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miércoles, 2 de julio de 2014

Una carta para Ann Coulter sobre los "males" del soccer

Estimada Sra. Coulter: 

Acabo de leer su artículo sobre la creciente afición al soccer en EUA y lo encontré… digamos que un tanto problemático. A pesar del hecho de que definitivamente no soy una fanática del fútbol (así lo llamamos por acá), me sentí obligada a comentar sus argumentos contra este deporte y, extrañamente, a tratar de convencerla de que le de una oportunidad al fútbol. Para los estándares mexicanos (también para los mundialistas), podría endilgarme la etiqueta de soccer hater, dado que no comparto la pasión que suscita en mi país y porque la exuberancia y locura de esa pasión me hacen sentir incómoda las más de las veces, además de que encuentro al fútbol verdaderamente aburrido. Sí, puede que odie el soccer pero no puedo afirmar, como lo hace usted tan intensamente en su artículo, que sea inherentemente inmoral para el pueblo estadounidense, ni para nadie más.

En verdad creo que existe algún tipo de maldad al acecho en la industria futbolera y, en mi opinión, ello tiene que ver con la manera en que este deporte ha sido utilizado ideológicamente y explotado cínicamente por la FIFA y por algunos gobiernos nacionales, como el mexicano. Encuentro cuestionable (¿otra palabra para inmoral, quizá?) que se gasten miles de millones de dólares en la construcción de estadios de tecnología de punta, prácticamente inutilizables después del Mundial, en países como Brasil cuyos índices de pobreza son alarmantes. Encuentro cuestionable que los futbolistas sean repartidos, como si fueran productos de consumo, de equipo en equipo sin tener ningún tipo de injerencia al respecto (puede ser que les paguen millones por "nomás" perseguir un tonto balón, pero merecen un poco de dignidad, ¿no cree?). Me parece muy preocupante que el fútbol sea cínicamente promocionado para vender casi cualquier cosa, desde ropa deportiva (eso tiene sentido) hasta marcas de comida (que incluyen, y no estoy bromeando, pan y leche). Me parece aún más preocupante que algunas personas sean criadas para que les importe mucho más este deporte que, digamos, el estado de la política en su país, la falta de justicia o equidad o año tras año de prohibitivo estancamiento económico. En este sentido, yo también resiento, como usted correctamente señala, que el fútbol sea alimento obligado para muchas personas a quienes ni les importa. Cuando uno se enfrenta con el creciente y catastróficamente alto número de asesinatos y desapariciones forzadas en México, enloquecer por completo dado el triunfo o la derrota en un partido mundialista de fútbol (o de cualquier otro tipo) puede resultar una reacción bastante debilucha. 

Mis hábitos de odio futbolero pudieran incluso hacerme compararlo con las barrabasadas que, tiempo atrás, sucedían en el Coliseo romano: todo lo que el pueblo necesita es que sus omnipotentes gobernantes le den un poco de pan (pambolero) y mucho entretenimiento, olvidémonos de la representación y participación democráticas y de otros lujos no tan modernos. Pero me parece que éstos no son argumentos para llamar inmoral al fútbol, aún más en EUA donde el soccer es un fenómeno relativamente nuevo que no ha alcanzados los excesos que hemos visto, por décadas, en otros países. Considerar que el gusto por el soccer es "un signo de descomposición moral" en los Estados Unidos (o, por extensión, en cualquier otro país) no es más que una idea exagerada, sin fundamento y estrafalaria: la supuesta inmoralidad del soccer -si en realidad existe tal cosa- yace en algún otro lugar, no en la gran mayoría de sus fanáticos por supuesto, ni en el deporte en sí mismo.

Considero que algunos de los argumentos que usted emplea para descartar al fútbol en su artículo son un poquillo falsos (por decir lo menos). Cuando usted establece que "el logro individual no es un factor importante en el soccer" está en un error y demuestra que no tiene conocimiento alguno del deporte que tan duramente critica. De hecho, existen premios para los "jugadores más valiosos"; son individuos quienes anotan los goles, a través de trabajo en equipo como sucede en otros deportes, individuos que reciben todo el mérito si aciertan y todo el odio si fallan; sí existen héroes del fútbol, chorrociento mil héroes, quienes son adorados como dioses alrededor del mundo. Aunque suene totalmente descabellado, para algunos fanáticos extremos e intensos, el soccer es una religión y los futbolistas son ídolos, en el sentido más amplio de la palabra. Para mi consternación, ese es precisamente otro perturbador dato futbolero: el fervor con el cual se venera a los jugadores por sus hazañas en la cancha. A mi me parece que sólo son atletas, ni más ni menos. Es cierto que da la impresión de que los futbolistas nomás corren a diestra y siniestra y por todos lados antes (y después) de que "el balón accidentalmente entra" (en la portería), en sus palabras. Para correr sin parar durante 90 minutos consecutivos (lo cual, a decir verdad, encuentro bastante aburrido, tal como usted lo expresa) se necesita vigor en fantástica abundancia o, por lo menos, algo de preparación física seria, ¿no cree? 

Además, comparar las (supuestamente innatas) virtudes de un deporte con los (supuestamente innatos) vicios de otro es un total despropósito sin fundamentos: es como decir que el chocolate es obviamente mejor que la vainilla. Los deportes son una cuestión de gusto, tal como lo son los sabores de los helados. No me gusta el fútbol, pero eso tampoco me hace pensar que, por ejemplo, el tenis sea mucho más superior al soccer en términos morales. Simplemente son deportes distintos, para gustos y habilidades diferentes. La moralidad debería quedar fuera al evaluar el gusto (incluso en el arte: ¡por Wilde que me mira!), así como las lesiones personales. Si seguimos su afirmación de que "la posibilidad de humillación personal o lesión mayor se requiere para que algo cuente como un deporte", sólo existirían dos deportes completamente verdaderos: las luchas de la WWE -en las cuales se aplican grandes dosis de vergüenza, severa e implacablemente- y el snowboarding -en el cual existen cantidades insensatas de riesgo debido a la posibilidad, muy real y muy siniestra, de lesiones mortales. De aceptar esta convicción suya, el resto de los (supuestos, ¿diría usted?) deportes que quedan son juegos de niños sin sentido y tontamente seguros. Salvo el hockey, por supuesto. Le otorgo ese punto, Sra. Coulter, se lo otorgo...

Su razonamiento con respecto a la superioridad moral del football -o americano, como algunos hispanohablantes le llaman- sobre el soccer dado que el primero favorece "el uso de las manos" y sus insuperablemente valiosos "pulgares oponibles" es simplemente tonto. (Una situación que trae a la mente al menos dos preguntas: ¿por qué llamarlo football si los pies se emplean mínimamente? ¿Por qué arriesgar los dedos?) Para ponerlo sin delicadeza alguna, decir que el soccer es un juego de "bestias inferiores" porque emplea los pies, como usted insinúa en su artículo Sra. Coulter, es de hecho una aseveración racista. Por lo tanto, supongo que el tenis necesariamente resulta moralmente fallido, estéticamente falto de sofisticación y culturalmente menor dado que usan esos artefactos llamados "raquetas" cuando los tenistas muy bien podrían pegarle a las pelotas con sus manos desnudas, mayormente europeas y con pulgares oponibles, ¿no? La natación resulta entonces un deporte enloquecidamente difícil de evaluar en términos morales porque se usan manos y pies (y brazos y piernas y cuellos y torsos y…), ¿verdad? Ay, momento: la natación no es un deporte genuino porque casi no supone riesgo alguno de lesión… La cosa es que tanto el football como el soccer (y, en nombre de la salud, cualquier otro deporte) son producto del cerebro de la gente. Se piensan alternativas para crear reglas que permiten unas cosas y prohiben otras, incluso se construyen instalaciones y se fabrica equipo para competir y jugar. Manos y pies son meros instrumentos que se usan en formas diversas dependiendo de las reglas del deporte en cuestión. Además, los porteros en el fútbol sí dan buen uso a sus manos -arriesgándose a sufrir lesiones "menores", supongo, en sus preciados y nobles pulgares- y también existen muchos balones voladores, potencialmente traicioneros para la integridad de los dedos, en un partido promedio de soccer.

Me parece que su argumento verdadero sobre los males del fútbol no tiene nada que ver con este deporte en sí mismo, sino que está inspirado en una visión del mundo concreta: la xenofobia. El mayor defecto moral del soccer para los estadounidenses es que supone un deporte extranjero en su nación, de acuerdo con lo que usted abiertamente establece. (El fútbol puede ser tan extranjero para el público estadounidense como lo es el criquet para el mexicano. No creo que esta extranjería, absoluta e insalvable, haga del criquet un deporte necesariamente malo por naturaleza para sus aficionados mexicanos (casi inexistentes). No creo que el criquet pueda arruinar el buen juicio de persona alguna. Ay, pero está el argumento de usar las manos en el criquet… Aunque también se juega con palos, como en el béisbol, más o menos… Tal vez éste no sea un buen ejemplo después de todo…) Está bien, Sra. Coulter: desde su muy limitada perspectiva, el soccer es en verdad inmoral absolutamente para todos, salvo para el hombre que inventó su versión moderna, un británico de nombre Ebenezer Cobb Morley, y para sus compatriotas. (Supongo que esto es lo que, lógicamente, sigue: los británicos son los únicos que tienen permitido jugar y disfrutar del fútbol desvergonzadamente y tenerlo en alta estima. Cualquier no británico está muy mal y es bastante descarriado, de seguro, si se atreve a hacerlo…) Dicho esto, el mundo entero rezuma peligrosamente todo tipo de inmoralidad y corrupción, dependiendo de dónde esté uno situado: la cocina tailandesa segurito ocasiona "descomposición moral" cuando se come en cualquier otro lugar salvo en Tailandia y a menos que los comensales sean, por supuesto, tailandeses. (La tom kha kai, mi sopa tailandesa favorita, ha de ser testigo de este tipo de enigma moral porque, supongo, me ha convertido en una monstrua come sopa sin principios dado que la he probado, varias veces, en un restaurante de apariencia muy tailandesa y muy extranjera a unas cuantas cuadras de mi casa en el DF… Tu maldad me ha ganado, deliciosa tom kha kai, me ganó completita. Continuemos, pues…) Los burritos y los tacos, sin duda, "corrompen moralmente" a quienes se alimentan de ellos, además de los mexicanos y sólo si estos mexicanos se los comen dentro de los límites de su propio país. Los complejos procesos de globalización y todo tipo de interacciones entre naciones, las cuales han existido por siglos, sólo pueden originar desgracias, ¿verdad? (¡¡¡Maldito sistema métrico europeo, tan moralmente retorcido, que se usa en todo el mundo y sin reparo de las fronteras con la dudosa finalidad de comprendernos unos a otros!!!) El consumo de automóviles italianos, cerveza alemana, moda francesa, tecnología japonesa y hasta plátanos costarricenses debería restringirse a sus respectivos países y ser tanto o más causa de preocupación para la integridad moral estadounidense (o para la sanidad de cualquier otro país con respecto a sus propias amenazas extranjeras, es decir, a todo lo importado…) como ahora ya lo es el soccer. Básicamente, en eso derivaría su lógica, Sra. Coulter.

Lo que más me preocupa -incluso lo encuentro escandalizante debido a su tono racista- es que usted sugiere que la fuente de esta proto manía futbolera en los Estados Unidos está directamente vinculada con la mustia influencia de los extranjeros sobre los estadounidenses (esos mexicanos fanatizados por el fut y muchos otros latinoamericanos "locous" que viven en EUA, supongo). Únicamente la diseminación de su herencia y ese encanto exótico e irresistible que tiene podrían explicar por qué el soccer ha conseguido fanáticos en Estados Unidos. (Para sobrevivir, nosotros los mexicanos dependemos principalmente de la tradición, ¿sabe?) No puede existir alguna otra explicación racional. Por un lado, como usted dice, esos liberales (perversos amantes de lo extranjero, hipnotizados por el fútbol) han de haber adoctrinado a la gente realmente estadounidense para que les pueda gustar un deporte moralmente defectuoso. (Caray, esos liberales de veras que parecen muy disolutos: de acuerdo con sus propias palabras, Sra. Coulter, ¡¡¡hasta son devotos de Beyonce y Hillary Clinton!!!) Es un día triste cuando uno se da cuenta de que la gente ha perdido su voluntad… Por otro lado, sí, todos los vecinos "latinos" -y algunos vecinos italianos, alemanes, holandeses y franceses- en cada ciudad estadounidense son claramente culpables de este cambio de actitud referido al soccer. (Y qué tal si esos vecinos, imaginarios y perniciosos, no sólo fueran "latinos" sino también liberales… No se me ponga loca. Eso es sólo un conjetura.) Ay, los riesgos mortales de la hibridación cultural: de hecho, sí hay reciprocidad en el proceso (tal como deliciosamente atestiguan el chili con carne y el mole poblano).

Sin importar el lugar de nacimiento, algunos otros deportes también se han convertido en industrias globales, no sólo el soccer. La gente en México y en muchos otros países se deleita con el Super Tazón y millones lo ven, como usted menciona de manera acertada en su artículo. Cierto que el Super Tazón sólo se disputa una vez al año, mientras que la Copa del Mundo corre durante casi un mes completo, cada cuatro años. Resulta que organizar un evento deportivo competitivo que involucra 32 equipos diferentes peleando entre sí para ganar un solo primer lugar se toma un poquito más de tiempo, Sra Coulter. La FIFA conoce muy bien su negocio. (En este sentido, comparado con el escaso tiempo aire que tiene el Super Tazón, esos villanos, esos yonquis del fútbol de la FIFA tienen muchos más días para hacer su mejor esfuerzo… lo cual ciertamente significa tratar de ganarse a los indecisos y a los poco impresionados. Olvídense de la gloria futbolera: su única y verdadera finalidad es convertir a todos al Soccerismo…) Además de estas preocupaciones insignificantes sobre el tiempo, las cuales no creo le importen mucho a los entusiastas serios del deporte, surgen algunas otras preguntas con respecto a cómo afectan las industrias globales del deporte a sus ávidos fanáticos y a uno que otro ingenuo espectador: ¿es moralmente enfermo ver por la tele -y, ¡Santo Dios!, también disfrutar- cada uno de los partidos del torneo francés de tenis Roland Garros si uno definitivamente no vive en París ni tampoco es siquiera un poquitito francés, sin importar la nacionalidad de los tenistas involucrados? (La misma pregunta se puede hacer para (el legendario) Wimbledon, con el necesario cambio de escenario. Por cierto, a pesar de todos los ejemplos sobre tenis que he referido, no soy fan. Mi padre sí lo es. Y sí me enamoré de La broma infinita de David Foster Wallace, aún confrontada con una trama principal orientada, por completo, hacia el tenis. Regresemos a las preguntas…) ¿Están moralmente dañados esos otros extranjeros que se vuelcan hacia el football alrededor del mundo por no quedarse con sus propias modas deportivas nacionales? Su gusto por el fútbol americano, ¿los hace moralmente superiores a quienes no les gusta… sólo en sus países de origen o también fuera de éstos? O, ¿podría ser posible que a los no estadounidenses que adoran el Super Tazón les estuvieran lavando el cerebro para que nieguen sus identidades patrias y sus valores morales más íntimos? (Esto me huele a una cochina conspiración planetaria…) No me tomaría en serio NINGUNA de las preguntas anteriores, tampoco sus respuestas, potencialmente absurdas. Creo firmemente, Sra. Coulter, que los deportes y la moralidad, tal como usted los teje en su articulo, tienen poco o nada que ver en la misma frase. 

Sus palabras finales son: "Ningún estadounidense cuyo bisabuelo haya nacido aquí está viendo soccer. Uno sólo puede esperar que, además de aprender inglés, estos nuevos estadounidenses dejen su fetiche futbolero con el tiempo." Me pregunto dónde diablos nacieron los ancestros de esos bisabuelos de los que usted habla. En Inglaterra, ¿tal vez? O, ¿es posible que sean Sioux o Lakota? A lo mejor nacieron en algún oscuro país europeo o africano, ¿verdad? En el caso hipotético [*se ríe con sólo pensarlo*] de que esos ancestros fueran, de hecho, algún tipo de extranjeros, ¿podrían juzgarse sus gustos e influencias como pervertidos o malvados por el sólo hecho del lugar donde nacieron? Yo pensaba que una de las grandes cosas de los Estados Unidos es que representaban la libertad y la justicia para todos, incluso para los inmigrantes, mayormente para ellos, cuando sus desventuras terminaban una vez llegados a suelo americano. Los Estados Unidos se han catalogado a sí mismos como un crisol de culturas, como la tierra de las oportunidades, y por eso han atraído a los menos afortunados -ya sea en Guatemala, Polonia o Filipinas- con la promesa de libertad y prosperidad. ¿A caso me compré completita una mera propaganda extranjera y me convencí de ella? Mucho me gustaría pensar que no. (Por cierto, el estado de Arizona está haciendo un gran trabajo al desmitificar esa promesa que pareciera olvidada hace tiempo.)

Comparto su esperanza de que esos "nuevos estadounidenses" dejen su fetiche futbolero, pese a la lengua o lenguas que puedan hablar y en caso de que este deporte esté "poniéndose de moda" en EUA o no. (Me es imposible dejar fuera un recordatorio histórico importante: la lengua inglesa llegó a América (me refiero al continente) por primera vez en el siglo XVII. Los españoles y portugueses, con sus respectivos idiomas, llegaron a lo largo del siglo XVI principalmente. Dados estos hechos, tal vez todos deberíamos aprender a hablar, digamos, una lengua de la familia Quechua (las más antiguas datan del siglo XIII D.C.) ya que han estado por estos lares mucho, pero mucho más tiempo y ciertamente llegaron aquí antes que cualquiera de nosotras lo hiciera. ¿No parecemos ahora las verdaderas y originales extranjeras? Continuemos…) Los fetiches sólo traen consigo una suerte de gozo enajenado, a pesar de cuán multilingües puedan ser. Pero, al final, ¿quién soy yo para andar diciendo cuales pasiones son más meritorias que otras? Usted y yo vivimos en países libres (a veces me pregunto si los mexicanos somos verdaderamente libres dadas tantas limitaciones impuestas política, socioeconómica e ideológicamente), países donde las libertades están aseguradas por sus respectivas Constituciones y donde la gente tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana con su tiempo y energía, aunque usted y yo estemos, de todo corazón, en desacuerdo con ello, ¿no cree?

Quedo en espera de su respuesta.
Saludos cordiales, Montserrat Algarabel

P.D. He aquí un video (cortesía del usuario de YouTube xCNS GamingPs3) que compila algunas imágenes de percances futboleros triviales, exageradamente titulado "Las peores lesiones del fútbol jamás vistas" sólo para tener más visitas, segurito. Supongo que estos futbolistas intrépidos, al final, no estaban hechos de hule, aunque algunos si dan la impresión de ser niños malcriados y chillones con sus huesitos todos salidos al aire y así…

lunes, 30 de junio de 2014

A letter for Ann Coulter on the "evils" of soccer

Dear Miss Coulter: 

I have just read your article about the growing soccer trend in the USA and found it, let's say, somehow troublesome. Despite the fact that I'm definitely not a fútbol fanatic (we call it like that here), I felt compelled to comment on your arguments against this sport and, quite strangely, to try and convince you to give it a chance. You see, for Mexican standards (and for World Cup standards as well), I might even be labelled as a soccer hater, given that I don't partake in the passion it stirs up in my country and because, most of the time, the exuberance and nuttiness of that very passion make me feel quite uncomfortable, apart from finding the game seriously tiresome. Yes, I may hate soccer but I can't say, as you so fiercely do in your article, that it is inherently immoral for the American people, nor for anyone else. 

I do believe there is some sort of evil lurking within the soccer industry and, in my opinion, it really has to do with how this sport has been ideologically used and cynically exploited by FIFA and by some national governments, such as the Mexican. I find it questionable (another word, could it be, for immoral?) that billions of dollars are spent on building state-of-the-art, high-tech stadiums, practically unusable after the World Cup, in countries like Brasil that have alarming poverty rates. I find it questionable that soccer players are passed around from team to team like consumer goods with no regard for their saying in the matter (they might be paid millions for "just" chasing after a stupid ball, but they deserve some dignity, don't they?). I find it really worrying that fútbol is blatantly marketed to sell almost anything, from sports wear (that kinda makes sense) to all sorts of food brands (including, and I kid you not, bread and milk). I find it even more worrying that some people are raised to care much more about this game than, say, the state of politics in their country, the lack of justice and equality or year after year of crippling economic stagnation. It is in this sense that I too resent that soccer, as you correctly state, is truly force-fed to lots of people who don't even care about it. When faced with the increasingly and already catastrophically high murder and forced disappearance figures in Mexico, going totally insane about winning or losing a soccer match in the World Cup (or anywhere else) can turn out to be quite flimsy.

My soccer hating ways might even make me compare it with the shenanigans that, long ago, went on in the Roman Coliseum: all people need is for their powerful, omnipotent rulers to give them a little (soccer branded) bread and a lot of entertainment, forget about democratic representation and participation and other not so modern luxuries. But, I think, these are no arguments to call fútbol immoral, even more so in the USA where soccer is a relatively new phenomenon that has not reached the excesses we have been witnessing for decades in other countries. Deeming the liking of soccer as "a sign of moral decay" in the USA (or, by extension, in any other country) is no more than a far-fetched, baseless, outlandish idea: soccer's so called innate immorality -if it in fact such a thing exists- lies somewhere else, not in the vast majority of its fans for sure, nor in the sport itself. 

I think some of the arguments you employ to dismiss fútbol in your article are slightly (to say the least) untrue. When you state that "individual achievement is not a big factor in soccer" you are wrong and show no knowledge of the sport you so harshly criticize. There are indeed "most valuable player" awards; goals are scored by individuals through team work, as it happens in many other sports, individuals who get all the praise if they are successful, or all the hate if they fail; there are indeed soccer heroes, a gazillion of them, being worshipped like gods all around the world. To some hardcore, extreme fans -as utterly insane as it may sound- soccer is a religion and footballers are idols, in the broadest sense of the word. Much to my own personal dismay, that is precisely another disturbing soccer fact: the fervent way in which fútbol players are revered for their feats on the field. I am of the opinion that they are just athletes. Nothing more, nothing less. It is true that soccer players seem to run up and down and all over the place before (and after) "a ball accidentally goes in", in your words. Non-stop running for 90 minutes straight (which, to tell you the truth, I find quite boring, just as you do) needs fantastic amounts of stamina or, at least, some serious physical preparation, would't you say? 

Moreover, comparing the (so called inherent) virtues of a sport with the (so called inherent) vices of another is absolutely pointless and unfounded: it's like saying that chocolate is obviously better than vanilla. Sports are a matter of taste, just as ice-cream flavors. I don't like fútbol but that doesn't make me think that, for instance, tennis is far more superior to it on moral grounds. They are just different sports catering for different tastes, likes, and abilities. Morality should be out of the question when evaluating taste (even in art, as Wilde is my witness!), so should personal injury. If we were to follow your claim that "the prospect of either personal humiliation or major injury is required to count as a sport", there would only exist two wholly true sports: WWE wrestling -where there's a lot of severe, relentless shaming- and snowboarding -where there are insane amounts of risk involved, due to the very real and scary possibility of life-threatening injuries. Following this conviction, the rest of the (would you say, "so called"?) sports left are just meaningless, stupidly safe child's play. Unless hockey, of course. I give you that Miss Coulter, I give you that...

Your reasoning behind football -or americano, as some Spanish speaking folk would say- being morally superior to soccer because the former favors "the use of hands" and their unsurpassingly valuable "opposing thumbs" is plain silly. (A situation that, at least, brings two urgent questions to mind: why call it football when feet are minimally used? Why risk them fingers?) Well, to put it bluntly, asserting that soccer is a game of "lesser beasts" because it is played with the feet, as you imply in your article Miss Coulter, is in fact a racist claim. Therefore, I guess tennis must be just morally flawed, aesthetically unrefined, and culturally inferior for using those artefacts called "rackets": tennis players can very well hit the ball with their bare, mostly European, thumb-opposable hands, can't they? Is swimming, then, a maddeningly complicated sport to evaluate in moral terms because it involves hands and feet (and arms, and legs, and necks, and torsos, and...)? Oh, wait: swimming isn't a genuine sport because it risks almost no injury at all... Thing is, both football and soccer (and, for health's sake, any other sport) are the product of people's brains, thinking out alternatives to make up rules that allow for some things and forbid others, even creating facilities, gears, and equipment to compete in and play with. Hands and feet are mere instruments used in various ways depending on the rules of any given sport. Plus, goalies in fútbol do put their hands to work -risking "minor" injuries, I assume, to their precious, noble thumbs- and there are also lots of potentially treacherous, finger-crushing, flying balls in your average soccer game. 

I guess your real argument behind fútbol evils has nothing to do with the sport itself, but it is rather inspired by a certain worldview, namely xenophobia. Soccer's greatest moral defect for Americans resides in being a foreign sport to the USA, as you openly state. (Soccer might be as foreign to the American public as Cricket is to Mexican audiences. I don't believe that the absolute and insurmountable foreignness of Cricket makes it necessarily evil in nature for the (almost inexistent) Mexican Cricket aficionados. I don't think Cricket can mess with anyone's good judgment. Oh, but there's the using-of-hands argument in Cricket… Although they play with sticks, like baseball, kinda… Maybe that was not such a good example after all…) Granted Miss Coulter: from that very limited standpoint of yours, soccer is indeed immoral for absolutely everyone, save for the man who invented its modern version, a Brit by the name of Ebenezer Cobb Morley, and for his fellow countrymen. (I suppose that this logically follows: the British are the only people allowed to shamelessly enjoy and play soccer and to hold it in high esteem. The rest of us non-Brits are utterly wrong and a bit wayward, for sure, if we dare do so…) That said, the whole world is dangerously overflowing with all sorts of immorality and corruption, depending on where you are located: Thai dishes surely bring about "moral decay" when eaten anywhere else but in Thailand and, of course, by Thai people. (My favorite Thai soup, tom kha kai, must bear witness to this kind of moral conundrum because I guess it has turned me into a very unprincipled, soup-eating, female monster since I have had it, several times, at a very Thai and foreign looking restaurant a few blocks away from my Mexico City home… Your evil ways got the best of me, you scrumptious tom kha kai, they sure got me… Moving on...) No doubt that burritos and tacos "morally corrupt" all those who dine on them, besides the Mexicans and only if those Mexicans eat their food within their own country limits. Complex globalization processes and all sorts of interactions among nations, which have been around for centuries, can only originate wretchedness, right? (Damn you, morally wicked European metric system that is used everywhere and regardless of borders for the dubious sake of understanding one another!!!) The consumption of Italian cars, German beer, French fashion, Japanese technology, and even Costa Rican bananas should be restricted to their own respective countries and be as much a cause of worry for American moral integrity (or any other nation's wholesomeness with regards to their specific foreign threats: that is, everything imported...) as soccer already is. That's what your logic, Miss Coulter, would ultimately result in.

What worries me the most -I even find it scandalizing due to its racist hue- is that you suggest that the source of this proto-soccer-mania in the USA has to do directly with the doleful influence of foreigners on Americans (fútbol-crazed Mexicans and many other "loco" Latin Americans living in the USA, I presume?). Only the spread of their heritage and its irresistible exotic allure explain why soccer has garnered fans in the USA. (We Mexicans depend mainly on tradition for survival, you know…) There can't be any other rational explanation. As you say, on the one hand real American people must have been brainwashed by those (nefarious, foreing-loving, soccer-spellbound) liberals into liking a morally defective sport. (Man, those liberals seem really dissolute: according to your own words, Miss Coulter, they are even Beyonce and Hillary Clinton devotees!!!) It's a sad day when you realize someone has lost her own free will… On the other hand, yes, all Latino neighbors -and some Italian, German, Dutch, and French ones- in every American city are clearly to blame for this change of heart concerning soccer. (And what if those pernicious, imaginary neighbours were not only Latinos, but Liberals as well… Don't you freak out. That was just a conjecture.) Oh, the mortal risks of cultural hybridization: it does work both ways (as chili con carne and mole poblano so deliciously attest). 

Regardless of birthplace, some other sports have also become worldwide industries, not only soccer has. People in Mexico and in many countries revel in the Super Bowl and watch it by the millions, as you accurately mention in your article. Granted that the Super Bowl is held only once a year, whereas the World Cup runs for close to an entire month, every 4 years. It does take a bit longer to host a competitive sporting event involving 32 different teams playing among themselves to earn just one first place, you see Miss Coulter. FIFA knows its business well. (Meaning that, compared to the Super Bowl's scarcity of on-air time, those villainous FIFA soccer crack-heads have many more days to do their best… which must certainly mean trying to win over the unimpressed. Forget about their fútbol glory: their true aim is to convert us all into Soccerism...) Apart from these petty time preoccupations, which I don't really think matter to the serious sport enthusiast, some other questions arise concerning the way in which global sports industries affect their avid fans and certain naive viewers: is it morally unsound to watch on TV -and enjoy, oh my!- every single match of the Roland Garros tennis tournament if one definitely doesn't live in Paris and is not even slightly French, despite the nationality of the players involved? (Exact same question might be asked for The (Legendary) Wimbledon Championships with the necessary setting change. By the way, in spite of all the tennis examples I've used, I'm not a tennis fan myself. My father is. And I did fall in love with David Foster Wallace's Infinite Jest even while faced with a wholly-tennis-oriented main plot. Back to the questions...) Are those other existing foreigners who turn to football around the world morally damaged by not sticking to their own national sports fads? Or their enjoyment of fútbol americano makes them morally superior to those who don't like it... only in their own countries or outside their own countries as well? Or could it possibly be that non-Americans who adore the Super Bowl are being brainwashed into denying their national identities and innermost morals? (I smell a nasty earth-sized conspiracy in here...) I wouldn't take neither ANY of the above questions nor their potentially ludicrous answers seriously. I strongly believe, Miss Coulter, that sports and morality, as you weave them together in your article, have little if nothing to do in the same sentence. 

Your closing words are as follows: "No American whose great-grandfather was born here is watching soccer. One can only hope that, in addition to learning English, these new Americans will drop their soccer fetish with time". I wonder where on earth the ancestors of the great-grandfathers you talk about were born. England, maybe? Or perhaps they were Sioux or Lakota? Maybe they were born in some obscure European or African country, right? In the hypothetical case [*laughs at the very thought*] that those ancestors were, in fact, some kind of foreigners, would their influence or tastes be directly judged as perverted or evil because of where they were born? I thought one of the greatest things about the USA was that it stood in for freedom and justice for all, even for the immigrants whose perils finished once they reached American land, mostly for them. The USA has branded itself as a melting pot of cultures, as the country of opportunities, thus attracting those less fortunate -whether in Guatemala, Poland, or the Philippines- with the promise of liberty and prosperity. Have I unwittingly bought into and fallen hard for mere foreign propaganda? I would very much like to think not. (By the way, the State of Arizona is doing a great job in demystifying that seemingly long ago forgotten promise.)

I do share your hope for those "new Americans" to drop their soccer fetish, notwithstanding the language or languages they may speak and whether this sport is really "catching on" in the USA or not. (I can't leave out an important historical reminder: the English language first arrived in America (the continent, that is) during the 17th century. Spanish and Portuguese people, together with their respective languages, mainly arrived during the 16th century. Because of those facts, perhaps we all should learn, say, one of the many Quechuan languages (dating as back as the 13th century AH) since they have definitely been around these shores for way, way longer and certainly arrived here before we both did. Don't we look like the real, original foreigners now? Moving on...) Fetishes only bring about a sort of alienated enjoyment, however multilingual they could be. But, in the end, who am I to say which passions are worthier of being pursued than others? You and I live in free countries (although sometimes I wonder if we Mexicans are truly free due to so many politically, socio-economically, even ideologically enforced limitations), countries where liberties are constitutionally upheld and where people have the right to do whatever they want with their time and energy, even if we wholeheartedly disapprove of it, don't you think?

Hope to hear from you soon.
Kind regards, Montserrat Algarabel

P.S. Here's a video (courtesy of YouTube user xCNS GamingPs3) that compiles some images of trivial soccer mishaps, exaggeratedly called "Worst Football Injuries Ever" just to get more views, for sure. I guess these dauntless footballers weren't made of rubber after all, although some of them do come across as really whiny, spoiled kids with their bones all sticking out and stuff...

domingo, 1 de enero de 2012

Traducciones cantadas 1: Nude, Radiohead

Y que se me ocurre ponerme a cantar. Y que se me ocurre ponerme a traducir... al mismo tiempo. Sobre el "hobby" de la cantada ya había escrito antes por aquí y hasta me había embarcado a traducir pasajes de Infinite Jest de David Foster Wallace. Pero esto es diferente. [Por lo visto, el cambio de año me trajo unos nuevos bríos bárbaros, por lo aventados y creativos... espero.]

Gracias a la tecnología [y al YouTube, naturalmente] en un dos por tres ya tengo una rolita traducida y cantada por su servidora. Está demás apuntar hacia lo obvio, pero ahí les va de todas formas: soy completamente ignorante en eso de grabar y así, pero al menos ningún maullido de gato se coló en mi "demo". Todos los maullidos y nasalizaciones son completamente míos, ¡ja! Por ello [y por tantísimas otras razones] no esperen una fantastiquez: la rola que escogí -Nude del disco In Rainbows de Radiohead- es una auténtica y colosal fantastiquez y mi tributo en español nomás es eso, un tributo para el cual me he tomado muchas licencias que son bastante evidentes y espero las toleren los puristas de la cantada y también los de la traducida. Y sobre todo, un aviso para Sto. Thom Yorke: disculpe usted las molestias que esta entrada le pudiera ocasionar... En fin...

He aquí un video de la canción original, seguido por la letra de la misma, seguido por mi versión de Nude y finalmente mi traducción de la letra para que puedan evaluar este primer esfuerzo en el arte de la traducción cantada [que tal vez se convierta -dependiendo del éxito o fracaso que tenga, querido/a lector/a de este bló devenido/a escucha- en una sección recurrente por aquí... ya me veo haciendo lo mismo con Bohemian Rhapsody de Queen... bueno, creo que con esa canción no...]. A ver qué les parece tanto desvarío:



NUDE
Don't get any big ideas,
they're not gonna happen.

You paint yourself white
and fill up with noise
but there'll be something missing.

Now that you've found it, it's gone.
Now that you feel it, you don't.
You've gone off the rails...

So don't get any big ideas,
they're not gonna happen.

You'll go to hell for what your dirty mind is thinking...

Desnudo (trad. Nude-Radiohead)

DESNUDO
No tengas grandes ideas
que no sucederán.

Te pintas de blanco
pero hay algo que está ausente.

Y cuando lo encuentras, se va.
Y ahora lo sientes, no más.
Has perdido el piso...

Entonces, no tengas grandes ideas
que no sucederán.

Te vas a ir al infierno por lo que estás pensando...

Video, cortesía de Zedetnik en YouTube.
Nude, cortesía de Radiohead.

jueves, 29 de diciembre de 2011

A palabras vanas, ruido de campanas. Sobre el mensaje de año nuevo de Enrique Peña Nieto

Es un sucio y viejo truco -algunos le llaman marketing político- que funcionarios a todos niveles y aspirantes a todo tipo de cargos gubernamentales hagan videitos con mensajes buena onda aprovechando el espíritu festivo desbordado que trae el fin de año [época en la cual, dicen por ahí, la tasa de suicidios crece de manera importante, lo cual parece no ser tan cierto, como se explica muy brevemente aquí] y que ocasiona que a la gente le de por andar expresando sus buenos deseos a diestra y siniestra. Enrique Peña Nieto no podría quedarse atrás y nos deleita en su canal de YouTube con este videito lleno de calidez y palabras vanas. Helo aquí, en su versión original, porque ya ha sido parodiado -vilipendiado, más bien- por acá:



Me he tomado la licencia de transcribir el muy positivo mensaje de año nuevo de EPN [es decir, "El Priísta Nacido-para-ser-presidente-y-demás"], así como la licencia [¿poética, semiótica, cínica?] de comentarlo. Mis acotaciones, producto de sesudas y largas reflexiones, están entre corchetes y el texto original en azul [en honor al espectro político, tal vez debiera haberlo puesto en rojo, pero ese color no es muy amable para los/as lectores y al menos el azul que seleccioné no es tan panista, en fin...]. Helo aquí:

EPN: De todas las épocas del año, la que más me gusta es ésta porque permite que se reuna la familia, los amigos, la comida... [Aunque este fin de año en Edomex para mil 538 personas eso no sucederá: ni cenas, ni reuniones, ni nada. Fueron víctimas fatales de la guerra contra el narco en ese estado según datos -ejem- oficiales. Y eso de que "se reuna la comida" suena a insulto para la gente que no tiene que comer.]
AR: ...te gusta el pavo, los romeritos, te comes todo amor... [Mientras no te tengas que tragar tus palabras y promesas, aunque, bueno, esas no engordan.]
EPN: ¡Todo! [Auch... Espero que tu apetito voraz Enrique no sea causante de escasez: te comes todo, ¡que buen diente!] Y también me gusta mucho la parte de hacer propósitos de año nuevo. [Oh, no, no tomes ese rumbo Enrique: aguas con hacer propósitos porque para el común de los mortales a finales de enero los propósitos ya fueron historia y hasta pueden ser malos para tu salud.] Y es que son compromisos, compromisos con uno mismo y yo si cumplo, ¿eh? [Menos mal que nos lo recuerdas...] Para este año, mi propósito es ser la mejor persona que yo pueda ser [¿¿¿qué??? ¿nomás eso prometes? ¿y la paz mundial y el crecimiento económico y el combate al calentamiento global? ¿quién va a salvar a las especies en extinción? ¿qué clase de propósito es ese Enrique?] como hombre, como padre, como esposo, como profesional, como político. [Ah, menos mal, yo pensé que tu único propósito era pura demagogia con tintes de autosuperación tipo Mariano Osorio: al menos tienes claros tus ámbitos de competencia.] Porque deseo que todos los mexicanos encuentren en mi confianza y esperanza. [Uuupppsss, llegas demasiado tarde Enrique: muchos/as ya no creemos ni en Santo Clós...] Y entiendo que eso significa trabajar más que nunca, escuchar la mayor cantidad de personas [escuchar... ¿y ya? ni que fueras psicoanalista...] y comprometerme con sus necesidades. Angélica, nuestra familia y yo les deseamos muchísima felicidad...
AR: Salud, amor, alegría... [Menos mal que te dejaron decir algo Gaviota, aunque sólo fueran 13 palabras. Yo creí que eras algo así como -si me disculpas- atractivo visual, sentadita junto al árbol, aferrada de tu marido, mirándolo con ojitos de borreguito a medio morir, haciendo gala de dotes histriónicas y prodigando sonrisitas...]
EPN: ...y un 2012 lleno de éxito. [Te refieres al éxito, ¿electoral? ¿No? Entonces ese éxito ¿es el pambolero o el de la lista de popularidad de la Que Buena? ¿Tampoco? ¡Ya sé! ¡El éxito en el rating de las telenovelas del Canal de las Estrellas!]
EPN y AR: ¡Felicidades! [Bueno, 14 palabras para Angélica. Pero ser presidenta nacional del DIF ciertamente no tiene precio...]

Video, cortesía de EnriquePeñaNietoTV.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Pequeña entrada sobre plumas, moscas, pesados y pura elucubración

Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate
que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana
siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knockout.
Julio Cortázar

Esta mañana en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM me di cuenta de que hay chicos (en el sentido más amplio del término, por paradójico que esto parezca) guapos que, de ser boxeadores, serían peso pluma o hasta mini o supermosca, según se vea (y marque la báscula, eso que ni que). Claro, porque entonces aquéllos hombres maduros ya con unas cuantas canitas encima (o más de las que podrían (o querrían) contar) y otro tanto de arrugas y experiencia y carisma y así -que ciertamente los hacen ver aún más interesantes y guapos de lo que ya de por si son (o eran en sus días de pluma)- de ser boxeadores, esos hombres maduros que decía yo, por supuesto serían peso pesado... o wélter, en su defecto. Es como si subiéramos al mismo ring (muy hipotéticamente hablando, ¿eh?) a Daniel Cloud Campos y a Gustavo Cerati. [Claus asiente con la cabeza]


Digo, en unos 12 años (si no hay contratiempos terribles, potencialmente letales) Daniel Cloud Campos tendrá 40 y, supongo, será todo un peso pesado, mientras que Cerati... Y esto fue una pequeña reflexión, a pedido de Claus, tras un largo y eficiente día de trabajo intenso y muy académico (uuufff...). [Risas de la mismísima "Clauds" que está aquí al lado, sentadita] Pero yo ni se de box (no me gusta nadita, con el perdón de los cronopios apasionados porque tampoco se de jazz). Y, además, ¿para qué ponerlos a pelear un round imaginario si ni siquiera están en la misma categoría? Lo que, por cierto, me recuerda las palabras de Cortázar...

Video, cortesía de Ester3694.

sábado, 15 de octubre de 2011

Ingrávido

Hacia el final de los setenta todo era ingrávido. Al menos así lo recuerdo. La lámpara de vidriecillos de colores, suspendida del techo en una esquina de la sala; el mantel de flecos sobre la mesa del comedor. Mi madre y su paciencia infinita. Mi padre leyendo poesía. El afro trasnochado de la vecina y su pastel del Hombre Verde. El ventanal que daba al jardín, pequeño follaje trasero; el sol que pintaba de tenue verde su luz. Las bicicletas tiradas en el pasto. Los pantalones acampanados del colegio. Mis zuecos azules. La vista desde la azotea: sólo terrenos baldíos y horizonte. Recuerdo correr ligera por los tejados contiguos de cinco casas extrañamente unidas. El beso que le dí a ese niño en su cumpleaños, escondidos en la cochera. El papel tapiz de flores: su mismo ramillete, amarillo y quebradizo, repetido una y otra vez en las paredes de cada habitación. Lo único que tenía peso entonces era el mastodonte de la televisión de bulbos que sostenían cuatro patitas ridículas; su perilla redonda -clac, clac, clac, lenta y torpe- que apenas podía mover para cambiar los canales. ¿Qué habrá sido de ella?

jueves, 21 de abril de 2011

Sobre los posts que nunca escribí (pero sobre los que estoy escribiendo en este post)

Ahora mismo, justo en la regadera, se me ocurre que debiera escribir un post sobre los posts que nunca escribí. Como aquél en que hace poquito más de un año iba con A y B en un taxi para encontrarnos con C en una mezcalería (y, neto, las mujeres cuyos nombres describo aquí si corresponden a las iniciales A, B y C) y después de platicar acerca de los payasos malignos y lúgubres de nuestra infancia (por eso se dice: ¡te va a cargar el payaaasooo!) yo dije: "esto merece una entrada en mi bló". Entrada que hasta hoy, más o menos, grosso modo, estoy posteando. La regadera corre, el agua cae. O el post sobre los lugares comunes de las telenovelas, algo así como un Top Ten de horrores televisivos. Quiero una telenovela sin cárceles ni juicios americanizados ni ministerios públicos gañanes ni culpables inocentes e inocentes culpables; sin haciendas (ni hacendadas cabronas y buenísimas, por supuesto); sin manicomios y sin pérdidas de la memoria repentinas, inexplicables y muy convenientes; sin preparatorianos/as jodidos/as o presuntuosos/as hasta el vómito; sin sillas de ruedas ni testamentos problemáticos; sin paternidades dudosas (porque con las maternidades está más difícil hacerle al cuento, aunque también); sin hijos e hijas ilegítimos/as que buscan a sus padres/madres para vengarse, hacerles la vida de cuadritos, tal vez reconciliarse a unas horas del último episodio y así. Una telenovela sin finales felices de bodas blancas (a veces múltiples). Cierro la llave del agua y me acuerdo de los posts que prometí escribir sobre los cuarenta días con sus noches en que mi madre estuvo en el hospital; me acuerdo de la niña que gritaba en la rampa de urgencias: "¡no, ella no! ¡Mi abuelita no! ¡No puede ser, no es cierto, no es cierto, no es cierto!". Me acuerdo de los tubos, las máquinas, los catéteres, las gotas de suero que caían como cae esa gotita necia de la regadera; me acuerdo de una mujer cuyo nombre he olvidado que estuvo unos cuantos días en la cama contigua a la de mi madre y que se maquillaba, se peinaba la melena canosa, no dormía y nunca nadie fue a visitarla. Salgo del baño, entoallada, mojada y me acuerdo del post que pensé escribir sobre Iniciativa México, segunda edición para desgracia de muchos. Me acuerdo de cuán malévolo me parece que las televisoras mexicanas quieran cooptar el activismo social y transformarlo en un pinche reality show, un pinche reality de concurso para acabarla de amolar. Montañas de ropa limpia y sucia, zapatos por todos lados, cremas, perfumes, desodorantes: este cuarto es un desastre y yo pensando en los posts que nunca escribí. Como el post sobre mi club de Toby favorito, H y J (aquí nomás no hay ninguna I en el medio), sobre resumir cuatro años de no vernos en una larguísima plática sobre práctica espiritual, terapias de todo tipo y mucho sexo (si: sexo, sexo, sexo; en cubículos de universidades públicas, en lunas de miel, entre dos, entre tres, entre más, vestidas, desnudos, encerrados en una habitación todo un fin de semana, sexo a escondidas y en exteriores, sexo en todas las posiciones y estados de conciencia, sexo antes y después). Pasan los años y cada vez quedan más cosas por decir; cada vez es más urgente verse con más frecuencia. Porque uno nunca sabe. O el post sobre el joyero enamorado del lenguaje de la plata y San Eloy, patrono de los orfebres; o el post (varios posts, si) para seguir traduciendo pasajes de Infinite Jest, aunque desde hace meses siga estancada en la página 571 de 1079 (contando las notas); o el post que escribiré de las películas que quiero ver, una vez que las haya visto, y de cómo uno deja de ir al cine por dedicarse a escribir una tesis sobre cine y a organizar diplomados sobre cine; o el post... mejor me voy a escribir otra cosa. Ahí les dejo musiquita para escribir posts que nunca fueron escritos porque ahora resulta que me encanta Passion Pit. Y así.



Video, cortesía de pocketfudgy.

sábado, 26 de marzo de 2011

Gracias... ¡totales!

Helo aquí: mi primer video. Que no se diga que una bloguera no puede dar el salto cuántico hacia ser también vloguera, ¡ja! Ora podrán ver a la persona detrás de las palabras, la autora intelectual de tanto desvarío, la receptora de toda responsabilidad por lo aquí vertido, la mano que mece la cuna... bueno, nomás los deditos de la mano que anda de arriba abajo por el teclado. ¡Saludos a tod@s!

domingo, 2 de enero de 2011

Posteo un video el 2 de enero...

...porque no hay que dejar para mañana lo que puedas hacer hoy. Y no es que ése sea mi más caro e irrealizable propósito de año nuevo; sólo tengo uno formal (y muchos informales): reconciliarme con la cocina. Pero esa es otra historia...



Además, Funeral es un gran, gran disco, de esos que conmueven, motivan, prenden y hacen que uno quiera saltar de emoción. ¡Feliz año a todos y todas!

With my lightnin' bolts a glowin'
I can see where I am goin’

Video, cortesía de arcadefirestarter.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Scott Pilgrim vs. The World

Scott Pilgrim (Michael Cera, again) es un nerd canadiense de 23 años bastante cool: bajista de la banda Sex Bob-omb, entusiasta aficionado a infinidad de juegos de video y liberal roommate de Wallace (un excelente Kieran Culkin), su amigo gay. Según Scott, no tiene suerte con las chicas, aunque ha andado con varias, como Kim (Allison Pill), la baterista de su actual grupo, y la rockstar Envy (Brie Larson), quien le rompió el corazón al dejarlo por la fama y la fortuna del showbiz. Seguro de que ha llegado el momento de olvidar a Envy, Scott decide salir con la aparentemente inofensiva niña de preparatoria, Knives Chau (Ellen Wong): todo sea por no estar solo y para, como dicen en inglés, move on. Pero las cosas se complican cuando Scott se topa en la vida real con la chica (literalmente) de sus sueños: Ramona Flowers (Mary Elizabeth Winstead). Resulta que esta chica -que cambia de color de cabello como de ropa interior (supongo)- no es un objetivo fácil: además de que Scott no halla cómo romper con Knives y de las dificultades propias de ganarse un si de la arrogante y sangroncilla Ramona, nuestro héroe descubre que si quiere salir con ella tendrá que combatir y vencer a sus siete malignos ex novios (que, en realidad, son seis si tomamos en cuenta el hecho de que Roxy (Mae Whitman) es una ex novia...).

Scott Pilgrim vs. The World (Edgar Wright, Estados Unidos, 2010) es la adaptación al cine de la novela gráfica -nada menos que un voluminoso comic según Leonardo García Tsao- de Bryan Lee O'Malley, tan exitosa y popular en Canadá y Estados Unidos que ya se mereció ser llevada a la pantalla grande. Para quienes son adictos a los video juegos, al anime y al manga -ya sean geeks, otakus o gamers- Scott Pilgrim vs. The World es la quintaesencia de las referencias intertextuales (si no me creen, pregúntenle a Poketronik): les habla directamente sobre un mundo que conocen muy bien y que disfrutan con pasión. Así, esta es una cinta cuyo público objetivo se encuentra justo en ese rango poblacional de gente que nació frente a una computadora, que siguió frente a la computadora gran parte de su infancia y adolescencia y que, ya entrados en su juventud (ay, ¡quien fuera chamaca!), continúan frente a la computadora. Gente que sabe que un bob-omb es un tipo de bomba trashumante que aparece en los juegos de la saga Mario Bros; gente que cuando espera, en una de esas, tiene en la cabeza una progress bar o que cuando piensa lo hace en forma de thought balloon; gente cuyos primeros contactos con el lenguaje audiovisual provienen de horas y horas de MTV y que han fantaseado con vencer malosos gracias al poder de su air guitar; en fin, gente que comparte un ethos generacional y mediáticamente determinado. Por eso, no es de extrañar que para quienes nacimos en los setenta (y no se diga quienes nacieron antes) muchísimas de las referencias que aparecen en Scott Pilgrim vs. The World puedan resultar ajenas, por decir lo menos, e incluso decididamente incomprensibles.

Aún así, Scott Pilgrim vs. los ex de la chica de sus sueños (como tuvo a bien ponerle Universal, la distribuidora en México) es una película muy atractiva y, sobre todo, muy bien lograda: el ritmo es excelente y los gags y diálogos divertidísimos. Tal vez la cámara sea demasiado esquizofrénica para algunas susceptibilidades, los cortes en la edición abruptos, los efectos especiales desmedidos y la música ensordecedora, pero el oficio cómico y cinematográfico de Wright es innegable, como lo demostró con su fantástica película Shaun of the Dead (Reino Unido/Francia, 2004). Si bien, por razones obvias, es posible comparar Scott Pilgrim vs. The World con otras adaptaciones al cine de novelas gráficas (como Sin City de Frank Miller y Robert Rodríguez o 300, otra obra de Miller, dirigida por Zach Snyder), el encanto de la más reciente película de Wright es su ligereza y buenaondez: la acción de los duelos entre Scott y los miembros de la Legión de Exnovios Malignos no le pide nada a los encontronazos épicos entre Leónidas y Xerxes, pero si que le deja a uno una sonrisita dibujada y no la fatídica lágrima Remy, como ocurre en 300. A lo que voy pues: Scott Pilgrim vs. The World no será un película trascendental, no cambiará vidas ni recibirá Óscares (¿serán estos los únicos objetivos del cine, proponer moralejas normalizadores y acumular premios de la crítica?), pero de que es una experiencia estética muy interesante y de que cumple con su cometido de entretener, no me queda duda. Y además lo hace muy, pero muy bien.

Si de dar estrellas se trata, yo le doy 3 de 5.



Trailer, cortesía de UniversalPictures.

domingo, 24 de octubre de 2010

Catálogo de ventanas y cristales

La ventana de mi cuarto; sus vidrios, opacos de polvo, al sol. Las ventanas alargadas de la niñez en casa de mis padres, verdes de árboles y maleza. Las incontables ventanas del hotel al otro lado de la calle; sus cristales ahumados que guardan de la mirada inoportuna. Las paredes de vidrio en la sala de espera: escaparate del flujo de percances y premuras. El ventanal gris del baño del hospital; su ulular constante, otro paciente que también delira, que reza y susurra. La puerta translúcida del pasillo de urgencias, plagada de huellas de manos que empujan angustiadas: un delicado velo de cristal para los accidentes, el llanto y las partidas.



Video, cortesía de 4ADRecords.

jueves, 19 de agosto de 2010

Uva

Anoche sabías a uva. Uva, ¡qué palabra tan curiosa! La veo escrita y la repito y me provoca extrañeza. Uva: emparentada en la u con ubicuo, en la v con vital y en la a con afán, con anhelo, con ansia, arrojo y ardor. Me supiste a uva en cada roce. Cada mirada aceitunada en realidad sabía a uva. Me supiste a vitalidad teñida de ubicuo verde uva; a rodar ensortijados por el piso verde de vides y parras, de verdinegras grecas. A dejarse llevar. Me supiste a compartir desde el corazón en forma de verde gema, de uva esmeralda. Cada gesto tuyo me supo a uva. Y hoy que recuerdo lo de ayer, todavía queda un breve y suave dejo a uva en mis labios.



Música, cortesía de maniaczec91.

jueves, 12 de agosto de 2010

Imprecisiones

Una sensación elusiva. El segundo efímero que duró este recuerdo. Una atmósfera mutable. El inexorable paso del tiempo. Parpadear bajo el sol y llorar bajo la lluvia. Confiar en la incertidumbre. El sobresalto por venir. La tranquilidad perdida. Un deseo inasible. Un corazón añorante, elucubrante, maquinante. Olvidar lo que estaba a punto de decir. Olvidarme de todo lo que prometí. Los tres pies del gato. Saltar por la ventana. La imagen volátil que detonó un aroma. El quiero pero no puedo. El puedo pero quién sabe. Y después de tanta imprecisión nomás queda precisar que estas líneas no buscan decir nada. Solo son pretexto para esta canción...



La tristísima carita de Damon Albarn y Gorillaz, cortesía de grungemaniacox8.

sábado, 31 de julio de 2010

Salgamos al mundo. De Antropología y YouTube

Necesitamos reconocer que no se puede matar el instinto que produce la tecnología: solo podemos criminalizarlo. No podemos evitar que nuestros jóvenes lo utilicen, solo podemos conducirlo a la clandestinidad. No podemos volverlos pasivos de nuevo, solo podemos hacerlos piratas. Y, ¿es eso bueno? Vivimos en este tiempo extraño, en esta suerte de era de las prohibiciones, en la que continuamente vivimos la vida en contra de la ley [...] Nuestro jóvenes viven sabiendo que lo hacen contra la ley. Darse cuenta de ello es extraordinariamente corrosivo y extraordinariamente corruptor. Y en una democracia deberíamos de poder hacer algo mejor.
Lawrence Lessig [1]

Para los estánderes del efímero tiempo virtual y de la longevidad súbita que ataca con ferocidad todo aquello que transita por el ciberespacio, el video que a continuación posteo es ya una antigualla: fue realizado y subido a YouTube en julio de 2008 por Michael Wesch, profesor de Antropología Cultural de la Universidad Estatal de Kansas. Dura casi una hora (sigue la advertencia: está en inglés con subtítulo en inglés) y, como indica el título, es una introducción antropológica a YouTube (que gracias al mismísimo YouTube tiene hoy día casi un millón y medio de visitas). Yo me lo acabo de topar y no pude dejar de comentarlo. Como cuasiantropóloga y amante del Internet que soy, me pareció muy interesante porque lo que Wesch presenta en él resuena con algo que ya había escrito antes aquí: el Internet no es exclusivamente un enorme muladar que corrompe el gusto de los neófitos, da ideas raritas y hasta perniciosas, impone una cultura global americanizada o, de plano, nomás sirve para matar el tiempo (a pesar de que si, efectivamente, existen infinidad de sitios que, de primera impresión, parecerían hacer justo eso). El video da cuenta de la etnografía de YouTube que hicieron Wesch y sus alumnos y pone sobre la mesa, a propósito de los contenidos generados por los usuarios [2] de este sitio, temas clásicos de la Antropología como la identidad y la comunidad, el yo y la conciencia de si, la empatía, la autenticidad, la autoría, el juego, la participación, la política y la ideología, la proxémica, el paralenguaje y la estética virtual. Si se animan a verlo -es mucho muy recomendable- tómense su tiempo. Helo aquí:



Cuando veo trabajos como este me dan ganas de cambiar el tema de mi tesis (pero, ¡oh calamidad!, para eso es un poquillo demasiado tarde). La etnografía de YouTube que hacen Wesch y sus alumnos ilustra solo una de entre las infinitas maneras que existen para hacer del Internet un verdadero objeto de estudio.

Si de criticar se trata (eso si: de manera constructiva, ¡ja!), me parece que debido al perfil de los vloggeros al que se abocó, la etnografía de Wesch y sus alumnos obvia un poco el potencial de transformación social que los usuarios de YouTube pueden explotar, por un lado, y también pasa por alto el riesgo de difundir contenidos ideológicos que puedan prestarse a la manipulación o desinformación, por el otro. YouTube es, al mismo tiempo, panfleto para las más extravagantes causas, seria tribuna política e incluso semillero de acción colectiva. No obstante pareciera [3], dadas las imágenes con que concluye el video, que este sitio primordialmente da a sus usuarios un espacio de reflexividad sobre sí mismos y quienes son, sobre como presentarse frente a los otros y vincularse con ellos. Estoy de acuerdo en que YouTube ha conformado una serie de comunidades virtuales a través de las cuales se dan relaciones más o menos estrechas y se reconfiguran las identidades individuales, aunque tal vez Wesch y sus alumnos son muy optimistas (hasta llegar a la cursilería) al apuntar hacia el positivo hecho de que YouTube potencia el contacto humano. Es imposible negarlo: YouTube permite "conocer" a un abanico impresionante de personas y, a través de comentarios y mensajes personales, "conectarse" con ellas. Pero estas conexiones no siempre se dan en términos amistosos o incluso respetuosos (y el propio video lo ejemplifica).

Más allá de los dramas que propician haters y trollers, me parece que el impacto real (entiéndase esta última palabra como una referencia a: 1. el mundo fuera de YouTube; y 2. el cambio o su mera posibilidad en dicho mundo) de este sitio tiene que ver con los encuentros cara a cara, en los mismos tiempos y lugares, que también fomenta: la historia de Juan Mann, el chico de los abrazos gratis, es muy linda, pero el pequeño radical que llevo dentro me impide enternecerme o esperanzarme demasiado con ella. YouTube
ha sido escenario de casos -como el de Anonymous contra Cienciología [4] o el de las campañas que promovieron el voto en blanco en las elecciones intermedias de 2009 en México, por mencionar dos- que pasaron de ser meras grescas ciberespaciales para convertirse en movimientos sociales. Me parece que en esta posibilidad de llevar la trifulca virtual -que toma forma y se organiza como exigencia- al mundo real yace una oportunidad en verdad revolucionaria. El instinto que da la tecnología de explorar y crear, retomando el epígrafe de Lessig, también puede hacernos salir a la calle porque ciertamente ese mundo real no se transformará si solo permanecemos tras el teclado, por más que éste ayude muchísimo.

NOTAS
1. Lawrence Lessig es un abogado, activista y académico americano, miembro fundador de Creative Commons, una organización sin fines de lucro que redefine el concepto de los derechos reservados y expande las posibilidades de compartir obras artísticas. Y, por cierto, este bló ya debería de tener su propia licencia de Creative Commons...
2. Conocido como UGC, user-generated content, por sus siglas en inglés.
3. Y creo que, en última instancia, estoy de acuerdo: el camino de la revolución inicia con uno mismo.
4. Anonymous es un grupo literalmente virtual (no tiene liderazgo visible y se define como un colectivo ubicuo), de inicio aglutinado a partir de varios canales de YouTube, que desembocó en un movimiento de protesta global -Project Chanology- contra las prácticas de la Iglesia de Cienciología, sobre todo la de estigmatizar, marginar y acosar a quienes han dejado dicha organización por voluntad propia o a quienes han sido expulsados y vetados de la Cienciología por la Iglesia misma. Para más información -en Wikipedia, en inglés- sobre este caso, pícale aquí.
Video, cortesía de mwesch.

lunes, 5 de julio de 2010

De lo que uno se pone a pensar mientras cae la lluvia

Prefiero el sol a la lluvia y el sol del ocaso al de mediodía. Prefiero el calor al frío (a menos que el frío sea en cama, entre cobertores y almohadas, leyendo a Bolaño o a Wallace o a Auster). Y aunque llueva en verano, lo prefiero al invierno. Eso si: entre salado y dulce, me gustan por igual. Prefiero una buena novela a un cuento excelente. Prefiero una canción triste y nostálgica que una ingenuamente optimista: mejor Untitled que Friday, I'm in Love. Entre verdades brutales y mentiras piadosas, me quedo con las verdades. Prefiero a los gatos que a los perros (aunque algunos perros, he de confesar, son encantadores). Prefiero el afrobeat al reggae. Prefiero las chick flicks a las películas de "terror" (en las primeras segurito que se obtiene lo que se espera; en las segundas es muy probable salir decepcionado). Entre azul y buenas noches, buenas noches por favor. Prefiero escribir aquí (ay, ¡Dios!) que en cualquier otro lado, pero mejor me voy a escribir la tesis porque el tiempo apremia...



Video, cortesía de DjKCraZy.

jueves, 6 de mayo de 2010

Vaguedades

Debiera de... blah, blah, blah... El pequeño censor que llevo dentro me cuestiona. Estoy muy desconcentrada para hacer lo que debiera hacer y mejor me he puesto a escribir estas líneas. Y si: detrás de estas líneas, como detrás de todo texto aquí posteado, se esconde alguien. Y no: no revelo quien se esconde (nunca lo hago) porque entonces no tendría chiste alguno escribir de esta forma (estoy convencida de que el misterio y la insinuación siempre serán taquilleros y respeto el derecho al anonimato de los sujetos de mi deseo). Digamos que esta vez también se esconde una canción: últimamente (siempre, para ser honestos) escribo con música de por medio. Como un pretexto para evitar decir eso que la canción en cuestión (que esta canción) dice tan bien y con tanta soltura. Si yo (te) lo dijera, perdería su encanto. Además, aunque no lo creas, balconearme -sincerarme, pues- expresa y frontalmente nunca ha sido lo mío (a pesar mío, a veces así sucede). Ay, de hacerlo sabrías por qué te arden tanto las orejas: todos esos diálogos imaginarios y conversaciones inconclusas en las que tú y yo nos hemos embarcado en mi cabeza...



Video, cortesía de radiohead

miércoles, 31 de marzo de 2010

Trilce

Me parece increíble que aunque sigamos viviendo en la misma ciudad (si: a veces se me desborda la ingenuidad) no nos hayamos vuelto a encontrar. Así, fortuitamente, como resultan esos encuentros, como se encontraban Oliveira y la Maga: al cruzar una calle o dar vuelta en una esquina, al encederse las luces en una sala de cine, en la fila del supermercado, al escrutar con la mirada las incontables y fugaces caras de transeúntes, pasajeros, conductores... Después de esa última vez que nos vimos, supongo que por mera casualidad, nunca más ha sucedido. Yo iba entrando en una Iglesia y tu salías, justo en ese momento. Clavaste tus ojos en los míos, no dijiste palabra pero me hiciste saber que preferías no verme, mucho menos hablar conmigo. Diste media vuelta, regresaste sobre tus pasos; torpemente -yo no estaba invitada a la boda, luego supe que tu si- alcancé a felicitar a la novia (al novio no recuerdo haberlo visto) y me fui. No intenté seguirte. No pude preguntarte, ¿qué ha sido de ti en todos estos años? Entonces solo habían pasado tres o cuatro desde nuestra separación. Ahora suman ya catorce. También me parece increíble que todavía no me haya librado de tu recuerdo.

Y esta tarde la tecnología (movida por la curiosidad del pequeño fisgón que llevo dentro) me permitió verte. A distancia, en la lejanía aséptica del que mira sin ser visto, del que pareciera no comprometer el corazón, del que interpreta indicios y se entera, inoportunamente y a destiempo, de lo que ha pasado. Sin los riesgos de estar cara a cara, sin el pánico de saber que, de encontrarnos de nuevo, tu me darías la espalda aunque yo querría abrazarte, disculparme una y mil veces (decirte que en verdad lo sentí entonces y lo siento ahora), explicarte y preguntarte tantas cosas. El que busca encuentra. Hoy te encontré: algunas fotos, varios videos, evidencia de que sigues ahí, Dios sabrá dónde. De que la vida continuó después de todo. De que cada uno siguió como pudo y se hizo de esa vida que cuando estábamos juntos era un vago proyecto en ciernes. Es triste y dulce verte así. También lo es darme cuenta de que esta es la única forma en que puedo y, tonto consuelo, podré verte.



Versos de
Trilce, cortesía de César Vallejo.
Video de Drake de Beth Gibbons, cortesía de ramelou.

jueves, 18 de febrero de 2010

¿Actos fallidos?

Y como predijo Sebastián Áli al comentar el post anterior, hubo que esperar para volver a leer algo por aquí. Hace casi un año que empecé nimbemon... y recuerdo muy bien haber leido que es verdaderamente importante escribir con frecuencia en espacios de este tipo -de lo contrario pierden interés para el público que, con esfuerzos, uno se va ganando (¿cómo que pasan las semanas y no hay nuevos posts?, podrían preguntarse, con justeza, algunos de ustedes)- y, sobre todo, es importante tener muy claro qué se va a decir cada vez que uno se atreve a mover los dedos sobre el teclado con la intención de accionar el botoncillo naranja que advierte PUBLICAR ENTRADA... Pero hoy la claridad, mientras escribo estas líneas, me escapa.

Pensaba escribir una reseña/crítica/opinión de la película Desde mi cielo (The Lovely Bones, 2009), de Peter Jackson, película por la que, genuinamente emocionada, esperé bastante tiempo (y bajé de internet tres veces, sin éxito, por cierto), pero que después de verla en línea no me pareció digna de más comentario que: Saoirse Ronan está estupenda como Susie Salmon y ya. Pensaba escribir una oda a mi más reciente placer televisivo, The Mighty Boosh, una sitcom británica loquísima y buenísima, pero no me animo a decir las innumerables razones por las cuáles me encanta (como, por ejemplo, que estoy infatuada con Noel Fielding y su personaje Vince Noir; digo, nadie tiene por qué compartir mis desvaríos...). O tal vez escribir sobre una interesante plática que hoy tuve con R sobre las computadoras crasheadas, la presunta pedofilia de Pete Townshend y un musical imaginario (con todo y coro griego de sacerdotes rockeros) que muy bien podría iniciar así: The kiiids are alriiiggghhhttt...

Pensaba escribir sobre cosas más serias, por ejemplo, el progreso de
Miradas sobre el Cine, diplomado que coordino en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM o sobre mi tema favorito (y de tesis): reflexiones en torno al arte y la moral. Pero -otra vez salta el negrito en el arroz- las musas escapan cada vez que pienso en cualquiera de estos temas (sobre todo en el segundo, lo cual está muy, pero muy mal: ¿cómo terminaré el borrador de la tesis para agosto de este año si ni siquiera puedo escribir unas cuantas líneas, libres y lúdicas, sobre aquéllo que digo es mi tópico de pasión y competencia?).

Así que, después de tanto acto fallido (¿será?), mejor escribí este recuento de textos que no he escrito y los dejo con una joyita de lo estupendo (si es que les gusta el electropunk)
: Voodoo de Robots in Disguise. Ya pulsé el botoncillo naranja y no hay vuelta atrás...



Video, cortesía de vitalnonsequitur

sábado, 30 de enero de 2010

Todavía más desatinos

Una fotografía del tamaño de la mitad de una estampilla postal (tal vez más pequeña aún), en la que ni siquiera se ven tus ojos; a veces, tu nombre escrito en azul; otras, trece letras negras que me recuerdan cómo te llamas; un foquito verde o gris, dependiendo del humor o del trabajo; una media luna, casi imperceptible, que puede significar muchas cosas (cansancio, desdén, hastío, ausencia, olvido): fugaz catálogo de lo que la tecnología ofrece para que los corazones se acerquen, indicios vagos, diálogos intermitentes y, quizá, virtuales desencuentros.



Video, cortesía de TheGreatValerian

viernes, 15 de enero de 2010

Unas cuantas suposiciones en torno a un video prejuicioso

Hace solo dos días, apareció en Youtube un video que me ha causado enojo y hasta consternación. Las imágenes y textos que en él aparecen, suscritos por el ex alcalde de Orizaba y ex diputado federal Tomás Trueba Gracián, panista y (seguramente) católico, me revolvieron la pancita y el cerebro. Y que me prendo al grado que ni tarda ni perezosa me puse a escribir este post. He aquí el video para que ustedes juzguen por sí mismos (a ver qué reacciones les provoca):



Muchísimo podría escribirse sobre esta oda a la cerrazón y hasta al absurdo (¿alguien podría explicarme qué onda con lo del "angelito"?), pero me conformaré con decir unas cuantas cosillas. Antes que nada, no entiendo por qué amplios sectores de la población mundial (ay, sin tan solo fuera un mexicanísimo fenómeno...) vinculan directamente a los homosexuales con los drag queens y nada más. Es verdad que los desfiles del Orgullo Gay en el planeta entero son un colorido manifiesto que, por vocación, transgrede escandalosamente los parámetros de la normalidad. Son celebraciones públicas que se distinguen por sacar a la luz lo que durante décadas (si no es que más) se había relegado a la esquina más oscura del clóset. De haberme sido negada la expresión libre de mi identidad sexual, de haber sido despreciada y vilipendiada mi preferencia por otras mujeres (que no es el caso, pero no importa porque es una suposición válida, tal vez irreal para mi aunque muy palpable para millones de gays y lesbianas) yo también saldría cada año a las calles a exigir respeto y a festejar la diferencia. Si por algo se caracteriza la comunidad LGBT es por su diversidad. A ver, ¿por qué no seleccionó el perpetrador de esta presentación una de las siguientes fotos para hacerle de padre/madre del hipotético y tiernísimo Alejandrito?




























































¿Porque, a pesar de ser gays, lesbianas y/o bisexuales estas personas se ven muy "normales"? ¿Porque no encajan en el molde de "locas" y "vestidas" que se menosprecia y rechaza con la mano en la cintura? ¿Porque este culto y refinado panista nomás no sabe quienes fueron y/o son Federico García Lorca, Joan Baez, Freddy Mercury, Anaïs Nin, Gianni Vattimo, Cristina Peri Rossi, Conchita Martínez, Xavier Villaurrutia o Susan Sontag? ¿Porque esta ilustración de personalidades es muy internacional y ecléctica (y, en definitiva, limitadísima)? ¿Porque este protector de los más débiles (según él) si sabe de ellos y ellas, pero ignora que no eran/son heterosexuales? Es curioso, pero ni una sola lesbiana aparece en la finísima presentación de Trueba Gracián (¿la niñera punk, tal vez?), lo que implica ¿más discriminación o mero lapsus?

La presentación de Trueba Gracián, con todo y supuesto "aval" argumentativo de la ONU y UNICEF, convertida en video panfletario solo demuestra una cosa: que aún viviendo en el siglo XXI todavía existen personas a las que, por incontables razones, no les ha llegado (en el sentido más amplio del verbo llegar) información -profesional, legal, científica, académica, cómo quieran llamarla- sobre lo que implica la aceptación, no la mera tolerancia, de la diversidad sexual con todo y sus consecuencias. Y lo más preocupante es que dicha información (que en una de esas está más disponible de lo que pensamos) es solo el primer paso hacia una verdadera cultura y práctica del respeto hacia los otros, quienes quiera que sean, de las cuales estamos aún muy lejos. Ya mejor no reflexiono ni contesto las preguntas del videito, porque creo que mis respuestas no serán suficientemente "normales", "naturales" y "correctas" como para un punto de vista católico y panista. Además me voy a enojar más si lo hago...

Video, cortesía de uppgen

Y ahora resulta...
Hoy martes 19 de enero de 2010 y por motivos que desconozco, el video de uppgen "La Nueva Familia de Alex!" ya no está disponible en Youtube. Este canal ahora contiene dos videos de unos cuantos segundos en los que se dan a conocer los resultados de una encuesta de Milenio sobre matrimonios y adopciones gay. Pareciera ser que la lógica de uppgen es que, cuando los argumentos no están suficientemente sustentados, siempre es válido apelar al poder de la opinión de esas masas amorfas que constituyen las encuestas. Digo esto porque, obviamente, la metodología de la encuesta brilla por su ausencia. Empero, he aquí la presentación original en Power Point (con mínimas diferencias de aquella subida a Youtube) sobre las desventuras del imaginario Alex que el pequeño reportero que llevo dentro tuvo a bien sacar de la papelera de reciclaje de mi computadora.

La Nueva Familia en El DF