... porque durante tres días he tratado de escribir algo para este blog, pero nomás no sale. Parece que un pérfido bloqueo literario me está pegando duro (¡el horror!). Porque hay demasiados temas en mi cabeza -sectas en ciernes, documentales sobre asesinos seriales, programas de "humorismo" blanco, spots políticos de dudosas intenciones chantajistas- y ninguno se concreta en palabras medianamente coherentes o legibles...
Además, admirar la guapura de Brian Molko sin tanto maquillaje siempre se agradece.
Video cortesía de lennoshane.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Posteo un video a media semana...
Extravíos / Wanderings
música,
soñé que se secaba mi acelga,
videos
miércoles, 16 de septiembre de 2009
¿De qué otra cosa podríamos hablar? Muerte, arte, censura, escándalo... y fiestas patrias
En medio de la resaca generalizada tras las benditas fiestas patrias, este miércoles que parece domingo me puse a explorar blogs. A partir de encontrar en el blog de David Miklos un texto que discute las opiniones de otro texto de Avelina Lésper sobre la obra de Teresa Margolles ¿De qué otra cosa podríamos hablar? me quedé pensando. El laberinto de links me hizo deambular entre las problemáticas que personal y profesionalmente me atribulan...
I
La materia fundamental con que Teresa Margolles (Culiacán, 1963) trabaja es la muerte. O, mejor dicho, la estela de rastros que ésta deja en su inexorable paso por el mundo. Desde su labor en los noventa con el grupo SEMEFO se puede apreciar -a través de videos, instalaciones, fotografías y performances- esta obsesión suya por dar cuenta de lo que, comprensiblemente, la gran mayoría prefiere relegar al olvido. Lo poco que he visto de la obra de Margolles me parece macabro y sórdido, por decir lo menos: mi estómago no da para tanto ante la sensación de sobrecogimiento que me produce (como muestra de ambas cosas, he aquí un autorretrato de la artista que, la mera verdad, por pudor no me atreví a postear: la autocensura me traicionó gachamente). Pero reconozco una suerte de necesidad en lo que Margolles hace, una especie de urgencia en obligar a mirar los bárbaros restos de la vida y, sobre todo, cuestionarse sobre las causas, muchas veces injustas, de la muerte. ¿De qué otra cosa podríamos hablar? es su más reciente exposición y representa a México en la Bienal de Venecia 2009. Margolles exhibe en las sombrías y desvencijadas habitaciones del Palazzo Rota Ivancich los vestigios de la guerra antinarco: sangre, destrucción, violencia. Frente a una realidad brutal, un exposición brutal. La excelente crónica de José Manuel Springer sobre ¿De qué otra cosa podríamos hablar?, publicada en Réplica 21, está aquí; el video a continuación es un breve recorrido por el Pabellón de México en la Bienal de Venecia, cortesía de zczfilms:
II
No soy crítica de arte. A duras penas entiendo lo que es ser antropóloga. Tengo una gran (de)formación profesional: estudié Sociología seis años. Y me he metido en camisa de once varas con una tesis sobre arte y moralidad: la reconstrucción del discurso de la censura y el escándalo en el cine mexicano de los últimos 40 años. Me resta un año para paliar mis lagunas o, por lo menos, para construir un texto en que hile lo más finamente posible mis dudas e impresiones (y en el que sistematice las toneladas de información que tengo y que pesan más cada día). Creo que la cuestión fundamental detrás de la censura y el escándalo es, como dice J.M Coetzee a propósito de la primera, sentirse ofendido. Aunaría a esto el sentirse vulnerado y transgredido. Toda expresión entonces es potencialmente censurable y escandalizante dada la diversidad innegable de posturas morales en una sociedad porque puede leerse como un ataque a las más firmes convicciones de cualquiera. La obra de Margolles entonces lógicamente ofende y vulnera a sus espectadores, de alguna u otra manera, en la explícita visibilidad de la transgresión máxima: ese otro temible, de rostro repugnante, ese otro último: la muerte. Si hacer esto es arte o no, aún me lo cuestiono porque ¿qué es el arte y cuál es su función (si es que ha de tener una forzosamente)? De lo que si puedo hablar, un poquillo nada más, es de las cosas que siento como ofensas...
III
México hoy día me asusta. Me preocupa, me duele. Independientemente de "buenos" y "malos", de "policías" y "ladrones", de _____ y de _____ (rellénense los espacios con los nombres de quienes ustedes gusten), es intolerable que en los últimos años hayan muerto miles en una guerra que da visos de ser interminable. México rezuma sangre y violencia, transpira miedo. ¿Cómo es posible que esto se permita y hasta se fomente? ¿Cómo es posible que se aplauda? ¿Cómo ponerle al pandemónium que vivimos punto final? Y sobre todo: ¿cómo es que llegamos a esta situación? Por eso también me pregunto: ¿qué festejar? ¿Hay motivo de celebración estando las cosas como están? Anoche no me faltaron ganas de salir a dar el antigrito: el grito de la indignación ante la muerte generalizada a manos de las balas, el hambre, la pobreza o la desesperanza. Los festejos septembrinos de ayer en verdad me escandalizaron, al tiempo que me sentí incapaz de censurar el fervor patrio de, digamos, mis vecinos: quién soy yo para decirles esto, lo otro o lo de más allá. Así que me quedo con mis ofensas y sentimientos encontrados y los vierto en este blog, abusando tal vez de mis amables lectores. Vaya intríngulis: quien me manda a interesarme por estos temas...
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sábado, 12 de septiembre de 2009
Cómo se siente vivir. A propósito del primer aniversario luctuoso de David Foster Wallace
Para KarstenHoy hace exactamente un año, David Foster Wallace decidió que ya no había motivos ni razones para seguir viviendo. La depresión clínica que había padecido por décadas y de la que únicamente su círculo más íntimo tenía conocimiento fue culpable de que se colgara. El Nardil que tomó durante años no fue suficiente para sobrellevar el infierno personal de sus últimos días cuando, tras un tiempo de verse libre del medicamento, al volver a tomarlo ya no hizo efecto. Sus alumnos y colegas nunca sospecharon que un hombre tan vital, generoso, brillante y divertido fuera presa de la depresión. Por eso la noticia de su suicidio sacudió profundamente a quienes lo conocían y también a quienes supieron de él solo a través de su obra.
Wallace [1] quería atestiguar con sus escritos “cómo se siente vivir”, en lugar de hacer de la escritura un alivio para las sensaciones –a veces desgarradoras- de la vida [2]. Tal vez por ello en sus novelas y ensayos se intuye la presencia constante de personajes que podríamos caracterizar como deprimidos y/o suicidas y que luchan, de alguna u otra forma, por mantenerse a flote [3]. El primer párrafo en su relato The Depressed Person, publicado en enero de 1998 en Harper’s Magazine, es ahora muda evidencia de un estado de ánimo al cual Wallace no era ajeno: La persona deprimida padecía un dolor emocional terrible e incesante y la imposibilidad de compartir o articular este dolor era, en sí misma, un componente del dolor y un factor que contribuía a su horror esencial. [4]
Junto con la depresión, dos de los temas recurrentes en la literatura de Wallace son la soledad y la tristeza. Según él, Infinite Jest había sido concebida en un inicio como una novela terriblemente triste, aunque a muchos lectores nos parezca endemoniadamente divertida. En su excelente ensayo E Unibus Pluram. Television and U.S. Fiction, Wallace explica (entre muchas otras cosas) el estrecho lazo entre la soledad del espectador masificado –supongo que también triste y hasta deprimido y hasta suicida- y el voyeurismo televisivo:
Nosotros podemos verlos; Ellos no pueden vernos. Podemos relajarnos, sin ser vistos, mientras nos los comemos con los ojos. Resulta que yo creo que esta es la razón por la cual la televisión también es tan atractiva para la gente solitaria (…) Los solitarios, como los personajes ficticios, aman observar en un solo sentido. Porque la gente solitaria generalmente es solitaria no debido a una deformidad horrenda o al olor o a ser odiosa, de hecho hoy existen apoyo y grupos sociales para personas con precisamente estos atributos. En lugar de eso, la gente solitaria tiende a ser solitaria porque rehúsa soportar los costos psíquicos de la compañía de otros humanos. Es alérgica a la gente. La gente le afecta intensamente, en demasía. [5]
Esta incapacidad, falta de voluntad o motivación para relacionarse con otros; este sentirse fuera de lugar en contextos de típica socialización, aunado al sentir tan dentro y con tanta fuerza a los demás –desde sus juicios hasta sus miradas- también resulta un leit motiv en la obra de Wallace. Sus personajes -él mismo incluso- aluden permanentemente a la dificultad de la interacción entre personas (hasta cuando la mediación es el amor o la amistad…), a los absurdos del roce social, a la vacuidad de muchas situaciones que implican tener que vincularse con la gente. Un viaje en crucero por el Caribe, con todas las comodidades, excesos y opulencias, algo así como las vacaciones de ensueño para una gran mayoría, puede ser, desde la perspectiva ingeniosamente crítica de Wallace [6], materia para sentir que se pierde la esperanza:
Hay algo acerca de los Cruceros de Lujo para el mercado masivo que es insoportablemente triste. Como la mayoría de las cosas insoportablemente tristes, da la impresión de ser increíblemente elusivo y complejo en cuanto a sus causas y simple en su efecto: a bordo del Nadir (…) sentí desesperación (…) Tal vez está cerca de lo que la gente llama terror o angustia. Pero no es eso. Es como quererse morir para escapar al sentimiento insoportable de hacerme consciente de que soy pequeño y débil y egoísta y de que, sin duda alguna, voy a morir. Es querer lanzarse por la borda. [7]
Wallace se lanzó por la borda de la vida un 12 de septiembre. Incluso quienes solo tenemos algunas vagas nociones de cómo sintió vivir por lo que dejó escrito lamentamos que no siga viviendo, sintiendo y escribiendo para intentar compartir, aunque solo sea mediante la lectura, esa tristeza y soledad que tan genialmente supo teñir de humor e ironía. Descanse en paz.
NOTAS
1. Omito el Foster, apellido de soltera de su madre que le endilgó un editor y que permaneció con Wallace a lo largo de su carrera, porque él mismo decía que no le gustaba.
2. Este anhelo de Wallace lo descubrí en el estupendo artículo The Lost Years & Last Days of David Foster Wallace de David Lipsky publicado en octubre de 2008 en Rolling Stone Magazine, cuyo link se encuentra aquí.
3. Mi intención con estas citas no es buscar los indicios retrospectivos del suicidio de Wallace, como seguramente muchos han hecho y siguen haciendo. Solo quiero dar cuenta de una pequeñísima parcela de “cómo se siente vivir” desde las palabras del propio Wallace, palabras que en estos tiempos de exilio en interiores me resuenan hondamente.
4. The depressed person was in terrible and unceasing emotional pain, and the impossibility of sharing or articulating this pain was itself a component of the pain and a contributing factor in its essential horror. Para leer este relato en su totalidad, en formato pdf, al igual que otros textos de Wallace publicados en Harper's, pícale aquí.
5. We can see Them; They can’t see Us. We can relax, unobserved, as we ogle. I happen to believe this is why television also appeals so much to the lonely people (…) The lonely, like the fictive, love one way-watching. For lonely people are usually lonely not because of hideous deformity or odor or obnoxiousness –in fact there exist today support- and social groups for persons with precisely these attributes. Lonely people tend, rather, to be lonely because they decline to bear the psychic costs of being around other humans. They are allergic to people. People affect them too strongly. Este texto está publicado en la compilación de ensayos de David Foster Wallace A Supposedly Fun Thing I'll Never Do Again: essays and arguments, Back Bay Books/Little Brown and Company, Nueva York, 1998. Dicha antología también incluye la crónica, cuyo nombre le da título al volumen, sobre las peripecias de Wallace en su travesía por el Caribe abordo de un crucero.
6. El propio sentimiento de inadecuación de Wallace ante un lujo y una atención desbordados y llevados a extremos absurdos, así como un extrañamiento casi antropológico frente a la experiencia son la piedra de toque en su crítica y constituyen gran parte de su humor.
7. There is something about a mass-market Luxury Cruise that’s unbearably sad. Like most unbearably sad things, it seems incredibly elusive and complex in its causes and simple in its effect: on board the Nadir (…) I felt despair (…) It’s maybe close to what people call dread or angst. But it’s not these things quite. It’s like wanting to die in order to escape the unbearable feeling of becoming aware that I’m small and weak and selfish and going without any doubt at all to die. It’s wanting to jump overboard. Para bajar en pdf la versión que Harper's publicó de este texto en enero de 1996 bajo el título Shipping out: On the (nearly lethal) comforts of a luxury cruise, el link está aquí.
Las traducciones de los textos de Wallace son cortesía de nimbemon.
Las fotos, de www.123people.com y www.kcrw.com
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