domingo, 1 de enero de 2012

Traducciones cantadas 1: Nude, Radiohead

Y que se me ocurre ponerme a cantar. Y que se me ocurre ponerme a traducir... al mismo tiempo. Sobre el "hobby" de la cantada ya había escrito antes por aquí y hasta me había embarcado a traducir pasajes de Infinite Jest de David Foster Wallace. Pero esto es diferente. [Por lo visto, el cambio de año me trajo unos nuevos bríos bárbaros, por lo aventados y creativos... espero.]

Gracias a la tecnología [y al YouTube, naturalmente] en un dos por tres ya tengo una rolita traducida y cantada por su servidora. Está demás apuntar hacia lo obvio, pero ahí les va de todas formas: soy completamente ignorante en eso de grabar y así, pero al menos ningún maullido de gato se coló en mi "demo". Todos los maullidos y nasalizaciones son completamente míos, ¡ja! Por ello [y por tantísimas otras razones] no esperen una fantastiquez: la rola que escogí -Nude del disco In Rainbows de Radiohead- es una auténtica y colosal fantastiquez y mi tributo en español nomás es eso, un tributo para el cual me he tomado muchas licencias que son bastante evidentes y espero las toleren los puristas de la cantada y también los de la traducida. Y sobre todo, un aviso para Sto. Thom Yorke: disculpe usted las molestias que esta entrada le pudiera ocasionar... En fin...

He aquí un video de la canción original, seguido por la letra de la misma, seguido por mi versión de Nude y finalmente mi traducción de la letra para que puedan evaluar este primer esfuerzo en el arte de la traducción cantada [que tal vez se convierta -dependiendo del éxito o fracaso que tenga, querido/a lector/a de este bló devenido/a escucha- en una sección recurrente por aquí... ya me veo haciendo lo mismo con Bohemian Rhapsody de Queen... bueno, creo que con esa canción no...]. A ver qué les parece tanto desvarío:



NUDE
Don't get any big ideas,
they're not gonna happen.

You paint yourself white
and fill up with noise
but there'll be something missing.

Now that you've found it, it's gone.
Now that you feel it, you don't.
You've gone off the rails...

So don't get any big ideas,
they're not gonna happen.

You'll go to hell for what your dirty mind is thinking...

Desnudo (trad. Nude-Radiohead)

DESNUDO
No tengas grandes ideas
que no sucederán.

Te pintas de blanco
pero hay algo que está ausente.

Y cuando lo encuentras, se va.
Y ahora lo sientes, no más.
Has perdido el piso...

Entonces, no tengas grandes ideas
que no sucederán.

Te vas a ir al infierno por lo que estás pensando...

Video, cortesía de Zedetnik en YouTube.
Nude, cortesía de Radiohead.

jueves, 29 de diciembre de 2011

A palabras vanas, ruido de campanas. Sobre el mensaje de año nuevo de Enrique Peña Nieto

Es un sucio y viejo truco -algunos le llaman marketing político- que funcionarios a todos niveles y aspirantes a todo tipo de cargos gubernamentales hagan videitos con mensajes buena onda aprovechando el espíritu festivo desbordado que trae el fin de año [época en la cual, dicen por ahí, la tasa de suicidios crece de manera importante, lo cual parece no ser tan cierto, como se explica muy brevemente aquí] y que ocasiona que a la gente le de por andar expresando sus buenos deseos a diestra y siniestra. Enrique Peña Nieto no podría quedarse atrás y nos deleita en su canal de YouTube con este videito lleno de calidez y palabras vanas. Helo aquí, en su versión original, porque ya ha sido parodiado -vilipendiado, más bien- por acá:



Me he tomado la licencia de transcribir el muy positivo mensaje de año nuevo de EPN [es decir, "El Priísta Nacido-para-ser-presidente-y-demás"], así como la licencia [¿poética, semiótica, cínica?] de comentarlo. Mis acotaciones, producto de sesudas y largas reflexiones, están entre corchetes y el texto original en azul [en honor al espectro político, tal vez debiera haberlo puesto en rojo, pero ese color no es muy amable para los/as lectores y al menos el azul que seleccioné no es tan panista, en fin...]. Helo aquí:

EPN: De todas las épocas del año, la que más me gusta es ésta porque permite que se reuna la familia, los amigos, la comida... [Aunque este fin de año en Edomex para mil 538 personas eso no sucederá: ni cenas, ni reuniones, ni nada. Fueron víctimas fatales de la guerra contra el narco en ese estado según datos -ejem- oficiales. Y eso de que "se reuna la comida" suena a insulto para la gente que no tiene que comer.]
AR: ...te gusta el pavo, los romeritos, te comes todo amor... [Mientras no te tengas que tragar tus palabras y promesas, aunque, bueno, esas no engordan.]
EPN: ¡Todo! [Auch... Espero que tu apetito voraz Enrique no sea causante de escasez: te comes todo, ¡que buen diente!] Y también me gusta mucho la parte de hacer propósitos de año nuevo. [Oh, no, no tomes ese rumbo Enrique: aguas con hacer propósitos porque para el común de los mortales a finales de enero los propósitos ya fueron historia y hasta pueden ser malos para tu salud.] Y es que son compromisos, compromisos con uno mismo y yo si cumplo, ¿eh? [Menos mal que nos lo recuerdas...] Para este año, mi propósito es ser la mejor persona que yo pueda ser [¿¿¿qué??? ¿nomás eso prometes? ¿y la paz mundial y el crecimiento económico y el combate al calentamiento global? ¿quién va a salvar a las especies en extinción? ¿qué clase de propósito es ese Enrique?] como hombre, como padre, como esposo, como profesional, como político. [Ah, menos mal, yo pensé que tu único propósito era pura demagogia con tintes de autosuperación tipo Mariano Osorio: al menos tienes claros tus ámbitos de competencia.] Porque deseo que todos los mexicanos encuentren en mi confianza y esperanza. [Uuupppsss, llegas demasiado tarde Enrique: muchos/as ya no creemos ni en Santo Clós...] Y entiendo que eso significa trabajar más que nunca, escuchar la mayor cantidad de personas [escuchar... ¿y ya? ni que fueras psicoanalista...] y comprometerme con sus necesidades. Angélica, nuestra familia y yo les deseamos muchísima felicidad...
AR: Salud, amor, alegría... [Menos mal que te dejaron decir algo Gaviota, aunque sólo fueran 13 palabras. Yo creí que eras algo así como -si me disculpas- atractivo visual, sentadita junto al árbol, aferrada de tu marido, mirándolo con ojitos de borreguito a medio morir, haciendo gala de dotes histriónicas y prodigando sonrisitas...]
EPN: ...y un 2012 lleno de éxito. [Te refieres al éxito, ¿electoral? ¿No? Entonces ese éxito ¿es el pambolero o el de la lista de popularidad de la Que Buena? ¿Tampoco? ¡Ya sé! ¡El éxito en el rating de las telenovelas del Canal de las Estrellas!]
EPN y AR: ¡Felicidades! [Bueno, 14 palabras para Angélica. Pero ser presidenta nacional del DIF ciertamente no tiene precio...]

Video, cortesía de EnriquePeñaNietoTV.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Insurgentes

Después de toda una vida de habitar este monstruo de ciudad, de recorrer ciertos rumbos más que otros y de las largas trayectorias que a veces implica el transporte en el DF, ir de punta a punta por Insurgentes es también una excursión hacia el pasado. No se si mi memoria es muy buena o qué [las memorias selectiva y afectiva funcionan mejor que otras parcelas del recuerdo instaladas en mi cerebro] pero podría contar cantidades industriales de anécdotas, rememorar a incontables personas y remontarme en el tiempo a lo largo de cada centímetro de los 28.8 kms que mide Insurgentes [como siempre, exagero] [en el número de anécdotas y personas, no en la longitud de la avenida, he de anotar]. Insurgentes es como una máquina del tiempo, me cae. Desde El Caminero hasta Indios Verdes (o vicerversa) cada vez que ando por Insurgentes me acuerdo...

Los recuerdos se agrupan más o menos en esquinas, en los cruces que traza la avenida a su paso por la ciudad. Yendo de sur a norte, Insurgentes y Guadalupe Victoria, por ejemplo, me recuerda a D: varias veces fuimos por vino y cervezas al super que está en esa esquina [cuyas puertas siguen abiertas aún después del tiempo y de los cambios de propietario]. En Insurgentes y San Fernando se casaron I y C: me acuerdo de la risa contenida de todos los presentes -incluidos los novios- durante la Epístola de Melchor Ocampo [¡los ojos de pistola del juez!], del posterior rapto de la novia por parte del contingente austriaco, de la gran fiesta al aire libre tras recuperar a I, la oscuridad cayendo iluminada con antorchas. La gran y extraña esquina de Insurgentes y Periférico [que más bien es un trébol] es sede de varios recuerdos: desde el mall horrendo [algunos le llaman Plaza Telmex, imagínense...] donde una sóla vez fui a tomar cerveza de sabores [guácalas...] con V hasta Transportaciones Marítimas Mexicanas y las clases de inglés que ahí di a un ejecutivo cuyo nombre he olvidado; desde la primera ocasión [hace bastante poco, he de confesar] que entré a la Zona Arqueológica de Cuicuilco con J hasta encontrarme con V para traducir un artículo suyo de geofísica en un café de Perisur. Y luego en el extenso trecho de CU que da a Insurgentes, desprovisto de esquinas en sentido estricto, no hay suficiente espacio para enumerar cada recuerdo. Son ya muchos años de entrar, salir y peregrinar por facultades, museos, institutos, salas, circuitos y estadios en CU. Especialmente recuerdo las tardes en el Jardín Botánico con O, la lluvia cayendo mientras el aliento compartido empañaba los cristales de mi carro.

Insurgentes y Copilco me recuerda el departamento de los Prieto, mi niñez entre adultos, aquélla tarde que, regresando de pasear por CU, un trolebus nos mojó de pies a cabeza. Insurgentes y Avenida de la Paz es sinónimo de los meses que fui mesera en Cluny, de trabajar y reventar de noche y dormir de día, de la camaradería, del aburrimiento extremo seguido por la diversión desenfadada. En Insurgentes y Río Chico recibí el histórico 1 de enero de 1994 abrazada de O en las escaleras de un edificio porque el Rock Stock que antes estaba en esa esquina no había abierto: todo el mundo estaba cenando con sus familias y nosotros, como niños de la calle, esperando al cadenero. En Insurgentes y Vito Alessio Robles también recuerdo a O: en esa mera esquina había un restaurante Hipocampo donde alguna vez fuimos a una especie de conferencia de Amway [wtf?]; el bufete donde aún trabaja O despúes de casi dos décadas [creo] está cerca y es posible que en uno de los muchos restaurantes de comida rápida de Plaza Inn lo viera por última vez. Me encantaría decir que en Insurgentes y Perpetua pase mi adolescencia rockanrolera, pero no: no conocí el LUCC [cachetitos sonrojados de nunca haber ido al antro por excelencia]. Luego en Insurgentes y Churubusco, en el que fuera el gran cine Manacar que Cinemex compartimentalizó hasta la naúsea, vi Kill Bill Vol. II en una sala vacía; eran alrededor de las 11am y sólo a mi se me ocurrió comprar un boleto para esa función.

Insurgentes hace esquina con Millet y con Porfirio Díaz y entre esas tres calles está [parte de] el Parque Hundido: ahí aprendí a andar en bicicleta, ahí salí infinitas tardes a deambular con mi madre y a comer algodones de azúcar a escondidas. Es el parque de mi niñez, sin duda. En Insurgentes y California alguna vez estuvo Rockotitlán: recuerdo un concierto de Julieta Venegas al que fui con M, recuerdo que M tocó ahí con Ansia alguna vez, recuerdo que cuando Salamandra se fue a tocar a Tijuana precisamente de esa esquina salió el convoy. Insurgentes y Filadelfia es otra esquina memorable, lo que antes era el Hotel de México que ahora [y desde hace muchísimos años ya] se hace llamar World Trade Center. Recuerdo haber ido a un concierto de Mijares y Laureano Brizuela en el sótano del Hotel de México [sí, eran los ochenta, uuupppsss...]. Recuerdo que uno de los muchos dentistas de mi infancia tenía su consultorio justo frente al Hotel de México: la cuadrícula de las ventanas y alguna que otra palmera era lo único que podía ver mientras la fresa me taladraba las muelas. Y la esquina de Insurgentes y Viaducto, justo en el edificio que algunos llaman "el elote", vio fracasar uno más de los proyectos arquitectónicos de J.

El tramo entre las estaciones Nuevo León e Insurgentes del Metrobus es el aquí y ahora en mi topografía, aunque no está exento de recuerdos: en un edificio de Insurgentes y Aguascalientes estaba el consultorio de un ginecólogo chileno al que fui varias veces; tiempo después me enteré que este mismo hombre, años atrás, había traido a D al mundo [mundo chiquito, por supuesto]. Mi primer tatuaje [y único, por ahora] me lo hice en el Rock Shop que está cerca de la esquina de Insurgentes y Campeche (o Insurgentes y Coahuila, depende cómo se vea), mientras el tatuador de al lado hacía llorar a una estrella infantil -ya crecidita- de Microchips. Insurgentes y Yucatán era paso obligado cuando daba clases en el Anglo Americano; durante casi un año crucé Insurgentes y Alvaro Obregón todas las mañanas -muy puntualmente- para ir a gestionar la cultura y combatir la burocracia [o algo por el estilo] en mi Cas[it]a de Cultura en la Romita. Y pasando la glorieta de Insurgentes [hoy día ya no me aventuro más al norte] está la esquina de Insurgentes y Reforma, lo que me recuerda el trabajo de campo que hice para mi tesis en la Dirección de Cinematografía, en el edificio de RTC: horas pasé revisando expedientes, atando cabos sueltos [o nomás tratando], haciendo entrevistas y, principalmente, elucubrando.

En la esquina de Insurgentes y Sullivan, además de comercio sexual y travestis, alguna vez hubo un antro llamado El Bulbo [creo que no existe más]: un día que iba saliendo de madrugada alguien lanzó una bolsa con agua [quiero pensar que era agua] que se estrelló en el pavimento y roció a quienes ahí estábamos parados. También recuerdo los hotdogs frente al Bulbo. En Insurgentes y Puente de Alvarado me bajaba para tomar camino hacia casa de mi prima en la Santa María o para ir a la Delegación Cuauhtémoc a cobrar cuando era [chiqui]funcionaria del gobierno capitalino; en Insurgentes y San Simón, no hace mucho, bajé por primera vez para conocer un taller de platería y enterarme de que San Eloy es el patrono de los orfebres. Y cada ocasión que fui a quedarme con M en la Industrial Vallejo o cuando íbamos juntos a visitar a sus abuelos o cuando iba de grupie a los ensayos de Salamandra cruzaba por esa revoltura de vías que es Insurgentes y Cuitláhuac o por Insurgentes y Euzkaro. Y las incontables veces que fui a Ecatepec con J tras recorrer gran parte de la ciudad por Insurgentes llegaba al final de la avenida e iba más allá de Indios Verdes, allá donde Insurgentes se convierte en autopista, donde las casas y edificios desaparecen para dar lugar a unos cuantos cerros grises y pelones y a otros tantos cubiertos de casuchas, miseria y basura, los montes que dan la bienvenida al Estado de México...

Pasan los años y el DF necesariamente se transforma y metamorfosea: lo que antes estaba ahí, ahora no lo está más. Las casas son derruidas para construir edificios; luego los edificios cambian de dueño, de uso y de destino. Los parques se vuelven estacionamientos y los estacionamientos desarrollos inmobiliarios. Pero Insurgentes ahí sigue, recordándome a golpe de esquinas lo que ha permanecido, al menos en mi memoria.

Fotos, cortesía de:
http://nueva-gomorra.blogspot.com/
http://radar-q.blogspot.com/