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martes, 13 de agosto de 2019

Del terrible agravio del glitter morado y otros agravios más punzantes

¿Cómo se hace para no caer en una provocación producto del glitter morado? Supongo que frente a esta brillante agresión, el señor Orta ha de haber tenido que ejercer una templaza extraordinaria para no aventarle lentejuelas a tan peligrosas provocadoras. No caer en provocaciones en este caso, ¿implica aguantarse las ganas de criminalizar a quienes protestan con brillantina? Parece que no, porque ya se abrieron varias carpetas de investigación. Ah, ¡qué justicia tan diligente y expedita cuando se trata de brishitos y vidrios rotos!

¿Por qué las instituciones -por no decir Claudia y Ernestina- se sienten en posición de contenerse y no actuar frente a sucesos que perciben como agravios? Supongo que porque piensan que el glitter morado (que no rosa, como se ha reportado) y los vidrios rotos merecen una respuesta contundente y, a todas luces, disciplinaria, ¿veá? Pero en su magnanimidad, se muestran benévolas al no caer en provocaciones. Pos, ¿qué estaban pensando hacer? ¿Darles lección, con dedito acusador y toda la cosa, a estas perniciosas mujeres? ¿Darles unas muy correctivas nalgadas a tiempo para, tal vez, prevenir insubordinaciones futuras? Otra vuelta las mujeres son las que necesitan corrección y no los pinches policías abusivos cuyo crimen inició todo este desmadre. Ah, pero hablar de patriarcado es una pendejada, ¿veá? Pareciera que la retórica de Claudia y Ernestina se remonta a su pasado de oposición. Eso de "no caer en provocaciones" es lo que comúnmente aconsejan hacer quienes protestan contra el statu quo y enfrentan sus represalias. Ahora resulta que el statu quo se apropia del dicho al sentirse amenazado por el gran poder de la brillantina morada y de una puerta de cristal hecha añicos.

Romper una puerta de cristal a patadas sí es muy violento, aunque no es una provocación: supone una reacción entendible y hasta menor, mucho muy menor frente al estado de violencia y terror que tiene presas a la gran mayoría de las mujeres en este país. ¿No les parece indignante que indigne más un reguero de cristales que la violación de una menor de edad a manos de cuatro policías? Pero, ¿por qué echarle glitter en la cabeza a un señor masculino singular se equipara a una provocación violenta? A lo mejor la brillantina morada tiene un poder simbólico que más que lastimar físicamente pega directito en el ego. ¿Será que la masculinidarks del señor Orta quedó teñida para siempre? ¡Vaya tragedia! ¿Será algo más mundano, como el cuentononón de la tintorería o la cita urgente en una peluquería carísima? ¡Ni que le hubieran echado pintura, sangre, gas pimienta o polvos picapica! ¡Ni que hubieran usado la cabeza de Orta para romper la famosa puerta de cristal! ¿Será que unos cuantos brishitos vulneran el poder del Estado? ¿Será que el Estado tiene una muy mala conciencia (si es que eso es posible) y percibe un puñado de glitter como un categórico madrazo en su ineptitud rampante? 

Provocaciones -constantes, graves y peligrosamente normalizadas- las del sistema de justicia en México (aliado a quienes se erigen como voceros de los mandatos de género) y su tratamiento de las mujeres cuando son objeto de todo tipo de agresiones: si no denuncias, mal; si te tardas en denunciar, muy mal. Y si sí denuncias, peor, porque -y he aquí una larga letanía de pretextos y sandeces que escuchamos en los medios un día sí y otro no- "no hay elementos para proceder", "no hay pruebas, así que ve tú a buscarlas", "no hay recursos, así que una lanita nos caería muy bien", "segurito tú tuviste la culpa de lo que te pasó", "hubieras cerrado las piernas", "eso te pasa por andar provocando a los hombres", "pero si ya sabías cuan riesgoso es salir de noche", "no seas exagerada, si ni te pasó nada, ¡sigues viva!", "no sigas insistiendo que te va a ir peor", "esto te lo buscaste tú misma por andar de necia insistiendo". Ah, pero decir que las mujeres -su dignidad, integridad, bienestar, derechos, seguridad- siempre están al final de la jerarquía de prioridades del sistema de justicia es paranoico, ¿verdad?

Y al final de esta cadena de verdaderos agravios, si protestas porque denunciar parece no servir para nada e incluso ser contraproducente y hasta peligroso para quien denuncia, te espetan: "¡esas no son formas, muchachas!" ¿Cuáles son las formas correctas, me pregunto? ¿Las de la moral y las buenas costumbres? ¿Las que no hacen ruido, ni olas, ni nada? ¿Ahora resulta que Claudia y Ernestina nos van a enseñar cómo sí protestar y cómo no hacerlo? ¡No mamen! Y encima osan decirte: "regrésate a tu casa" -con mucho cuidado, eso sí, porque en esta ciudad hay policías violadores sueltos y en activo, entre la fauna de agresores impunes que pulula por doquier- "y quédate encerradita y calladita que así te ves más bonita y nada te va a pasar". Para violencias y agresiones, las de varias instituciones que sistemáticamente revictimizan a las mujeres y parecen estar del lado de los agresores, una y otra y otra y otra y otra vez como éste y muchos casos más ejemplifican. Ah, pero decir que la justicia es patriarcal es un alucín sin fundamento.

La ligereza del glitter y las astillas de los vidrios rotos no se comparan con una violación, mucho menos con la frustración y coraje que han de sentir las incontables mujeres que denuncian y comprueban que, al hacerlo, las instituciones las dejan aún más vulnerables y desamparadas de lo que ya estaban. Vergüenza mil con estas instituciones y con Claudia y Ernestina, a quienes ya se les olvidó la noción de digna rabia. Cero estrellas. Pésimo servicio.

lunes, 1 de octubre de 2012

Back, but... / De regreso, pero...

Back, but not quite yet... Everything is just where I left it. Even those things I ran away from. The same old white walls, the same piles of books. The same sounds coming in from the busy street below. The same good old closet in my room, packed with clothes and memories. The same three cats. The same broken, bloody country. The same pain. The same affronts, reproduced to the point of nausea. I'm back, but somehow there's a piece of me that was left somewhere in the US. Sitting at a bench beneath a tree in Atlanta, waiting. At a porch in Austin, Chicago or Washington. Running behind a bus in the Mojave Desert. Praying under the Texas night sky. Crossing the Brooklyn Bridge. I do feel the lack of something. Something fell off me and I wouldn't want to admit it's lost. Naivete? Sense of awe? It seems I'll need to go back and fetch it. I do feel I'm not the same, although everything around me strangely still is.


De regreso, pero aún no... Todo esta justo donde lo dejé. Incluso aquello de lo cual huí. Las mismas viejas paredes blancas, las mismas pilas de libros. Los mismos sonidos que suben desde la calle apurada. El mismo y viejo closet en mi cuarto, atascado de ropa y recuerdos. Los tres mismos gatos. El mismo país, roto y ensangrentado. El mismo dolor. Los mismos agravios, replicados hasta la náusea. Estoy de regreso, pero de alguna forma una parte mía se quedó en algún lugar de los EUA. Sentada en una banca, bajo un árbol en Atlanta, esperando. En un porche en Austin, Chicago o Washington. Corriendo tras un camión en el desierto de Mojave. Orando bajo el cielo nocturno de Texas. Cruzando el puente de Brooklyn. Siento la falta de algo. Algo se me cayó y no quisiera darlo por perdido. ¿La ingenuidad? ¿La capacidad de asombro? Parece que tendré que regresar para traerlo. Siento no ser la misma, aunque todo a mi alrededor, extrañamente, todavía sea igual.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Caravana, generosidad y resistencia / Caravan, generosity, and resistance

Escribo estas palabras para dar testimonio de la primacía de la lucha de la resistencia en cualquier situación de dominación; de la fuerza y el poder que surgen de la resistencia mantenida y de la profunda convicción de que estas fuerzas pueden ser sanadoras, pueden protegernos de la deshumanización y la desesperación.
bell hooks

La probabilidad de que tus acciones de resistencia no puedan detener 
la injusticia no te exime de actuar por lo que sincera y reflexivamente 
crees que son los mejores intereses de tu comunidad.
Susan Sontag

En este momentito libre que ahora tengo -y de cierto sé que los momentitos pueden ser eternidades- pienso escribir sobre la Caravana por la Paz en los Estados Unidos. No escribiré sobre la política, la ética, la logística ni si quiera sobre la poética (eso lo dejo para varios otros posts): sólo escribiré sobre mis primeras impresiones (¿o son las últimas? Después de un mes de Caravana, mi reloj interno aún está revuelto, igual que mi termostato y mi brújula). Estos días en el camino me han hecho reconsiderar muchas cosas, cosas que tal vez eran meras intuiciones pero que ahora son sutiles y poderosas verdades: no sólo la fe mueve montañas, sino que la generosidad también lo hace. Este viaje se fundó en la generosidad: la generosidad de quienes dieron sus testimonios, una y otra vez, por más doloroso y desgarrador y pavoroso que fuera; la generosidad de quienes dimos nuestro tiempo y oidos y apoyo, sin importar que, a veces, nuestros propios corazones se rompieran; y la generosidad de los estadounidenses -prefiero llamarlos usanenses, o algo por el estilo- que nos abrieron las puertas de par en par y nos recibieron cálidamente una y otra vez.

Si cualquier travesía se funda en la generosidad, nada puede salir mal. Y nada salió mal en la Caravana. No se cual será su impacto: si cambiamos o no la mente de las personas, si los políticos y hacedores de política pública transformarán de verdad sus malas mañas después de lo que vieron y escucharon, si la fallida guerra contra las drogas terminará algún día o no. Lo que sí se es que la resistencia contra el horror es fuerte. En las circunstancias urgentes de supervivencia impuestas a muchas comunidades e individuos, la resistencia da dignidad y esperanza. Por eso continuaré alimentándola: en la Caravana he encontrado tal camaredería, compañerismo, tantos querid@s, querid@s amig@s -una comunidad que siento mía- que no estoy dispuesta a dejarlos ir.

***

I write these words to bear witness to the primacy of resistance struggle in any situation of domination; 
to the strength and power that emerges from sustained resistance and the profound 
conviction that these forces can be healing, can protect us from dehumanization and despair.
bell hooks

The likelihood that your acts of resistance cannot stop the injustice 
does not exempt you from acting in what you sincerely 
and reflectively hold to be the best interests of your community.
Susan Sontag

In this little free time I've got now -and I know it's true little moments can become eternities- I plan to write about the Caravan for Peace in the United States. I won't write about politics, ethics, logistics, not even about poetics (that I leave for several other posts): I'll just write about my first impressions (or are they last impressions? After a Caravan month, my inner clock is still upside down, such as my thermostat and my compass). These days on the road have made me reconsider several things, things which perhaps were mere intuitions before and are now subtle and powerful truths: not only faith moves mountains, but generosity does that as well. This trip was founded on generosity: the generosity of those who gave their testimony, again and again, no matter how painful and heart-rending and bloodcurdling it might have been; the generosity of those, like me, who lent time and both ears and support, without minding that our own hearts would sometimes break; and the generosity of the people from the US of A -I prefer to call them usanites, or something along those lines- who opened their doors and warmly welcomed us again and again.

If any journey is built upon generosity, nothing can go wrong. And nothing did go wrong with the Caravan. I don't know what will its impact be: whether we changed people's minds or not, whether politicians and policy makers will indeed change their evil ways or not after what they saw and heard, whether this failed war on drugs will ever stop or not. What I do know is that resistance against horror is strong. In urgent survival circumstances as those enforced on communities and individuals, resistance provides dignity and hope. That's why I'll continue feeding it: at the Caravan I found such comradeship, companionship, such dear, dear friends -a community that I can call my own- that I'm not willing to let them go.

sábado, 15 de octubre de 2011

Ingrávido

Hacia el final de los setenta todo era ingrávido. Al menos así lo recuerdo. La lámpara de vidriecillos de colores, suspendida del techo en una esquina de la sala; el mantel de flecos sobre la mesa del comedor. Mi madre y su paciencia infinita. Mi padre leyendo poesía. El afro trasnochado de la vecina y su pastel del Hombre Verde. El ventanal que daba al jardín, pequeño follaje trasero; el sol que pintaba de tenue verde su luz. Las bicicletas tiradas en el pasto. Los pantalones acampanados del colegio. Mis zuecos azules. La vista desde la azotea: sólo terrenos baldíos y horizonte. Recuerdo correr ligera por los tejados contiguos de cinco casas extrañamente unidas. El beso que le dí a ese niño en su cumpleaños, escondidos en la cochera. El papel tapiz de flores: su mismo ramillete, amarillo y quebradizo, repetido una y otra vez en las paredes de cada habitación. Lo único que tenía peso entonces era el mastodonte de la televisión de bulbos que sostenían cuatro patitas ridículas; su perilla redonda -clac, clac, clac, lenta y torpe- que apenas podía mover para cambiar los canales. ¿Qué habrá sido de ella?

sábado, 26 de marzo de 2011

Gracias... ¡totales!

Helo aquí: mi primer video. Que no se diga que una bloguera no puede dar el salto cuántico hacia ser también vloguera, ¡ja! Ora podrán ver a la persona detrás de las palabras, la autora intelectual de tanto desvarío, la receptora de toda responsabilidad por lo aquí vertido, la mano que mece la cuna... bueno, nomás los deditos de la mano que anda de arriba abajo por el teclado. ¡Saludos a tod@s!

miércoles, 23 de febrero de 2011

Posteo un video a media semana...

...porque tengo muy descuidado este querido bló. Parece que ya se acabó el tiempo (ay, la nostalgia...) en que podía escribir un largo y nutrido post diario; en que me hacía espacios para divagar y comentar, para construir un pequeño reino de palabras e imágenes. Hoy día -y es muy afortunado el cambio, no vayan ustedes a creer- me la paso de reunión en reunión, de compromiso en compromiso, arañando el reloj para conquistar un momentito de ociosidad creativa. Se ha pasado el momentum de varios posts coyunturales que deseaba escribir, se me han ido las ideas para muchos otros (el mal hábito de no usar una libretita memoriosa) y, al menos, ha sido porque concretar la vida cotidiana nunca antes había sido tan interesante y provechoso...



Además, los remixes y la música del fantástico Joakim bien valen la pena unos minutos de distracción en las horas contadas de mi muy intensa agenda...

Somewhere, all that we leave behind
Lingers on, longing for lullabies
You live, you learn
You love, you burn
You win, you lose
Becoming you.

Video, cortesía de Szeneboy1.

domingo, 2 de enero de 2011

Posteo un video el 2 de enero...

...porque no hay que dejar para mañana lo que puedas hacer hoy. Y no es que ése sea mi más caro e irrealizable propósito de año nuevo; sólo tengo uno formal (y muchos informales): reconciliarme con la cocina. Pero esa es otra historia...



Además, Funeral es un gran, gran disco, de esos que conmueven, motivan, prenden y hacen que uno quiera saltar de emoción. ¡Feliz año a todos y todas!

With my lightnin' bolts a glowin'
I can see where I am goin’

Video, cortesía de arcadefirestarter.

domingo, 24 de octubre de 2010

Catálogo de ventanas y cristales

La ventana de mi cuarto; sus vidrios, opacos de polvo, al sol. Las ventanas alargadas de la niñez en casa de mis padres, verdes de árboles y maleza. Las incontables ventanas del hotel al otro lado de la calle; sus cristales ahumados que guardan de la mirada inoportuna. Las paredes de vidrio en la sala de espera: escaparate del flujo de percances y premuras. El ventanal gris del baño del hospital; su ulular constante, otro paciente que también delira, que reza y susurra. La puerta translúcida del pasillo de urgencias, plagada de huellas de manos que empujan angustiadas: un delicado velo de cristal para los accidentes, el llanto y las partidas.



Video, cortesía de 4ADRecords.

sábado, 28 de agosto de 2010

Todo sucede

He olvidado por completo aquéllo sobre lo que quería escribir. Es difícil trazar la sinuosa trayectoria de un tren de pensamiento desbocado que al andar divaga por necesidad. Pero ser monotemática y circular -como soy- ayuda en estos casos: me parece que iba a escribir sobre los últimos días en que todo ha dejado de pasar de largo, de languidecer en monótono fade out. El tiempo que pasaba neutro, indiferente, se acabó de golpe. De pronto todo empieza a suceder: categórico e irremediable, todo sucede. Las horas se agolpan, feroces, sublimes; la vida me sorprende y se derrama sin control; pesa feliz el descanso perdido, se intensifica un bendito agotamiento. Y el pasado -esa vieja pesadilla, ese mal sueño desvencijado- se queda atrás, se vuelve un punto lejano en el horizonte, como si la viveza del hoy lo hubiera tirado por la borda hace años.



Speeding away with no time to spare.
Speeding away from the same nightmare.
Freedom... freedom, icy freedom...

Video eclecticón y locochón, cortesía de pureswitch.

jueves, 19 de agosto de 2010

Uva

Anoche sabías a uva. Uva, ¡qué palabra tan curiosa! La veo escrita y la repito y me provoca extrañeza. Uva: emparentada en la u con ubicuo, en la v con vital y en la a con afán, con anhelo, con ansia, arrojo y ardor. Me supiste a uva en cada roce. Cada mirada aceitunada en realidad sabía a uva. Me supiste a vitalidad teñida de ubicuo verde uva; a rodar ensortijados por el piso verde de vides y parras, de verdinegras grecas. A dejarse llevar. Me supiste a compartir desde el corazón en forma de verde gema, de uva esmeralda. Cada gesto tuyo me supo a uva. Y hoy que recuerdo lo de ayer, todavía queda un breve y suave dejo a uva en mis labios.



Música, cortesía de maniaczec91.

jueves, 12 de agosto de 2010

Imprecisiones

Una sensación elusiva. El segundo efímero que duró este recuerdo. Una atmósfera mutable. El inexorable paso del tiempo. Parpadear bajo el sol y llorar bajo la lluvia. Confiar en la incertidumbre. El sobresalto por venir. La tranquilidad perdida. Un deseo inasible. Un corazón añorante, elucubrante, maquinante. Olvidar lo que estaba a punto de decir. Olvidarme de todo lo que prometí. Los tres pies del gato. Saltar por la ventana. La imagen volátil que detonó un aroma. El quiero pero no puedo. El puedo pero quién sabe. Y después de tanta imprecisión nomás queda precisar que estas líneas no buscan decir nada. Solo son pretexto para esta canción...



La tristísima carita de Damon Albarn y Gorillaz, cortesía de grungemaniacox8.

lunes, 5 de julio de 2010

De lo que uno se pone a pensar mientras cae la lluvia

Prefiero el sol a la lluvia y el sol del ocaso al de mediodía. Prefiero el calor al frío (a menos que el frío sea en cama, entre cobertores y almohadas, leyendo a Bolaño o a Wallace o a Auster). Y aunque llueva en verano, lo prefiero al invierno. Eso si: entre salado y dulce, me gustan por igual. Prefiero una buena novela a un cuento excelente. Prefiero una canción triste y nostálgica que una ingenuamente optimista: mejor Untitled que Friday, I'm in Love. Entre verdades brutales y mentiras piadosas, me quedo con las verdades. Prefiero a los gatos que a los perros (aunque algunos perros, he de confesar, son encantadores). Prefiero el afrobeat al reggae. Prefiero las chick flicks a las películas de "terror" (en las primeras segurito que se obtiene lo que se espera; en las segundas es muy probable salir decepcionado). Entre azul y buenas noches, buenas noches por favor. Prefiero escribir aquí (ay, ¡Dios!) que en cualquier otro lado, pero mejor me voy a escribir la tesis porque el tiempo apremia...



Video, cortesía de DjKCraZy.

lunes, 24 de mayo de 2010

Esto que ves aquí

Esto que ves aquí es un hombre. El cabello largo al hombro y rizado, la barba de días, los pantalones caqui, la espalda amplia recargada en la puerta del vagón lo delatan. Las manos grandes, las piernas separadas, el peso del cuerpo sobre la pierna izquierda. La mirada discreta que escruta. ¿Si dijera palabra pasaría algo? ¿Si lo prensara entre mi cuerpo y la puerta del vagón? Esto que ves aquí es una anciana. Las manos ajadas por el trabajo y las horas, largas, bajo el sol la delatan. Las piernas delgadísimas, en los huesos, cubiertas por unos calcetines grises. La canasta con dulces que deja cuidadosamente en el piso del vagón. Esto que ves aquí es una mujer. La bolsa de la que saca un delineador negro, los tacones, las uñas postizas la delatan. El espejito que sostiene a la altura de los ojos, del cual se asoman guiños certeros. ¿Si mirara más penetrantemente al hombre de los pantalones caqui pasaría algo? ¿Si el mirar se transformara en palabras, en actos? Esto que ves aquí es tu reflejo: intermitente, borroso, en la ventana del vagón. Esto que ves aquí es tu reflejo: naranja, plateado, naranja, plateado, impreso a intervalos en los vagones del tren del que saliste y que se llevó al hombre, a la anciana, a la mujer. Esto que hueles es el olor a lluvia, a tierra mojada, a tormenta que te espera cuando vuelvas a la superficie. Esto que ves aquí es una familia. El padre, la madre, los tres hijos. El gesto del padre, el silencio de la madre, la cara de aburrimiento de los hijos mientras la escalera eléctrica los mueve sin esfuerzo los delatan. Esto que ves aquí es una cascada que improvisó la lluvia en su descenso por la escalinata de la estación. El rumor del agua, que va a parar sin remedio a una coladera, la delata. Esto que ves aquí es el cielo nocturno, acompañado de relámpagos, de sobresaltos. ¿Y si, por una vez en la vida, me entregara a la lluvia?

jueves, 6 de mayo de 2010

Vaguedades

Debiera de... blah, blah, blah... El pequeño censor que llevo dentro me cuestiona. Estoy muy desconcentrada para hacer lo que debiera hacer y mejor me he puesto a escribir estas líneas. Y si: detrás de estas líneas, como detrás de todo texto aquí posteado, se esconde alguien. Y no: no revelo quien se esconde (nunca lo hago) porque entonces no tendría chiste alguno escribir de esta forma (estoy convencida de que el misterio y la insinuación siempre serán taquilleros y respeto el derecho al anonimato de los sujetos de mi deseo). Digamos que esta vez también se esconde una canción: últimamente (siempre, para ser honestos) escribo con música de por medio. Como un pretexto para evitar decir eso que la canción en cuestión (que esta canción) dice tan bien y con tanta soltura. Si yo (te) lo dijera, perdería su encanto. Además, aunque no lo creas, balconearme -sincerarme, pues- expresa y frontalmente nunca ha sido lo mío (a pesar mío, a veces así sucede). Ay, de hacerlo sabrías por qué te arden tanto las orejas: todos esos diálogos imaginarios y conversaciones inconclusas en las que tú y yo nos hemos embarcado en mi cabeza...



Video, cortesía de radiohead

viernes, 30 de abril de 2010

De melancolías y languidecimientos

It takes, unhappily, no more than a desk and writing supplies to turn any room into a confessional, dice Thomas Pynchon en su novela V. A mi me basta, tristemente, con un teclado y las insinuaciones del mundo virtual para hacer de un post una (casi) confidencia. Hace 23 años, gracias a un acetato doble que seguramente está en casa de mis padres, escuché esta canción por primera vez. Desde entonces intuía los mandatos de una sutil fuerza que me volcaba hacia la melancolía cada vez que el sol del ocaso entraba por mi ventana; hoy, tal vez debido a ese mismo sol que entró por una ventana muy distinta, la he sentido de nuevo (dice Alex que se trata de "la hora macabra" y que provoca el languidecimiento de bebés, niños y gatos por igual). Hicieron falta un par de frases, otros tantos recuerdos, un dolor de panza, cinco canciones, una espera continuada e infructuosa y muchisisísimas ganas de volver a ver a alguien para languidecer melancólicamente. Y como hacía antes, ahora también trato de salir de esta lánguida melancolía escribiendo...




Música, cortesía de roberteitor

viernes, 5 de marzo de 2010

96 lágrimas

Para Beatriz,
porque ella si descifra todas las claves,
atrapa todas las botellas virtuales,
conoce a todos los implicados en este asunto
y porque muy, muy pronto nos vamos a ver...


La verdad, anoche no hice nada. O solo hice lo que pude hacer (o lo que tuve que hacer, o lo que me fue dado hacer...). Y tal vez no exista ninguna buena (o mala) razón para publicar esto aquí, sobre todo si mi intención es no soltar prenda de los detalles o de los nombres propios involucrados, ni siquiera de sus tristes iniciales: a partir de hoy renuncio a los mensajes cifrados (aunque estas líneas, en el fondo, sean uno). Hace muchos, muchos años, estando en una disyuntiva similar a la que estoy ahora (bien temprano una mañana, después de un reve, con la consciencia y los sentimientos revueltos) leí algo que, si la memoria no me traiciona, iba más o menos así: no vale la pena andar un camino que definitivamente no lleva a ningún lado. Y hoy estoy cansada, harta incluso, descorazonada. Me parece increíble que habiendo pasado tantos años ya de eso aún no haya aprendido algo, por mínimo que sea, y me tiemblen desde las ideas hasta la voz (las rodillas, las certidumbres, las dudas, las orejas, los motivos) cuando te veo...




Video, cortesía de romek192.

sábado, 27 de febrero de 2010

Hoy, después de leer el periódico...

...mi corazón se entumece y aconjoga. Es difícil escapar al dolor del mundo. Porque, además, no es necesario mirar lejos para sentirlo: basta mirar alrededor. Basta con la evidencia palpable de los estragos de la enfermedad de mi madre; basta con los cercanos despojos que lega el paso del tiempo; basta con mirar los ojos de Milagros.

Hoy estoy sin saber yo no se cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy solo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.

Basta mirar dentro: ni arrumbando el corazón bajo capas de tibieza éste deja de latir. No deja de volcarse hacia lo que duele, hacia lo que indigna. Ni acallándolo a fuerza de indiferencia, el corazón deja de gritar. No cesa en su legítima exigencia: escucha...

Voces como lanzas vibran,
voces como bayonetas.
Bocas como puños vienen,
puños como cascos llegan.
Pechos como muros roncos,
piernas como patas recias.
El corazón se revuelve,
se atorbellina, revienta.
Arroja contra los ojos
súbitas espumas negras.

Basta con entrever sus latidos que, a pesar de tanto herrumbre, puntualmente golpean el pecho. Basta con sentir esas punzadas que sobrevienen, una tras otra, día tras día.

Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
peñal de ruiseñores moribundos.


Versos de Me sobra el corazón y Guerra, cortesía de Miguel Hernández.

jueves, 25 de febrero de 2010

Virtualmente cerca

Hoy hace una tarde hermosa, justo como más me gustan: mucho sol, mucho viento y luminosidad. De esas tardes en las que uno debiera estar afuera, disfrutando del universo en todo su esplendor. Pero no: heme aquí, frente a la pantalla, elucubrando. Y todo porque la vida virtual se convierte, por decisión o circunstancia, en una segunda naturaleza de primerísimo interés. Y todo porque la vida virtual -sin sol ni viento- posee sus fatales encantos, que mucho semejan la seducción (ay, tan engañosa...) de cualquier droga. El rush de conectarse para no perder detalle alguno de lo que "sucede" en esos munditos telarañescos que son las redes sociales; la necesidad imperiosa de "hablar" con X o Y, de compartir, comentar, confesar, sin que medien más que letras, tal vez imágenes, sin comprometer miradas o roces. El hechizo de la vida virtual hace creer que se minimizan los riesgos de la cercanía, cercanía imaginada, deseada, esencialmente aparente: estar y no estar; querer y no querer; verse y no; ver sin ser visto; develarse y esconderse; lanzar botellas al mar ilusorio de los bits and bytes con mensajes que serán o no descifrados, que llegarán o no a su destino, todo al mismo tiempo. Porque quienes en realidad están cerca te miran a los ojos.

sábado, 30 de enero de 2010

Todavía más desatinos

Una fotografía del tamaño de la mitad de una estampilla postal (tal vez más pequeña aún), en la que ni siquiera se ven tus ojos; a veces, tu nombre escrito en azul; otras, trece letras negras que me recuerdan cómo te llamas; un foquito verde o gris, dependiendo del humor o del trabajo; una media luna, casi imperceptible, que puede significar muchas cosas (cansancio, desdén, hastío, ausencia, olvido): fugaz catálogo de lo que la tecnología ofrece para que los corazones se acerquen, indicios vagos, diálogos intermitentes y, quizá, virtuales desencuentros.



Video, cortesía de TheGreatValerian

viernes, 29 de enero de 2010

Más desatinos

Aquí, escribiendo. Ni bien ni mal. Supongo que a uno le llega -infrecuentemente, he de confesar, dada mi euforia redescubierta y afanosamente mantenida (no sin los riesgos y menoscabos propios de un estado así)- el sosiego. El momento en que, con la cabeza en la almohada, uno se pregunta las grandes preguntas de la vida; los cómos y por qués, los cuándos que se responden con los tan trillados siempres y nuncas. Y en ese preguntarse uno se acuerda (¿será inevitable?), rememora (¿será que así sucedió?), anhela (ay, vaya que anhela) y, por fortuna, finalmente se queda dormido.