sábado, 22 de noviembre de 2014

(No tan) breve historia de la impunidad

Hace muchos, muchos años, en un país muy bonito y así, unos señores -porque en ese tiempo las señoras qué- se hicieron del poder. Culparon a otro señor por todos los males del lindo país, lo mandaron lejos, muy lejos, junto con su señora, y luego se dedicaron a reinar (ay, perdón, quise decir: "a gobernar") en nombre de una tal patria que ellos mismos se inventaron. Ocurría que, a veces, estos señores del poder se peleaban entre sí, pero no había disputa que no pudieran solucionar con billetes, con balas, arrimándose para salir en la foto o nomás haciéndose de la vista gorda y ya. El bonito país progresaba de lo lindo y hasta varias señoras, no sólo las señoras de los señores del poder, empezaron a reinar (me confundí de nuevo: "a gobernar"). Todo iba perfecto en este país tan, pero tan bonito: las promesas de los señores y las señoras del poder parecían bien bonitas y bien patrióticas; el rechulo país, sus riquezas y también sus dineros estaban muy bien repartidos entre quienes lo guiaban por el buen camino de la estabilidad; se hacían felices elecciones de vez en cuando y la gente común y corriente se entretenía con pan y circo. Pero de repente, aparecieron así, como de quién sabe dónde, unos cuantos desestabilizadores inconformes (poquitos nomás) de la tal patria inventada que se atrevieron a querer hacerle daño a este país tan en calma y tan en paz porque no estaban nadita de acuerdo con su muy democrático reparto, por lo que los señores y las señoras del poder mejor los tiraron al mar desde un helicóptero y, muy inocentemente, se hicieron de la vista gorda, gordísima. Y nadie dijo nada, igual y porque nadie se enteró o porque mucha gente común siguió el progresista y muy patriótico ejemplo de sus soberanos (no, no, no: "gobernantes") y también se hizo de la vista gorda y ya.

Resultó que un buen día, otros señores, poderosos y billetudos, aparecieron así, como si nada, en este bonito país. Estos otros señores se dedicaban a comerciar drogas, lo cual era muy mal visto en la tal invención de patria, por lo que los pobrecitos inocentes se sentían un poco excluidos del muy justo y tan, pero tan democrático reparto de este país muy tranquilo y tan estable. Pero a estos otros señores mal vistos se les ocurrió una gran y estupenda idea: ponerse de acuerdo con los señores y las señoras del poder para que ese lindo reparto de este lindo país también los incluyera a ellos y así los dineros de todos crecieran y se multiplicaran en feliz y patriótica armonía. Los otros señores -junto con algunas otras señoras- y los señores y las señoras que reinaban (ay, no es cierto: "que gobernaban"…) en este país tan, pero tan chulo de bonito, se hicieron muy buenos amigos. Se entendieron perfecto porque se hablaban en millones de dólares y así. A veces ocurría que los otros señores mal vistos también se peleaban entre sí -y hasta se peleaban con toda la gente común que se dejara- pero no había disputa que no pudieran solucionar con billetes, con balas o haciéndose los que nunca se habían aparecido en este bonito país, gracias a la feliz e inocente ayuda de sus amigos y amigas del poder. Total: los señores y las señoras del poder eran requete buenos para hacerse de la vista gorda y ya. La estabilidad y la calma y obvio que el patriótico progreso de este bonito país eran tan bonitos como indudables. Por ahí, muy de vez en cuando y como quién no quiere la cosa, había ajustes de cuentas y así, gente común que desaparecía y demás, y hasta aparecían algunos (muy contados, contadísimos) desestabilizadores apátridas que seguían de necios queriendo hacerle daño al muy justo reparto de esta chulada de país, pero como que a los señores y las señoras del poder todas estas cosas no les importaban mucho que digamos. Total: siempre podían tirar al mar desde un patriótico helicóptero a quienes no estuvieran conformes con tanta paz y con tanto progreso. Y aunque nadie dijo nada, la gente común y corriente como que empezaba a olerse que algo muy, pero muy cochino estaba pasando desde hacía mucho tiempo y como que ya no les alcanzaban la indiferencia, el cinismo y el patriotismo inventado como para seguir haciéndose de la vista gorda y ya.

Un buen día, en alguna de las muchas montañas olvidadas de este país tan estable y tan en paz y, sobre todo, tan bonito, resultó que la gente común y corriente empezó a organizarse. Creyeron que tenían derechos y dignidad y que los señores y las señoras del poder ya se habían pasado de lanza. Creyeron que los otros señores, muy mal vistos por una invención patriotera, también se habían pasado de lanza. A partir de entonces, más gente común y corriente de las ciudades y de otros lados también empezó a organizarse porque parecía que ya se había vuelto muy, pero muy difícil hacerse de la vista gorda, así, como si nada. La gente común se dio cuenta de que los señores y las señoras del poder algo escondían -algo muy cochino, cochinísimo- y desde hacía mucho tiempo. Como que la gente común y corriente se dio cuenta de que las promesas de sus soberanos (ay, quise decir: "gobernantes"…) nunca se habían hecho realidad: eran puro atole con el dedo, igualito que su tal patria inventada. Mucha gente común y corriente de este bonito y estable país se enteró de que los señores y las señoras del poder habían tirado al mar a unos cuantos (poquitos, muy poquitos) apátridas desestabilizadores inconformes y que, muy inocentemente, se habían hecho de la vista gorda y ya sobre sus cochinos helicópteros. También se enteraron de que la feliz multiplicación de los dineros de los señores y las señoras del poder estaba tan coludida como en armonía con la feliz multiplicación de los dineros de los otros señores del poder, esos que eran muy mal vistos. Hasta se enteraron de que las elecciones -y las reformas y los discursos y la quesque democracia y las quesque libertades y así- nomás eran parte del pan y del circo y que los señores y las señoras del poder muy feliz y patrioteramente se había hecho de la vista gorda en todo cuanto habían podido. Y a la gente común y corriente se le ocurrió que ya estaba bueno de inocentes vistas gordas y de cochinadas y demás.

Y que se enojan los señores y las señoras del poder. Y que también se enojan los otros señores del poder mal vistos, así nomás, por el puro gusto de enojarse. ¿Cómo que la gente común y corriente no estaba de acuerdo con el muy democrático y muy feliz reparto de las riquezas y de los dineros en esta chulada de país tan patriótico? ¿Cómo que la gente común y corriente pensaba que sus soberanos (uuupppsss, perdón: "gobernantes"...) se habían quedado bien ciegos a puros palos de cochina vista gorda? ¿Cómo que los señores y las señoras del poder eran requete buenos amigos de los otros señores del poder, esos que eran muy mal vistos y que estaban muy, pero muy enojados? ¡Pamplinas! ¡Falso de toda falsedad! Los señores y las señoras del poder trataron de convencer a la gente común y corriente -con más pan, con más circo, con muchísimos billetes y hasta con hartas balas- de que estaba en el error y, sobre todo, de que ellos y ellas nada tenían que ver con los otros señores del poder, esos que eran mal vistos tan patrioteramente, esos quesque se habían aparecido, así nomás, un buen día. Prometieron otra vez, se deslindaron de todos los apátridas habidos y por haber y se volvieron a hacer de la vista gorda, gordísima. Hicieron investigaciones exhaustivas para culpar a quién sabe quién de quién sabe qué; llegaron hasta las últimas, patrioteras y cochinas consecuencias quién sabe cómo; e incluso hicieron más elecciones, tan bonitas como el bonito país en el cual reinaban (zas… "en el cual gobernaban"…) muy feliz e inocentemente. Los señores y las señoras del poder también hicieron votos de limpieza y de transparencia y pretextaron que ellos no tenían la culpa de nadita de nada: este rechulo país era un remanso de democracia, estabilidad y progreso, sépanlo bien, ¡inconformes e ingratos desestabilizadores! Pero nadie les creyó. Y, mientras tanto, los otros señores del poder, esos que eran muy mal vistos, de a tiro enloquecieron: aprovecharon la ceguera de sus amigos y amigas del poder y se pusieron a explotar, desaparecer y matar a la gente común de este bonito y tranquilo país así, como quién no quiere la cosa y como si no hubiera futuro en la tal patria inventada. Total: si los señores y las señoras del poder siempre se hacían de la vista gorda y ya, ¿por qué ellos no? Si los señores y las señores del poder podían tirar al mar desde sus cochinos y patrióticos helicópteros a los (muy, pero muy contados) necios inconformes y luego seguir haciéndose de la vista gorda tan, pero tan inocentemente, ¿por qué ellos no? Pero la gente común y corriente ya estaba organizada: ya no estaban las cosas como para que los señores y las señoras del poder les dieran atole con el dedo y con una sonrisa ciega, cochina y feliz y, encima, como para andar aguantando que los otros señores del poder enloquecidos, muy mal vistos y muy enojados, hicieran y deshicieran y así.

Otro buen día, este bonito país -pero chulo de bonito, de veras- se despertó convertido en una fea, cochina y maloliente fosa clandestina. La gente común y corriente se dio cuenta de que este país en realidad era muy feo y de que había sido feo, feísimo, desde hacía mucho, pero mucho tiempo. A partir de entonces y a pesar de los ríos de sangre que les llegan hasta el cuello, los señores y las señoras del poder hacen como que no ven nada: están muy ciegos, muy cochinos y muy ocupados cuidando su justo y tan democrático reparto de un país que todavía creen que es muy bonito y muy estable y muy así quién sabe cómo. También están muy ocupados cuidándose sus patrioteras espaldas -no vaya a ser la de malas- y, de paso, cuidando las espaldas de los otros señores del poder, tan enloquecidos y tan enojados, esos que son muy mal vistos y de quienes todavía siguen siendo muy buenos amigos. Desde ese día en que todos amanecimos entre cráneos fracturados, cuerpos desmembrados, cenizas, horror y dolor, la gente común y corriente de este feo y cochino país que había sido muy, pero muy bonito se dedica a resistir y a luchar, porque parece que los otros señores del poder, además de muy mal vistos, enojados y locos, están requete envalentonados con tantísimos años de vista gorda por aquí y por allá y por todos lados. Desde ese triste día, incluso desde mucho, mucho tiempo atrás, la gente común también está tratando de hacer que los señores y las señoras del poder recuperen la vista y, si se puede, hasta un poquito de su dignidad perdida, tantita nomás. Aunque este feo país -que alguna vez fuera una chulada de paz, estabilidad y progreso- rezuma cadáveres, corrupción, impunidad y otras cosas más feas y horribles, los señores y las señoras del poder, muy inocentemente, se empeñan en seguir haciendo como que no ven nada, nadita. Total: siempre podrán darle atole con el dedo a la gente común y corriente o tirar al mar, desde sus muy cochinotes y tan patrioteros helicópteros, a los desestabilizadores ingratos (poquitos, poquitos que son, de veras) que siguen con sus necedades y que quieren hacerle daño al muy democrático reparto de un país tan bonito, de un lindo país que, encima y por inconformes, se atreven a pensar que es, de a tiro, muy, pero muy feo. Parece que los señores y las señoras del poder nomás se aferran a seguir reinando (ay, sí cierto: "gobernando"...) sobre las ruinas de su tal invención patriotera, de lo que algún día fuera un país tan rechulo, transformado ahora en fea y maloliente fosa clandestina gracias a todos esos años en que cochinamente se hicieron de la vista gorda, gordísima, y ya...

viernes, 21 de noviembre de 2014

Las envidias de Don Fede


Lamentablemente, en ciertos sectores del periodismo mexicano, la cosecha de leladas nunca se acaba. Me parece muy preocupante que el nivel de la discusión de un problema de interés público, como resulta investigar e informar sobre la procedencia de la casa de Angélica Rivera en Las Lomas, haya naufragado tan penosamente en una cuestión de -agárrense porque les puede dar un infarto- pura, llana y cochina "envidia". Es más: esa cochina envidia resulta ser la causa última de todos nuestros males… Esta columna (sic) del periodista (recontra sic) Federico Arreola parece escrita por un fan adolescente de La Gaviota y a lo largo de sus líneas agoniza la esperanza de que algunos opinadores de profesión hagan el mínimo esfuerzo por responder a sus críticos con inteligencia, elegancia y generosidad. Una advertencia: si se descuidan tantito, leer el texto de Don Fede publicado en SDP Noticias hará sangrar sus ojitos de tanta tontería impunemente lanzada al ciberespacio. Han sido advertid@s

Respetadas @elisaalanis y @AristeguiOnline veo resentimiento en muchas críticas a Angélica Rivera, por Federico Arreola [Desde el título, yo veo… gracias a mis fantásticos poderes psíquicos, claro está… ¡harta bobería!] 

La famosa J. K. Rowling dijo: “La grandeza inspira envidia. La envidia engendra rencor. Y el rencor genera mentiras”. [Sobre advertencia no hay engaño: ¿cómo podrá continuar y terminar una quesque columna si inicia con esta referencia? Ay, Don Fede: al menos hubiera citado a Yoda cuando dijo eso de que "el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento" y tú no quieres eso Luke Skywalker o, de perdis, las sabias palabras del difunto tío de Peter Parker: con un gran poder viene una gran responsabilidad…]
Ustedes, Carmen y Elisa, son mujeres maduras, equilibradas, profesionales. Las dos se dedican al periodismo, lo que hacen con honestidad. Ustedes no envidian ni conocen el rencor. Ustedes no mienten. [O sea, ¿cómo? Está usted tratando de ser irónico, Don Fede?] 
Lo único que guió a Carmen Aristegui en su reportaje sobre la casa de Angélica Rivera fue la pasión por su oficio, el periodismo. 
Y lo que llevó a Elisa Alanís a criticar lo que escribí sobre el trabajo de Aristegui fue la necesidad de defender el trabajo periodístico de Carmen. [Oiga Don Fede, ya revélenos el tip sobre cómo hace usted para meterse tan eficientemente en las cabezas ajenas y poder leer sus intenciones a distancia. Ha de ser algún hechizo tipo Harry Potter, ¿no?]
Para ti, Elisa, la señora Aristegui hizo un gran reportaje y yo, en tu opinión, me equivoqué al cuestionarla.
Pues bien… [Esotéricos puntos suspensivos que apuntan hacia… ¡la revelación del crush que Don Fede ha tenido con La Gaviota desde el siglo pasado!]
Les voy a explicar a ustedes dos [muchachitas insolentes, ash...] qué es lo que me molesta de toda esta historia: que se haya desatado una lamentable persecución, hasta un linchamiento de la señora Angélica Rivera [¿neto? ¿Lincharon a La Gaviota como hicieron con Murillo Karam? ¡¿Cómo es posible?! Ah, pero segurito que fue en redes sociales, sin sangre ni descalabros...], no tanto por las sospechas, que pueden ser legítimas y seguramente lo son acerca de sus inmuebles, sino más bien porque representa algo que en México es odiado: el éxito. [Hhhmm, Don Fede, como que esta generalización no tiene mucho sentido que digamos. A ver, dígame: ¿qué tiene que ver la legítima sospecha con la presunta corrupción con el mexicanísimo odio hacia la representante plenipotenciaria del éxito al estilo Televisa (no, no tú, Vero Castro, sino Doña Angélica)? Ya sé, Don Fede, que se lo han dicho muchas veces, pero me veo obligada a decírselo de nuevo: sea claro y sea serio, por favor.]
Angélica Rivera es bella, es inteligente, es famosa internacionalmente, es elegante, triunfó en la televisión, ha ganado mucho dinero, estuvo casada con un hombre rico, se divorció y ahora su marido es el apuesto presidente de México. [¿De veras, Don Fede? ¿Así nos llevamos? Ta güero: sí, le concedo eso de que La Gaviota es guapa, medio listilla, algo conocida en un par de lugares más allá de nuestro terruño y hasta elegante (pos cualquiera puede ser medianamente elegante con el alud de producción de que ella dispone). Pero, ¿desde cuándo es una virtud envidiable -o algo parecido- triunfar en la tele, ganar harto varo, casarse con y divorciarse de un señor rico y tener un marido presuntamente guapo y presuntamente presidente?] 
Sobran razones para envidiar y, por lo tanto, para odiar a Angélica Rivera. [Aajajjajajajjajjajajajjajajjaajajajaaaa… *cae de la silla y queda noqueada por tanta sagacidad y clarividencia*]
Conste, no estoy hablando del reportaje de Carmen. Tampoco, desde luego, de la videocolumna de Elisa. [Tons, ¿de qué demonios está hablando, Don Fede? ¿Para qué titula la columna como la titula si a la hora de la hora no tiene nada que ver con Carmen ni con Elisa ni con el trabajo de ambas?] Estoy hablando de todas esas personas que han aprovechado un material periodístico interesante para exhibir su resentimiento. [Ahhh, ya se reveló el hilo negro: ¡malditos resentidos aprovechados! Segurito que son proles y hasta perniciosos desestabilizadores anarquistas, de esos marginales que odia Soraya Montenegro… Y ahora, con ustedes, una lista de halagos (¿?) digna de cualquier chismógrafo de secundaria en 5, 4, 3, 2, 1…] 
Sí, a la señora Rivera la odian por bella. [Ay, de veras, ¡cómo son! No la odien por su arrolladora belleza, envidiosos de quinta. Ella no tuvo nada que ver con eso, ¡échenle la culpa a sus papás, a su maquillista estrella o a sus cirujanos!]
Sí, a la señora Rivera la odian por inteligente. […]
Sí, a la señora Rivera la odian por famosa en México y en el extranjero. [Recordemos las contribuciones a la alta cultura nacional -qué va, ¡planetaria!- de La Gaviota en joyitas como Muñecos de Papel Gracias Angélica por poner el nombre de México tan en alto, snif...]
Sí, a la señora Rivera la odian por elegante. [Porque la elegancia es indispensable cuando tooodooo lo demás -la sensibilidad y esas cosas- está ausente.]
Sí, a la señora Rivera la odian por haber triunfado profesionalmente. [Como que sus sólidos argumentos ya se están ablandando, ¿no cree Don Fede? Y repitiendo...]
Sí, a la señora Rivera la odian por haber ganado mucho dinero. [*Bosteza en forma monumental*]
Sí, a la señora Rivera la odian por haber estado casada con un hombre rico. [O sea, ¿cómo? ¿Qué está tratando de decir tan, pero tan repetitivamente, Don Fede? Con estas declaraciones suyas, se abre la puerta para muchas especulaciones: ¿está usted insinuando que una mujer debe aspirar a casarse con un hombre rico porque eso es social y hasta moralmente deseable, o nomás porque las viejas tenemos una pinche naturaleza envidiosa, trepadora e interesada? ¿Que si una mujer no se casa con un hombre rico, es más, si ni siquiera se casa, resulta una pobre loser marginal que tristemente desaprovechó su condición de potencial "dueña y señora de la casa"? ¿Que una mujer necesariamente tiene que odiar a cualquier otra que se haya casado con un hombre rico porque -sépanlo bien, envidiosas proletarias- el dinero no es la felicidad, pero cómo aliviana? Oiga, nomás por curiosidad, ¿sabe, aunque sea de oídas, que existe una cosa llamada feminismo y otra que le dicen discurso de género? Digo, nunca es tarde para aclararlo...]
Sí, a la señora Rivera la odian porque su actual marido es el presidente de México. [Más bien son las masoquistas las que la han de envidiar y odiar harto, con eso de las presuntas golpizas frecuentes y así… Insisto: no encuentro ni un ápice de sentido en este argumento (sic) suyo de odiar a alguien porque esté casado con alguien más. Como que lo que dice responde a la escala de valores elitistas, dramatiquísimos y superficiales de las muy exitosas y lucrativas telenovelas mexicanas, ¿no le parece Don Fede?]
Y no estoy hablando de la calidad, la objetividad y el valor del reportaje de Carmen, a la que considero una gran periodista incapaz de mentir. Tampoco estoy hablando de la sinceridad con la que Elisa se expresa en su videocolumna. [Chale… Oiga Don Fede, si no está hablando de esto ni de aquello ni de lo de más allá, ¿qué objeto tienen estas líneas?] 
Estoy hablando, nada más, [gracias por la precisión… en el último párrafo de una letanía de tontadas…] de uno de los grandes males de México, que es la causa de muchos otros terribles males de la nación: el resentimiento que genera envidia y lleva al odio que ahora tanto nos divide y amenaza como sociedad. [¿De veras, Don Fede? ¿Neto que ésta es su deslumbrante conclusión? En función del desafortunado contenido de sus líneas, permítame hacerle una humilde recomendación, Don Fede: usted lo que necesita es dejar de ver las comedias de La Gaviota con las cuales nos deleita el canal TLnovelas de cable. Me da la impresión de que todo el tiempo que ha empleado viendo telenovelas le ha dado un horizonte medio machín, frívolo y bastante limitado a la hora de tratar de defender a la señora Gaviota de las hordas de envidiosos resentidos que nomás se dedican a odiarla porque no tienen nada mejor que hacer. Considérelo, por favor… Le hará un bien a su psique, tan traqueteada que se nota.]


Meme de Soraya Montenegro, cortesía de GeneradorMemes.com

jueves, 20 de noviembre de 2014

Carta a los "anormales" como yo. Sobre el clasismo, los izquierdistas y el odio de Carlos Alazraki

Estimados "anormales" del mundo entero: estaba yo tranquilamente revisando las noticias hoy en la mañana cuando me encontré con esta gran, gran joya del clasismo y la babosada: una cartita del Sr. Carlos Alazraki (a quién tal vez recuerden por estas declaraciones de a tiro racistas) dirigida a los "mexicanos normales" en la cual puntualiza cómo las variopintas fuerzas "izquierdistas" y necesariamente "anormales" están jodiendo al país, así nomás, por el puro placer que joder provoca. Ayer comenté aquí un texto en el mismo tenor de esta carta que me resultó… deficiente, pongámoslo así, en su argumentación. Pero lo que escribe el Sr. Alazraki de veras que se vuela la barda: es una completa porquería, no sólo por su estilo telegráfico (¿una forma para evitar tener que hilar mínimamente sus protoargumentos?) sino porque resulta un discurso de odio digno de la más burda retórica nazi de "nosotros" contra "ellos". Esta carta, publicada en el diario La Razón de México, irónicamente carece de toda razón. Así que para estar a la altura de la discusión conceptual y del análisis coyuntural que plantea este señor, me conformo con aportar varias acotaciones superficiales en el texto original de dicha carta. Total, lo que menos parece importarle al Sr. Alazraki es la inteligencia, mucho menos mostrar un poco de sensibilidad frente a la legítima indignación que muchos compartimos.  

Carta dirigida a los mexicanos normales (como tú), por Carlos Alazraki
Estimados mexicanos normales: [¿Esos que son como uno, we? ¿Gente bien y así? ¿Mirrreyes y mirrreynas de familias de abolengo? (Lobukis y otras nenukis obvi que no, porque son unas nacas consumadas, aaassshhh…) ¿Devotos del emprendedurismo sin adjetivos, del metrosexualismo cosmopolita o del estridentismo trasnochado? O sea, ¿quiénes son los "normales" en este cuento, pues?]
Finalmente, ya salió el peine. [¿Cuál peine? A mi me parece que lo que ha salido finalmente a las calles -y no sólo en nuestra burbujita del DF- son miles de personas hartas, entre muchas otras cosas, del clasismo y desprecio con que algunos opinadores de profesión los califican y descalifican…] 
Finalmente, ya está claro quiénes son los comemierdas [sic profiláctico, no se me vayan a enfermar...] que buscan de cualquier forma hacerle daño a México. [MEEEXIIICOOO, siempre fiel… Se vale echarse una lagrimita por la patria mancillada… ¿Desde cuando, Sr. Alazraki, hay un sólo "México" indefenso al cual las buenas consciencias, como supongo que se piensa usted, tienen que defender de oscuros enemigos que, ahora resulta, también son coprófagos? ¿No será el "México" de los intereses económicos y políticos de unos cuantos cimentado en las desgracias de millones al cual usted quiere defender? Ay, no, ¿verdad? Si ese México nomás existe en las cabecitas desestabilizadoras, cochinas y "anormales" de la prole… Que quede muy, pero muy claro: comer caca no está cool.]
Finalmente, ya sabemos quiénes son. Finalmente, ustedes ya saben que todos nosotros sabemos quiénes son los que están armando este desmadre gigantesco. [Ustedes saben que nosotros sabemos que ellos suponen que los otros pensaban que unos cuantos intuían que se iba a armar el gran zafarrancho. Más claro, ni el agua.]
Y obviamente, también sabemos el porqué lo están haciendo. [Aplausos…]
Empecemos con los antecedentes. [Muy bien: soy toda oídos…] En este año que termina, las dos Cámaras aprobaron democráticamente [recontra sic] varias reformas para que el país progrese. [Porque, ¿a que "anormal" lelo subhumano no le interesa, por sobre todas las cosas, el progreso de su patria, aunque nunca le toque y nunca lo haya visto reflejado en su vida diaria? Ay, de veras que esta gentuza antiprogresista es de lo peor…] 
Todos los mexicanos en paz [y desde 2006, más de cien mil en la paz de los sepulcros, hay que anotar], excepto los izquierdistas anarquistas. [Ahora sí ya salió el peine, Sr. Alazraki. Esos "anarquistas", ¿son herederos del pensamiento de Faure o de Bakunin o fans de los Sex Pistols o primos de Anonymous o nomás porros encapuchados? Y, ¿a poco todos los "izquierdistas" son "anarquistas" y viceversa? ¿No habrá por ahí también algunos izquierdistas comunistas, comunistas socialistas, socialistas progresistas, progresistas marxistas, marxistas indignados y así? Total, a nadie le interesa la precisión conceptual, aún menos cuando uno puede usar impunemente el término "comemierdas" sin ningún empacho (no es broma escatológica, ¿eh?) y dejarse de asépticas florituras analíticas.] 
Así es.
A raíz de estas reformas, muchas organizaciones sindicales —enemigas del progreso— además de medios de comunicación y periodistas en la radio y la prensa —también enemigos del progreso— han tratado hasta lo imposible de darle en la madre a nuestro país. [Exacto, Sr. Alazraki: todos sabemos que el progreso (por supuesto que en abstracto) es bueno y que el retroceso es malo y que únicamente los "anormales" inmorales e inconscientes están incapacitados genéticamente para distinguir entre progreso y retroceso (perdónalos por su estupidez heredada, oh ¡Dios mío!) y que por eso son unos "comemierdas" que no tienen idea de lo que les conviene, ni siquiera a la hora de comer, y nomás se dedican a darle en la madre a la Santísima y traqueteada patria y urgentemente necesitan gente como usted para mostrarles el camino del bien, no se diga en términos de sus puercos hábitos alimentarios.]
Han hecho de todo. Y a pesar de toda la violencia empleada, afortunadamente para nosotros...
¡No lo lograron! Hasta aquí, todo normal. [O sea, ¿cómo? Ya me perdí en su argumentación (sic) Sr. Alazraki: eso de que "han hecho de todo" y "no lo lograron", ¿significa que se fueron a confesar por sus pecados antiprogresistas, pero el padre no los recibió porque estaban encapuchados? ¿Que trataron de alimentarse saludablemente y no les alcanzó el varo? ¿Que votaron por el Peje y son unos resentidos de que Peña haya ganado una elección tan limpia y ejemplar? ¿Que no saben vestir con estilo porque son unas bestias sin clase ni educación? Explíquese, Sr. Alazraki, por favor...]
Ellos tratan y no pueden. Hasta que… [Chan, chan, chaaan…]
Hace 46 días, dos bandas de estudiantes y narcos de Iguala se madrearon entre sí.
Las versiones difieren. [Y su simplificación de los acontecimientos de veras que es de una galanura que avergüenza. Hela aquí:]
Que la familia Abarca mandó asesinar a uno de los grupos, porque iban a boicotear a su mujer por segundo año consecutivo en su informe del DIF.
Otra versión, que eran dos bandas que se odiaban hasta la muerte. 
Que una era una guerrillera y la otra de narcos.
Que una quería ser la líder en toda la comarca. [A mi se me hace, Sr. Añazraki, que le faltó incluir a un actor decisivo para el desenvolvimiento de los hechos: Frodo Baggins, sí, ese chaparrito del anillo, y su banda de hobbits "anormales". Segurito que ellos también son unos viles narcos y hasta comen caca… ¡guácalas!] 
Y etcétera. [Wow, esta frase sí que condensa la precisión de su razonamiento. Impecable, Sr. Alazraki, impecable… salvo por los malditos "comemierdas" que le encochinan todito el texto…]
Sí, un problema local que terminó en una desgracia nacional. 
Que terminó en un drama terrible.
En fin, a sabiendas que esta bronca era una bronca local, las izquierdas anarquistas de Morena, Bejarano y Padierna, la CNTE, la Ceteg, el EPR, el SME y demás organizaciones y sindicatos han aprovechado perfectamente la oportunidad para volver a intentar desestabilizar a nuestro país. [¿De veras? La estabilidad esa a la que alude, ¿es la que según se vive en las tierras lejanas de Lomas de La Herradura? ¿En los mundos telenoveleros de la publicidad? ¿O a la que aspiran los guerrerenses desde el siglo pasado? Y, por cierto, ¿desde cuando Morena, Bejarano y Padierna son "izquierdas anarquistas"? Del EPR sí se la creo, en una de esas hasta del SME, pero de las pseudo izquierdas institucionales y partidistas, pos la verdad no...]
Sus actos son muy claros. [Tan, pero tan claros como su "explicación" de lo que pasó en Iguala, Sr. Alazraki...]
Los normalistas muertos les valen absolutamente madres. Ellos han aprovechado la desgracia de estas pobres familias para volver a intentar joder al país. [Sr. Alazraki, permítame hacerle una pregunta un poco ociosa: ¿qué significa para usted que estos perniciosos "anormales" -que encima parecen ser depravados sexuales- quieran "joder al país"? Ya me di cuenta de que lo suyo no es el rigor conceptual, eso está clarísimo, pero, ¿a qué se refiere con "joder"? Estas quesque "izquierdas anarquistas", ¿se quieren "tirar" a la patria y hasta a los Niños Héroes? ¿Quieren "violar" al Estado de Derecho (sic)? ¿Buscan "cojerse" a los ciudadanos de bien y de buenas costumbres y corromperlos con sus indecibles mamadas? ¿Todas las anteriores?]
Las periodistas y los periodistas vendidos, están tratando de convencer a la sociedad de que este gobierno es una basura sin serlo. [En efecto, Sr. Alazraki: este gobierno (el federal, supongo) no es una basura, simplemente es inepto, cínico, corrupto y autoritario. Y, de paso, por favor quítele esa coma que separa sujeto y predicado en su frase anterior.]
Sobre todo tratando de convencer a la sociedad ignorante. [Por eso, los "anormales" como yo estamos necesitados de opiniones tan bien informadas como la suya para que iluminen nuestra genética, aunque de todas formas imperdonable pendejez, ¿verdad?] Estas organizaciones sindicales quieren y buscan a toda costa, convertir a México en un gobierno totalitario. [Ah, chingá: ¿cómo llegamos al totalitarismo? Lo suyo, Sr. Alazraki, de veras que no es la construcción de argumentos medianamente lógicos. Lo que sí le sale muy bien es imputar intencionalidades por doquier. En fin...] Y se nota que esta vez no se darán por vencidos.
Ya inventaron que esta desgracia es culpa del Gobierno Federal.
Ya inventaron que la Secretaría de Gobernación tampoco puede y que la PGR menos.
Estimados comemierdas:
Maldigo la hora en que se convirtieron en sindicato. [¿Cómo? ¿El EPR es ahora un sindicato? ¿También Morena?]
Maldigo la hora en que nacieron. Son unos asesinos. [A ver, a ver, Sr. Alazraki, ora sí que ya no le entiendo nada: primero se queja, me parece, de que unos "comemierdas" cualquiera, porque no dice cuáles, anden inventando cuentos chinos y le achaquen al gobierno federal la desaparición forzada y el presunto asesinato de los 43 normalistas de Ayotzinapa (porque, obvi we, no tuvo nadita que ver, ni para procurar justicia...); luego, me da la impresión de que usted transforma mágicamente al EPR, a Morena, a Bejarano y Padierna y a todo aquel que se deje en perverso sindicato "izquierdista" (o sea, ¿cómo le hizo? ¿Que sortilegio incoherente empleó para ello?); y, al final, sigue echando maldiciones gitanas (uuuuuppppsss, perdón por la incorrección política…) a quién sabe cuáles "comemierdas" porque son unos asesinos de quién sabe quién. Mejor me quedo con su certera y lapidaria condena: quien jode a la patria, aunque sea simbólicamente, merece la muerte o, al menos, merece no haber nacido. Eso sí me quedó muy claro; todo lo demás, como que no...]
Odian a México. Ya para terminar, les recuerdo que la violencia genera violencia. [Supongo que a usted la violencia verbal le tiene sin cuidado, ¿verdad, Sr. Alazraki? De lo contrario cuidaría un poquitín sus palabras…]
No se espanten si el Gobierno federal reacciona. [¿Cómo? ¿Está amenazando a los "anormales" que se atrevan a hacer uso de su derecho a la protesta para salir a las calles y manifestarse por lo que muchos vivimos como una larga lista de agravios legítimos? Mire, Sr. Alazraki: el horno no está como para bollos. Su apología de la represión de Estado, su odio a los "comemierdas" que, de acuerdo con su carta, a su vez "odian" a México y su implícito desprecio por los "anormales" (como yo, snif…) están más cerca del pensamiento totalitario que supuestamente usted critica que de un estado de libertades y derechos en el cual muchos aspiramos vivir. Le diría que calladito se ve más bonito, pero eso, Sr. Alazraki, sería atentar contra su libertad de expresión: todos somos completamente libres (al menos) para publicar cualquier sarta de pendejadas, ¿no cree?]