jueves, 20 de noviembre de 2014
Carta a los "anormales" como yo. Sobre el clasismo, los izquierdistas y el odio de Carlos Alazraki
miércoles, 2 de julio de 2014
Una carta para Ann Coulter sobre los "males" del soccer
jueves, 14 de julio de 2011
No cars, go!!!!! Impresiones sobre mi primera experiencia haciendo cine
Para Stephanie Brewster, en agradecimiento
por invitarme a hacer una película
Para Claus Loredo, como promesa para empezar
a hacer nuestra propia película
Siempre he dicho que no soy realizadora, que lo mío lo mío es sólo ver películas (muchas, si, de todo tipo, "buenas, malas y peores", como creo que algún día recomendó hacer Tarantino). Durante gran parte de mi vida y gracias a la cinefilia de mi padre, lo mío fue hacer de feliz voyeur y, con palomitas en mano, disfrutar tranquilamente del espectáculo luminoso de la sala oscura. A partir de que decidí hacer del cine mi objeto principal de estudio, el disfrute se ha vuelto trabajo: desde que escribo una tesis sobre cine y organizo diplomados sobre cine -¡oh, ironía!- casi no voy al cine (al menos no con la frecuencia de antes) y ahora lo mío, lo mío consiste en desentrañar mecanismos significativos, descubrir correlaciones empíricas y reconstruir historias dentro y fuera de la pantalla, para lo cual las palomitas han cedido su lugar a la pluma y al cuadernito y la sala de cine se ha visto reeplazada por el archivo y la hemeroteca. Además, nunca he creido tener la habilidad o características requeridas para embarcarse en las largas y penosas horas que significan hacer cine, para dar el salto de estar sentadita cómodamente en la oscuridad y entrar al rush que significa estar del otro lado (que no enfrente) de la cámara. Pero tras ayudar en la filmación del corto Nighttime de Stephanie Brewster, los siempres y los nuncas parecen disolverse felizmente en unas ganas terribles de hacer más cine...
Día 1, 10:46 pm
Acaba de anochecer y yo aún en camino hacia la locación. Steph dijo que el centro de reunión era una capilla o algo así. Conforme a las indicaciones, salgo de la estación Nordbahnhof y doy vuelta a la izquierda en Gartenstraße, una larguísima calle, casi recta, con edificios de apartamentos a un lado y lo que creo es un gran parque (sólo alcanzo a ver la alta barda) al otro. A lo lejos se distinguen las torres de una iglesia, con todo y un reloj, así que no estoy tan perdida. Cuando llego a la rotonda frente a la iglesia veo al crew bajando cajas de dos autos. La Srita. Brewster está ahí y me presenta como asistente de producción (yo pienso: ay, ¡qué generosa! Si nomás vine a jalar cables...). Los hallos! entusiastas dan paso al trabajo: estamos, literalmente, bajo el reloj, porque las horas de oscuridad en Berlín y en verano son pocas. Primero me ocupo de ayudar a Cata -querida amiga colombiana y directora del coro de los niños cantores del Görli- con el catering: limpiar las botellas de refrescos, jugos y aguas que por quién sabe qué artes están tan sucias y que Steph logró fueran donadas a la producción. En el trajín de subir y bajar cosas de los carros, la alarma de uno de ellos comenzó a sonar. Y sonar y sonar y sonar: no había manera de controlarla. De pronto, una persiana en la ventana de un edificio se levanta y un hombre comienza a decir improperios (supongo). Michael, nuestro emprendedor e ingenioso productor alemán (por eso es "Mijaíl" o "Michi" en vez del horrible "Maicol" gringo), le dice al hombre, entre otras cosas: "Entschuldigung..." ("perdón...", una de las primeras palabras que uno aprende por acá dada su gran utilidad), a lo que el hombre responde (entre otras cosas): "Keine entschuldigung!!! Blah, blah, blaaarrrggghhh: polizei!!!" (lo que puede traducirse como: "¡¡¡Que perdón ni que ocho cuartos!!! ¡¡¡Qué horas son estas para estar haciendo tremendo ruido, por Dios!!! ¡¡¡Cállense o llamo a la policía!!!). Luego me enteré que el hombre de los improperios era el mismísimo padre de la Iglesia de San Sebastián quien muy amable y generosamente había prestado su casa parroquial para hacer de cuartel general de la filmación...
11:42 pm
Ya con la alarma insumisa bajo control, el crew y los actores salimos a filmar. Mi labor central en Nighttime (además de hacer lo que se ofrezca porque para eso es que uno se voluntaría) es estar al pendiente de los carros, buses, bicis, motos y demás transportes o peatones que se paseen por Gartenstraße. Como la historia es sobre el viaje nocturno de una niña que va en el asiento trasero de un auto, la cámara está montada precisamente dentro de un auto y gran parte de las tomas se hacen con el auto en movimiento. Michael me da un walkie y me voy a mi posición, casi en la esquina de Gartenstraße y Bernauerstraße. Cuando no pasan vehículos yo digo: "No cars, go!!!!!" y comienza el rodaje. Philip, otro miembro del equipo, está en la esquina opuesta haciendo exactamente lo mismo. El carro va de una esquina a la otra, una y otra vez. La luz de los reflectores al interior lo hace parecer una pecerita móvil que ilumina a su paso la oscuridad de Gartenstraße. De pronto, el auto ya no cruza frente a mi punto de vigilancia. Se ha tardado mucho y nomás no aparece. A la distancia encuentro la razón: una enorme columna de humo blanco, que se distingue a cientos de metros hasta donde estoy parada, sale del cofre del carro. ¡Maldición!
3:07 am
Debido al incidente del auto, las tomas interiores del corto ya no pueden hacerse. El actor y la actriz que hacen las veces de padres de Noemí, nuestra pequeña protagonista argentino-alemana, no pudieron filmar hoy, así que el rodaje sigue con Christian. Me sorprende la destreza de Steph para tomar decisiones rápidas, resolver problemas bajo presión y dar indicaciones amables siempre con una sonrisa. El rol de Christian en Nighttime es ser una especie de hombre-aparición que se acerca repetidas veces al auto en que viajan Noemí y sus padres sin poder alcanzarlo, una aparición que desconcierta y asusta a Noemí. Edgard, nuestro fotógrafo-camarógrafo chileno, ha instalado la cámara en otro auto -el que se averió ya fue empujado y estacionado y está en espera de que una grúa venga por el- y ahora es el turno de Christian frente a la cámara. Con su lucecita en la espalda, no vaya a ser la de malas, y a la señal de Steph, Christian se lanza tras el auto en marcha. Corre y corre, pero el carro se pierde a lo lejos en Gartenstraße. Y a lo lejos, frente a la entrada de la Nordbahnhof, se alcanza a ver la Torre de Televisión, la famosa Fernsehturm, sinónimo de Berlín (cuya foto da la bienvenida a este bló desde hace unos meses). It's a wrap-up for today: ya que comienza a clarear, regresamos a la casa parroquial para recoger lo que haya que recoger e irnos a dormir. Pero antes, Michael le escribe al padre una cartita en que nos disculpa por el alboroto causado (y no se si finalmente incluyó (no lo creo) la parte que algunos miembros del crew sugerimos sobre prometer que nos arrepentiríamos de nuestros pecados, que nos convertiríamos al Catolicismo y que hasta rezaríamos unos Padre Nuestros -en tres idiomas: inglés, español y alemán- como acto de merecida expiación...).
Día 2 -cualquier hora es buena-
Como resulta que he sido nombrada algo así como vocera de los/as becarios/as mexicanos/as en la Summer School berlinesa, me quedo en casa preparando un speech sobre la evaluación de las actividades académicas del evento o, más bien, tratando de articular nuestras quejas, dudas (que son muchas) y salvedades de la manera más amable y diplomática posible...
Día 3, 10:39 pm
Falté un día a la filmación y ya han pasado muchas cosas: la madre de la protagonista, quien ayer terminó de filmar casi todas sus tomas, se ha ido a Grecia y el padre, debido a que el primer día no fue requerido, ahora tiene otros compromisos que le impiden retomar (¿o comenzar?) su papel en Nighttime. Ahora Michi, que de origen es actor, hará de padre de Noemí y Nuria, nuestra directora de arte española, será la madre. Salimos a la calle a filmar y ocurre otro imponderable, éste anunciado con increíble precisión por Ursel, la asistente de dirección: a unos minutos de que den las doce, comienza a llover. La filmación tiene que cancelarse hasta nuevo aviso.
Día 4, 10:15 pm
Tras la lluvia que nos agüó el rodaje el día anterior, el meteo dice que esta noche no lloverá o que, por lo menos, las probabilidades de que suceda son escasas. Uno de los retos de hoy es mantener despierta y alerta a nuestra protagonista: entre tomas, Steph, Michi y yo bailamos y cantamos con Noemí Tu me dejaste caer de Daddy Yankee y A lo loco de Celia Cruz y Jarabe de Palo; en estos momentos de descanso, ella se encarga de dar las órdenes: un pasito a la izquierda, otro a la derecha, manos arriba y abajo y está lista la coreografía. El futbolito -kicker, le dicen por acá- que tiene el padre en la parroquia es otra estrategia para divertirla. Todos los miembros del crew ayudan a hacerle ameno el pesadísimo trabajo que supone una filmación. Los días de desvelos naturalmente que tienen a cansada a Noemí...
2:38 am
Dado que Michi ha ido a dejar a Noemí a su casa y que aún falta mucho por rodar, ahora tengo una nueva encomienda: manejaré el carro para filmar las escenas en que, después de mucho correr, Christian lo alcanza por unos segundos y se quita la cara. Si, leyeron bien: como si se tratara de una máscara, el hombre-aparición toma los pliegues de su frente con las manos y se arranca la piel. Originalmente estaba contemplado emplear a un profesional de los efectos especiales para lograr la ilusión de que Christian se "descarara" pero ahora, por otros imponderables que ignoro, Martina, la make-up artist de la producción, se ha encargado de dar a Christian unas ojeras tremendas y una palidez de muerte. El efecto de quitarse la cara, a pesar de que la Srita. Brewster no está del todo convencida, se hará en postproducción. Enciendo el carro rogando que no haya más imponderables (o fatales errores míos, ¡ja!) y transitamos varias veces, a poca velocidad, por Gartenstraße. Christian se acerca a la ventana izquierda del auto y (supongo, porque no puedo voltear a verlo) el hombre-aparición se manifiesta, arrancándose la cara frente a la cámara. Tal vez no haya andado en bicicleta en Berlín, capital europea de las Fahrräder, pero orgullosamente puedo decir que conduje un automóvil para una filmación.
Día 5, 10:19 pm
Llego directo a la cocina de la parroquia para hacer bocadillos y café: hay que mantener alimentados y bien despiertos a los miembros del crew y a los actores, sobre todo a Noemí. Parece ser que este es el último día de filmación. Los imprevistos diversos han hecho que el plan de trabajo se extendiera de dos a cinco días. Esta vez vuelvo a mi labor inicial del No cars, go!!!!! pero sin walkie-talkie porque eran rentados y hubo que regresarlos. En realidad mi labor con Christian, además de una medida de seguridad, es como de acompañamiento: eso de estar esperando a mitad de una calle oscura y luego empezar a correr detrás de un auto, tratar de alcanzarlo y, de lograrlo, desfigurarse para asustar a una niña resulta ontológicamente peligroso. Lo bueno es que Christian es todo un profesional (ahora que lo pienso, Christian es como una versión joven de John Malkovich but without the funny eye...). Entre tomas, platicamos de los particulares de mi tesis y de su trabajo, de la vida en Berlín y así, hasta que las intermitentes del auto gritan Action! a falta de walkies. Una vez más, como lleva haciendo por cinco noches, Christian emprende su carrera hacia el auto inalcanzable, cuyas luces se van desdibujando poco a poco mientras avanza por Gartenstraße en dirección de la todavía más inalcanzable Fernsehturm...
1:47 am
Martina y yo esperamos en la parada del bus mientras el resto del crew filma las últimas escenas: ahora Edgard, desde el interior del auto, sostiene la cámara fuera de éste, con ayuda de un tripié, para filmar el punto de vista de Christian cuando se "descara" frente a Noemí. Parece que amenaza lluvia, al menos unas gotas, y los bichos nocturnos revolotean cerca de los anuncios luminosos de la parada: incluso una arañota se pasea oronda frente a nosotras. Es increíble que haga frío, digo, estamos en verano, ¿no? Reviso el mapa de Berlín que está en la parada del bus y me pregunto qué tanto conozco: veamos, ¿qué distrito es por acá? Porque les llaman distritos a las... delegaciones, ¿verdad? ¿Mitte o Wedding? Hmmm... Entonces para ir a Kreuzberg uno hace así y así... Lo que es el cansancio de la locación, pienso. Después de una espera bastante prolongada, el carro finalmente se estaciona en la parada y al salir Steph de el nos anuncia que hemos terminado de rodar Nighttime. Los abrazos marcan el término de nuestros desvelos y el inicio de la postproducción que traerá nuevos desvelos: aquéllos de la edición. Al entrar a la casa parroquial Michi nos sorprende con una botella de vino espumoso: hay que festejar o, ya que estamos todos agotados (y además la Srita. Brewster se ha sentido mal desde hace tres días: como que le va a dar gripa), hay que brindar a la salud de Nighttime. Edgard saca la foto del recuerdo mientras alzamos vasos desechables y burbujeantes. Sólo queda recoger nuestras cosas y limpiar la cocina de la parroquia: hay que dejársela al padre, bendito padre, tal como nos la entregó.
Música, cortesía de bz0skate.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Lo prometido es deuda
Me dio muchísimo gusto conocerte al fin hace unos días o, más bien, sorpresivamente reconocerte en vivo y a todo color. ¡Lo que es salir del calabozo en que a veces duermo para aventurarme de noche por la ciudad!
Desde hace tiempo se algo de ti: primero tu blog, luego el Facebook. Ignoro que artes secretas operan para que uno se conecte con ciertas personas gracias a estos medios -vaya que el ciberespacio también es un pañuelo- pero el asunto es que así, en los aires de la virtualidad, uno se va enterando poco a poco de las filias y las fobias, compartidas y no, a pesar de nunca haber coincidido físicamente. Se genera la ilusión de conocerse cuando nos acercamos a alguien, como quien no quiere la cosa, al leer sus posts y ver sus fotos. Se van creando consonancias y afinidades(aunque, he de confesar, lo contrario también sucede). Y creo que un acercamiento de este tipo es esencial y sustancioso, a veces tan vital como el cara a cara, porque parte del contenido mismo de lo que se expresa. Siempre es alentador descubrir que los conocidos virtuales existen en la vida real, que pueden devenir amigos y que, si uno sale al mundo, los encuentros ocurren, se multiplican e incluso se revelan más afinidades de las que ya se adivinaban (¡qué tal que resultó que estudiamos en la misma Facultad!).
Además, las sincronías de tiempos y espacios en este monstruo de ciudad siempre me han parecido perfectamente insólitas. Esa noche no tenía intención de sacudirme las sábanas de encima: tuvo que convencerme alguien -un nuevo amigo en ciernes-, a quien tampoco conocía fuera del ciberespacio hasta ese día, para dejar la comodidad de mi cama y salir. Y luego tuve que convencerlo yo de ir a donde finalmente fuimos para coincidir contigo... Soy de las personas que se maravillan de las consecuencias inesperadas en un cambio de planes, de los hallazgos fortuitos en un "si" improvisado.
Lo prometido es deuda: como quedamos esa noche, escribí algo para celebrar el encuentro, algo que, debido a otras artes secretas de las cuales tampoco se mucho, tomó la forma de este post. Es cierto que cuando la vida sonríe, se ilumina y se aligera tal vez uno no tenga ya mucho que decir o que el tumulto de esa misma vida desbordada no permita el tiempo para decirlo, para escribirlo pues. Y si: mi vida últimamente sonríe, se ilumina y se aligera con frecuencia, a pesar de que, en el fondo, persista un dejo de penumbra que me pone a redactar estar líneas: invariablemente hace bien al corazón festejar sonrisas, luces y ligerezas.
Te mando un abrazo y espero verte pronto, n.
P.D. ¡¡¡Gracias por lo de la cartera!!!
jueves, 4 de febrero de 2010
Espera
Vaya que es cierto: espera es el comienzo de la palabra esperanza. Aunque también -y precisamente esta tarde en que el sol a duras penas le gana a la lluvia- coloco espera justo en medio de otra palabra: desesperanza.
La espera es la entrada a un limbo donde el tiempo no funciona como de costumbre. No es temprano ni tarde: al esperar no se sabe si el momento preciso del encuentro está por venir (ya casi, ya casi); o si -¡maldición!- pasó de largo, como quien busca sin querer encontrar; o si, por algún despiadado arreglo del destino del cual obviamente no somos partícipes, ese momento esperado nunca va a ocurrir. Esperar no es futuro, presente, ni pasado: es un hueco infinitivo porque infinita parece la espera.
La espera debiera calificar para ser medida en sus propias unidades. El necio e ininterrumpido recorrido de las manecillas del reloj no la contiene; tampoco el súbito cambio fluorescente de un número a otro en una diminuta pantalla. Uno lleva esperando, por ejemplo, dos tazas de café, cuatro cigarrillos y diecinueve páginas de una novela. Después de haber cruzado y descruzado las piernas tres u ocho veces, se pueden llevar once cambios de postura esperando. Esperar también es contar, pero en números que implican otras dimensiones, números que nada recuerdan al tiempo: cuántas veces me he pasado los dedos por el cabello –veintidós-, cuántas veces me he secado el sudor de las manos –cinco-, cuántas veces he creído verte entre la multitud –siete-, sin ser tu a quien miraba. Parece que esperar, que esperarte, podría medirse en terrones de azúcar, en bocanadas de humo, en puntos y comas, en incomodidades y efímeros descansos. Ahora mismo llevo doscientas ochenta y cinco palabras esperándote.
Esperar es agotarse en una lucha (perdida de antemano) entre la promesa y el hartazgo: desear verte ya y nomás no verte. Es un sentimiento amplio, como el amor, que se angosta en pequeños suspiros. Esperar es imaginarse lo peor: el trágico accidente que te impidió llegar a la cita o tu previsible fuga con otra mujer. Imaginar que no estoy en el sitio, el día y la hora que acordamos y que tu ya esperaste y desesperaste en otro tiempo y lugar. Y, naturalmente, imaginar que ya te has ido.
Espero el fin de mi espera: paciente, intranquila, desalentada, esperanzadamente. No creo que el término de mi espera coincida esta vez con tu llegada. Terminar mi espera es deshacerme de la certidumbre (¿a caso la tuve?) del encuentro. Levantarme e irme. Asumir que espacios y tiempos compartidos no sucedieron esta vez. No para nosotros, no hoy ni aquí. Tomaré los fragmentos de las novelas que leí esperándote, los accidentes que nunca ocurrieron (espero...) y las ganas de verte y las reservaré para mí. Las guardaré para otra espera, no la tuya.
Espero (hasta en la despedida sigo esperando…) que, si llegas, encuentres esta carta. Ella explicará mi ausencia.
martes, 12 de enero de 2010
Contra apología de la normalidad y la naturaleza según las entiende Esteban Arce
Escribo esta misiva esperando encontrarte bien y aún con empleo. A pesar de que no soy ni remotamente fan de Matutino Express, el programa del Canal 4 que a diario presides, dada la polémica surgida a partir de tus declaraciones en éste fue inevitable que viera el video en que sesudamente expones tu punto de vista con respecto a la homosexualidad (así como tu tienes el derecho a hacerlo público, habemos quienes consideramos una obligación rebatirlo en forma igualmente pública). Supongo que no esperabas que lo que expresaste aquella mañana, hace poco más de un mes, causara tanto revuelo. Pues si: tus palabras generaron escándalo porque evidencian no solamente lo que tu, a título personal, opinas sobre el particular, sino porque (quiero creer que) sin saberlo te volviste emisario y vocero de una postura ampliamente extendida en la sociedad mexicana, la postura conservadora de la intolerancia y, sobre todo, de la ignoracia. "Ay, pinches putos no hagan drama, pero ¡si ni es para tanto!", segurito que has de estar pensando. Pues si es para tanto y mucho más y trataré de explicarte por qué.
En primer lugar, tu "muy sencilla" pregunta: ¿es normal ser homosexual? (que no permitiste a Elsy Reyes reponder suficientemente), en definitiva escapa a una discusión facilona y vulgar, como la que iniciaste en el Matutino Express. Preguntarse con seriedad por la normalidad implica hacer un recuento de distintas corrientes filosóficas, antropológicas y sociológicas que (te apuesto lo que quieras) no conoces, a lo mejor porque tu área de especialización es otra. Como breve ilustración solo diré que la normalidad (bien lo saben quienes han leido a Michel Foucault) es una construcción cultural expresada mediante discursos que cambia en función de la historia y la geografía. El término normal no denota lo mismo aquí y ahora que en, digamos, Marruecos 100 años atrás. Además, los discursos de la normalidad tienen efectos de poder, es decir, imponen formas de ser, concebir y estar en el mundo. De aquí que el término anormal se utilice para censurar, exiliar, aniquilar, esconder y dominar aquello que sencillamente es otro, aquello que escapa a la generalidad de la que cuelga la etiqueta de la normalidad. Por ello, y respondiendo a tu pregunta, para personas como Norberto Rivera o como Onésimo Cepeda (quienes parecen vivir en la España del Santo Oficio, por cierto) vaya que no es normal ser homosexual, mientras que otros preferimos cuestionar el término normal y modestamente oponernos a la opresión que implica.
También echaste mano de la trillada excusa a propósito de la naturaleza (otra palabreja con una larguísima y nutrida trayectoria en las Humanidades), del lugar común de que es muy, pero muy sabia y por eso sabía lo que hacía al juntar a un hombre y a una mujer para que, mediante el sexo, poblaran este mundo; lo que desemboca en el argumento autoritario de "pero, ¡¿quiénes nos creemos nosotros, simples mortales mundanos, para cuestionar a La Naturaleza?!". (Curiosamente, Foucault explica que la naturaleza, en tanto concepto, se emparenta con la normalidad y tiene un uso tan o más ideológico que ésta). Según lo que dices, la finalidad natural y vital de la sexualidad es la reproducción. Entonces me asalta una duda: ¿has tenido sexo en tu vida exclusivamente tres veces que corresponden a los tres únicos hijos que tienes? El hecho biológico que requiere la unión de un óvulo y un espermatozoide para generar una nueva vida no descalifica de raíz las infinitas posibilidad de la sexualidad humana (con todo y lo que para muchos son sus espinosísimas aristas): la sexualidad pues, en tanto fenómeno emotivo, cultural, social y psicológico, no se agota ni mucho menos se circunscribe a la reproducción. Huelga decir que cuestionarse sobre si la sexualidad homosexual es "natural" o no se equipara a si es "normal" o no, por lo que volvemos a lo mismo que ya expresé en el párrafo anterior (y que, supongo, no es necesario repetir).
Te dejo una bibliografía mínima para que, si lo deseas (ya sea por iniciativa tuya o por presión mediática), amplies tus horizontes (si es que te gusta leer textos, digamos, difíciles). Porque la campaña esa de Televisa Elige estar bien contigo -aunque un poco pasada de moda ya- ha de suponer también una continua y esforzada superación intelectual, ¿que no?
Butler, Judith. El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad, Paidós/UNAM/PUEG, México, 2001,
Canguilhem, Georges. Lo normal y lo patológico, Siglo XXI, México, 1972.
Foucault, Michel. Microfísica del poder, Ediciones de La Piqueta, Madrid, 1992.
-------------- Los anormales. Curso en el College de France (1974-1975), Fondo de Cultura Económica, México, 2001.
Un saludo de Año Nuevo, n.
domingo, 18 de octubre de 2009
¡Tengo miedo!
En fin, como les decía, al buscar en internet trabajo freelance de traducción me encontré con una chamba freelance pero de escritora: la recientemente abierta página Suite 101 busca colaboradores. La idea es escribir más de 10 artículos oríginales cada tres meses y, eventualmente, recibir un porcentaje del dinero que se genere a partir de las visitas a los textos que uno escriba. Ay... suena bien: como casi todo el día me la paso en internet baboseado y en la computadora escribiendo para la tesis (según) y para este espacio -que no quiero comercializar porque no quiero comprometer- otro espacio virtual diseñado para hacer justo eso parece una opción viable, ¿no? Además siempre estoy diciendo que quiero ser escritora y demás, ¿no? Total: mandé dos textos míos a la redacción de Suite 101 y que me aceptan.
Ahí empezaron los problemas (exagero, como siempre): hace cuatro días que me dieron luz verde para escribir y nomás no concreto nada. Nunca había escrito para, salvo chambas de consultoría y los típicos trabajos de la escuela. Esto es diferente: involucra, primero, un editor que va a hacer su chamba con las tijeras o, de plano, que va a tirar a la basura el archivo que uno le mande y, segundo, un público del cual depende que los textos de uno tengan o no visitas si, de acuerdo a este público anónimo y huidizo, tienen o no interés. O sea: ¿cómo escribir para alguien más que no sea yo? El proto escritor egocéntrico que llevo dentro ha hablado. Lo que me preocupa es que tal vez mis textos generen molestias... Digo, me gusta la trifulca, como han podido ver, pero esto es un trabajo, quiero creer, serio. Tengo miedo de que me censuren o de que yo solita me censure (el espectro de las preocupaciones profesionales me ronda), de que nadie me lea, de tener un estilo harto coloquial, de no ser suficientemente buena o productiva, de no tener nada qué decir... Un momento... estoy anticipando el futuro y acabo de decir que el futuro es un poco impredecible... ¿Ven? Tengo miedo de caer en la contradicción y la incoherencia. Además me preocupa la cuestión de los derechos (que uno debe ceder a Suite 101) porque escribir más de 10 artículos cada tres meses es un trabajal, sobre todo si empleas, como yo, entre 4 y 6 horas para escribir un triste texto. Tantas horas empleadas en escribir para que quienes tienen los derechos de lo que uno escribió hagan lo que quieran con lo que uno escribió... ay, dolor ¡ya me volviste a dar!
Espero en breve contarles como se desenvuelve este drama (¿no les digo? ¡Qué exagerada!). Diría que muy pronto los invitaré a visitar mis textos en Suite 101 pero tengo miedo de que si me hago propaganda aquí los de Suite 101 me vayan a achacar un fraude virtual... así que hagan como que no leyeron estas últimas líneas.
Un saludo a todos, n.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
La cartita de Felipón
Apreciable (eso si: ni siquiera puso mi nombre, ¡ash!):
El Gobierno Federal rinde cuenta de sus acciones y sus resultados (aunque solo sea por escrito y vía postal). Por ello me es grato informarte (ah, ¡qué confiancitas Felipón!) los avances de uno de los programas que estamos impulsando en esta administración (a ver: cuéntamelo todo).
La beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, a la cual te hiciste acreedor, es muestra del trabajo que el Gobierno Federal lleva a cabo para que más estudiantes destacados como tú (ay, ¡muchas gracias!), tengan acceso a una educación de excelencia. En este tercer año de gobierno hemos apoyado a casi 28 mil estudiantes a través de nuestro programa de becas (¿te cae? Y, si no es indiscreción, ¿le han reducido el monto de la beca a todos ellos o solo a los que acaban de ingresar a un posgrado de esos que llaman "de excelencia"?). Esfuerzos como este forjarán los recursos humanos altamente calificados que llevarán a México a un mayor desarrollo científico, tecnológico y social (¡Dios te oiga!).
Nuestro país es la suma del esfuerzo de todos los mexicanos. Hoy que enfrentamos grandes desafíos (¿te refieres al huracán Jimena?), el empeño y el compromiso de personas como tú son vitales para salir adelante (ay, Felipón, no sigas que me ruborizo...).
Todos tenemos un papel que cumplir y sé que tú harás la parte que te corresponde. México cuenta contigo (me has conmovido hasta las lágrimas, snif...).
Puedes tener la certeza de que el Gobierno Federal le seguirá dando la más alta proridad al desarrollo en ciencia, tecnología e innovación (ahora entiendo: por eso Conacyt repartió 2 mil millones de pesos entre Kimberly Clark, Volkswagen y Monsanto...). Igualar las oportunidades de superación es el mejor camino para avanzar hacia un mejor futuro para ti, para tu familia (¿a poco ya hay políticas públicas para gatitos?), para tu comunidad y para todo México (al fin podré dormir tranquila).
Atentamente,
Felipe Calderón Hinojosa
Presidente de los Estados Unidos Mexicanos
La verdad no se qué suceso ha sido el más entrañable en los años que me ha tocado vivir el despliegue presidencial con motivo de su anual rendición de cuentas: las lágrimas de perro de López Portillo en su informe de gobierno final; la carita de indiferencia de Salinas de Gortari ante una manta desplegada en San Lázaro con la consigna: "Mientes, Salinas"; el espanto contenido de Zedillo frente a Rascón y su máscara de cerdo; el "entregas tu último informe y te vas corriendo" de Fox, con todo y dispositivo de ultra seguridad; o la hermosa cartita que me envió Felipón y atesoraré toda la vida.
sábado, 27 de junio de 2009
¿Por quién vota el que no vota?
Es un hecho consumado que no votaré en estas elecciones intermedias. Ni siquiera tengo la intención de buscar el sitio donde se colocará la casilla que me corresponde (y de encontrármela en la calle ese fatídico 5 de julio próximo en que los mexicanos quesque vamos a votar, pasaré sin ver). La decisión fue tomada desde la desesperanza, la frustración y el descontento. En un estado como éste -borderline entre el cinismo y la depresión- prefiero explicarme a través de las palabras de otros. El artículo de Ilán Semo publicado en La Jornada del 27 de junio de 2009 refleja mi sentir sobre el abstencionismo y el denominado anulacionismo. Semo habla, entre otras cosas, de las razones por las que muchos justificamos como postura crítica no ser partícipes de "un sistema electoral incapaz de afianzar las condiciones mínimas que le permiten hacer del voto la razón de su existencia". O sea: ¿pa' que votar? ¿Cómo para qué dadas las patéticas condiciones institucionales de este país? Me adscribo a la conclusión de Semo: "Abstenerse o anular son dos formas de hacer presente una ausencia: la de los ciudadanos que disienten no entre sí sino de la forma en como se ha creado el consenso mismo. Habrá que ver los efectos que tiene cada una de estas variantes de un llamado a reformar lo que nadie, en la sociedad política, ni siquiera quiere mencionar".
Una advertencia: no estoy haciendo campaña para fomentar la abstención ni la anulación de votos -cada quien siempre tendrá la última palabra, sobre todo si se trata de una cuestión tan personal, "libre y secreta" como es el voto-, pero como he dicho múltiples veces que lo mío, lo mío, es el abstencionismo razonado y expresado públicamente, ésta es mi manera de tratar de ser congruente. Píquenle al link para leer el artículo completo.
Saludos desde Escanbronx, un barrio perdido en la inmensidad de la Ciudad de México (últimamente muy ruidoso, por cierto), nimbemon...
La Jornada: ¿Por quién vota el que no vota?
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jueves, 11 de junio de 2009
No te conozco, mosco
A pesar de que no te conozco personalmente, me dieron ganas de escribirte esta cartita y hasta de hablarte de tu (espero no creas que soy una igualada). Ayer que transitaba por Insurgentes vi tu foto por primera vez en una manta que colgaba entre dos postes de luz a la altura de Río Mixcoac. Allí estabas acompañado de Gaby Vargas y en otra manta, unas cuántas cuadras después, compartías el espacio publicitario con Mariana Ochoa (a quienes tampoco tengo el gusto de conocer en persona). Según se aprecia en las mantas, ambas amigas tuyas apoyan tu candidatura por el PRI a la diputación local del Distrito XX en la Delegación Benito Juárez porque, como dicen que te conocen, te recomiendan. Luego me enteré de que no solo ellas ponen la mano en el fuego por ti, sino que Omar Fierro y el luchador Cien Caras, entre otros, también dan fe de tu integridad como persona nomás porque te conocen y ergo te recomiendan.
En la presentación pública de esta campaña dijiste (y te cito del Excélsior del 4 de junio de 2009): “Quiero presentar (...) avales ciudadanos; yo estoy buscando generar confianza y la mejor manera que tengo para lograrlo es a través del apoyo de gente con prestigio y reconocimiento que pueda dar testimonio de que me conoce y me recomienda”. Reconoces (y haces bien) que “el principal adversario que tenemos los políticos es la abstención y me parece que ésta es culpa nuestra, por las descalificaciones, porque la gente ve que la política es estarse golpeando y descalificando, no se ven las propuestas, no se ven los acuerdos”.
La verdad, yo no entiendo bien a bien el vínculo que propones, directo y sin escalas, entre conocer y recomendar (tampoco entiendo dónde quedaron tus propuestas, al menos en las mantas de Insurgentes no están). Yo conozco a muchas personas que no recomendaría en lo más mínimo precisamente porque las conozco y es muy probable que muchísima gente, para mi desconocida, sea altamente recomendable en algún sentido. Además, apelar al poder de convencimiento de la buena fe y la amistad en el país del amiguismo, el compadrazgo y la impunidad, con todo respeto, me parece una decisión poco inteligente, por lo que se me hace sospechosa. Si no es mucha indiscreción, ¿de dónde conoces a, por ejemplo, Cien Caras? ¿Fuiste a la Arena México a verlo luchar, le pediste un autógrafo en su camerino y luego se hicieron amigos? ¿Juegan golf los domingos o se reúnen para ver el futbol? Nomás pregunto... A Mariana Ochoa ya se por qué la conoces; ella lo explicó en una rueda de prensa:
Marianita misma lo asevera: "nos tardamos toda una vida en conocer a la gente" y yo completo su sesuda declaración alertando: "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida". Por sí solo, el hecho de que alguien te conozca o crea conocerte no dice mucho de ti, ni de tu carrera política, ni de tus propuestas legislativas; así mismo, el que algunas personas públicas te conozcan tampoco da cuenta de su prestigio, valía u honestidad. Eso si: cuando dicen que por puritita amistad te recomiendan, se puede adivinar lo que tu equipo de campaña piensa sobre los ciudadanos: enséñales la cara "bonita" de una rutilante celebridad de nombre famosón de tu lado y automáticamente confiarán en tus intenciones, aunque ni sepan cuáles son. Tengo la certeza de que con esta lógica de por medio no voy a votar por ti (ni aunque hubiera enloquecido y quisiera hacerlo podría: vivo en la Delegación Miguel Hidalgo).
Lo siento Eduardo: tu campaña me agarró en un punto de desconfianza total hacia los famosos amigos de los políticos y hacia los políticos con amigos famosos. Espero tengas suerte con algún ingenuo que todavía crea que existen amistades desinteresadas en tiempos electorales.
PD. Ya te vi protagonizando el video musical México puede volver a amar y quedé sin palabras ante tanta cursilería y melcocha, patrioterismo y buenaondez juntas en una sola canción ridículamente optimista... ¿Cómo no se le van a quitar las ganas de votar a la gente con rolas como ésta?
lunes, 25 de mayo de 2009
Pequeño recordatorio

Mi nombre (o lo que puede adivinarse de él) escrito en una de las paredes del pasillo que da al baño. Tu nombre un poco más arriba. Grabados en una superficie vieja y rugosa, un pequeño recordatorio de lo que fuimos. Un epitafio. Y junto a cada nombre, una línea. Dos líneas paralelas, necesariamente apartadas una de la otra. Dos líneas que indican los centímetros que nos separan. Dos líneas que no pueden tocarse. Distancia. Vacío.
Si, ya se desplomó la añoranza sobre mi... otra vez. Ni cómo evitarlo.
Hasta pronto, siempre.
martes, 21 de abril de 2009
Dear Sir Salman

Aunque no puedo decir que soy su fan -porque no he seguido su carrera literaria puntualmente y porque creo que a usted no le gusta el término "fanático" por razones obvias-, he de confesar que entre más lo leo mejor me cae. Hace años, recuerdo haberlo reconocido en su pequeña participación en la película El diario de Bridget Jones (como parte del confundido público asistente a la torpe presentación de Bridget con motivo del lanzamiento de La moto de Kafka que aún no sé si se trata de una novela real o no... sáqueme de la duda, por favor). Para un cameo en que no dice una sola palabra, usted me pareció bastante gracioso aunque un poco sombrío siendo honesta. ¿Qué hacía usted en esa comedia romántica, un escritor tan famoso y, a la vez, tan odiado por muchos?
Inicialmente, mi opinión sobre su persona estaba atrapada en las redes del prejuicio mediático: musulmana por elección (y sufi por fortuna), Los versos satánicos me sonaban un poco a blasfemia y, la verdad, cuando una parte escéptica y liberal de mi formación me llevó a leer la novela, no pasé de la página 100. Después de demasiadas cuartillas sobre como sus protagonistas charlaban en caída libre, opté por olvidarme de Los versos satánicos (si: la desesperación ganó a la paciencia). De hecho, a causa del malestar que me provocó ese particular libro lo intercambié por otro -El suelo bajo sus pies-, curiosamente también de su autoría.
El suelo bajo sus pies sobrevivió a una mudanza y pasó casi un año en un estante hasta que un buen día atrapó mi atención y, ¡oh sorpresa!, no pude despegarme de sus páginas. Permítame decirle (seguramente otros ya lo han hecho) que es una de las mejores novelas que he leido. Las descripciones del Bombay de la niñez de Rai, la saga familiar de los Cama, la hermosa historia de amor y música entre Ormus y Vina y su reflexión sobre la fotografía, la pérdida y la nostalgia me llegaron muy hondo. Justo al terminar de leer El suelo bajo sus pies, por azar llegó a mis manos -de las manos de otra musulmana amiga mía- su colección de ensayos Pásate de la raya. Y ahí fue donde, creo, me fue dado conocerlo un poco más. Me parece muy sugerente que usted escriba con inteligencia y humor sobre lo que algunos podrían llamar "cualquier cosa": desde el fútbol, la muerte de Lady Di y la película El mago de Oz, hasta una ferviente apología de la novela y su relación con Bono y U2, pasando por la íntima crónica de la década que sobrevivió bajo la implacable fatwa del Imam Jomeini y la campaña de desprestigio en su contra orquestada por algunos medios británicos. Eso de imputarle la entera responsabilidad de cómo se interpretó su obra, de que aguantara las consecuencias porque "usted se lo buscó", me parece, sencillamente, una barbaridad.
Sus "Mensajes de los años de la peste" me permitieron ver cómo el llamado "caso Rushdie" en realidad iba más allá de su propio dilema personal: implicaba una lucha por el respeto a la libertad de expresión y a la autodeterminación individual, una lucha a la que yo me suscribo debido a mi propia historia de vida. Imagínese: en un país patriarcal, arraigadamente católico y guadalupano como México, la comunidad sufi a la que pertenezco es islámica de ascendecia turca y, además, está dirigida por una mujer. El sufismo que me ha tocado vivir, según los policías de la mente de los que usted habla, es visto aquí como una doble transgresión o, en el mejor de los casos, como un doble exotismo: por venir de tierras lejanas y por tener una guía femenina. Sobre nuestra comunidad ciertamente no pende una condena como la que se decretó contra usted, pero a veces si puede sentirse la incomprensión que provoca lo periférico, lo radicalmente otro.
A pesar de que tras la fatwa usted peleó de inicio por su vida e integridad, la experiencia de verse confrontado a un Islam autoritario y eminentemente político (que, usted sabe, nada tiene que ver con lo que miles de sufis creemos) lo acercó a otros musulmanes -escritores, activistas, artistas- quienes, como nosotros, han constituido a ojos de toda ortodoxia una desviación peligrosa. Creo que, guardando la distancia que la prudencia marca, puedo imaginarme bien por lo que usted pasó.
Sir Salman, le mando pues mis salams, saludos de paz en la tradición islámica, y espero encontrarlo pronto en otro de sus libros, Hijos de la medianoche, del cual he leído maravillosas reseñas. Hasta entonces.