lunes 9 de noviembre de 2009

De las razones de un desvelo sostenido

Para Hafiza, porque a pesar de que
vaya que el gusto se rompe en géneros,
su fiesta de cumpleaños fue todo un éxito...


Después de más de 15 años de no vernos, el viernes vinieron a casa amigos del siglo pasado con quienes compartí ese primer año de universidad que tan definitorio resulta. Entre vino tinto, ron y cantidades industriales de cigarros, hablamos de lo que lógica y nostálgicamente se habla en este tipo de reuniones: anécdotas de todos colores, recuerdos propios y ajenos y, sobre todo, reconstrucciones polémicas de aquéllos tiempos (
en el caso de las historias compartidas la memoria juega trucos en apariencia descabellados porque, ¿quién puede tener la completa certeza de qué fue lo que en realidad ocurrió?). También hablamos de cuando los caminos se bifurcaron y cada quien tomó el suyo, del "¿¡qué ha sido de tu vida en todos estos años!?" que tanta curiosidad provoca e invariablemente termina sorprendiendo. A estas alturas del partido, la vida ha consistido en bodas, bautizos y divorcios, chambas variopintas y renuncias (forzadas o voluntarias), cambios de domicilio y vocación y todo aquello que pasa cuando uno ya empieza a contar las décadas en lugar de los años. Justo en el momento cumbre de la reunión convertida en gran reventón alguien dijo algo a lo que yo respondí: "eso merece una entrada en mi blog", pero ahora he olvidado quién lo dijo y qué fue (porque, de lo contrario, hubiera escrito una conversación al estilo de las que ya he publicado aquí). Algo mordaz sobre los fracasos matrimoniales de D (o sobre el gay que lleva dentro); algo chusco sobre la adscripción política blanquiazul de C y cómo lo explotan en su trabajo; algo serio y consternado sobre los anhelos de auto exilio de E o algo sobre... El caso es que D, N y yo acabamos compartiendo algo más que la cama (y comprobando que, por lo menos, dentro de D si habita un pequeño bisexual que sale tímidamente y muy de vez en cuando) y entre tanto trajín pudimos dormir hasta las 8 am.

***

El sábado llegaron a casa J y M: vienen de rolar por el sureste y piensar continuar su viaje después de una breve estancia en el DF. 17 horas de camino impidieron que J y M se animaran a ir a la Fiesta del Siglo. Y vaya que la Fiesta del Siglo hizo honor a su nombre: contó con un set de música de 8 horas en el cual se recopilaron solo algunas de las canciones favoritas (de 1900 a 2009) de quienes si escribieron y mandaron una lista de complacencias (¡cuánto me arrepiento de no haber hecho la mía!). Yo había dormido unas tres horas pero no podía faltar: entre la curiosidad de saber cuáles eran las rolas, quién las había pedido y la añoranza de ver a mis amigos más queridos, hice acopio de valor y llegue a la cita. Fui muy feliz escuchando a Gershwin, Nina Simone y John Coltrane; cuando llegaron los setenta bailamos y bailamos desde ABBA hasta los Doors. Para reavivar una tradición que estaba a punto de perderse, hicimos nuestro clásico karaoke coreográfico de Bohemian Rhapsody. T y E se batieron en un fabuloso duelo dancístico con Another brick in the wall. Todo iba muy bien hasta que, a eso de las 4 am, llegaron los 90 y comenzó la pesadilla. La mayoría de los invitados ya se había ido para entonces porque el reven parecía más maratón que otra cosa. Quienes nos quedamos estábamos un poco fastidiados por el cansancio o por haber escuchado ya varias rolitas que nomás no nos gustan o, de plano, por los efectos del consumo excesivo del alcohol, aunados a lo que ya empezaba a ser una cruda monumental. Seis rolas dance y ver contonearse a K casi me provocan un infarto o, por lo menos, daño cerebral irreversible. También me hicieron preguntar: pero, ¿dónde andaba en los noventa que no reconozco esta música? Afortunadamente, el inicio de este siglo fue genial: un poco de rai, otro tanto de balkan music, Delfin hasta el fin (muchas de las canciones del set eran chistes locales) y mi descubrimiento de Soulwax (gracias K: ¡si que te reivindicaste después de hacerme sufrir tanto!) me ayudaron a seguir bailando hasta la última canción que sonó pasaditas las 7 de la mañana. Resultado de la Fiesta del Siglo: regresé a casa a las 8 am...



... justo cuando J y M estaban despertando. Tomamos te (yo seguí fumando) y platicamos. Ya para las 9 am mi estado era deplorable: como hasta este fin de semana llevaba casi seis meses de monasticismo y exilio de interiores, tanto reven y trajín hicieron que me retirara a mis aposentos a pesar de que la conversación estaba muy buena. Me desperté a medio día porque supuestamente tenía (y tengo) muchas cosas que hacer (léase: primer capítulo de la tesis). Mis intenciones de trabajar tuvieron una corta vida: L llamó por teléfono y salí a comer con algunos de los supervivientes de la Fiesta del Siglo. Regresamos a casa para lo que creí sería una tranquila tarde dominguera de te y galletitas pero una cosa llevó a la otra y de nuevo acabó en desvelo. Después de la retirada del contingente de valientes que sobrevivieron a la Fiesta del Siglo, M, S y yo nos quedamos platicando sobre las curiosidades del lenguaje y las peculiaridades del encontronazo entre culturas. Como M es alemán, S y yo intentamos hacerle justicia a la riqueza de los albures y la chingada (no crean que nos albureamos a M, solo le dimos algunas ideas al respecto) y hasta aprendí a decir "vamos a trifulquear ahora" en lengua germana: Lass uns jetzt streiten!!! A pesar de mis ánimos trifulqueadores, nuestras disquisiciones madrugadoras llegaron a su fin casi a las tres. Lo más interesante del asunto es que es muy probable que esta semana olvide el monasticismo, cuelgue los hábitos y deje la austeridad del claustro: teniendo aquí a J y M solo por unos días más se me hace mala onda no sacarlos de reven... ayyy...

Música cortesía de MASS1MO0.

martes 3 de noviembre de 2009

Segundas partes nunca fueron buenas: el caso de Donnie Darko y S.Darko

Donnie Darko (2001) es una mis películas favoritas. Escrita y dirigida por Richard Kelly, esta cinta que mezcla de manera muy afortunada varios géneros -ciencia ficción, misterio y hasta thriller psicológico- se convirtió rápidamente en un clásico de culto. Y no es para menos: vean nada más que cosa tan maravillosa:



Esta es una de las primeras secuencias de la cinta [1]. Podría dar la impresión de ser la típica película gringa de estudiantes de high school que uno ya ha visto hasta el cansancio (con ver a Drew Barrymore a cuadro basta para suponer eso), pero no. Corre el año de 1988: Donnie (un Jake Gyllenhaal estupendo) es un adolescente atribulado que confunde la realidad con la fantasía, padece sonambulismo y siente que la vida no tiene sentido. Está obsesionado con la posibilidad de viajar en el tiempo y con un tal conejo Frank [2], bastante macabro por cierto, que lo visita en sueños y visiones para advertirle de la llegada del fin del mundo en exactamente 28 días, 6 horas, 42 minutos y 12 segundos. Sus padres, obviamente consternados, lo mandan a terapia solo para descubrir que Donnie podría tener otro brote psicótico: al pobre ya le habían diagnosticado esquizofrenia antes. Encima de todo esto, una noche cae en casa de los Darko la turbina de un avión, destrozando por completo el cuarto de Donnie quien, debido a su sonambulismo, estaba durmiendo plácidamente en un campo de golf.

Donnie trata de encontrar algún sentido entre tanto sinsentido, al tiempo que sus alucinaciones cada vez se ponen más densas; es un chico sensible e inteligente pero pareciera que la vida es demasiado absurda como para hallarle el gusto. En su clase de Inglés, Donnie conoce a Gretchen (Jena Malone) e inmediatamente se identifican. Ella también parece tener una vida difícil: su madre se divorció de su padrastro porque éste intentó matarla y aún está fugitivo, por lo que Gretchen espera que lo peor pase en cualquier momento.

Ya no les contaré más de Donnie Darko [3]. De verdad merece la pena verla. Dicen que el Director's Cut, que aún no veo, es todavía mejor. Solo diré dos cosas: que Donnie Darko resulta una crítica punzante a la hipocresía del mundo adulto y que su reconstrucción de finales de los ochenta, vía un soundtrack fabuloso, es verdaderamente excelente [4]: además de Head over heels de Tears for Fears también incluye The killing moon de Echo & the Bunnymen, Notorious de Duran Duran, Under the milkyway de The Church y Love will tear us apart de Joy Division. De lo que si quiero hablar es de la secuela de Donnie Darko, la muy trasnochada y nadita recomendable S.Darko (Chris Fisher, 2009). He aquí el trailer:



Después del trailer ya no es necesario ver S.Darko; es más, estos 2 minutos con 24 segundos son mucho más claros e inteligibles que la propia película: así de mala es. Con razón Richard Kelly se deslindó por completo de este proyecto. S.Darko supuestamente da seguimiento a la historia de Donnie a través de su hermana Sam (Daveigh Chase, quien retoma su papel de la primera cinta). Ahora es 1995: Sam ha crecido y junto con su amiga Corey (Briana Evigan) emprende el viaje de Virginia hacia California para convertirse en bailarina profesional. El viaje se interrumpe cuando su auto sufre un desperfecto que deja a las chicas varadas en Conejo Springs (wtf???), Utah. Mientras esperan a que Randy (Ed Westwick), un misterioso galán de pueblo, arregle el auto, Sam empieza a tener sueños extraños y visiones en las que ella misma le indica a Justin (James Lafferty), un joven y loco veterano de la Tormenta del Desierto, que el mundo se va a acabar en 4 días, 17 horas, 26 minutos y 31 segundos. ¡Otra vez la burra al trigo (pero ahora con muchísimo menos tiempo para hacer algo, si es que algo se puede hacer ante la inminencia del armageddon)!

Es inútil tratar de resumir la trama de esta película. Tendría que contarles casi todo lo que pasa y no quiero aburrirlos con tanta monserga [5]. S.Darko explota infinidad de paralelismos con la película que, en teoría, le dio origen, pero no hay un hilo conductor coherente y al final deja varios cabos sueltos. Además de los conejos malignos, el sonambulismo y la curiosidad por viajar en el tiempo que Donnie inexplicablemente hereda a su hermana Sam, S.Darko también tiene un incendio: mientras que en Donnie Darko se quema la casa del super positivo y buena onda (pero muy perverso) motivador profesional Jim Cunningham (el recientemente finado Patrick Swayze), la Iglesia del sospechosito Padre John Wayne [6] (Matthew Davis) arde en llamas en S.Darko; también hay una fiesta, con todo y escenas de chavos disfrazados brincando en un tumbling, aunque más chafa que la de Donnie Darko; también hay marquesinas que despliegan los títulos de las películas del momento -The last temptation of Christ en Donnie Darko y Twelve Monkeys en S.Darko-; y en la secuela también hay (más de) un fatal accidente automovilístico, como sucede en su antecesora.

El soundtrack de S.Darko es decepcionante, gris y triste: no se si fue por cuestión de derechos o qué, pero si se trataba de ambientar 1995 rolas como You oughta know de Alanis Morissette, Connection de Elastica, la versión de Sweet dreams de Marilyn Manson, High & dry de Radiohead, Sour times de Portishead y hasta Kiss from a rose de Seal (nomás por mencionar seis) brillan por su ausencia. Sobre todo creo que parte del éxito de Donnie Darko, además de un impecable guión, radica en la gran actuación de Jake Gyllenhaal, quien tampoco aparece en esta presunta secuela. Daveigh Chase podría muy bien ser un clon de Belinda, por parecérsele físicamente y por no ser una actriz sobresaliente; como resultado, Sam luce perdida y ausente durante toda la película y nunca logra expresar esa mezcla de locura y vulnerabilidad que hicieron memorable a Donnie como personaje. Si de dar estrellas se trata, S.Darko merece, viéndose buena onda, menos dos estrellas.

NOTAS
1. Y tal vez una de las pocas secuencias de la cinematografía mundial en que me parece muy efectiva -y no efectista- la combinación del uso de la cámara lenta y la rápida.
2. Que resulta graciosísimo si uno recuerda al Mago Frank y a su inseparable compañero, el conejo Blas.
3. Aunque el trailer que están por ver revela dos tres cosas sobre el final de Donnie Darko...
4. Sobre todo para aquellos que, como yo, precisamente estaban en tercero de secundaria en ese glorioso año de 1988. Ah, ¡que recuerdos!
5. Para eso sirve Wikipedia: pica aquí y podrás leer en inglés casi casi el guión de S.Darko.
6. ¿Gacy? ¿Será el nombre de este personaje una tétrica referencia al infame asesino serial de jóvenes y adolescentes John Wayne Gacy? ¿Será que S.Darko explica así lo inexplicable de los niñitos que Sam encuentra encerrados en una mina? Vaya usted a saber...

Clip de Donnie Darko, cortesía de oggywoggy.
Trailer de S.Darko, cortesía de foxabulous.

lunes 2 de noviembre de 2009

Mapplethorpe: otra entrada sobre arte y moralidad

Creo que tras darle muchas vueltas, por fin descubrí de qué trata la tesis que estoy escribiendo. Por fin me cayó el viente, pues. Supongo que es un proceso normal y necesario emplear más tiempo en descifrar el abordaje preciso del tema que en escribir propiamente. Despues de mucho leer, pensar, pelearse con uno mismo y con quien esté a la mano, hasta el asesor o la asesora (caso que, por fortuna, no ha sucedido esta vez: amo a Eva, mi asesora de tesis), finalmente la claridad llega al tesista. Y dicen que es un buen ejercicio escribir en unas cuantas líneas aquello sobre lo que uno está investigando. De no poder hacerlo, entonces aún existe un veinte que no ha caido y el desdichado tesista debe seguir leyendo, pensando y trifulqueando con su entorno inmediato.

La pregunta que espero responder para esta tesis, aunque sea preliminar y contingentemente, es: ¿por qué (y cómo: ahí yace el desarrollo de la tesis) un juicio estético se equipara a un juicio moral? O sea: ¿por qué, en infinidad de casos, se transita tan chabacanamente de decir "esta película (o pintura o foto u obra de teatro o libro) no me gusta" a escandalizarse o censurarla porque es mala, maligna o cualquier otro adjetivo que denote maldad, no solo por lo que se critica en la factura de la hipotética cinta, sino por lo que se percibe como su depravadísimo "mensaje"? La tesis que estoy escribiendo es pues sobre el escabroso tema del arte y la moralidad.

Para muestra basta un botón: un caso que no entrará en la tesis, porque corresponde a otro arte, la fotografía, pero que definitivamente me encanta: el de un pobre libro que fue llevado a juicio a finales de los noventa del siglo pasado en Birmingham. Una estudiante de la Licenciatura en Arte en la University of Central England estaba escribiendo un ensayo sobre el premiado fotógrafo americano Robert Mapplethorpe (Nueva York 1946 - Boston 1989), reconocido por sus naturalezas muertas, sus retratos de celebridades como Patti Smith y Andy Warhol y por sus desnudos masculinos eróticos. La estudiante decidió incluir algunas fotografías de Mapplethorpe para acompañar su escrito. Nunca se imaginó que, al llevar a revelar las fotos que ella había tomado de algunas de las fotos en el libro Mapplethorpe de Jonathan Cape, el empleado de la tienda fotográfica llamara a la policía.

Después de confiscar el libro en cuestión, que la estudiante había sacado de la biblioteca de su universidad, la policía informó a las autoridades de ésta que el texto debía ser destruido porque infringía la Ley de Publicaciones Obscenas en vigor en el Reino Unido, la cual censura cualquier material que pueda “corromper” a quien lo use. El argumento de la policía se concentraba alrededor de una serie de fotografías en particular: Jim and Tom, Sausalito 1977, tríptico que presenta “a un hombre orinando en la boca de otro, emulando el tema barroco de la ‘Caridad Romana’, en el cual una hija da el pecho a su padre encadenado para evitar que muera de hambre” [1]. Tras seis meses de pesquisas, se le informó a la University of Central England que no había evidencia suficiente para proseguir la acusación contra el libro, por lo que éste, un poco maltrecho, simplemente fue devuelto a la biblioteca.

No me imagino la cara que puso el chico cuando reveló estas fotos, ni la de los bobbies que llegaron a su tienda para verlas y mucho menos la del juez y el jurado, pero creo intuir lo que pensaron, al menos antes de que se retiraran los cargos: "¡qué fotos tan cochinas! ¡A quien le puede gustar esto! Seguramente a unos gays depravados...". Este sencillo ejercicio de imaginación tiene complejas ramificaciones porque genera varias preguntas: desde ¿qué es el arte? hasta ¿para qué sirve? (si es que tiene forzosamente que servir de algo).

Ya en otra ocasión me había preguntado aquí qué es el arte y, como aquélla vez, creo que aún no estoy calificada para dar una respuesta. En cuanto a la segunda pregunta, si puedo adelantar al menos un argumento (entre los muchísimos que existen): el arte debe ser la quintaesencia de los valores más altos del hombre y debe elevar su espíritu porque de lo contrario solamente corrompe y envilece a los ilusos espectadores que se atraviesan en su camino. Desde esta perspectiva [2], las fotos de Jim and Tom definitivamente no satisfacen la función del arte: la urolagnia
y la urofagia no son actividades que la gran mayoría de las personas considere enaltecedoras o dignificadoras del espíritu, por lo que una "apología" de éstas es virtualmente peligrosa. No vaya a ser la de malas y después de ver estas fotos a alguien se le ocurre hacer unos cuantos experimentos...

La llamada "Controversia Mapplethorpe" apunta hacia la capacidad de las imágenes para cuestionar los valores y convicciones de quienes las miran. Hay quien las mira con fascinación, quien las mira con recelo, repulsión o extrañeza, quien prefiere cerrar los ojos y no mirar y hasta quien obliga, como la policía inglesa después de ver las fotos de Jim and Tom, a que otros cierren los ojos para que no miren. Esta amplia variedad de reacciones ante las imágenes, fijas o en movimiento, hace surgir incluso otra pregunta: ¿qué hay en ellas que parece tener el poder de interpelar a quien las mira? Pero tratar de responder esta cuestión da para muchos más posts y otras tantas tesis además de la que estoy escribiendo...

NOTAS

1. Heartney, Eleanor. “Postmodern heretics. Influences of catholicism on contemporary artists”, en la revista Art in America, febrero 1997: “one man urinating into another man's mouth, in terms of the Baroque theme of ‘Roman Charity’ in which a daughter gives her breast to her shackled father so that he will not starve”.
2. Perspectiva complicada y problemática, como cualquier otra, porque ¿cuáles son los valores más altos y según cuál hombre deben ser ésos y no otros y de veras si el arte no es "bueno", en todos sentidos, no es arte porque uno se deprava y degenera irremediablemente si cae presa de su pérfida seducción?
Foto cortesía de http://mugwump.pitzer.edu/~bkeeley/CLASS/PA/Spr04/danto.html
donde pueden verse más fotos de Mapplethorpe.

sábado 31 de octubre de 2009

De Santos de cabeza y acumuladores compulsivos

Finalmente, después de mucho resistirme (porque en realidad no creo en esas cosas), puse a mi San Antonio de cabeza. Dicen que es buenísimo para encontrar el amor y los objetos perdidos (o sea: como se me perdió el amor, coloco al Santo en cuestión patas pa'rriba y éste, harto de estar en una pose estrafalaria e incómoda, me echa una manita para que aparezca ese amor extraviado porque cumplido el milagro segurito lo devuelvo a su posición habitual). Dicen que es un castigo para el Santo y que así muchas lo han forzado para que les consiga marido. Dicen que no basta con castigarlo y también hay que ofrecerle trece monedas de la misma denominación, prenderle una veladora y rezarle una oración para que lo saque a uno de la soltería. Sobre todo hay que tenerle fe. La verdad, yo lo colgué de cabeza porque se me hizo un detalle muy kitsch y muy necesario en una pared que había permanecido "pelona" (como diría mi papá) desde que llegué a esta casa hace más de dos años. Esta es la foto de mi San Antonio:


El San Antonio que embellece la entrada de mi casa salió de casa de mi vecino. Su mamá me lo dió porque ya estaba cansada de tenerlo arrumbado en una esquina. Acepté traérmelo porque mi vecino tiene novia y me parece que, por obvias razones, no lo necesita. Yo creo que mi vecino es algo así como un acumulador compulsivo (o que, con los años, seguramente se volverá uno). Esta sesuda conclusión se me ocurrió tras ver algunos episodios de una serie nueva de A&E, Hoarders. Digo: la casa de mi vecino no se parece ni remotamente a las casas de los acumuladores compulsivos que muestra Hoarders, retacadas de piso a techo con todo tipo de objetos, pero ahí se va.

Mi vecino recupera del desuso y/o del abandono cosas diversas con la esperanza de encontrarles algún provecho. Desafortunadamente, esa esperanza se ve frustrada en muchos casos, como había pasado con el San Antonio que ahora tengo. Muebles desvencijados, tablas, tablones y polines, botellas, fierros viejos y un largo y variado etcétera esperan a ser reciclados de alguna manera en los pasillos de casa de mi vecino. Estas cosas parecieran no tener utilidad, por lo que sus antiguos dueños las catalogaron como desperdicios e hicieron lo propio: tirarlas.

Mi vecino se dedica entonces a reivindicar objetos supuestamente inservibles. Aunque también es posible que mi recién adquirido San Antonio haya sido producto del vandalismo y no de la reivindicación de su potencial valor porque, ¿de veras estaba tan estropedado y era tan inútil que simplemente lo botaron en la calle para que lo recogiera el camión de la basura? Yo creo que mi vecino, además de acumulador compulsivo, en una de esas es un poco cleptómano y se robó al San Antonio de un crucero antes conflictivo y ahora mucho más conflictivo porque los automovilistas ya no saben para donde van. Tal vez en su lugar de origen, este San Antonio tenía el cometido de ayudar a los viajeros a encontrar el camino (por aquello de su efectividad para hallar lo perdido).
Supongo que nunca lo sabré de cierto. De cualquier forma, "haiga sido como haiga sido", el San Antonio ahora es mío y ya tiene utilidad. A ver si es tan milagroso como dicen...


Ah, por cierto: este post es el número 100 en nimbemon... ¡Yeah! La cuerda me ha dado para 100 entradas, a pesar de que recientemente he escrito muy poco y publicado aún menos. Espero que mi San Antonio sea multifuncional y también me ayude a encontrar la inspiración perdida porque ¡vaya que ha estado extraviada la Musa por estos (y otros) lares!

domingo 18 de octubre de 2009

¡Tengo miedo!

Queridos y queridas lectores y lectoras: así es. Tengo miedo. También podría definir la sensación que me embarga esta mañana fría y nublada como nerviosismo, vacilación y hasta un poquito de paranoia. Resulta que he estado buscando trabajo freelance, principalmente de traductora. Necesito dinero y necesito tiempo para hacer la tesis, por lo que trabajar freelance me parece la mejor opción en esta coyuntura. Como he desempeñado el oficio de la transmutación de palabras durante ocho años ya y mi hermosa beca de Conacyt está por expirar (exactamente en 10 meses: no se si lograré en agosto de 2010 que me den una extensión de un año), me he puesto a prever para el mañana. Ya se que la previsión es lo que cualquier persona madura y consciente haría en este caso -y en todos- sin dudarlo un instante, pero aún así me parece que prever es jugarle a la bola de cristal: uno no sabe qué pasará en el futuro.

En fin, como les decía, al buscar en internet trabajo freelance de traducción me encontré con una chamba freelance pero de escritora: la recientemente abierta página Suite 101 busca colaboradores. La idea es escribir más de 10 artículos oríginales cada tres meses y, eventualmente, recibir un porcentaje del dinero que se genere a partir de las visitas a los textos que uno escriba. Ay... suena bien: como casi todo el día me la paso en internet baboseado y en la computadora escribiendo para la tesis (según) y para este espacio -que no quiero comercializar porque no quiero comprometer- otro espacio virtual diseñado para hacer justo eso parece una opción viable, ¿no? Además siempre estoy diciendo que quiero ser escritora y demás, ¿no? Total: mandé dos textos míos a la redacción de Suite 101 y que me aceptan.

Ahí empezaron los problemas (exagero, como siempre): hace cuatro días que me dieron luz verde para escribir y nomás no concreto nada. Nunca había escrito para, salvo chambas de consultoría y los típicos trabajos de la escuela. Esto es diferente: involucra, primero, un editor que va a hacer su chamba con las tijeras o, de plano, que va a tirar a la basura el archivo que uno le mande y, segundo, un público del cual depende que los textos de uno tengan o no visitas si, de acuerdo a este público anónimo y huidizo, tienen o no interés. O sea: ¿cómo escribir para alguien más que no sea yo? El proto escritor egocéntrico que llevo dentro ha hablado. Lo que me preocupa es que tal vez mis textos generen molestias... Digo, me gusta la trifulca, como han podido ver, pero esto es un trabajo, quiero creer, serio. Tengo miedo de que me censuren o de que yo solita me censure (el espectro de las preocupaciones profesionales me ronda), de que nadie me lea, de tener un estilo harto coloquial, de no ser suficientemente buena o productiva, de no tener nada qué decir... Un momento... estoy anticipando el futuro y acabo de decir que el futuro es un poco impredecible... ¿Ven? Tengo miedo de caer en la contradicción y la incoherencia. Además me preocupa la cuestión de los derechos (que uno debe ceder a Suite 101) porque escribir más de 10 artículos cada tres meses es un trabajal, sobre todo si empleas, como yo, entre 4 y 6 horas para escribir un triste texto. Tantas horas empleadas en escribir para que quienes tienen los derechos de lo que uno escribió hagan lo que quieran con lo que uno escribió... ay, dolor ¡ya me volviste a dar!

Espero en breve contarles como se desenvuelve este drama (¿no les digo? ¡Qué exagerada!). Diría que muy pronto los invitaré a visitar mis textos en Suite 101 pero tengo miedo de que si me hago propaganda aquí los de Suite 101 me vayan a achacar un fraude virtual... así que hagan como que no leyeron estas últimas líneas.

Un saludo a todos, n.