequeño nazi que llevo dentro Muchas veces en este blog me he referido a esos "pequeños" -periodistas, activistas, censores, cínicos, feministas, musulmanes... toda la fauna propia de los meandros del inconsciente- que, según yo, habitan en mi. Este post es sobre uno de ellos en particular, uno heredado de mis abuelos.
2. Any way the wind vlogs... Para satisfacer mi predilección por la numeralia, actualizaré (al día de hoy) el número de visitas de los tres videos de vlogueros de Youtube que comento en este post: Movies in Minutes - Twilight: 11,849,938; Potter Puppet Pals in "The Mysterious Ticking Noise": 77,356,681; y Marimar de moymoypalaboy: 11,591,581.
3. The Smiths: cantarlo todo y cantarlo bien No se crean que todo es felicidad en este blog: no, no y no. El dolor, ¡ay!, me volvió a dar por ahí de mayo del año pasado. Entonces (y ahora y siempre) la mejor forma de combatirlo fue/es/será cantando...
4. 29 Foro de la Cineteca. Sobre Vals con Bashir de Ari Folman A pesar de los peros que le encuentro, tras un sesudo y exhaustivo balance de las (pocas) películas que vi el año pasado, creo que la que se aborda en este post es definitivamente una de mis favoritas. PD para rf: estoy por leer y comentar tu crítica...
5. El top ten de la semana: 10 argumentos contra Cabrona y Millonaria Ciertamente el post más exitoso de nimbemon... hasta el momento. Desató una verdadera trifulca en la cual hasta la autora del blog a debate participó. De veras que este post ha sido uno de los que más he gozado (qué le voy a hacer, ¡me encanta trifulquear!) en mi joven carrera bloguera. Y ojo: no pueden dejar de leer los comentarios de esta entrada.
6. El top ten de la semana: mis 10 musicales favoritos Si, faltaron muchos, muchos fabulosos musicales en esta lista. Y si: soy fan del género, por lo que este post es toda una apología.
7. Sobre Synechdoche, New York de Charlie Kaufman ¿Qué podría escribirse sobre esta verdadera joya de lo estupendo?
8. De cochineros y otras inmundicias En julio del año pasado la situación de este país era un verdadero desastre; huelga decir que eso no ha cambiado mucho que digamos. Con el pretexto de tres reaction videos (de esos que la gente graba para documentar su primera impresión sobre otro video) yo solita me indigno gracias al patético estado de la política mexicana.
9. Gatitos de miel y quebranto o de cómo Milagros y Pingüino llegaron a mi casa.
10. La rebelión del humo Otra apología entra en la lista: esta vez sobre los placeres de fumar y sus terribles e inesperados riesgos...
Y el post de pilón en este post por el primer aniversario de nimbemon... (no podía faltar con el espíritu festivo y rimador que me embarga esta noche) es:
De raíces y corazones Sobre la separación, el regreso, el enraizamiento y el desarraigo; sobre la gente que amo, los versos de Rumi y la música de la Orquestra Àrab de Barcelona.

martes, 9 de marzo de 2010

Sobre Zona de miedo o mejor hablemos de otras películas de guerra...

You'll pretend you were men instead of babies, and you'll be played in the movies by Frank Sinatra and John Wayne or some other glamorous, war loving, dirty old men. And war will just look wonderful, so we'll have a lot more of them. And they'll be fought by babies, like the babies upstairs.
Slaughterhouse-five, Kurt Vonnegut

La noche de la edición 82 de los Óscares tiene una subtrama oculta que muy bien podría utilizarse para una telenovela: Kathryn Bigelow con Zona de miedo (The Hurt Locker, 2008) se llevó la estatuilla a la mejor directora, dejando con un palmo de narices a su exmarido, James Cameron, que competía con Avatar. Ciertamente estas dos películas, tan, pero tan distintas, hasta cierto punto -y con muchísimos peros y bemoles- representan dos posturas frente a lo que puede ser el cine. Si bien ninguna me parece una joyita de lo estupendo, el hecho de que las vivencias de Mark Boal como periodista de guerra en Irak (que inspiran su guión de Zona de miedo) vencieran a la imaginación desbordada y al preciosismo tecnológico del equipo de Cameron significa al menos algo: la realidad (o la pretensión de ésta, su reconstrucción en pantalla) derrotó a la fantasía espectacular de un mundo ficticio a millones de años luz, aunque solo sea desde la óptica de los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Antes aquí ya había escrito sobre Avatar, sobre cómo esa película me sacó canas verdes porque me indignó adivinar que la única forma en que los espectadores masificados podían vincularse emocionalmente con la devastación y la injusticia en este mundo era imaginarlas como fenómenos extraterrestres. Y ahora entre más le doy vueltas al triunfo de Zona de miedo en los Óscares más me parece una victoria pírrica. Zona de miedo narra las aventuras de William James (¿te cae? ¿como el filósofo del pragmatismo americano?), interpretado por un excelente Jeremy Renner, descocado líder de un squad anti bombas en Bagdad. Mucha acción, hartísimos estruendos, unas cuantas sesudas reflexiones sobre el vínculo entre guerra, muerte y miedo y un final apologético de la labor de los desactivadores de artefactos explosivos. Pensar que la película de Bigelow es crítica del militarismo americano equivale a pensar que Avatar es la cinta que el mundo esperaba para despertar de su letargo y apatía: me parece que ninguna tiene esa calidad de entrañable o sobrecogedora que posee lo que yo diría que es el gran cine y, para muestra, he aquí algunos botones.

Si de excelentes películas de guerra (en la última década, porque si no la lista se desborda exponencialmente) se trata, ahi está Soldado anónimo (Jarhead, Sam Mendes, 2005). Basada en las memorias de Anthony Swofford en la guerra del Golfo, Jarhead no deja títere con cabeza: apunta hacia el absurdo de la mentalidad bélica americana -See that kid? The one dreaming of serving his country? That jarhead is me...- y hacia la injusticia de una guerra que se peleó a distancia, en la que los soldados americanos de a pie poca "acción" tuvieron. El aburrimiento de las tropas, su desconcierto y frustración son temas recurrentes de Jarhead:

Suggested techniques for the marine to use in the avoidance of boredom and loneliness: Masturbation. Rereading of letters from unfaithful wives and girlfriends. Cleaning your rifle. Further masturbation. Rewiring Walkman. Arguing about religion and meaning of life. Discussing in detail, every woman the marine has ever fucked. Debating differences, such as Cuban vs. Mexican, Harleys vs. Hondas, left- vs. right-handed masturbation. Further cleaning of rifle. Studying of phillipino mail order bride catalogue. Further masturbation. Planning of marine's first meal on return home. Imagining what a marine's girlfriend and her man Jody are doing in the hey, or in the alley, or in a hotel bed... dice Jake Gyllenhaal en su papel de Swofford.

Del otro lado del espectro, está el fabuloso documental de Alberto Arce y Mohammad Rujailah, To shoot an elephant, un valiente recuento de los 21 días (a finales de 2008 y principios de 2009) que duró la Operación Plomo Fundido en la franja de Gaza. Arce y Rujailah acompañan en esta verdadera zona de miedo a miembros de la Luna Roja y son testigos de cómo avanza el despiadado poderío israelí a costa de las vidas de civiles, periodistas, paramédicos y conductores de ambulancias. To shoot an elephant -que se hubiera estrenado en el FICCO 2010 de no haberse cancelado el festival- es un esfuerzo por vencer el cerco informativo israelí y dar a conocer la terrible situación en estas tierras palestinas. ¿Qué más compromiso que arriesgar la propia vida para hacerlo?

Y no puedo dejar de mencionar Vals con Bashir (Ari Folman, 2008), al cual ya le he echado flores aquí, ese documental animado que habla del olvido y la memoria, del remordimiento, la culpa y trata de reconstruir los hechos en la masacre de Sabra y Shatila en el Beirut de 1982, a partir de la experiencia del propio Folman, veterano de la Operación Paz para Galilea.

Anonymous soldier:
What to do? What to do? Why don't you tell us what to do?
Ari Folman: Shoot!
Anonymous soldier: On who?
Ari Folman: How should I know on who? Just shoot!
Anonymous soldier: Isn't it better to pray?
Ari Folman: Pray and shoot!

Obviamente que estos tres ejemplos no agotan la lista de películas de guerra que, como esa novela maravillosa de Kurt Vonnegut, Slaughterhouse-five, no se tientan el corazón en su intento de liberar del más mínimo glamour o heroismo lo que en realidad es bárbaro y brutal en esencia: la guerra en cualquier frente.

Citas de Jarhead y Vals con Bashir, cortesia de The Internet Movie Database.

lunes, 8 de marzo de 2010

Boogie, el aceitoso: sobre el viejo cómic y su nueva película

Boogie, el aceitoso es un afamado cómic publicado a partir de 1974 y hasta 1995 en semanarios y periódicos de Colombia, Argentina, México y Uruguay. Su creador, el argentino Fontanarrosa, alguna vez declaró que Boogie surgió como una parodia de Harry, el sucio: si éste, interpretado por Clint Eastwood en la primera película de la saga que Don Siegel filmó en 1971, es un inspector de la policía de San Francisco que impone la ley a balazos, Boogie -un asesino a sueldo, veterano de Vietnam- hace valer su propia ley con muchos más balazos teñidos de cinismo y crítica a la tan gringa cultura de la violencia (ficticia y real) que se ha desbordado a través de las pantallas (grandes y chicas) para inundarnos sin prisa pero sin pausa desde hace décadas. En 2009, Illusion Studios decidió escribirle al viejo Boogie una nueva aventura para llevarla al cine y el resultado de esta coproducción argentino-mexicana, dirigida por Gustavo Cova, vaya que no le pide nada a nadie.



En la película, Boogie (a quien en México le presta voz Jesús Ochoa) es un matón que lleva años borrando del mapa a cualquiera a cambio de una buena paga. Como indiscutiblemente es el mejor en lo que hace, el capo de capos, Sonny Calabria, le ha comisionado más de un trabajo. Cuando la estilizada Marcia (Susana Zavaleta en el doblaje mexicano), la despechada exnovia de éste, pretende testificar en su contra y la misión de silenciarla es delegada a un matón en ascenso, Blackburn, Boogie debe probarle a todos que, si de matar se trata, no existe quien lo iguale. Pero no se imagina que para mantener su prestigio y salir vivo de esta tendrá que hacer algunas concesiones.

Recuerdo haber leido con frecuencia, hace muchísimo tiempo, el cómic de Boogie que se publicaba en Proceso. De inicio, no me parecía particularmente interesante aunque, con los años, fui entendiendo en que consiste su encanto: Boogie es la insolente burla del epítome de la violencia yanqui. Macho, racista, homófobo, sádico insensible y misántropo descarado, el rubio Boogie, como buen mercenario que es, solo responde a los llamados del dinero.

El reencuentro con este clásico personaje gracias a su versión fílmica me hizo añorar al viejo Boogie, sobre todo por lo que decía en la tira animada: la historia que narra la impecable cinta de Cova, me parece, suaviza las connotaciones políticas del rudérrimo sociópata original. Digo esto por la pseudo historia de amor con Marcia -había que construir alguna especie de hilo narrativo, ¿no?- y debido al hecho de que el atractivo principal del cómic -la filosa lengua humorística de Fontanarrosa- palidece frente a tanta secuencia de acción. Supongo que el escritor de la película, Marcelo Paez-Cubells, decidió concentrarse en reconstruir la esencia del protagonista en lugar de retomar cuanto punzante diálogo del cómic pudiera. O sea: me han dado ganas de leer otra vez al viejo Boogie
impreso. Aunque es una película animada, Boogie, el aceitoso, debido a su estética oscura, sangrienta e hiper violenta, recuerda a Sin City (Frank Miller, Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, 2005) y hasta a la excelentísima y fabulosa (se nota que soy fan...) Ichi The Killer (Takashi Miike, 2001, inspirada en la manga del mismo nombre creada por Hideo Yamamoto), sobre todo por el épico encontronazo entre Blackburn y Boogie, tan similar al de Kakihara e Ichi.

Si de dar estrellas se trata, yo le doy 3 1/2 de 5.
Trailer, cortesía de IllusionSA.

viernes, 5 de marzo de 2010

96 lágrimas

Para Beatriz,
porque ella si descifra todas las claves,
atrapa todas las botellas virtuales,
conoce a todos los implicados en este asunto
y porque muy, muy pronto nos vamos a ver...


La verdad, anoche no hice nada. O solo hice lo que pude hacer (o lo que tuve que hacer, o lo que me fue dado hacer...). Y tal vez no exista ninguna buena (o mala) razón para publicar esto aquí, sobre todo si mi intención es no soltar prenda de los detalles o de los nombres propios involucrados, ni siquiera de sus tristes iniciales: a partir de hoy renuncio a los mensajes cifrados (aunque estas líneas, en el fondo, sean uno). Hace muchos, muchos años, estando en una disyuntiva similar a la que estoy ahora (bien temprano una mañana, después de un reve, con la consciencia y los sentimientos revueltos) leí algo que, si la memoria no me traiciona, iba más o menos así: no vale la pena andar un camino que definitivamente no lleva a ningún lado. Y hoy estoy cansada, harta incluso, descorazonada. Me parece increíble que habiendo pasado tantos años ya de eso aún no haya aprendido algo, por mínimo que sea, y me tiemblen desde las ideas hasta la voz (las rodillas, las certidumbres, las dudas, las orejas, los motivos) cuando te veo...




Video, cortesía de romek192.