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miércoles, 2 de julio de 2014

Una carta para Ann Coulter sobre los "males" del soccer

Estimada Sra. Coulter: 

Acabo de leer su artículo sobre la creciente afición al soccer en EUA y lo encontré… digamos que un tanto problemático. A pesar del hecho de que definitivamente no soy una fanática del fútbol (así lo llamamos por acá), me sentí obligada a comentar sus argumentos contra este deporte y, extrañamente, a tratar de convencerla de que le de una oportunidad al fútbol. Para los estándares mexicanos (también para los mundialistas), podría endilgarme la etiqueta de soccer hater, dado que no comparto la pasión que suscita en mi país y porque la exuberancia y locura de esa pasión me hacen sentir incómoda las más de las veces, además de que encuentro al fútbol verdaderamente aburrido. Sí, puede que odie el soccer pero no puedo afirmar, como lo hace usted tan intensamente en su artículo, que sea inherentemente inmoral para el pueblo estadounidense, ni para nadie más.

En verdad creo que existe algún tipo de maldad al acecho en la industria futbolera y, en mi opinión, ello tiene que ver con la manera en que este deporte ha sido utilizado ideológicamente y explotado cínicamente por la FIFA y por algunos gobiernos nacionales, como el mexicano. Encuentro cuestionable (¿otra palabra para inmoral, quizá?) que se gasten miles de millones de dólares en la construcción de estadios de tecnología de punta, prácticamente inutilizables después del Mundial, en países como Brasil cuyos índices de pobreza son alarmantes. Encuentro cuestionable que los futbolistas sean repartidos, como si fueran productos de consumo, de equipo en equipo sin tener ningún tipo de injerencia al respecto (puede ser que les paguen millones por "nomás" perseguir un tonto balón, pero merecen un poco de dignidad, ¿no cree?). Me parece muy preocupante que el fútbol sea cínicamente promocionado para vender casi cualquier cosa, desde ropa deportiva (eso tiene sentido) hasta marcas de comida (que incluyen, y no estoy bromeando, pan y leche). Me parece aún más preocupante que algunas personas sean criadas para que les importe mucho más este deporte que, digamos, el estado de la política en su país, la falta de justicia o equidad o año tras año de prohibitivo estancamiento económico. En este sentido, yo también resiento, como usted correctamente señala, que el fútbol sea alimento obligado para muchas personas a quienes ni les importa. Cuando uno se enfrenta con el creciente y catastróficamente alto número de asesinatos y desapariciones forzadas en México, enloquecer por completo dado el triunfo o la derrota en un partido mundialista de fútbol (o de cualquier otro tipo) puede resultar una reacción bastante debilucha. 

Mis hábitos de odio futbolero pudieran incluso hacerme compararlo con las barrabasadas que, tiempo atrás, sucedían en el Coliseo romano: todo lo que el pueblo necesita es que sus omnipotentes gobernantes le den un poco de pan (pambolero) y mucho entretenimiento, olvidémonos de la representación y participación democráticas y de otros lujos no tan modernos. Pero me parece que éstos no son argumentos para llamar inmoral al fútbol, aún más en EUA donde el soccer es un fenómeno relativamente nuevo que no ha alcanzados los excesos que hemos visto, por décadas, en otros países. Considerar que el gusto por el soccer es "un signo de descomposición moral" en los Estados Unidos (o, por extensión, en cualquier otro país) no es más que una idea exagerada, sin fundamento y estrafalaria: la supuesta inmoralidad del soccer -si en realidad existe tal cosa- yace en algún otro lugar, no en la gran mayoría de sus fanáticos por supuesto, ni en el deporte en sí mismo.

Considero que algunos de los argumentos que usted emplea para descartar al fútbol en su artículo son un poquillo falsos (por decir lo menos). Cuando usted establece que "el logro individual no es un factor importante en el soccer" está en un error y demuestra que no tiene conocimiento alguno del deporte que tan duramente critica. De hecho, existen premios para los "jugadores más valiosos"; son individuos quienes anotan los goles, a través de trabajo en equipo como sucede en otros deportes, individuos que reciben todo el mérito si aciertan y todo el odio si fallan; sí existen héroes del fútbol, chorrociento mil héroes, quienes son adorados como dioses alrededor del mundo. Aunque suene totalmente descabellado, para algunos fanáticos extremos e intensos, el soccer es una religión y los futbolistas son ídolos, en el sentido más amplio de la palabra. Para mi consternación, ese es precisamente otro perturbador dato futbolero: el fervor con el cual se venera a los jugadores por sus hazañas en la cancha. A mi me parece que sólo son atletas, ni más ni menos. Es cierto que da la impresión de que los futbolistas nomás corren a diestra y siniestra y por todos lados antes (y después) de que "el balón accidentalmente entra" (en la portería), en sus palabras. Para correr sin parar durante 90 minutos consecutivos (lo cual, a decir verdad, encuentro bastante aburrido, tal como usted lo expresa) se necesita vigor en fantástica abundancia o, por lo menos, algo de preparación física seria, ¿no cree? 

Además, comparar las (supuestamente innatas) virtudes de un deporte con los (supuestamente innatos) vicios de otro es un total despropósito sin fundamentos: es como decir que el chocolate es obviamente mejor que la vainilla. Los deportes son una cuestión de gusto, tal como lo son los sabores de los helados. No me gusta el fútbol, pero eso tampoco me hace pensar que, por ejemplo, el tenis sea mucho más superior al soccer en términos morales. Simplemente son deportes distintos, para gustos y habilidades diferentes. La moralidad debería quedar fuera al evaluar el gusto (incluso en el arte: ¡por Wilde que me mira!), así como las lesiones personales. Si seguimos su afirmación de que "la posibilidad de humillación personal o lesión mayor se requiere para que algo cuente como un deporte", sólo existirían dos deportes completamente verdaderos: las luchas de la WWE -en las cuales se aplican grandes dosis de vergüenza, severa e implacablemente- y el snowboarding -en el cual existen cantidades insensatas de riesgo debido a la posibilidad, muy real y muy siniestra, de lesiones mortales. De aceptar esta convicción suya, el resto de los (supuestos, ¿diría usted?) deportes que quedan son juegos de niños sin sentido y tontamente seguros. Salvo el hockey, por supuesto. Le otorgo ese punto, Sra. Coulter, se lo otorgo...

Su razonamiento con respecto a la superioridad moral del football -o americano, como algunos hispanohablantes le llaman- sobre el soccer dado que el primero favorece "el uso de las manos" y sus insuperablemente valiosos "pulgares oponibles" es simplemente tonto. (Una situación que trae a la mente al menos dos preguntas: ¿por qué llamarlo football si los pies se emplean mínimamente? ¿Por qué arriesgar los dedos?) Para ponerlo sin delicadeza alguna, decir que el soccer es un juego de "bestias inferiores" porque emplea los pies, como usted insinúa en su artículo Sra. Coulter, es de hecho una aseveración racista. Por lo tanto, supongo que el tenis necesariamente resulta moralmente fallido, estéticamente falto de sofisticación y culturalmente menor dado que usan esos artefactos llamados "raquetas" cuando los tenistas muy bien podrían pegarle a las pelotas con sus manos desnudas, mayormente europeas y con pulgares oponibles, ¿no? La natación resulta entonces un deporte enloquecidamente difícil de evaluar en términos morales porque se usan manos y pies (y brazos y piernas y cuellos y torsos y…), ¿verdad? Ay, momento: la natación no es un deporte genuino porque casi no supone riesgo alguno de lesión… La cosa es que tanto el football como el soccer (y, en nombre de la salud, cualquier otro deporte) son producto del cerebro de la gente. Se piensan alternativas para crear reglas que permiten unas cosas y prohiben otras, incluso se construyen instalaciones y se fabrica equipo para competir y jugar. Manos y pies son meros instrumentos que se usan en formas diversas dependiendo de las reglas del deporte en cuestión. Además, los porteros en el fútbol sí dan buen uso a sus manos -arriesgándose a sufrir lesiones "menores", supongo, en sus preciados y nobles pulgares- y también existen muchos balones voladores, potencialmente traicioneros para la integridad de los dedos, en un partido promedio de soccer.

Me parece que su argumento verdadero sobre los males del fútbol no tiene nada que ver con este deporte en sí mismo, sino que está inspirado en una visión del mundo concreta: la xenofobia. El mayor defecto moral del soccer para los estadounidenses es que supone un deporte extranjero en su nación, de acuerdo con lo que usted abiertamente establece. (El fútbol puede ser tan extranjero para el público estadounidense como lo es el criquet para el mexicano. No creo que esta extranjería, absoluta e insalvable, haga del criquet un deporte necesariamente malo por naturaleza para sus aficionados mexicanos (casi inexistentes). No creo que el criquet pueda arruinar el buen juicio de persona alguna. Ay, pero está el argumento de usar las manos en el criquet… Aunque también se juega con palos, como en el béisbol, más o menos… Tal vez éste no sea un buen ejemplo después de todo…) Está bien, Sra. Coulter: desde su muy limitada perspectiva, el soccer es en verdad inmoral absolutamente para todos, salvo para el hombre que inventó su versión moderna, un británico de nombre Ebenezer Cobb Morley, y para sus compatriotas. (Supongo que esto es lo que, lógicamente, sigue: los británicos son los únicos que tienen permitido jugar y disfrutar del fútbol desvergonzadamente y tenerlo en alta estima. Cualquier no británico está muy mal y es bastante descarriado, de seguro, si se atreve a hacerlo…) Dicho esto, el mundo entero rezuma peligrosamente todo tipo de inmoralidad y corrupción, dependiendo de dónde esté uno situado: la cocina tailandesa segurito ocasiona "descomposición moral" cuando se come en cualquier otro lugar salvo en Tailandia y a menos que los comensales sean, por supuesto, tailandeses. (La tom kha kai, mi sopa tailandesa favorita, ha de ser testigo de este tipo de enigma moral porque, supongo, me ha convertido en una monstrua come sopa sin principios dado que la he probado, varias veces, en un restaurante de apariencia muy tailandesa y muy extranjera a unas cuantas cuadras de mi casa en el DF… Tu maldad me ha ganado, deliciosa tom kha kai, me ganó completita. Continuemos, pues…) Los burritos y los tacos, sin duda, "corrompen moralmente" a quienes se alimentan de ellos, además de los mexicanos y sólo si estos mexicanos se los comen dentro de los límites de su propio país. Los complejos procesos de globalización y todo tipo de interacciones entre naciones, las cuales han existido por siglos, sólo pueden originar desgracias, ¿verdad? (¡¡¡Maldito sistema métrico europeo, tan moralmente retorcido, que se usa en todo el mundo y sin reparo de las fronteras con la dudosa finalidad de comprendernos unos a otros!!!) El consumo de automóviles italianos, cerveza alemana, moda francesa, tecnología japonesa y hasta plátanos costarricenses debería restringirse a sus respectivos países y ser tanto o más causa de preocupación para la integridad moral estadounidense (o para la sanidad de cualquier otro país con respecto a sus propias amenazas extranjeras, es decir, a todo lo importado…) como ahora ya lo es el soccer. Básicamente, en eso derivaría su lógica, Sra. Coulter.

Lo que más me preocupa -incluso lo encuentro escandalizante debido a su tono racista- es que usted sugiere que la fuente de esta proto manía futbolera en los Estados Unidos está directamente vinculada con la mustia influencia de los extranjeros sobre los estadounidenses (esos mexicanos fanatizados por el fut y muchos otros latinoamericanos "locous" que viven en EUA, supongo). Únicamente la diseminación de su herencia y ese encanto exótico e irresistible que tiene podrían explicar por qué el soccer ha conseguido fanáticos en Estados Unidos. (Para sobrevivir, nosotros los mexicanos dependemos principalmente de la tradición, ¿sabe?) No puede existir alguna otra explicación racional. Por un lado, como usted dice, esos liberales (perversos amantes de lo extranjero, hipnotizados por el fútbol) han de haber adoctrinado a la gente realmente estadounidense para que les pueda gustar un deporte moralmente defectuoso. (Caray, esos liberales de veras que parecen muy disolutos: de acuerdo con sus propias palabras, Sra. Coulter, ¡¡¡hasta son devotos de Beyonce y Hillary Clinton!!!) Es un día triste cuando uno se da cuenta de que la gente ha perdido su voluntad… Por otro lado, sí, todos los vecinos "latinos" -y algunos vecinos italianos, alemanes, holandeses y franceses- en cada ciudad estadounidense son claramente culpables de este cambio de actitud referido al soccer. (Y qué tal si esos vecinos, imaginarios y perniciosos, no sólo fueran "latinos" sino también liberales… No se me ponga loca. Eso es sólo un conjetura.) Ay, los riesgos mortales de la hibridación cultural: de hecho, sí hay reciprocidad en el proceso (tal como deliciosamente atestiguan el chili con carne y el mole poblano).

Sin importar el lugar de nacimiento, algunos otros deportes también se han convertido en industrias globales, no sólo el soccer. La gente en México y en muchos otros países se deleita con el Super Tazón y millones lo ven, como usted menciona de manera acertada en su artículo. Cierto que el Super Tazón sólo se disputa una vez al año, mientras que la Copa del Mundo corre durante casi un mes completo, cada cuatro años. Resulta que organizar un evento deportivo competitivo que involucra 32 equipos diferentes peleando entre sí para ganar un solo primer lugar se toma un poquito más de tiempo, Sra Coulter. La FIFA conoce muy bien su negocio. (En este sentido, comparado con el escaso tiempo aire que tiene el Super Tazón, esos villanos, esos yonquis del fútbol de la FIFA tienen muchos más días para hacer su mejor esfuerzo… lo cual ciertamente significa tratar de ganarse a los indecisos y a los poco impresionados. Olvídense de la gloria futbolera: su única y verdadera finalidad es convertir a todos al Soccerismo…) Además de estas preocupaciones insignificantes sobre el tiempo, las cuales no creo le importen mucho a los entusiastas serios del deporte, surgen algunas otras preguntas con respecto a cómo afectan las industrias globales del deporte a sus ávidos fanáticos y a uno que otro ingenuo espectador: ¿es moralmente enfermo ver por la tele -y, ¡Santo Dios!, también disfrutar- cada uno de los partidos del torneo francés de tenis Roland Garros si uno definitivamente no vive en París ni tampoco es siquiera un poquitito francés, sin importar la nacionalidad de los tenistas involucrados? (La misma pregunta se puede hacer para (el legendario) Wimbledon, con el necesario cambio de escenario. Por cierto, a pesar de todos los ejemplos sobre tenis que he referido, no soy fan. Mi padre sí lo es. Y sí me enamoré de La broma infinita de David Foster Wallace, aún confrontada con una trama principal orientada, por completo, hacia el tenis. Regresemos a las preguntas…) ¿Están moralmente dañados esos otros extranjeros que se vuelcan hacia el football alrededor del mundo por no quedarse con sus propias modas deportivas nacionales? Su gusto por el fútbol americano, ¿los hace moralmente superiores a quienes no les gusta… sólo en sus países de origen o también fuera de éstos? O, ¿podría ser posible que a los no estadounidenses que adoran el Super Tazón les estuvieran lavando el cerebro para que nieguen sus identidades patrias y sus valores morales más íntimos? (Esto me huele a una cochina conspiración planetaria…) No me tomaría en serio NINGUNA de las preguntas anteriores, tampoco sus respuestas, potencialmente absurdas. Creo firmemente, Sra. Coulter, que los deportes y la moralidad, tal como usted los teje en su articulo, tienen poco o nada que ver en la misma frase. 

Sus palabras finales son: "Ningún estadounidense cuyo bisabuelo haya nacido aquí está viendo soccer. Uno sólo puede esperar que, además de aprender inglés, estos nuevos estadounidenses dejen su fetiche futbolero con el tiempo." Me pregunto dónde diablos nacieron los ancestros de esos bisabuelos de los que usted habla. En Inglaterra, ¿tal vez? O, ¿es posible que sean Sioux o Lakota? A lo mejor nacieron en algún oscuro país europeo o africano, ¿verdad? En el caso hipotético [*se ríe con sólo pensarlo*] de que esos ancestros fueran, de hecho, algún tipo de extranjeros, ¿podrían juzgarse sus gustos e influencias como pervertidos o malvados por el sólo hecho del lugar donde nacieron? Yo pensaba que una de las grandes cosas de los Estados Unidos es que representaban la libertad y la justicia para todos, incluso para los inmigrantes, mayormente para ellos, cuando sus desventuras terminaban una vez llegados a suelo americano. Los Estados Unidos se han catalogado a sí mismos como un crisol de culturas, como la tierra de las oportunidades, y por eso han atraído a los menos afortunados -ya sea en Guatemala, Polonia o Filipinas- con la promesa de libertad y prosperidad. ¿A caso me compré completita una mera propaganda extranjera y me convencí de ella? Mucho me gustaría pensar que no. (Por cierto, el estado de Arizona está haciendo un gran trabajo al desmitificar esa promesa que pareciera olvidada hace tiempo.)

Comparto su esperanza de que esos "nuevos estadounidenses" dejen su fetiche futbolero, pese a la lengua o lenguas que puedan hablar y en caso de que este deporte esté "poniéndose de moda" en EUA o no. (Me es imposible dejar fuera un recordatorio histórico importante: la lengua inglesa llegó a América (me refiero al continente) por primera vez en el siglo XVII. Los españoles y portugueses, con sus respectivos idiomas, llegaron a lo largo del siglo XVI principalmente. Dados estos hechos, tal vez todos deberíamos aprender a hablar, digamos, una lengua de la familia Quechua (las más antiguas datan del siglo XIII D.C.) ya que han estado por estos lares mucho, pero mucho más tiempo y ciertamente llegaron aquí antes que cualquiera de nosotras lo hiciera. ¿No parecemos ahora las verdaderas y originales extranjeras? Continuemos…) Los fetiches sólo traen consigo una suerte de gozo enajenado, a pesar de cuán multilingües puedan ser. Pero, al final, ¿quién soy yo para andar diciendo cuales pasiones son más meritorias que otras? Usted y yo vivimos en países libres (a veces me pregunto si los mexicanos somos verdaderamente libres dadas tantas limitaciones impuestas política, socioeconómica e ideológicamente), países donde las libertades están aseguradas por sus respectivas Constituciones y donde la gente tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana con su tiempo y energía, aunque usted y yo estemos, de todo corazón, en desacuerdo con ello, ¿no cree?

Quedo en espera de su respuesta.
Saludos cordiales, Montserrat Algarabel

P.D. He aquí un video (cortesía del usuario de YouTube xCNS GamingPs3) que compila algunas imágenes de percances futboleros triviales, exageradamente titulado "Las peores lesiones del fútbol jamás vistas" sólo para tener más visitas, segurito. Supongo que estos futbolistas intrépidos, al final, no estaban hechos de hule, aunque algunos si dan la impresión de ser niños malcriados y chillones con sus huesitos todos salidos al aire y así…

sábado, 17 de noviembre de 2012

Mi colapso en El Paso

[For the English version, click here]

Creo que todo empezó en Albuquerque, Nuevo México. Bueno, en realidad pudo haber comenzado incluso antes, cuando la Caravana por la Paz cruzó la frontera entre Tijuana y San Diego, o cuando miles de personas se reunieron –varias veces- en el Zócalo del Distrito Federal para exigir el término definitivo del creciente derramamiento de sangre a manos del narco, o incluso cuando siete cuerpos fueron encontrados dentro de un automóvil en Temixco, Morelos…

No sé cómo, pero un insecto me picó en el pie derecho. Pudo haber sido una avispa, una abeja o un alacrán, y no le puse mayor atención porque ni siquiera sentí el piquete. Además estaba totalmente dedicada a ser una intérprete para la Caravana, a tratar de hacer llegar su mensaje a cuanta persona fuera posible narrando las historias atroces de quienes habían perdido a sus seres queridos: asesinados, torturados, desaparecidos… Porque pareciera que en mi país los carteles y los sicarios hacen lo que quieren. Al llegar a Santa Fe mi pie estaba hecho una ruina: se había hinchado tres o cuatro veces su tamaño normal, me picaba, me quemaba, me pesaba. El dolor me tenía copada. Pero como me educaron para no dar problemas ni ser una molestia, simplemente me aguanté. ¿Cómo podía atreverme a comparar mi dolor –un mero dolor físico- con aquél de las víctimas en la Caravana?

Mis queridos amigos Sam y Jessica no se aguantaron: como mi pie se veía bastante feo y mi situación era miserable, Jessica sugirió llevarme a casa de su amiga Karen por un poco de barro medicinal en lugar de ir a la sala de urgencias más cercana. No pude estar más de acuerdo con ellos, siendo tan contraria a los medicamentos como lo soy, y agarramos camino. Karen resultó ser una anfitriona espléndida además de una verdadera sanadora y nos invitó a Sam y a mi a pasar la noche en su casa: después de todo, éramos caravaneros sin cama. Así que tuvimos el lujo de una buena cama y una regadera caliente por primera vez en más de una semana de trabajo duro, tras dormir en los pisos de las iglesias y tener que hacer largas filas para estar bajo el agua de una regadera, a veces fría, por unos minutos. Esos dos días en casa de Karen –y en Santa Fe- fueron maravillosos: excelente plática y comida, mucha diversión, solidaridad y activismo desde el corazón que recargaron mi energía y fortalecieron mi certeza de estar justo en el lugar donde pertenecía. El tratamiento de Karen funcionó: mi pie se veía mucho menos hinchado, estaba mucho mejor que al llegar, y me dejó de molestar… por un tiempo. Por lo menos parecía que mi tobillo, ligeramente abombado, no daría a luz alguna criatura extraterrestre de repente, un escenario de ciencia ficción bastante inverosímil con el que Jessica y yo habíamos bromeado.

Después de disfrutar la Tierra del Encanto, la Caravana por la Paz partió hacia El Paso, Texas. La sensacional bienvenida me hizo olvidar mi pie desgraciado: una tibia noche de verano, La Placita de los Lagartos nos recibió con velas, consignas y un mar de gente cálida y comprometida que ondeaba banderas de México y Estados Unidos, revoloteando juntas al viento. Había música –rock mexicano, ¡sí!- y bailamos para dejar ir un poco el dolor que llevábamos cargando a hombros (y que yo, particularmente, empezaba a cargar de nuevo en mi pie). A pesar de dormir muy poco esa noche y de haber quedado atrapada en una escalera de emergencia (una situación bastante vergonzosa de la cual me salvó Iván, a quien casi le da un infarto dados los ruiditos macabros que hice en su ventana: eso es lo que pasa cuando uno ignora la advertencia de la monja de no salir por esa puerta y uno piensa que no pasará nada si se escabulle a fumar un cigarro de madrugada….), estaba lista para otro intenso día de Caravana a fondo. Pero el día comenzó con un mal paso: nomás no me entraba el zapata en el pie derecho. Hasta podría ser una especie de afirmación radical sobre la moda -usar un zapato y una chancla-, me dije mientras bajaba las crujientes escaleras de madera de la Academia Loretto para alcanzar nuestra camioneta hacia El Paso City Hall.

El día fue de mal en peor: al entrar al City Hall se rompió mi chancla, así que quedé descalza de un pie a punto de explotar, una situación nada ideal para una primeriza como yo dada la seriedad del evento cívico. Arrastré mi pie, que crecía y crecía, escaleras arriba para asistir a la reunión del Concejo de la Ciudad en la cual la Caravana por la Paz, junto con activistas de El Paso, presentaría un Código de Conducta para la venta de armas. Algunas personas hablaron en favor de firmarlo, mientras que a otras nada, pero nada les agradó la idea. “Si la corrupción y la impunidad son un problema mexicano, ¿por qué deberíamos de hacer algo al respecto nosotros?”, argumentó un texano en contra de firmar el Código. “Si no pueden hacer responsable por sus acciones en la guerra contra las drogas a su propio gobierno y a sus agentes del orden, si no pueden exigir que sean eficientes, eso no es asunto nuestro”, dijo una mujer sin pelos en la lengua y particularmente franca. Mientras que varias de las víctimas directas de esa misma guerra subieron al estrado para vaciar sus corazones, para hacer evidente que las armas gringas estaban matando mexicanos (y aún lo siguen haciendo), Marcela me pidió que interpretara una entrevista con esa misma mujer que estaba decidida a refutar las sugerencias del Código sobre el control de armas.

Me presenté como su intérprete y lo primero que Lisa dijo al ver mi ineludible y gigantesco pie rojo fue: “Oh, por Dios, eso requiere atención médica. ¿Necesitas algo? Puedo traerte un poco de hielo”. Quedé pasmada: esta mujer que justo había dicho que los ciudadanos estadounidenses no eran responsables por las incontables muertes y desapariciones en México, que indirectamente había culpado a mi gente por su propio dolor, estaba teniendo el gesto más humano que uno puede tener al preocuparse por la situación de mi pie y por mi bienestar en general. Y lo segundo que Lisa dijo me dejó aún más pasmada: “¿Cómo puedo saber que lo que tu digas en español será lo que yo diga en inglés si estás con ellos?”. Porque sí, le había dado la espalda a Lisa, al igual que hicieron todos los caravaneros durante algunas intervenciones en la reunión del Concejo, claras acciones de desobediencia civil; sí, había decidido ser grosera como medida para enfatizar nuestra postura… “Eso me pareció muy ofensivo”, dijo Lisa.

“No hay de qué preocuparse, estoy bien”, logré responder con respecto a su ofrecimiento (una total mentira). “Ya que soy una profesional (una verdad a medias porque, para entonces, sólo había sido intérprete durante una semana…) y aprecio que me quieras ayudar, te puedo asegurar que lo que sea que digas en inglés será dicho en español, palabra por palabra (una verdad sincera, por lo menos esa era mi intención)”, le dije a Lisa. Una profesional estresada y dolorida, bajo el influjo de una suerte de extraña vergüenza, pensé, mientras sentía que mi garganta se cerraba poco a poco y mi pie se enrojecía y ensanchaba más y más. ¿Cómo tratar con dignidad a alguien que cree que le has faltado al respeto, que has menospreciado sus creencias más profundas? La entrevista de Lisa ha sido, por mucho, mi peor interpretación: no pude concentrarme para nada, estuve a punto de llorar –o tratando de sollozar en silencio, sin éxito- todo el tiempo que duró y en verdad pensé que no estaba haciendo ningún sentido, que las palabras solamente se desparramaban de mi boca hacia el micrófono. Fui un auténtico desastre y, en efecto, le fallé a Lisa (y a Marcela también…), pero no por la razón que había temido.

Cuando terminó la entrevista, me quedé con Lisa para una plática off-the-record. Lo hice principalmente porque me sentía como una idiota y quería redimirme: sabía que mi interpretación no había sido ni siquiera decente y también quería tratar de hacerle llegar en mensaje de la Caravana. Después de todo, supuse, soy activista tanto como intérprete. Necesitaba recobrar mi compostura y mi habilidad para articular ideas: nadie estaba en contra de la Segunda Enmienda, le dije a Lisa, no habíamos cruzado la frontera para imponer nuestra voluntad en ese espinoso tema, ni en ningún otro para el caso, y sólo estábamos tratando de crear consciencia sobre la violencia relativa a la guerra contra el narco, absurda y desatada, que había cobrado decenas de miles de vidas en México durante los últimos seis años. Mujer, ¿qué no puedes ver que tu derecho a portar armas está destrozando el derecho a la vida de otras personas? Justo en ese momento, medio descalza y afligida (era mi pie, sí, pero para entonces el creciente malestar ya había cavado un túnel hasta mi corazón), me di cuenta de cuan fácil era vulnerar fibras sensibles cuando las mías estaban hechas trizas.

Lisa escuchó lo que yo tenía que decir –poco en realidad, dada mi penosa circunstancia- y después, con toda calma, me contó su historia: haber vivido en Texas como un hombre abiertamente homosexual, comenzó, hace que una pistola siempre venga muy bien. De la forma más difícil, Lisa aprendió a defenderse, aprendió a defender el estilo de vida que había escogido, aprendió a defender a sus amigos y amantes: se necesitan agallas para hacerlo. Después de su cirugía de reasignación de sexo, Lisa confirmó que América era (y estoy segura de que aún lo es para ella) la tierra de los libres y el hogar de los valientes. Su propia historia de vida es testimonio de ello. Dada la persona que había sido, tener un arma no era un mero derecho, sino una potencial herramienta para salvaguardar las libertades que tanto le habían costado, una manera de, eventualmente, luchar por su identidad, incluso por su vida. No pude dominar más las lágrimas y empecé a llorar. ¿Existirá alguna forma justa de salir de una paradoja como esta, de que los derechos de todos y todas se protejan de manera equitativa, aún cuando la libertad de alguien pareciera vulnerar la de alguien más? Lisa terminó diciendo que de verdad sentía mucho las muertes y desapariciones, que se condolía profundamente al ver el dolor de los familiares, pero que no había nada que ella pudiera hacer al respecto. Sin más que decir, me sequé las lágrimas y le agradecí a Lisa por haberse abierto conmigo tan sinceramente.

Los testimonios sobre los horrores en México seguían fluyendo en la reunión del Concejo y regresé a la sala para sentarme tan silenciosamente como pude. Minutos después, Lisa entró a la sala y se me acercó: “Aquí tienes”, me dijo, y me dio una pequeña bolsa de plástico cubierta con toallas de papel, una bolsa llena de hielo. Y entonces me quebré: comencé a llorar de forma tan incontrolable que mi cuerpo entero se convulsionaba. De verdad que no podía controlarme. Era como si un dolor enorme se hubiera apoderado de mi, como si una congoja violenta y profunda me hubiera agarrado del corazón y me estuviera sacudiendo desde dentro. La bolsa de hielo de Lisa -una cosita pequeña pero, para mi, un gesto tan poderoso- desató mi colapso en El Paso. Sentada ahí, con las manos en la cara y llorando cual Magdalena, un policía me preguntó si necesitaba una ambulancia, a lo que respondí que no y traté de salir de la sala. Marco vio el estado en el cual me encontraba y antes de que pudiera  salir me agarró y me abrazó tan fuertemente como pudo. Desde el pequeño hueco que mis brazos trazaban alrededor del cuello de Marco recuerdo haber visto un segundo a Sam, su cara preocupada, y a otros caravaneros que se acercaban. Pude sentir su empatía, su apoyo silencioso: un amor verdadero, calmante y reconfortante. No se cuanto tiempo estuve colgada de Marco, ni cuanto tiempo le tomó a mi cuerpo dejar de convulsionar. Pero cuando finalmente sucedió, quedé insensible y desesperanzada.

Tampoco se como llegué ahí (ahora no lo recuerdo): de pronto estaba fuera de El Paso City Hall antes de que la reunión del Concejo hubiera terminado. Ya en la calle, me quité mi chaleco rojo de interpretación y lo tiré a la banqueta. “¡Renunció!”, grité, “¡y necesito un hospital ya!”. Sí, había tenido suficiente, por lo menos para un día. Necesitaba retirarme un tiempo, estaba desesperada porque no podía más: mi pie me estaba matando, no lo podía seguir negando, y mi corazón también. Todo era demasiado crudo, demasiado aplastante como para soportarlo. Sabía que la interpretación iba a ser difícil dado el material con el que trabajábamos a diario, pero no pude prever, hasta ese momento, la agitación bárbara que un pequeño acto de generosidad detonó en mis emociones estando físicamente adolorida como estaba: darse cuenta de la humanidad de alguien, a pesar de las discrepancias ideológicas, simplemente había hecho que me desmoronara a pedazos. Por fortuna, Kayla estaba ahí: vio que yo era un gran desastre lloriqueante, con un pie derecho como de elefante que se estaba poniendo morado y, encima, no tenía zapato, y se ofreció en el acto para llevarme a un hospital.

Después de ayudar a Kayla con sus diligencias, que incluyeron comprar unas pantuflas para mi, me llevó a un Centro de Salud en algún lugar de El Paso. Ahí perdí el conocimiento con una inyección de lo que ahora sospecho era Vicodin. La doctora estaba impresionada por el grado de la hinchazón y por la ausencia de rastros de un piquete e incluso ordenó rayos x para descartar huesos rotos. Finalmente dijo que yo había sido la desprevenida víctima de una reacción alérgica fuera de control –hasta entonces creía que no tenía alergias, salvo, tal vez, a la alcachofa- así que me recetó seis medicamentos diferentes: antiinflamatorios, antibióticos y analgésicos, lo que significó más Vicodin (y al caño se fueron años de esfuerzos sostenidos por no tomar ningún tipo de medicamento). Kayla me llevó de regreso a la Academia Loretto: las hermanas estaban un poco alarmadas por mi emergencia y consideraron que lo mejor era darme de cenar y mandarme a la cama. Caí dormida, hasta el tope de drogas, y el dolor poco a poco disminuyó. Tanto mi pie como mi corazón estaban regresando a su tamaño cotidiano.

Al siguiente día me enteré de que el Consejo de la Ciudad de El Paso había refrendado el Código de Conducta: la resolución pasó con siete votos a favor y una abstención. El dolor, el mío en particular, empezaba a valer la pena.

jueves, 9 de febrero de 2012

Traducciones cantadas 2: Un dernier verre (pour la route), Beirut

 Para Dani Danone, porque a ella no le gusta la SOPA y si le gusta Beirut

Como este bló ya estaba un poco en coma, que me pongo a traducir y a cantar al mismo tiempo... de nuevo. Y esta ocasión aprovecho la traducida y la cantada para expresar mi desacuerdo con el famoso proyecto de ley SOPA, con la versión mexicana de la SOPA -la Ley Döring- y con la mayoría de los empeños legales, aunque ilegítimos, por limitar el libre intercambio, sin fines de lucro eso si, de todo tipo de información en el ciberespacio. Si tales leyes fueran aprobadas, entradas como ésta seguramente serían bastante costosas, imposibles de llevar a cabo o, de plano, ilegales. Para no hacerles el cuento largo, gracias al freeware que rola libremente por internet pude bajar un programa para editar audio y gracias a dos sitios gratuitos para albergar y compartir archivos libremente -hay que hacer énfasis en ese adverbio- pude subir esta traducción cantada para presentárselas aquí. Este post no hubiera sido posible sin la generosidad de Audacity, Dropbox y BooMp3 por lo que mucho me place, por un lado, que no haya SOPA aún y que, por el otro, quienes desarrollan tecnologías, portales y demás los pongan a disposición de la gente sin mayor requisito que un uso creativo y, quiero creer, responsable. Además, este post no es una copia falsa, ni abusa de marcas registradas, ni pretende ser algo que no es, ni tampoco supone alguna ganancia monetaria, al menos para mi; tal como sucede con la anterior traducción cantada, este post resulta nomás un humilde homenaje: a Beirut y a Un dernier verre (pour la route). Nuevamente dejo aquí la canción original, seguida de la letra y luego de mis versiones de ambas. Y como hice con la anterior traducción cantada, que San Zack Condon se apiade de las libertades que me he tomado con sus hermosas música, letra y voz, ¡ja!



UN DERNIER VERRE (POUR LA ROUTE)

Come sit at the table
under October's able skies.
Once we'd seen eye to eye
I'd known that I'd pass you by, and I tried.

The bells chime
seven times
completed at nine
the world moves slower, I find.

No, but I
learned of time
by your hands.

And in shallow waters' end
I learned not to swim, but to lie.

I'll wait for now
'til it's ready to burn out.
I insist on doubts
we're already lying on the glass,
the glass...


UNA ÚLTIMA COPA (PARA EL CAMINO)

Ven, siéntate ahora
en esta mesa bajo el cielo otoñal.
Supe cuando te vi
que te haría partir, y traté.

Suenan las campanas
siete veces
llegan hasta nueve,
el mundo lento gira.

Pero el tiempo
de tus manos
aprendí.

Y a la orilla de la mar
mejor dejarse llevar que nadar.

Por ahora espero
que todo se consuma ya.
En la duda insisto,
sobre los vidrios rotos
yacemos...

Video, cortesía de flyingclubcup en YouTube.
Un dernier verre (pour la route), cortesía de Zack Condon y Kendrick Strauch.

domingo, 1 de enero de 2012

Traducciones cantadas 1: Nude, Radiohead

Y que se me ocurre ponerme a cantar. Y que se me ocurre ponerme a traducir... al mismo tiempo. Sobre el "hobby" de la cantada ya había escrito antes por aquí y hasta me había embarcado a traducir pasajes de Infinite Jest de David Foster Wallace. Pero esto es diferente. [Por lo visto, el cambio de año me trajo unos nuevos bríos bárbaros, por lo aventados y creativos... espero.]

Gracias a la tecnología [y al YouTube, naturalmente] en un dos por tres ya tengo una rolita traducida y cantada por su servidora. Está demás apuntar hacia lo obvio, pero ahí les va de todas formas: soy completamente ignorante en eso de grabar y así, pero al menos ningún maullido de gato se coló en mi "demo". Todos los maullidos y nasalizaciones son completamente míos, ¡ja! Por ello [y por tantísimas otras razones] no esperen una fantastiquez: la rola que escogí -Nude del disco In Rainbows de Radiohead- es una auténtica y colosal fantastiquez y mi tributo en español nomás es eso, un tributo para el cual me he tomado muchas licencias que son bastante evidentes y espero las toleren los puristas de la cantada y también los de la traducida. Y sobre todo, un aviso para Sto. Thom Yorke: disculpe usted las molestias que esta entrada le pudiera ocasionar... En fin...

He aquí un video de la canción original, seguido por la letra de la misma, seguido por mi versión de Nude y finalmente mi traducción de la letra para que puedan evaluar este primer esfuerzo en el arte de la traducción cantada [que tal vez se convierta -dependiendo del éxito o fracaso que tenga, querido/a lector/a de este bló devenido/a escucha- en una sección recurrente por aquí... ya me veo haciendo lo mismo con Bohemian Rhapsody de Queen... bueno, creo que con esa canción no...]. A ver qué les parece tanto desvarío:



NUDE
Don't get any big ideas,
they're not gonna happen.

You paint yourself white
and fill up with noise
but there'll be something missing.

Now that you've found it, it's gone.
Now that you feel it, you don't.
You've gone off the rails...

So don't get any big ideas,
they're not gonna happen.

You'll go to hell for what your dirty mind is thinking...

Desnudo (trad. Nude-Radiohead)

DESNUDO
No tengas grandes ideas
que no sucederán.

Te pintas de blanco
pero hay algo que está ausente.

Y cuando lo encuentras, se va.
Y ahora lo sientes, no más.
Has perdido el piso...

Entonces, no tengas grandes ideas
que no sucederán.

Te vas a ir al infierno por lo que estás pensando...

Video, cortesía de Zedetnik en YouTube.
Nude, cortesía de Radiohead.

jueves, 6 de enero de 2011

El arte de la sustitución de palabras. Sobre la más reciente edición de la obra de Mark Twain

Si la publicación despierta buen debate sobre cómo el lenguaje marca el aprendizaje
o sobre la naturaleza de la censura o sobre la forma en que las injurias racistas
ejercen su perniciosa influencia, entonces nuestra misión al publicar
esta nueva edición de la obra de Twain se cumplirá más enfáticamente.
Un comentario sobre la edición NewSouth de
Tom Sawyer y Huckleberry Finn de Mark Twain
*

A la luz de la polémica que ha generado la supresión de la famosa, nunca bien ponderada e incendiaria "n" word (nigger, pues) en la reimpresión de NewSouth Books de The Adventures of Tom Sawyer (1876) y Adventures of Huckleberry Finn (1885) de Mark Twain, se me ocurre que la medida para "actualizar" estas dos obras "clásicas" no está del todo errada. Si resulta que, dada la lógica y experiencia de dicha casa editora, a un lector hipotético en su también hipotética lectura de uno o ambos libros, en algún hipotético e ilusorio lugar y tiempo, la palabra nigger le parece hipotética e indeciblemente ofensiva, pues sustituirla por slave es la solución perfecta. Así, estos hipotéticos lectores (al igual que otros tantos hipotéticos maestros de elementary y high schools) en Estados Unidos no encontrarán prejuicio racial o salvedad moral alguna que les impida leer a Twain (o sugerir su lectura), lo cual (hipotéticamente) buena falta les hace.

Hecha la sustitución de nigger por slave (entre otras sustituciones), la novísima y necesaria edición de NewSouth Books, Adventures of Tom Sawyer and Huckleberry Finn (bien lo explica el Dr. Alan Gribben en su introducción al texto), intenta dorar la píldora, por así decirlo, a quienes quieran o tengan que leer a Twain: nada de palabrejas feas de connotaciones fuertes y complejas que los distraigan en su acercamiento a la vida y milagros de dos chavales del Mississippi de la primera mitad del siglo XIX. Si se trata de una mera cuestión de meros términos, entonces ninguna consciencia será vulnerada nunca más a la sagrada hora de leer, ¡como debe de ser, chingau! Todo sea por fomentar ese devaluado y escaso hábito de la lectura, bendita lectura. Lo de la interpretación, apropiación, significación o como quieran llamarla de la misma, pues es otro asunto al cual mejor ni entrarle.

En un espíritu tal, promotor de la lectura por la lectura sin más -indiferente a los ya trasnochados quiénes, dóndes, cuándos, cómos y por qués de escritores y lectores-, resulta novísimo y necesario promover ediciones en México que sustituyan terminejos diversos por otros menos (o tal vez más...) problemáticos, cáusticos o, de plano, insultantes. He aquí tres modestos (y bastante editados) ejemplos en el arte de la sustitución de palabras, un arte pujante y cada día más popular porque, no me dejarán mentir, eso de andar cambiando unas palabras por otras hasta en Twitter se hace tiro por viaje.

a) Plateados por panistas (o priístas o perredistas o petistas, poco importa) y autoridades por criminales en El Zarco (1869) de Ignacio Manuel Altamirano

El carácter de aquellos
panistas (tal era el nombre que se daba a los bandidos de esa época) fue una cosa extraordinaria y excepcional, una explosión de vicio, de crueldad y de infamia que no se había visto jamás en México (...) Además, hay que advertir que los panistas contaban siempre con muchos cómplices y emisarios dentro de las poblaciones y de las haciendas, y que los pobres criminales, acobardados por la falta de elementos de defensa, se veían obligados, cuando llegaba la ocasión, a entrar en transacciones con ellos, contentándose con ocultarse o con huir para salvar la vida.

b) Realismo visceral (y sus derivaciones) por catolicismo talibán (y sus derivaciones) en la novela Los detectives salvajes (1998) de Roberto Bolaño

2 de noviembre
He sido cordialmente invitado a formar parte del catolicismo talibán. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.

3 de noviembre
No sé muy bien en que consiste el catolicismo talibán. Tengo diecisiete años, me llamo Juan García Madero, estoy en el primer semestre de la carrera de Derecho. Yo no quería estudiar Derecho sino Letras, pero mi tío insistió y al final acabé transigiendo. Soy huérfano. Seré abogado (...) con aparente resignación, entré en la gloriosa Facultad de Derecho pero al cabo de un mes me inscribí en el taller de poesía de Julio César Álamo, y de esa manera conocí a los católicos talibanes o talibánicos católicos o incluso talibanólicos como a veces gustan llamarse.

c) Gallina por Paulina y huevo por pene en el cuento Una gallina (publicado en la antología Lazos de familia, 1960) de Clarice Lispector

Era una Paulina de domingo. Todavía vivía porque no pasaba de las nueve de la mañana. Parecía calma (...)
Su única ventaja era que había tantas Paulinas, que aunque muriera una surgiría en ese mismo instante otra tan igual como si fuese ella misma (...) Fue entonces cuando sucedió. De puros nervios la Paulina puso un pene. Sorprendida, exhausta. Quizás fue prematuro. Pero después que naciera a la maternidad parecía una vieja madre acostumbrada a ella. Sentada sobre el pene, respiraba mientras abría y cerraba los ojos. Su corazón tan pequeño en un plato, ahora elevaba y bajaba las plumas, llenando de tibieza aquello que nunca podría ser un pene. Solamente la niña estaba cerca y observaba todo, aterrorizada. Apenas consiguió desprenderse del acontecimiento, se despegó del suelo y escapó a los gritos:

-¡Mamá, mamá, no mates a la Paulina, puso un pene!, ¡ella quiere nuestro bien!

Para concluir, un ejercicio más en el arte de la sustitución de palabras se puede hacer en este mismísimo post: ¿qué tal cambiar hipotético (y sus derivaciones) por fascista (y sus derivaciones)? Espero que un ejercicio de esta naturaleza contribuya a aclarar dudas y disipe las reticencias con relación a las modificaciones hechas por NewSouth Books en la obra de Twain (o de cualquier otro escritor para el caso). Aunque dicho ejercicio también podría hacer ver cuán escabroso es meterle desenfadada mano al lenguaje...

* If the publication sparks good debate about how language impacts learning or about the nature of censorship or the way in which racial slurs exercise their baneful influence, then our mission in publishing this new edition of Twain’s works will be more emphatically fulfilled. A word about the NewSouth edition of Mark Twain's Tom Sawyer and Huckleberry Finn

sábado, 31 de julio de 2010

Salgamos al mundo. De Antropología y YouTube

Necesitamos reconocer que no se puede matar el instinto que produce la tecnología: solo podemos criminalizarlo. No podemos evitar que nuestros jóvenes lo utilicen, solo podemos conducirlo a la clandestinidad. No podemos volverlos pasivos de nuevo, solo podemos hacerlos piratas. Y, ¿es eso bueno? Vivimos en este tiempo extraño, en esta suerte de era de las prohibiciones, en la que continuamente vivimos la vida en contra de la ley [...] Nuestro jóvenes viven sabiendo que lo hacen contra la ley. Darse cuenta de ello es extraordinariamente corrosivo y extraordinariamente corruptor. Y en una democracia deberíamos de poder hacer algo mejor.
Lawrence Lessig [1]

Para los estánderes del efímero tiempo virtual y de la longevidad súbita que ataca con ferocidad todo aquello que transita por el ciberespacio, el video que a continuación posteo es ya una antigualla: fue realizado y subido a YouTube en julio de 2008 por Michael Wesch, profesor de Antropología Cultural de la Universidad Estatal de Kansas. Dura casi una hora (sigue la advertencia: está en inglés con subtítulo en inglés) y, como indica el título, es una introducción antropológica a YouTube (que gracias al mismísimo YouTube tiene hoy día casi un millón y medio de visitas). Yo me lo acabo de topar y no pude dejar de comentarlo. Como cuasiantropóloga y amante del Internet que soy, me pareció muy interesante porque lo que Wesch presenta en él resuena con algo que ya había escrito antes aquí: el Internet no es exclusivamente un enorme muladar que corrompe el gusto de los neófitos, da ideas raritas y hasta perniciosas, impone una cultura global americanizada o, de plano, nomás sirve para matar el tiempo (a pesar de que si, efectivamente, existen infinidad de sitios que, de primera impresión, parecerían hacer justo eso). El video da cuenta de la etnografía de YouTube que hicieron Wesch y sus alumnos y pone sobre la mesa, a propósito de los contenidos generados por los usuarios [2] de este sitio, temas clásicos de la Antropología como la identidad y la comunidad, el yo y la conciencia de si, la empatía, la autenticidad, la autoría, el juego, la participación, la política y la ideología, la proxémica, el paralenguaje y la estética virtual. Si se animan a verlo -es mucho muy recomendable- tómense su tiempo. Helo aquí:



Cuando veo trabajos como este me dan ganas de cambiar el tema de mi tesis (pero, ¡oh calamidad!, para eso es un poquillo demasiado tarde). La etnografía de YouTube que hacen Wesch y sus alumnos ilustra solo una de entre las infinitas maneras que existen para hacer del Internet un verdadero objeto de estudio.

Si de criticar se trata (eso si: de manera constructiva, ¡ja!), me parece que debido al perfil de los vloggeros al que se abocó, la etnografía de Wesch y sus alumnos obvia un poco el potencial de transformación social que los usuarios de YouTube pueden explotar, por un lado, y también pasa por alto el riesgo de difundir contenidos ideológicos que puedan prestarse a la manipulación o desinformación, por el otro. YouTube es, al mismo tiempo, panfleto para las más extravagantes causas, seria tribuna política e incluso semillero de acción colectiva. No obstante pareciera [3], dadas las imágenes con que concluye el video, que este sitio primordialmente da a sus usuarios un espacio de reflexividad sobre sí mismos y quienes son, sobre como presentarse frente a los otros y vincularse con ellos. Estoy de acuerdo en que YouTube ha conformado una serie de comunidades virtuales a través de las cuales se dan relaciones más o menos estrechas y se reconfiguran las identidades individuales, aunque tal vez Wesch y sus alumnos son muy optimistas (hasta llegar a la cursilería) al apuntar hacia el positivo hecho de que YouTube potencia el contacto humano. Es imposible negarlo: YouTube permite "conocer" a un abanico impresionante de personas y, a través de comentarios y mensajes personales, "conectarse" con ellas. Pero estas conexiones no siempre se dan en términos amistosos o incluso respetuosos (y el propio video lo ejemplifica).

Más allá de los dramas que propician haters y trollers, me parece que el impacto real (entiéndase esta última palabra como una referencia a: 1. el mundo fuera de YouTube; y 2. el cambio o su mera posibilidad en dicho mundo) de este sitio tiene que ver con los encuentros cara a cara, en los mismos tiempos y lugares, que también fomenta: la historia de Juan Mann, el chico de los abrazos gratis, es muy linda, pero el pequeño radical que llevo dentro me impide enternecerme o esperanzarme demasiado con ella. YouTube
ha sido escenario de casos -como el de Anonymous contra Cienciología [4] o el de las campañas que promovieron el voto en blanco en las elecciones intermedias de 2009 en México, por mencionar dos- que pasaron de ser meras grescas ciberespaciales para convertirse en movimientos sociales. Me parece que en esta posibilidad de llevar la trifulca virtual -que toma forma y se organiza como exigencia- al mundo real yace una oportunidad en verdad revolucionaria. El instinto que da la tecnología de explorar y crear, retomando el epígrafe de Lessig, también puede hacernos salir a la calle porque ciertamente ese mundo real no se transformará si solo permanecemos tras el teclado, por más que éste ayude muchísimo.

NOTAS
1. Lawrence Lessig es un abogado, activista y académico americano, miembro fundador de Creative Commons, una organización sin fines de lucro que redefine el concepto de los derechos reservados y expande las posibilidades de compartir obras artísticas. Y, por cierto, este bló ya debería de tener su propia licencia de Creative Commons...
2. Conocido como UGC, user-generated content, por sus siglas en inglés.
3. Y creo que, en última instancia, estoy de acuerdo: el camino de la revolución inicia con uno mismo.
4. Anonymous es un grupo literalmente virtual (no tiene liderazgo visible y se define como un colectivo ubicuo), de inicio aglutinado a partir de varios canales de YouTube, que desembocó en un movimiento de protesta global -Project Chanology- contra las prácticas de la Iglesia de Cienciología, sobre todo la de estigmatizar, marginar y acosar a quienes han dejado dicha organización por voluntad propia o a quienes han sido expulsados y vetados de la Cienciología por la Iglesia misma. Para más información -en Wikipedia, en inglés- sobre este caso, pícale aquí.
Video, cortesía de mwesch.

martes, 1 de diciembre de 2009

Infinite Jest/La broma infinita. David Foster Wallace

The P.G.O.A.T. was a film fanatic, though her tastes were pretty corporate: she told O. she preferred movies where 'a whole bunch of shit blows up.' Orin in a low-key way introduced her to art film, conceptual and highbrow academic avant- and après-garde film, and taught her how to use some of InterLace's more esoteric menus. He blasted up the hill to Enfield and brought down The Mad Stork's own Pre-Nuptial Agreement of Heaven and Hell, which had a major impact on her. Right after Thanksgiving Himself let the P.G.O.A.T. understudy with Leith on the set of The American Century as Seen Through a Brick in return for getting to film her thumb against a plucked string [...] (Joelle housekeeps like a fiend. The place is always sterile. The resemblance to the Moms's housekeeping he finds a bit creepy. Except Joelle doesn't mind a mess or give anybody the creeps worrying about hiding that she minds it so nobody's feelings will be hurt. With Joelle the mess just disappears sometime during the night and you wake up and the place is sterile. It's like elves.)

***

La C.M.B.D.T.L.T. [1] era una fanática del cine, a pesar de que sus gustos eran bien corporativos: le dijo a O. que prefería las películas donde 'un chingo de madres explotan'. De manera discreta, Orin la introdujo al cine de arte conceptual y al refinado y académico cine avant y après garde y le enseñó a usar algunos de los menús más esotéricos del InterLace. Orin galopó colina arriba hasta Enfield y trajo consigo el Contrato prenupcial del Cielo y el Infierno de la mismísima Cigüeña Loca [2] que tuvo un hondo impacto en ella. Después de Acción de Gracias, Él Mismo [3] permitió, a cambio de haberle dejado filmar su pulgar apoyado en un hilo desplumado, que la C.M.B.D.T.L.T. fuera suplente junto con Leith en el plató de El Siglo Americano visto a través de un ladrillo [...] (Joelle limpia la casa como un demonio. El lugar siempre está esterilizado. Orin encuentra que el parecido con la forma de limpiar de la Mamá [4] es un poco estremecedor. Salvo que a Joelle no le importa el desorden y, para no herir ningún sentimiento, no le provoca escalofríos a la gente al preocuparse por ocultar que a ella si le importa en realidad. Con Joelle, el desorden simplemente desaparece en algún punto de la noche y uno se despierta y la casa está esterilizada. Es como si hubiera duendes.)

Sigo leyendo Infinite Jest. Lentamente, muy lentamente. Esta vez los pequeños extractos que escogí para traducir como homenaje permanente a Wallace (por lo menos mientras siga leyendo, traduciendo y posteando) necesitan ciertas precisiones. He aquí las:
NOTAS DE LA TRADUCTORA
1. Joelle van Dyne, miembro activo del Sindicato de los Horrorosa e Improbablemente Deformes, aparece velada gran parte de la novela. Novia de Orin Incandenza en algún momento de la trama, La Chica Más Bella de Todos los Tiempos también es conocida como Madame Psychosis en su programa radial de medianoche.
2. Apodo que Orin le dió a su padre, James Orin Incandenza, experto en óptica y cineasta, también conocido entre su familia como Él Mismo. La Cigüeña Loca se suicida introduciendo la cabeza en un microondas mucho antes de que inicie la novela, por lo que aparece en ésta mediante flashbacks.
3. Véase Nota 2.
4. Avril Incandenza, madre de Orin, culpable de haber deformado la cara de Joelle tras haberle arrojado ácido durante una cena de Acción de Gracias...

lunes, 2 de noviembre de 2009

Mapplethorpe: otra entrada sobre arte y moralidad

Creo que tras darle muchas vueltas, por fin descubrí de qué trata la tesis que estoy escribiendo. Por fin me cayó el viente, pues. Supongo que es un proceso normal y necesario emplear más tiempo en descifrar el abordaje preciso del tema que en escribir propiamente. Despues de mucho leer, pensar, pelearse con uno mismo y con quien esté a la mano, hasta el asesor o la asesora (caso que, por fortuna, no ha sucedido esta vez: amo a Eva, mi asesora de tesis), finalmente la claridad llega al tesista. Y dicen que es un buen ejercicio escribir en unas cuantas líneas aquello sobre lo que uno está investigando. De no poder hacerlo, entonces aún existe un veinte que no ha caido y el desdichado tesista debe seguir leyendo, pensando y trifulqueando con su entorno inmediato.

La pregunta que espero responder para esta tesis, aunque sea preliminar y contingentemente, es: ¿por qué (y cómo: ahí yace el desarrollo de la tesis) un juicio estético se equipara a un juicio moral? O sea: ¿por qué, en infinidad de casos, se transita tan chabacanamente de decir "esta película (o pintura o foto u obra de teatro o libro) no me gusta" a escandalizarse o censurarla porque es mala, maligna o cualquier otro adjetivo que denote maldad, no solo por lo que se critica en la factura de la hipotética cinta, sino por lo que se percibe como su depravadísimo "mensaje"? La tesis que estoy escribiendo es pues sobre el escabroso tema del arte y la moralidad.

Para muestra basta un botón: un caso que no entrará en la tesis, porque corresponde a otro arte, la fotografía, pero que definitivamente me encanta: el de un pobre libro que fue llevado a juicio a finales de los noventa del siglo pasado en Birmingham. Una estudiante de la Licenciatura en Arte en la University of Central England estaba escribiendo un ensayo sobre el premiado fotógrafo americano Robert Mapplethorpe (Nueva York 1946 - Boston 1989), reconocido por sus naturalezas muertas, sus retratos de celebridades como Patti Smith y Andy Warhol y por sus desnudos masculinos eróticos. La estudiante decidió incluir algunas fotografías de Mapplethorpe para acompañar su escrito. Nunca se imaginó que, al llevar a revelar las fotos que ella había tomado de algunas de las fotos en el libro Mapplethorpe de Jonathan Cape, el empleado de la tienda fotográfica llamara a la policía.

Después de confiscar el libro en cuestión, que la estudiante había sacado de la biblioteca de su universidad, la policía informó a las autoridades de ésta que el texto debía ser destruido porque infringía la Ley de Publicaciones Obscenas en vigor en el Reino Unido, la cual censura cualquier material que pueda “corromper” a quien lo use. El argumento de la policía se concentraba alrededor de una serie de fotografías en particular: Jim and Tom, Sausalito 1977, tríptico que presenta “a un hombre orinando en la boca de otro, emulando el tema barroco de la ‘Caridad Romana’, en el cual una hija da el pecho a su padre encadenado para evitar que muera de hambre” [1]. Tras seis meses de pesquisas, se le informó a la University of Central England que no había evidencia suficiente para proseguir la acusación contra el libro, por lo que éste, un poco maltrecho, simplemente fue devuelto a la biblioteca.

No me imagino la cara que puso el chico cuando reveló estas fotos, ni la de los bobbies que llegaron a su tienda para verlas y mucho menos la del juez y el jurado, pero creo intuir lo que pensaron, al menos antes de que se retiraran los cargos: "¡qué fotos tan cochinas! ¡A quien le puede gustar esto! Seguramente a unos gays depravados...". Este sencillo ejercicio de imaginación tiene complejas ramificaciones porque genera varias preguntas: desde ¿qué es el arte? hasta ¿para qué sirve? (si es que tiene forzosamente que servir de algo).

Ya en otra ocasión me había preguntado aquí qué es el arte y, como aquélla vez, creo que aún no estoy calificada para dar una respuesta. En cuanto a la segunda pregunta, si puedo adelantar al menos un argumento (entre los muchísimos que existen): el arte debe ser la quintaesencia de los valores más altos del hombre y debe elevar su espíritu porque de lo contrario solamente corrompe y envilece a los ilusos espectadores que se atraviesan en su camino. Desde esta perspectiva [2], las fotos de Jim and Tom definitivamente no satisfacen la función del arte: la urolagnia
y la urofagia no son actividades que la gran mayoría de las personas considere enaltecedoras o dignificadoras del espíritu, por lo que una "apología" de éstas es virtualmente peligrosa. No vaya a ser la de malas y después de ver estas fotos a alguien se le ocurre hacer unos cuantos experimentos...

La llamada "Controversia Mapplethorpe" apunta hacia la capacidad de las imágenes para cuestionar los valores y convicciones de quienes las miran. Hay quien las mira con fascinación, quien las mira con recelo, repulsión o extrañeza, quien prefiere cerrar los ojos y no mirar y hasta quien obliga, como la policía inglesa después de ver las fotos de Jim and Tom, a que otros cierren los ojos para que no miren. Esta amplia variedad de reacciones ante las imágenes, fijas o en movimiento, hace surgir incluso otra pregunta: ¿qué hay en ellas que parece tener el poder de interpelar a quien las mira? Pero tratar de responder esta cuestión da para muchos más posts y otras tantas tesis además de la que estoy escribiendo...

NOTAS

1. Heartney, Eleanor. “Postmodern heretics. Influences of catholicism on contemporary artists”, en la revista Art in America, febrero 1997: “one man urinating into another man's mouth, in terms of the Baroque theme of ‘Roman Charity’ in which a daughter gives her breast to her shackled father so that he will not starve”.
2. Perspectiva complicada y problemática, como cualquier otra, porque ¿cuáles son los valores más altos y según cuál hombre deben ser ésos y no otros y de veras si el arte no es "bueno", en todos sentidos, no es arte porque uno se deprava y degenera irremediablemente si cae presa de su pérfida seducción?
Foto cortesía de http://mugwump.pitzer.edu/~bkeeley/CLASS/PA/Spr04/danto.html
donde pueden verse más fotos de Mapplethorpe.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Cómo se siente vivir. A propósito del primer aniversario luctuoso de David Foster Wallace

Para Karsten

Hoy hace exactamente un año, David Foster Wallace decidió que ya no había motivos ni razones para seguir viviendo. La depresión clínica que había padecido por décadas y de la que únicamente su círculo más íntimo tenía conocimiento fue culpable de que se colgara. El Nardil que tomó durante años no fue suficiente para sobrellevar el infierno personal de sus últimos días cuando, tras un tiempo de verse libre del medicamento, al volver a tomarlo ya no hizo efecto. Sus alumnos y colegas nunca sospecharon que un hombre tan vital, generoso, brillante y divertido fuera presa de la depresión. Por eso la noticia de su suicidio sacudió profundamente a quienes lo conocían y también a quienes supieron de él solo a través de su obra.

Wallace [1] quería atestiguar con sus escritos “cómo se siente vivir”, en lugar de hacer de la escritura un alivio para las sensaciones –a veces desgarradoras- de la vida [2]. Tal vez por ello en sus novelas y ensayos se intuye la presencia constante de personajes que podríamos caracterizar como deprimidos y/o suicidas y que luchan, de alguna u otra forma, por mantenerse a flote [3]. El primer párrafo en su relato The Depressed Person, publicado en enero de 1998 en Harper’s Magazine, es ahora muda evidencia de un estado de ánimo al cual Wallace no era ajeno: La persona deprimida padecía un dolor emocional terrible e incesante y la imposibilidad de compartir o articular este dolor era, en sí misma, un componente del dolor y un factor que contribuía a su horror esencial. [4]

Junto con la depresión, dos de los temas recurrentes en la literatura de Wallace son la soledad y la tristeza. Según él, Infinite Jest había sido concebida en un inicio como una novela terriblemente triste, aunque a muchos lectores nos parezca endemoniadamente divertida. En su excelente ensayo E Unibus Pluram. Television and U.S. Fiction, Wallace explica (entre muchas otras cosas) el estrecho lazo entre la soledad del espectador masificado –supongo que también triste y hasta deprimido y hasta suicida- y el voyeurismo televisivo:


Nosotros podemos verlos; Ellos no pueden vernos. Podemos relajarnos, sin ser vistos, mientras nos los comemos con los ojos. Resulta que yo creo que esta es la razón por la cual la televisión también es tan atractiva para la gente solitaria (…) Los solitarios, como los personajes ficticios, aman observar en un solo sentido. Porque la gente solitaria generalmente es solitaria no debido a una deformidad horrenda o al olor o a ser odiosa, de hecho hoy existen apoyo y grupos sociales para personas con precisamente estos atributos. En lugar de eso, la gente solitaria tiende a ser solitaria porque rehúsa soportar los costos psíquicos de la compañía de otros humanos. Es alérgica a la gente. La gente le afecta intensamente, en demasía. [5]


Esta incapacidad, falta de voluntad o motivación para relacionarse con otros; este sentirse fuera de lugar en contextos de típica socialización, aunado al sentir tan dentro y con tanta fuerza a los demás –desde sus juicios hasta sus miradas- también resulta un leit motiv en la obra de Wallace. Sus personajes -él mismo incluso- aluden permanentemente a la dificultad de la interacción entre personas (hasta cuando la mediación es el amor o la amistad…), a los absurdos del roce social, a la vacuidad de muchas situaciones que implican tener que vincularse con la gente. Un viaje en crucero por el Caribe, con todas las comodidades, excesos y opulencias, algo así como las vacaciones de ensueño para una gran mayoría, puede ser, desde la perspectiva ingeniosamente crítica de Wallace [6], materia para sentir que se pierde la esperanza:

Hay algo acerca de los Cruceros de Lujo para el mercado masivo que es insoportablemente triste. Como la mayoría de las cosas insoportablemente tristes, da la impresión de ser increíblemente elusivo y complejo en cuanto a sus causas y simple en su efecto: a bordo del Nadir (…) sentí desesperación (…) Tal vez está cerca de lo que la gente llama terror o angustia. Pero no es eso. Es como quererse morir para escapar al sentimiento insoportable de hacerme consciente de que soy pequeño y débil y egoísta y de que, sin duda alguna, voy a morir. Es querer lanzarse por la borda. [7]

Wallace se lanzó por la borda de la vida un 12 de septiembre. Incluso quienes solo tenemos algunas vagas nociones de cómo sintió vivir por lo que dejó escrito lamentamos que no siga viviendo, sintiendo y escribiendo para intentar compartir, aunque solo sea mediante la lectura, esa tristeza y soledad que tan genialmente supo teñir de humor e ironía. Descanse en paz.


NOTAS

1. Omito el Foster, apellido de soltera de su madre que le endilgó un editor y que permaneció con Wallace a lo largo de su carrera, porque él mismo decía que no le gustaba.

2. Este anhelo de Wallace lo descubrí en el estupendo artículo The Lost Years & Last Days of David Foster Wallace de David Lipsky publicado en octubre de 2008 en Rolling Stone Magazine, cuyo link se encuentra aquí.
3. Mi intención con estas citas no es buscar los indicios retrospectivos del suicidio de Wallace, como seguramente muchos han hecho y siguen haciendo. Solo quiero dar cuenta de una pequeñísima parcela de “cómo se siente vivir” desde las palabras del propio Wallace, palabras que en estos tiempos de exilio en interiores me resuenan hondamente.
4. The depressed person was in terrible and unceasing emotional pain, and the impossibility of sharing or articulating this pain was itself a component of the pain and a contributing factor in its essential horror. Para leer este relato en su totalidad, en formato pdf, al igual que otros textos de Wallace publicados en Harper's, pícale aquí.
5. We can see Them; They can’t see Us. We can relax, unobserved, as we ogle. I happen to believe this is why television also appeals so much to the lonely people (…) The lonely, like the fictive, love one way-watching. For lonely people are usually lonely not because of hideous deformity or odor or obnoxiousness –in fact there exist today support- and social groups for persons with precisely these attributes. Lonely people tend, rather, to be lonely because they decline to bear the psychic costs of being around other humans. They are allergic to people. People affect them too strongly.
Este texto está publicado en la compilación de ensayos de David Foster Wallace A Supposedly Fun Thing I'll Never Do Again: essays and arguments, Back Bay Books/Little Brown and Company, Nueva York, 1998. Dicha antología también incluye la crónica, cuyo nombre le da título al volumen, sobre las peripecias de Wallace en su travesía por el Caribe abordo de un crucero.
6. El propio sentimiento de inadecuación de Wallace ante un lujo y una atención desbordados y llevados a extremos absurdos, así como un extrañamiento casi antropológico frente a la experiencia son la piedra de toque en su crítica y constituyen gran parte de su humor.

7. There is something about a mass-market Luxury Cruise that’s unbearably sad. Like most unbearably sad things, it seems incredibly elusive and complex in its causes and simple in its effect: on board the Nadir (…) I felt despair (…) It’s maybe close to what people call dread or angst. But it’s not these things quite. It’s like wanting to die in order to escape the unbearable feeling of becoming aware that I’m small and weak and selfish and going without any doubt at all to die. It’s wanting to jump overboard.
Para bajar en pdf la versión que Harper's publicó de este texto en enero de 1996 bajo el título Shipping out: On the (nearly lethal) comforts of a luxury cruise, el link está aquí.

Las traducciones de los textos de Wallace son cortesía de nimbemon.

Las fotos, de www.123people.com y www.kcrw.com

jueves, 3 de septiembre de 2009

Infinite Jest/La broma infinita. David Foster Wallace

The Union of the Hideously and Improbably Deformed was unofficially founded in London in B.S. 1940 in London U.K. by the cross-eyed, palate-clefted, and wildly carbuncular wife of a junior member of the House of Commons, a lady whom Sir Winston Churchill, P.M.U.K., having had several glasses of port plus a toddy at a reception for an American Lend-Lease administrator, had addressed in a fashion wholly inappropriate to social intercourse between civilized gentlemen and ladies. Unwittingly all but authoring the Union designed to afford the scopophobic empathic fellowship and the genesis of sturdy inner resources through shame-free and unconstrained concealment, W. Churchill — when the lady, no person's doormat, informed him with prim asperity that he appeared to be woefully inebriated — made the anecdotally famous reply that while, yes, yea verily, he was indeed inebriated, he would the following A.M. be once again sober, while she, dear lady, would tomorrow still be hideously and improbably deformed. Churchill, doubtless under weighty emotional pressures during this period in history, had then proceeded to extinguish his cigar in the lady's sherry and to place a finger-bowl napkin delicately over the ruined features of her flaming visage.

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El Sindicato de los Horrorosa e Improbablemente Deformes fue fundado extra oficialmente en Londres, R.U., en el Londres de 1940 A.S., por la esposa vizca y de paladar hendido de un miembro subalterno de la Cámara de los Comunes, salvajemente infestada de carbúnculos, una dama a la cual Sir Winston Churchill, P.M.R.U., se había dirigido de forma completamente impropia según las relaciones sociales entre caballeros y damas civilizados tras haber tomado varias copas de oporto, además de un toddy, en la recepción de un Administrador americano de Préstamos y Arriendos. W. Churchill, del todo ignorante al dar autoría al Sindicato diseñado para proporcionar membresía escopofóbica y empática y la génesis de sólidos recursos interiores a través de la carencia de vergüenza y del ocultamiento no impuesto, dio la anecdóticamente famosa respuesta a la dama –cuando ésta, tapete de nadie, le hizo saber con remilgada asperidad que daba la impresión de estar deplorablemente borracho- de que mientras él, si, verdaderamente, estaba ebrio de hecho, a la mañana siguiente estaría sobrio de nuevo, mientras que ella, querida dama, al día siguiente seguiría estando horrorosa e improbablemente deforme. Churchill, sin duda bajo presiones emocionales de peso en este periodo en la historia, procedió a extinguir su puro en el jerez de la dama, para después colocar delicadamente sobre los arruinados rasgos de su cara encendida la servilleta de una jofaina.