martes, 13 de septiembre de 2016

La reversibilidad gay desde la fe

Desde la fe -ese semanario católico de información y formación (ejem, ejem) que histórica(y a veces histérica)mente arrea al rebaño hacia el camino de la Iglesia Católica y de los diezmos, entre otras cosas- publicó en su sitio web el domingo 11 de septiembre de 2016 una suerte de entrevista (o diatriba, o relato admonitorio, o regaño quesque bien intencionado, o... quién sabe qué) intitulado "No se nace homosexual", escrito por uno de sus reporteros, Vladimir Alcántara. Dado el interés nacional de la discusión sobre esa entelequia que cuesta mucho hallar empíricamente, es decir, sobre la santísima familia natural, Desde la fe hace el favor de aclararnos en este artículo la raíz de todas las confusiones de quienes abogan por la igualdad de derechos: para empezar, ser gay es una condición reversible y, por lo tanto, no es normal que los homosexuales se casen y adopten si con poquititita voluntad y hartísima fe pueden regresar felizmente a la bendita heterosexualidad. Lo normal es ser heterosexual y casarse como (el) Dios (católico) manda, ¡sépanlo bien, antinaturales apóstatas antifamilias que pretenden que la gente anormal tenga derechos! 

Ante tanta salvajada, en homenaje a Por mi madre, bohemios y para documentar nuestro optimismo, me permito comentar el susudicho artículo o, más bien, destrozarlo entre risa y carcajada con mis sesudas y muy laicas opiniones entre corchetes y en morado. Aquí el texto íntegro de "No se nace homosexual" (nomás le puse italícas donde correspondían), porque, estimados lectores y apóstatas colados, hay que enfatizar que no estamos como para andar transformando aquello que somos al nacer: ¡somos bebés y se acabó! Ni se les ocurra desarrollar una personalidad, filias y fobias; acuérdense que no nacieron para eso, ni tampoco para amar [snif de la R.].

No se nace homosexual
Vladimir Alcántara

Richard Cohen, Director de Positive Approaches To Healthy Sexuality (PATH) [porque, no se confundan queridos lectores y perversos apóstatas, la sexualidad es un asunto tan simple que únicamente hay UN camino verdadero y deseable, todo lo demás es chaqueta mental; lo mismo va para el género], ha dedicado sus últimos 26 años de vida a trabajar con personas que se sienten atraídas por otras del mismo sexo, pero que en el fondo [en el fondo de... ¿sus arraigadas y muy arbitrarias convenciones sociales y culturales?] desean llevar un estilo de vida heterosexual, casarse, tener hijos y formar una familia [¿a poco ser heterosexual es un estilo de vida como ser runner, "darks" o vegano/a?]; o simplemente llenar un vacío que no han podido llenar con ese modo de vida. [Pos si se trata de llenar vacíos, es ampliamente conocido -y muy recomendado por el capitalismo- que comprar zapatos o comprar, así nomás porque sí, funciona muy bien.] El psicoterapeuta, quien en el pasado tuvo varias parejas hombres, habla para Desde la fe sobre la homosexualidad, sus causas y consecuencias, y algo muy interesante y poco sabido: sobre su carácter reversible. [¿Será esta teoría una chafísima y catoliquísima [catoloquísima, corrige la R. entre insidiosa y servicial] versión de la fluidez de los géneros y las sexualidades de Judith Butler? ¿Será? ¿Será una adaptación, plagio o falta de comillas presidenciales de la reversibilidad de lo femenino tipo Jean Baudrillard? ¿Qué será, pues? Ilumínanos con tu luz y tu conocimieto, Desde la fe.]

Cohen, por principio de cuentas, aclara que respeta y tiene aprecio por los miembros de la comunidad LGBT [aquí nadie está discriminando o menospreciando a nadie, ¿eh? Que quede bien clarito, malpensados y conspiranoicos lectores y apóstatas de lo peor que les acompañan...], con quienes se siente hermanado, pues sabe, por propia experiencia, lo que es ser objeto de ataques y actos discriminatorios por el hecho de ser homosexual.  

Sin embargo, señala que, de acuerdo con la Asociación Americana de Psicología, no hay evidencias que permitan concluir que la homosexualidad esté determinada por la genética hormonal [recontrasic, ¿neto existe la "genética hormonal"? A lo mejor es una novedosísima área de investigación inventada... inaugurada, quise decir, por el prestigioso trabajo de Mr. Cohen] u otro factor particular, por lo que no se puede decir que se nace con inclinaciones homosexuales. [Así como tampoco hay evidencias, salvo las de Mr. Cohen y algunos médicos nazis, de que la terapia de conversión sexual -que es precisamente lo que propone Mr. Cohen- realmente funcione. Hasta Wikipedia lo sabe y la propia Asociación Americana de Psicología NO la recomienda y considera que puede ser dañina. Pero dejemos que Mr. Cohen -a través del camarada Vladimir Alcántara- siga argumentando, tan elocuentemente como sólo él sabe hacerlo.]

Refiere que en el pasado tuvo varias parejas hombres, entre ellas una con la que duró tres años. Se sentía totalmente atraído por los hombres, pero en el fondo de su alma [¿no habrá querido decir "en el fondo de la heteronormatividad que habita en lo más recóndito de su psique y que nunca, pero nunca dejó de joderle"?] quería casarse con una mujer y tener familia. “Actualmente llevo 36 años de casado con mi hermosa esposa y tenemos tres niños maravillosos. Mucha gente me decía: ‘tú no puedes cambiar; naciste gay y sólo acéptalo’; pero al final quedó demostrado que el cambio es posible. [¡Claro! ¡El cambio es posible! ¡Ni que fuéramos imágenes de santos o crucifijos! Todos podemos cambiar: ahí están incontables hombres y mujeres trans para dar testimonio de su cambio. La R. que recomienda al respetable ver el documental Morir de pie de Jacaranda Correa.] Así como yo, hay muchas personas inconformes con sentirse atraídas por personas del mismo sexo, quienes anhelan llevar un estilo de vida heterosexual, porque hombres y mujeres están diseñados heterosexualmente, hombres y mujeres ajustan a la perfección desde la perspectiva biológica, que el cambio de homosexual a heterosexual es posible. ¡Ocurrió en mi caso!” [¡Por supuesto! ¡La biología lo explica todo! ¿Escucharon eso, condenadotes apóstatas? La cultura, la historia, la ideología y la sociedad qué... Es una verdad incuestionable que hombres y mujeres son como tornillos y tuercas, como piezas de Lego o Tetris que embonan súper bien. ¿Por qué buscarle más combinaciones a lo que "naturalmente" sólo tiene una opción? ¡Que necedad con la diversidad, ash!]

A Richard Cohen le llevó años entender la razón de su debilidad [¡maldita carne débil, tan tentadora, tan pecadora y, encima, tan gay!] o gusto por los hombres; pero llegó el tiempo en que pudo descubrir los factores que, en su caso particular, lo predispusieron a esa condición. [A ver, Mr. Cohen, ilústrenos con su conocimiento revelador y, parece ser, catoliquísimo aunque usted haya crecido en una familia judía y luego se haya convertido a la Iglesia de la Unificación... Aquí están los detalles. Pseudo psicoanálisis de alguien que no tiene licencia para ser terapeuta en 5, 4, 3, 2, 1...] “Hubo una falta de unión con mi padre y un apego excesivo hacia mi madre; había abuso físico por parte de mi hermano mayor, y abuso sexual por parte de mi tío; pero algo de lo más importante es que tenía yo un temperamento hipersensible. [Porque obvi que la hipersensibilidad no tiene que ver nomás con el sol o con el gluten...] Si hubiera algo genético o biológico en la homosexualidad, sería la hipersensibilidad [¿pos no que no había nada genético ni biológico en la homosexualidad?]; el chico o la chica hipersensibles pueden ser fácilmente heridos, el chico con frecuencia por la lejanía del padre, y la chica por la de la madre; ya sea por un distanciamiento real o por una mala interpretación de ellos mismos [mala interpretación la que usted nos está ofreciendo de la homosexualidad, Mr. Cohen], pero esta percepción se transforma en su realidad, y es muy probable que busquen ese amor inalcanzado en los brazos de una persona del mismo sexo”. [Y, ¿no podría ser también muy probable que buscaran el amor en los brazos de alguien del sexo opuesto? Yo nomás pregunto...]

Señala que después de entender estos factores, le llevó otro tiempo prolongado sanar las heridas que lo habían condicionado a vivir una vida homosexual [porque, no se hagan bolas queridos lectores y cochinos apóstatas que nomás ven de lejitos: la homosexualidad no es más que un condicionamiento del cual uno se puede descondicionar...]; y fue a través de experiencias de amor reparadoras por parte de personas heterosexuales que su atracción a personas del mismo sexo fue disminuyendo, al tiempo que comenzaba a tener deseos heterosexuales. [¿Está usted sugiriendo, Mr. Cohen, que no existen "experiencias de amor reparadoras" en un contexto homosexual? Chiaaaleeee... Luego por qué le cancelan sus conferencias, aquí la nota.] “Gracias a esa efectiva terapia de mis amigos, yo experimenté una profunda transformación en mi corazón. [Dale con el corazón y el alma, que, por cierto, NO TIENEN SEXO, así de ese sexo biológico de penes y vaginas con el cual se trata de justificar y explicar todito, todo.] Sentí entonces un llamado de Dios para realizar un grado de maestría en Psicología y ayudar a otros a superar la atracción por personas del mismo sexo”. [¡Ajá! El hilo negro ya apareció: que ciencia ni que terapia ni que nada, ¡esto es un discurso religioso!]

Richard Cohen asegura que, durante sus 26 años de labor como psicoterapeuta, ha ayudado a miles de hombres y mujeres homosexuales alrededor del mundo a llevar una vida heterosexual. Además ha asesorado a cientos de padres de familia para que sepan cómo amar a sus hijos cuando manifiestan inclinaciones homosexuales, y ha capacitado para ayudar a personas a superar su tendencia homosexual, a unos 6 mil psicólogos, psiquiatras, clérigos y líderes religiosos en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. [¿Vieron, pérfidos apóstatas? Cuando se quiere se puede: eso de dejar de ser gay es cuestión de decisión, disciplina y oración, ¡sépanlo bien y dejen de andar exigiendo derechos!]

Un punto importante que aclara Richard Cohen es que las relaciones sexuales nunca son suficientes para llenar el vacío que sienten quienes llevan una vida homosexual [y, ¿las relaciones sexuales heterosexuales sí llenan el vacío o cómo? ¿El vacío ese del que habla, Mr. Cohen, es exclusivamente para homosexuales?], que lo que deben hacer es trabajar sobre dos aspectos trascendentales: sanar aquellas heridas irresueltas del pasado, y reconocer que su condición de homosexual se ha originado de un deseo surgido en la infancia, de obtener aceptación y amor, y no de una necesidad sexual. [Changos, ya me confundí... Mr. Cohen, ¿habla usted de amor, de autoestima, de psicología infantil, de sexo, de dogmas católicos, de expectativas sociales y familiares o de qué demonios?] “Detrás de un homosexual hay un niño dolido por un sentimiento de rechazo, o por falta de amor; y lo que menos necesita para llenar ese vacio es una relación sexual, porque un niño no necesita tener sexo, sino alcanzar un cariño que le fue negado, tener experiencias saludables de amor”. [Supongo que estamos de acuerdo en que un niño no necesita sexo, tampoco una niña. Me pregunto, Mr. Cohen y Desde la fe, si le habrán sugerido terapia de conversión sexual al Padre(cito) Maciel... Tal vez no se les ocurrió porque Maciel nomás era pederasta y es bien sabido que eso se "cura" con un coscorrón, harta introspección en solitario y un conveniente cambio de parroquia...]

Señala que a lo largo de más de cinco lustros como terapeuta, ha visto cuatro tipos de clientes con orientación homosexual que buscan un cambio: personas jóvenes que anhelan la heterosexualidad; personas casadas que, por amor a sus hijos, desean abandonar sus deseos homosexuales; personas que con frecuencia intentan relacionarse con gente del sexo opuesto, pero sin éxito, y finalmente quienes sienten que su estilo de vida es incompatible con sus creencias religiosas o espirituales. [Y el rechazo y la persecución y la discriminación y el bullying naaadaaa tienen que ver con que alguien quiera dejar de ser gay, ¿verdad? La R. que intenta, infructuosamente, complejizar la tipología de Mr. Cohen.]

Cohen ha tenido grandes éxitos [¿así de grandes como los de JuanGa? La R. que se regodea en su chistorete...] ayudando a mucha gente a resolver su problema de homosexualidad y cumplir sus sueños heterosexuales. [¡¿Sueños heterosexuales?! La R. que casi se cae de la risa... ¿Qué sigue? ¿Cumplir los sueños de fama y fortuna de los "conversos" de Mr. Cohen?] “Personalmente, he tenido un 85 por ciento de efectividad en el trabajo. [Es bueno saber que siempre habrá un 15% de casos perdidos que ni cómo hacerle.] A través de un programa que explico en mi libro Comprender y sanar la homosexualidad, la gente puede lograr un cambio de adentro hacia afuera. No se trata de un simple cambio de comportamiento, sino de identificar las causas de esa orientación sexual, para resolver después cada tema. Mediante un proceso de sanación que se detalla, se disiparán los deseos homosexuales y emergerán los heterosexuales”. [Porque, estimados lectores y apóstatas necios que andan merodeando por ahí, es bien sabido que los deseos son como fumarolas o, más bien, como llamaradas de petate que con soplarles tantito ya se esfuman...]

Además de Comprender y sanar la homosexualidad, Richard Cohen ha publicado otro libro intitulado Hijos gay, padres heterosexuales, en el que enumera 12 principios para padres inconformes con la orientación sexual de un hijo. [Creo que aquí el texto revela, muy a su pesar, que a veces los verdaderos "inconformes con los deseos homosexuales" son los papás de los hijos y no los hijos...] “Hay muchos casos en que los padres no soportan tener un hijo con inclinaciones homosexuales, por lo que es importante conocer los pasos a seguir para ayudarlos a cumplir con su verdadero potencial sexual [recontrasic. ¿¡Potencial sexual?! ¿Qué carajos es eso? ¿Es como el potencial creativo o humano pero para el sexo? Mr. Cohen, ¿está usted sugiriéndole a los lectores de Desde la fe que exploren y exploten su potencial sexual hasta el cansancio, hasta la saciedad o hasta dónde? ¿No será eso una mala idea, Mr. Cohen, incluso pecado? La R. que casi, casi desfallece y está a punto de santiguarse, pero por el enorme despropósito en el uso del término "potencial sexual"]; los padres necesitan estar cerca de sus hijos, y las madres cerca de sus hijas [armen ya sus clubes de Toby y Lulú, ¡insidiosos apóstatas! ¿No ven que ahí yace la solución de todo lo que atenta contra la familia y la sociedad y la Iglesia y la civilización y el orden y el progreso?], es uno de los puntos más importantes, una sencilla recomendación que se vuelve cada vez más compleja en la medida en que pasan los años. 

En mi tercer libro –señala Cohen–, Abriendo las puertas del armario, ofrezco ideas prácticas para que cualquier persona pueda entender y resolver el dilema homosexual frente a la Iglesia y la cultura actual. “También hay padres que deben dejar de culparse por las inclinaciones homosexuales de un hijo, para evitar compensar de manera inadecuada, y poder comenzar a amarlo de una forma correcta”. [O sea, ¿cómo? ¿Son culpables o no los padres de las inclinaciones homosexuales de sus hijos? ¿O nomás son la "causa" de tales inclinaciones, aunque ni se den cuenta? Todos esos años de no pelar a los chamacos, ¿explican su homosexualidad? ¿O, tal vez, los padres aman a sus hijos de a tiro "mal" y por eso éstos se "vuelven" gay? ¡Les dije que no habían nacido para amar, pero no me escucharon! ¿Qué pasó con la efectividad comprobada de los clubes de Toby y Lulú? Mr. Cohen, decídase de una vez.]

Finalmente, Cohen envía un mensaje a todas aquellas personas que desean resolver su atracción hacia el mismo sexo: “No dejen que nadie estorbe su camino, no crean cuando la gente dice: ‘No puedes, debes resignarte’. [¿Oyeron eso, cochinos apóstatas? ¡Que nadie les diga que deben resignarse a andar así, como si nada, exigiendo derechos para la gente necia que se empeña en no querer cambiar su perversa homosexualidad que nomás busca destruir a la gran familia mexicana (y, de pasadita, también a la sacrosanta e infalible Iglesia Católica)!] Tú desecha esa renuncia, sigue a tu corazón y nunca claudiques; si yo pude, también tú. Y cuando lo logres, ayuda a otros. ¡Sé Jesús para ellos!” [Por Dios, ¡Yisus! ¡Ya saliste a colación! Ay, Yisus, seguramente estás leyendo estas líneas pensando: ¿por qué me meten en asuntos sobre los cuales nunca prediqué?]

¿Quién es Richard Cohen?

Richard Cohen es licenciado en Psicología Terapéutica por la Universidad de Antioch y la Universidad de Boston. Es psicoterapeuta [sin licencia, ya lo dijo la R. que (casi) siempre hace precisiones muy útiles para el lector y la lectora] y educador, y uno de los mayores expertos en el campo de la reorientación sexual al ser terapeuta y, a la vez, haber experimentado la transición desde la homosexualidad a la heterosexualidad.

domingo, 4 de septiembre de 2016

El demonio neón

Así como ya sabemos que le depara el destino a Nomi Malone (Elizabeth Berkley) cuando llega a Las Vegas en Showgirls (Paul Verhoeven, Francia / Estados Unidos, 1995), podemos imaginar las dificultades que enfrentará Jesse (Elle Fanning), protagonista de El demonio neón (The Neon Demon, Nicolas Winding Refn, Francia / Dinamarca / Estados Unidos, 2016), al arribar en Los Ángeles procedente de algún lugar en Georgia. Lo mismo aplica para Betty Elms (Naomi Watts) en Mulholland Drive (David Lynch, Estados Unidos, 2001): una chica pueblerina, más o menos ingenua y con harta sed de triunfo, seguramente encontrará algún alma caritativa que le ayude a sortear los desafíos de la gran ciudad mientras trata de alcanzar su sueño de fama y fortuna en el mundo del showbiz gringo. Pero, inevitablemente, las envidias, maldades y sucios trucos no se harán esperar porque la irrupción de esta fresh-faced girl en la competencia encarnizada del showbiz levantará (bajas) pasiones entre sus colegas, ya sean las más veteranas y colmilludas o las jóvenes medio desencantadas que comienzan a hartarse de todo lo que implica el numerito del éxito.  

Con base en esta premisa tan, pero tan trillada, El demonio neón construye una suerte de película de horror psicológico (según dicen Wikipedia y el marketing) para contarnos la increíble, triste y presuntamente terrorífica historia del paso fugaz de Jesse por el mundo de la moda. Y digo "una suerte de" porque el ritmo de esta película es desigual y su tono poco definido, lo cual es mi principal objeción con respecto a ella. Cuidado porque lo que sigue contiene varios spoilers.

Jesse, pues, llega a Los Ángeles y con bastante facilidad y rapidez logra un contrato en una prestigiosa agencia de modelos: tiene ese je ne sais quoi tan codiciado por la industria de la moda, un je ne sais quoi enfatizado hasta la saciedad en la película y que se resume simplonamente en ser demasiado joven, bastante inocente y muy bella. Jesse conoce a la maquillista Ruby (una extraordinaria Jena Malone) quien le presenta a otras dos modelos: Gigi (Bella Heathcote), plástica a más no poder, y Sarah (Abbey Lee), una chica atribulada porque cree que su inminente obsolescencia en la industria se avecina. La fascinación lésbica de Ruby por Jesse y los celos profesionales que despierta en Gigi y Sarah son evidentes: como dice Sarah, ¿quién prefiere la leche agria cuando puede comer carne fresca? Después de una exitosa pasarela, Jesse abraza el poder que su belleza le ha otorgado y, lógicamente, a Ruby, Gigi y Sarah sólo les queda una alternativa: comerse a Jesse enterita y bañarse en su sangre.

En términos formales, El demonio neón es espectacular: la fotografía de Natasha Braier es deslumbrante, así como el diseño de producción de Elliott Hostetter. La extraodinaria música original a cargo de Cliff Martínez -colaborador habitual de Refn- es el eslabón más sólido en el intento, fallido a mi parecer, de Refn por construir esa atmósfera ominosa, enigmática y hasta siniestra propia del terror psicológico, cuyo maestro indiscutible es Lynch. El demonio neón fracasa en lo que It Follows (David Robert Mitchell, Estados Unidos, 2014), esa verdadera joyita del cine indie de terror, logra con creces: la creación de un mundo pesadillesco y perturbador, familiar y bizarro a la vez, para el cual el alucinante soundtrack de Disasterpeace resulta pieza clave.

En otras palabras, la estructura narrativa, el ritmo y el tono de El demonio neón palidecen frente a su sólida propuesta audiovisual dado lo largo, aburrido y hasta anodino de muchas de sus secuencias, enmarcadas, es cierto, por un inicio y un final trepidantes. Prueba de ello es el desenlace de la trama, un auténtico shocker no tanto por la sangre y las vísceras a cuadro, sino porque resulta un poco gratuito. Si bien a lo largo de El demonio neón hay algunas referencias al hecho de que Jesse se convertirá en alimento para una industria que engulle, mastica y escupe a la gran mayoría de quienes tratan de "hacerla" en ella, la secuencia final literalmente nos lo muestra sin haber creado la atmósfera adecuada para que dicha secuencia sea efectiva y no meramente risible. He aquí más spoilers: tras cenarse a Jesse, Sarah acompaña a Gigi a una sesión fotográfica. En ésta, el fotógrafo-del-momento-con-cara-de-pocos-amigos-y-que-sólo-responde-a-su-arte Jack (Desmond Harrington) es seducido por el je ne sais quoi que devoró Sarah y que exuda hasta por la mirada. Jack despide a una de las modelos y le pide a Sarah que tome su lugar. Gigi comienza a sentir un malestar que la hace abandonar el set y se retira al baño donde vomita, entre otras cosas, un ojo de Jesse. Es posible que tanto je ne sais quoi crudo le haya sentado muy mal, nunca lo sabremos, pero Gigi opta por clavarse unas tijeras en el abdomen porque dice que debe sacarse a Jesse de las entrañas. Frente a este escena sangrienta, sólo parte del labio superior izquierdo de Sarah reacciona. Naturalmente (es lo que una haría en una situación similar, ¿no?), Sarah recoge el ojo vomitado, lo engulle como quien no quiere la cosa mientras una solitaria e inexpresiva lágrima desciende por su cara y vuelve al set, soberbia y muy profesional, como si nada. Fin.

No sé si fue el pequeño psicópata que vive dentro de mi quien se carcajeó al ver esta escena final (que de todas formas me parece genial precisamente por ser absurdísima) o si en realidad la conclusión de El demonio neón es tan inesperada y fuera de lugar que causa risas nerviosas y asquito en lugar de asombro. Asombro, pasmo y terror absoluto es lo que ocasiona -aguas, porque aquí viene otro spoiler de otra película- la escena en la cual Black Phillip, la cabra esa diabólica de La bruja (The Witch. A New-England Folktale, Robert Eggers, Estados Unidos / Canadá, 2015), le pregunta a Thomasin (Anya Taylor-Joy) qué es lo que desea. El demonio neón, pues, no logra este efecto en su audiencia: tal vez le falta todo el humor negro que Starry Eyes (Kevin Kölsch y Dennis Widmyer, Estados Unidos, 2014) explota y explora, otra película indie de horror que aborda el mismísimo tema de El demonio neón, pero cuyo buen timing hace que sus escenas gore (y miren que son varias y bien rudas) sean completa y disfrutablemente efectivas.

Si de dar estrellas se trata, El demonio neón tiene 3 de 5. 



Trailer, cortesía de Movieclips Trailers en YouTube.

sábado, 22 de noviembre de 2014

(No tan) breve historia de la impunidad

Hace muchos, muchos años, en un país muy bonito y así, unos señores -porque en ese tiempo las señoras qué- se hicieron del poder. Culparon a otro señor por todos los males del lindo país, lo mandaron lejos, muy lejos, junto con su señora, y luego se dedicaron a reinar (ay, perdón, quise decir: "a gobernar") en nombre de una tal patria que ellos mismos se inventaron. Ocurría que, a veces, estos señores del poder se peleaban entre sí, pero no había disputa que no pudieran solucionar con billetes, con balas, arrimándose para salir en la foto o nomás haciéndose de la vista gorda y ya. El bonito país progresaba de lo lindo y hasta varias señoras, no sólo las señoras de los señores del poder, empezaron a reinar (me confundí de nuevo: "a gobernar"). Todo iba perfecto en este país tan, pero tan bonito: las promesas de los señores y las señoras del poder parecían bien bonitas y bien patrióticas; el rechulo país, sus riquezas y también sus dineros estaban muy bien repartidos entre quienes lo guiaban por el buen camino de la estabilidad; se hacían felices elecciones de vez en cuando y la gente común y corriente se entretenía con pan y circo. Pero de repente, aparecieron así, como de quién sabe dónde, unos cuantos desestabilizadores inconformes (poquitos nomás) de la tal patria inventada que se atrevieron a querer hacerle daño a este país tan en calma y tan en paz porque no estaban nadita de acuerdo con su muy democrático reparto, por lo que los señores y las señoras del poder mejor los tiraron al mar desde un helicóptero y, muy inocentemente, se hicieron de la vista gorda, gordísima. Y nadie dijo nada, igual y porque nadie se enteró o porque mucha gente común siguió el progresista y muy patriótico ejemplo de sus soberanos (no, no, no: "gobernantes") y también se hizo de la vista gorda y ya.

Resultó que un buen día, otros señores, poderosos y billetudos, aparecieron así, como si nada, en este bonito país. Estos otros señores se dedicaban a comerciar drogas, lo cual era muy mal visto en la tal invención de patria, por lo que los pobrecitos inocentes se sentían un poco excluidos del muy justo y tan, pero tan democrático reparto de este país muy tranquilo y tan estable. Pero a estos otros señores mal vistos se les ocurrió una gran y estupenda idea: ponerse de acuerdo con los señores y las señoras del poder para que ese lindo reparto de este lindo país también los incluyera a ellos y así los dineros de todos crecieran y se multiplicaran en feliz y patriótica armonía. Los otros señores -junto con algunas otras señoras- y los señores y las señoras que reinaban (ay, no es cierto: "que gobernaban"…) en este país tan, pero tan chulo de bonito, se hicieron muy buenos amigos. Se entendieron perfecto porque se hablaban en millones de dólares y así. A veces ocurría que los otros señores mal vistos también se peleaban entre sí -y hasta se peleaban con toda la gente común que se dejara- pero no había disputa que no pudieran solucionar con billetes, con balas o haciéndose los que nunca se habían aparecido en este bonito país, gracias a la feliz e inocente ayuda de sus amigos y amigas del poder. Total: los señores y las señoras del poder eran requete buenos para hacerse de la vista gorda y ya. La estabilidad y la calma y obvio que el patriótico progreso de este bonito país eran tan bonitos como indudables. Por ahí, muy de vez en cuando y como quién no quiere la cosa, había ajustes de cuentas y así, gente común que desaparecía y demás, y hasta aparecían algunos (muy contados, contadísimos) desestabilizadores apátridas que seguían de necios queriendo hacerle daño al muy justo reparto de esta chulada de país, pero como que a los señores y las señoras del poder todas estas cosas no les importaban mucho que digamos. Total: siempre podían tirar al mar desde un patriótico helicóptero a quienes no estuvieran conformes con tanta paz y con tanto progreso. Y aunque nadie dijo nada, la gente común y corriente como que empezaba a olerse que algo muy, pero muy cochino estaba pasando desde hacía mucho tiempo y como que ya no les alcanzaban la indiferencia, el cinismo y el patriotismo inventado como para seguir haciéndose de la vista gorda y ya.

Un buen día, en alguna de las muchas montañas olvidadas de este país tan estable y tan en paz y, sobre todo, tan bonito, resultó que la gente común y corriente empezó a organizarse. Creyeron que tenían derechos y dignidad y que los señores y las señoras del poder ya se habían pasado de lanza. Creyeron que los otros señores, muy mal vistos por una invención patriotera, también se habían pasado de lanza. A partir de entonces, más gente común y corriente de las ciudades y de otros lados también empezó a organizarse porque parecía que ya se había vuelto muy, pero muy difícil hacerse de la vista gorda, así, como si nada. La gente común se dio cuenta de que los señores y las señoras del poder algo escondían -algo muy cochino, cochinísimo- y desde hacía mucho tiempo. Como que la gente común y corriente se dio cuenta de que las promesas de sus soberanos (ay, quise decir: "gobernantes"…) nunca se habían hecho realidad: eran puro atole con el dedo, igualito que su tal patria inventada. Mucha gente común y corriente de este bonito y estable país se enteró de que los señores y las señoras del poder habían tirado al mar a unos cuantos (poquitos, muy poquitos) apátridas desestabilizadores inconformes y que, muy inocentemente, se habían hecho de la vista gorda y ya sobre sus cochinos helicópteros. También se enteraron de que la feliz multiplicación de los dineros de los señores y las señoras del poder estaba tan coludida como en armonía con la feliz multiplicación de los dineros de los otros señores del poder, esos que eran muy mal vistos. Hasta se enteraron de que las elecciones -y las reformas y los discursos y la quesque democracia y las quesque libertades y así- nomás eran parte del pan y del circo y que los señores y las señoras del poder muy feliz y patrioteramente se había hecho de la vista gorda en todo cuanto habían podido. Y a la gente común y corriente se le ocurrió que ya estaba bueno de inocentes vistas gordas y de cochinadas y demás.

Y que se enojan los señores y las señoras del poder. Y que también se enojan los otros señores del poder mal vistos, así nomás, por el puro gusto de enojarse. ¿Cómo que la gente común y corriente no estaba de acuerdo con el muy democrático y muy feliz reparto de las riquezas y de los dineros en esta chulada de país tan patriótico? ¿Cómo que la gente común y corriente pensaba que sus soberanos (uuupppsss, perdón: "gobernantes"...) se habían quedado bien ciegos a puros palos de cochina vista gorda? ¿Cómo que los señores y las señoras del poder eran requete buenos amigos de los otros señores del poder, esos que eran muy mal vistos y que estaban muy, pero muy enojados? ¡Pamplinas! ¡Falso de toda falsedad! Los señores y las señoras del poder trataron de convencer a la gente común y corriente -con más pan, con más circo, con muchísimos billetes y hasta con hartas balas- de que estaba en el error y, sobre todo, de que ellos y ellas nada tenían que ver con los otros señores del poder, esos que eran mal vistos tan patrioteramente, esos quesque se habían aparecido, así nomás, un buen día. Prometieron otra vez, se deslindaron de todos los apátridas habidos y por haber y se volvieron a hacer de la vista gorda, gordísima. Hicieron investigaciones exhaustivas para culpar a quién sabe quién de quién sabe qué; llegaron hasta las últimas, patrioteras y cochinas consecuencias quién sabe cómo; e incluso hicieron más elecciones, tan bonitas como el bonito país en el cual reinaban (zas… "en el cual gobernaban"…) muy feliz e inocentemente. Los señores y las señoras del poder también hicieron votos de limpieza y de transparencia y pretextaron que ellos no tenían la culpa de nadita de nada: este rechulo país era un remanso de democracia, estabilidad y progreso, sépanlo bien, ¡inconformes e ingratos desestabilizadores! Pero nadie les creyó. Y, mientras tanto, los otros señores del poder, esos que eran muy mal vistos, de a tiro enloquecieron: aprovecharon la ceguera de sus amigos y amigas del poder y se pusieron a explotar, desaparecer y matar a la gente común de este bonito y tranquilo país así, como quién no quiere la cosa y como si no hubiera futuro en la tal patria inventada. Total: si los señores y las señoras del poder siempre se hacían de la vista gorda y ya, ¿por qué ellos no? Si los señores y las señores del poder podían tirar al mar desde sus cochinos y patrióticos helicópteros a los (muy, pero muy contados) necios inconformes y luego seguir haciéndose de la vista gorda tan, pero tan inocentemente, ¿por qué ellos no? Pero la gente común y corriente ya estaba organizada: ya no estaban las cosas como para que los señores y las señoras del poder les dieran atole con el dedo y con una sonrisa ciega, cochina y feliz y, encima, como para andar aguantando que los otros señores del poder enloquecidos, muy mal vistos y muy enojados, hicieran y deshicieran y así.

Otro buen día, este bonito país -pero chulo de bonito, de veras- se despertó convertido en una fea, cochina y maloliente fosa clandestina. La gente común y corriente se dio cuenta de que este país en realidad era muy feo y de que había sido feo, feísimo, desde hacía mucho, pero mucho tiempo. A partir de entonces y a pesar de los ríos de sangre que les llegan hasta el cuello, los señores y las señoras del poder hacen como que no ven nada: están muy ciegos, muy cochinos y muy ocupados cuidando su justo y tan democrático reparto de un país que todavía creen que es muy bonito y muy estable y muy así quién sabe cómo. También están muy ocupados cuidándose sus patrioteras espaldas -no vaya a ser la de malas- y, de paso, cuidando las espaldas de los otros señores del poder, tan enloquecidos y tan enojados, esos que son muy mal vistos y de quienes todavía siguen siendo muy buenos amigos. Desde ese día en que todos amanecimos entre cráneos fracturados, cuerpos desmembrados, cenizas, horror y dolor, la gente común y corriente de este feo y cochino país que había sido muy, pero muy bonito se dedica a resistir y a luchar, porque parece que los otros señores del poder, además de muy mal vistos, enojados y locos, están requete envalentonados con tantísimos años de vista gorda por aquí y por allá y por todos lados. Desde ese triste día, incluso desde mucho, mucho tiempo atrás, la gente común también está tratando de hacer que los señores y las señoras del poder recuperen la vista y, si se puede, hasta un poquito de su dignidad perdida, tantita nomás. Aunque este feo país -que alguna vez fuera una chulada de paz, estabilidad y progreso- rezuma cadáveres, corrupción, impunidad y otras cosas más feas y horribles, los señores y las señoras del poder, muy inocentemente, se empeñan en seguir haciendo como que no ven nada, nadita. Total: siempre podrán darle atole con el dedo a la gente común y corriente o tirar al mar, desde sus muy cochinotes y tan patrioteros helicópteros, a los desestabilizadores ingratos (poquitos, poquitos que son, de veras) que siguen con sus necedades y que quieren hacerle daño al muy democrático reparto de un país tan bonito, de un lindo país que, encima y por inconformes, se atreven a pensar que es, de a tiro, muy, pero muy feo. Parece que los señores y las señoras del poder nomás se aferran a seguir reinando (ay, sí cierto: "gobernando"...) sobre las ruinas de su tal invención patriotera, de lo que algún día fuera un país tan rechulo, transformado ahora en fea y maloliente fosa clandestina gracias a todos esos años en que cochinamente se hicieron de la vista gorda, gordísima, y ya...