lunes, 24 de mayo de 2010

Esto que ves aquí

Esto que ves aquí es un hombre. El cabello largo al hombro y rizado, la barba de días, los pantalones caqui, la espalda amplia recargada en la puerta del vagón lo delatan. Las manos grandes, las piernas separadas, el peso del cuerpo sobre la pierna izquierda. La mirada discreta que escruta. ¿Si dijera palabra pasaría algo? ¿Si lo prensara entre mi cuerpo y la puerta del vagón? Esto que ves aquí es una anciana. Las manos ajadas por el trabajo y las horas, largas, bajo el sol la delatan. Las piernas delgadísimas, en los huesos, cubiertas por unos calcetines grises. La canasta con dulces que deja cuidadosamente en el piso del vagón. Esto que ves aquí es una mujer. La bolsa de la que saca un delineador negro, los tacones, las uñas postizas la delatan. El espejito que sostiene a la altura de los ojos, del cual se asoman guiños certeros. ¿Si mirara más penetrantemente al hombre de los pantalones caqui pasaría algo? ¿Si el mirar se transformara en palabras, en actos? Esto que ves aquí es tu reflejo: intermitente, borroso, en la ventana del vagón. Esto que ves aquí es tu reflejo: naranja, plateado, naranja, plateado, impreso a intervalos en los vagones del tren del que saliste y que se llevó al hombre, a la anciana, a la mujer. Esto que hueles es el olor a lluvia, a tierra mojada, a tormenta que te espera cuando vuelvas a la superficie. Esto que ves aquí es una familia. El padre, la madre, los tres hijos. El gesto del padre, el silencio de la madre, la cara de aburrimiento de los hijos mientras la escalera eléctrica los mueve sin esfuerzo los delatan. Esto que ves aquí es una cascada que improvisó la lluvia en su descenso por la escalinata de la estación. El rumor del agua, que va a parar sin remedio a una coladera, la delata. Esto que ves aquí es el cielo nocturno, acompañado de relámpagos, de sobresaltos. ¿Y si, por una vez en la vida, me entregara a la lluvia?

domingo, 16 de mayo de 2010

Sobre 200 y 201. Censura y escándalo en South Park

Desde hace más de una década, Trey Parker y Matt Stone se han esmerado en empujar todo límite concebible -hasta el punto de quiebre- que los depositarios de lo política y moralmente correcto se afanan en marcar. Por eso, sin asomo a duda, South Park es mi caricatura favorita [1]. Catalogada por muchos como repugnante y ofensiva, esta serie animada para adultos estrenada en 1997 acaba de sacar al aire su episodio número 202: Crippled Summer, correspondiente a su temporada 14. Aunque tal episodio me parece una muy sugerente reflexión sobre la lógica de los reality shows no hablaré de él, sino de los dos anteriores: 200 y 201, transmitidos por la cadena televisiva Comedy Central. Ambos episodios resultan una punzante crítica a la representación, así como a la censura y, para dar cuenta de ello, la sinopsis que se presenta a continuación contiene numerosos spoilers. Léase a discreción, pues, y si no quieren saber qué pasa en 200 y 201, sáltense hasta el siguiente apartado.

De mengambreas, celebridades, super héroes y pelirrojos
200 inicia con la visita del cuarto grado de la Primaria de South Park a una fábrica de dulces en la cual Stan descubre a Tom Cruise trabajando. Cruise empaca chocolates en cajas y, lógicamente, Stan lo llama fudge packer [2], lo que causa la cólera del actor. Cruise, harto de ser el hazmerrerir de South Park, convoca a cuanta "celebridad" ha sido ridiculizada en la serie -Britney Spears, Rob Reiner, Steven Spielberg, Tiger Woods, Oprah Winfrey, Benedicto XVI, Osama Bin Laden, Bono, Russell Crowe, Mel Gibson, Paris Hilton, Kanye West y un larguísimo etcétera- porque quiere convencerlos de apoyar su demanda legal contra South Park y así acabar de una vez y para siempre con este ficticio pueblo de Colorado. Cartman llega a la mansión de Cruise y hace pasar a su mano izquierda por Jennifer López, gracias a que en su mano "vive" un estafador y veterano de Vietnam, Mitch Connor. Stan y su padre visitan a Cruise en la fábrica para pedirle desista en su intención de demandar colectivamente y éste les dice que lo hará con una sola condición: que le ayuden a encontrarse cara a cara con Mohamed, el profeta del Islam. Cruise desea conocerlo ya que es la única persona en el mundo inmune a la ridiculización: planea quitarle su mengambrea [3] para transfundírsela con una máquina creada por Reiner y así poseer este poder. Connor también está tras la mengambrea, pero para venderla en el mercado negro y hacerse millonario.

El Ayuntamiento de South Park -que reúne a todos sus habitantes- recibe la noticia de que solamente si Mohamed es entregado a Cruise éste dejara en paz al pueblo. Stan les recuerda que sus amigos y él ya conocen a Mohamed de un episodio anterior y que pueden pedirle ayuda, lo cual causa controversia: ¿podrán hacerlo presente en South Park sin detonar represalias? La gente de South Park teme que de aparecer Mohamed en el pueblo éste sea bombardeado por radicales islámicos. Stan y Kyle visitan a los Super Mejores Amigos -Jesús, Krishna, Lao Tse, Buda, John Smith, Moisés y Seaman- y los convencen de dejar ir a Mohamed a South Park bajo el compromiso de no mostrar su imagen. Mohamed llega al pueblo dentro de una camioneta de mudanzas y para entrar a la limosina de Cruise aparece en una botarga de oso. Cuando está a punto de entrar en la limosina, la alcaldesa McDaniels recibe una amenaza de otro grupo de extremistas que también quiere que Mohamed les sea entregado: el Movimiento Separatista de Pelirrojos... Después de que éstos hacen estallar varias bombas, la alcaldesa toma la decisión de darles a Mohamed, por lo que Cruise y las celebridades recurren a Mecha-Streisand, un gigantesco y violento dinosaurio robot, para que destruya South Park. Mientras tanto, Cartman está cansado de ser el títere de Connor, pero éste le dice que si no sigue con el plan nunca le revelará quien es su padre. Manipulado por Connor, Cartman va a casa del Sr. Garrison y le pide hablar con el Sr. Sombrero, una de las pocas personas que puede decirle la verdad oculta sobre su origen.

Al inicio de 201 el Sr. Garrison se niega a revelarle a Cartman la identidad de su padre y lo manda al laboratorio del Dr. Mefisto, un científico loco especializado en genética, otro de los involucrados en el elaborado engaño para ocultar el nombre del verdadero padre de Cartman. Al tiempo que el Movimiento Separatista de Pelirrojos negocia la entrega de Mohamed, Mecha-Streisand llega a South Park y desata el caos, por lo que los habitantes del pueblo piden ayuda a los Super Mejores Amigos. Como Stan, Kyle y Kenny le prometieron a Jesús que cuidarían de Mohamed deciden llevarlo al laboratorio del Dr. Mefisto para que éste lo clone y así puedan darle a Cruise y a los Pelirrojos copias del Profeta. Éstos llegan al laboratorio y toman a todos como rehenes. Desde su guarida secreta, los Pelirrojos se comunican con Cruise y las celebridades: prometen compartir la mengambrea de Mohamed si ellos comparten el uso de la máquina de Reiner. Mientras tanto, los Super Mejores Amigos someten a Mecha-Streisand al aprovechar su única debilidad: hacer duetos con Neil Diamond.


Ya en la guarida de los Pelirrojos, Cruise es el primero en probar la máquina de Reiner para transfundirse la mengambrea de Mohamed y al momento en que esto sucede la imagen de Cruise es bloqueada por un rectángulo negro con la leyenda CENSURADO. El líder de los Pelirrojos, Scott Tenorman, no solo desea hacer uso de la mengambrea antiridiculizante, sino que también quiere vengarse de Cartman, quien lo obligó, en un episodio anterior, a comerse a su propios padres cocinados en chili. Tenorman le revela a Cartman quien es su padre, Jack Tenorman, jugador de los Broncos de Denver, y lo tortura con las ramificaciones que esta verdad implica: Cartman resulta ser medio hermano de Tenorman, parricida y, encima, un poco pelirrojo. Los Super Mejores Amigos llegan a la guarida de los Pelirrojos para rescatar a Mohamed, lo que desencadena una pelea campal durante la cual Tenorman escapa. Cuando Seaman ataca a Cruise, Stan exclama Tom Cruise has Seaman on his back! [4], lo cual enfurece al actor y hace que el rectángulo negro de CENSURADO desaparezca. Cruise no entiende cómo su inmunidad a la ridiculización ha sido aniquilada, por lo que Kyle empieza a explicar qué es lo que ha aprendido en este episodio, moraleja que no puede escucharse porque fue bleepeada por Comedy Central, junto con los discursos finales de Jesús y Santa Clós.

De censuras y escándalos: las peligrosas aristas de la representación
Como fenómeno mediático, South Park es susceptible de numerosas interpretaciones. Existen infinidad de libros que discuten todo tipo de cuestiones -filosóficas, por ejemplo- presentes en esta serie [5]. 200 y 201, como aplica para otros episodios de South Park, pueden analizarse desde la complejidad narrativa que les es propia -las distintas subtramas entremezcladas, las alusiones a los mecanismos que permiten la ficción desde la ficción misma, las referencias a hechos de actualidad y a sucesos propios de la serie presentados en otros capítulos- y, como ha pasado en otras ocasiones, puede hablarse de las reacciones y declaraciones que acompañaron la transmisión televisiva de dichos episodios en Estados Unidos, lo que haré brevemente antes de discutir mi interés principal: el problema de la representación en South Park.

200 se estrenó el 14 de abril de 2010. Según Wikipedia, al día siguiente se publicó en el blog Revolution Muslim una entrada en la que se "advertía" a Parker y Stone de las "consecuencias" de representar a Mohamed: acabar como el director holandés de cine Theo Van Gogh, asesinado en 2004 por un extremista islámico tras filmar un documental crítico sobre la situación de las mujeres musulmanas. Busqué esa precisa entrada en el mencionado blog y solo encontré esto [5.1] (la tercera entrada en este link, que merece en si misma todo un post), fechado el 21 de abril: una nutridísima "clarificación" sobre la verdadera intención -el diálogo, no la violencia- de la (ahora inexistente y autocensurada supongo) publicación referida. Wikipedia también señala que Abu Talhah al Amrikee, responsable del post crítico de South Park en Revolution Muslim, tuvo esto que decir en su Twitter el 15 de abril: May Allah kill Matt Stone and Trey Parker and burn them in Hell for all eternity. They insult our prophets Muhammad, Jesus, and Moses. Busqué en Twitter esta declaración y nada: otro caso de autocensura, es posible. Aquí dejo la nota del Los Angeles Times al respecto.

Al hacerse conocida esta amenaza contra Parker y Stone, el escándalo se desató y en varias trincheras se dejaron oir voces de preocupación ante lo que se construyó como una afrenta a la libertad de expresión. Como paradójico resultado, Comedy Central decidió eliminar cualquier referencia, incluso sonora, a Mohamed cuando estrenó 201 el 21 de abril de 2010, ante el descontento de Parker y Stone, quienes declararon aquí que los bleeps sobre el nombre del Profeta y sobre los discursos finales de Kyle, Jesús y Santa Clós nunca fueron pensados como una meta broma de su parte, sino que suponen una censura a manos de Comedy Central. La idea de la meta broma no resultaba tan descabellada: conociendo el tenor en que South Park maneja sus temas y tomando en cuenta que tanto 200 como 201 tratan la cuestión de la censura, podría haber sido este el caso. Pero, por lo visto, no lo fue.

El problema central que causa tanto censura como escándalo -dentro y fuera de 200 y 201- es el de la representación, la representación de Mohamed para ser precisos [6]. Si partimos de que cualquier imagen del Profeta del Islam está vedada en esta fé [7], el hecho de que se especifique al inicio de 200 que Mohamed tiene el poder de ser inmune a la ridiculización puede leerse como una salvedad interpretativa dentro del propio episodio: ésto que verán aquí no es el Profeta, no intentamos representarlo ni ridiculizarlo porque hacer eso es imposible. Me parece que el tratamiento de otros personajes en 200 y 201 -la adicción a la cocaína de Buda; la representación de Bárbara Streisand como un horrendo monstruo metálico; la codicia y mezquindad con que se caracteriza a Tom Cruise- podría resultar mucho más indignante. Mohamed siempre es tratado con corrección y, si me apuran un poco, hasta cierta reverencia, sobre todo por Stan y sus amigos que reconocen que les está ayudando a salvar a South Park. De ello también da cuenta el hecho de que ninguno de los dos episodios muestra abiertamente la imagen de Mohamed -ya sea debido a la estrategia creativa original de Parker y Stone o a la censura de Comedy Central (me voy más por la primera opción)- y que ambos episodios encuentran formas ingeniosas de aludir al Profeta sin mostrarlo. Así, 200 y 201 resultan un interesante estudio sobre las posibilidades de su representación y las consecuencias de ésta.

En 200 el Sr. Garrison se pregunta repetidas veces si hacer la más mínima referencia -visual o de cualquier otro tipo- a Mohamed podría desatar la violencia, lo que apunta hacia la problemática que enfrentaron los propios Parker y Stone (fuera de la ficción, claro está) de cómo presentarlo sin hacerlo visible. La salida de la botarga es muy inteligente, sobre todo porque resulta que dentro de la botarga no está Mohamed, sino Santa Clós: como los niños le habían prometido a Jesús proteger al Profeta obviamente no lo metieron en la botarga para entregarlo a Cruise. Por lo tanto, Mohamed nunca estuvo ahí. Otra clave interpretativa en este sentido aparece hacia el final de 201: cuando Cruise, bajo el rectángulo de CENSURADO, escucha que Stan dice que "tiene semen en la espalda" su ira desvanece inmediatamente la censura. Podemos ver a Cruise de nuevo, enfurecido porque se ha hecho otra broma a sus expensas. Esto apunta hacia el hecho de que sentirse ofendido radica, en gran medida, en la percepción de quien así se siente. La ofensa, como muchas otras reacciones, parte de una interpretación de lo que se ve o escucha [8] que en algunas ocasiones puede ser errada.

Para concluir, como musulmana de Occidente que soy, me parece que la presentación del Profeta Mohamed (paz para Él) -porque es posible que lo que vemos en 200 y 201 no sea una representación propiamente dicha- es respetuosa dadas las limitaciones que prohiben reproducir su imagen. Creo que el objeto de la parodia en estos episodios no es Mohamed, sino el acto mismo de representarlo y las diversas reacciones frente a tal acto e incluso frente a su mera posibilidad: el miedo, la incertidumbre, la indignación, el hartazgo, la violencia. Tal vez tenga esta impresión debido al lugar desde donde estoy viendo y escuchando South Park, desde la defensa de la libertad de expresión y de credo: ultimadamente, quien no quiera mirar que no mire, que exponga sus razones para no hacerlo pero que por favor no exhorte a la agresión (e incluso señale la eventualidad de un asesinato) o la considere una respuesta lógica y previsible ante su muy particular sentimiento de agravio. Lo que si me parece una barbaridad y me escandaliza mucho es que Comedy Central haya censurado la moraleja de la historia y que nunca podramos saber bien a bien qué fue lo que Kyle aprendió en esta ocasión: ¿que las imágenes no son tan temibles como se podría suponer y que si gozan de un increíble poder es porque nosotros mismos, los espectadores, se lo otorgamos?

NOTAS
1. Se que los fans de Los Simpsons van a poner el grito en el cielo pero soy de la opinión que South Park es mil veces mejor.
2. Que traducido al castellano y en el contexto de la escena significa "aquel que empaca jarabe de chocolate", aunque también remite a un insulto con el cual se vilipendia a quienes tienen sexo anal.
3. Para la cual en el episodio se utiliza la palabra goo.
4. Que puede entenderse en castellano como "Tom Cruise tiene semen en la espalda".
5. Como South Park and Philosophy: You Know, I Learned Something Today de Robert Arp; South Park and Philosophy: Bigger, Longer, and More Penetrating de Richard Hanley y The Deep End of South Park: Critical Essays on Television's Shocking Cartoon Series, editado por Leslie Stratyner y James R. Keller, solo por linkear unos cuantos ejemplos.
5.1 Hoy -17 de octubre de 2011- que reviso el link, la entrada que explicaba la primera entrada referida en este blog ha sido completamente eliminada. Otro caso de autocensura, supongo.
6. Aunque yo también aunaría que a la par del problema de la representación el de la interpretación de lo representado es clave explicativa fundamental para comprender estos fenómenos.
7. Lo que esta prescripción combate, grosso modo, es la idolatría. Para un breve e interesante artículo al respecto, publicado en castellano en la excelente página WebIslam, aquí está el link.
8. Omito otra cara de la moneda que complejiza sobremanera esta cuestión: el propósito de ofender que puede adivinarse tras algunas acciones y declaraciones y del cual, creo, no se salvan Parker y Stone. Claro: habría que hablar seriamente con ellos para poder interpretar sus intenciones...

Para ver los capítulos completos, sigue este link que te llevará a la página Oficial de South Park: http://www.southparkstudios.com/full-episodes/

Imágenes, cortesía de Preview y www.xepisodes.com

jueves, 6 de mayo de 2010

Vaguedades

Debiera de... blah, blah, blah... El pequeño censor que llevo dentro me cuestiona. Estoy muy desconcentrada para hacer lo que debiera hacer y mejor me he puesto a escribir estas líneas. Y si: detrás de estas líneas, como detrás de todo texto aquí posteado, se esconde alguien. Y no: no revelo quien se esconde (nunca lo hago) porque entonces no tendría chiste alguno escribir de esta forma (estoy convencida de que el misterio y la insinuación siempre serán taquilleros y respeto el derecho al anonimato de los sujetos de mi deseo). Digamos que esta vez también se esconde una canción: últimamente (siempre, para ser honestos) escribo con música de por medio. Como un pretexto para evitar decir eso que la canción en cuestión (que esta canción) dice tan bien y con tanta soltura. Si yo (te) lo dijera, perdería su encanto. Además, aunque no lo creas, balconearme -sincerarme, pues- expresa y frontalmente nunca ha sido lo mío (a pesar mío, a veces así sucede). Ay, de hacerlo sabrías por qué te arden tanto las orejas: todos esos diálogos imaginarios y conversaciones inconclusas en las que tú y yo nos hemos embarcado en mi cabeza...



Video, cortesía de radiohead

sábado, 1 de mayo de 2010

Diario de viaje/Escape de Italia, primera de dos partes

Sábado 17 de abril de 2010, 8:27 pm
Este es mi último día en Venecia. Tiziana, la organizadora del Congreso que me trajo a esta ciudad de palacios y canales, me dijo ayer que desde las 2pm de hoy estaba contemplado abrir las puertas del aeropuerto Marco Polo, fuera de servicio durante varios días debido a las fumarolas del Eyjafjallajökull, un volcán islandés que ha causado quebraderos de cabeza en toda Europa. Decido ir al Marco Polo por agua y no por tierra para tomar mi avión a Barcelona y espero bastante tiempo en la parada flotante a que llegue el Vaporetto de la Linea Rossa: está nublado y llueve, por lo que mi despedida de Venecia resulta un poco melancólica. La travesía del Vaporetto me lleva de pasadita por Murano y luego por la laguna Veneta. Al llegar al aeropuerto lo encuentro inusualmente vacío: voy directo al mostrador de Alitalia y la chica que lo atiende me dice que es posible que haya vuelos hasta el próximo jueves. ¿¡Qué?! ¿¡Próximo jueves!? ¡¡¡Pero si yo vuelvo al DF ese mismo día!!! Le pregunto cuál es la mejor opción para regresar a Barcelona y sin dudarlo dice que ir a la terminal de Mestre, tomar un tren a Milán para luego tomar otro tren que cruce Francia y me lleve a España. Me cargo el backpack de 15 kilos y me hago a la idea de un largo y cansado regreso a Barcelona...

9:32 pm
El bus de la Actv que tomé en el aeropuerto me ha dejado frente a la estación de trenes de Mestre. La taquilla está cerrada (¡maldición!), pero hay una larga fila ante la puerta de cristal bajo el letrero "Informazioni". Una adolescente atribulada se queja de que ha olvidado en la estación una mochila rosa con una computadora portátil dentro, pero la mayoría de quienes estamos ahí solo queremos saber cuándo abrirá la biglietteria. Finalmente llego al escritorio de un italiano muy mal encarado, harto de tantas quejas, supongo, y le planteo una vital pregunta: ¿cómo llego de aquí a Barcelona? Consulta algunos datos en su computadora y escribe garabatos en un papel. Si, efectivamente hay un tren de Mestre a Milán y otro de Milán directo a Barcelona. Ufff, ¡qué alivio! El enfurruñado italiano me dice que el primer tren sale a las 5:35 am del día siguiente y que la biglietteria está abierta desde el cuarto para las cinco. O sea que tendré que dormir en Mestre, ¿no? Le pregunto si conoce algún hostal cerca y apunta un dato más en el papel: Hotel Giovannina. Me despacha con rapidez porque la fila es nutrida y cierran a las 10pm.

Al salir de la oficina de información me abordan dos chicas belgas: quieren saber cuándo abre la biglietteria, si hay o no trenes y yo les dijo lo que he escuchado. Parecen nerviosas y un poco decepcionadas de tener que pasar una noche más en Mestre. Les pregunto que donde se están quedando y responden al unísono: Hotel Giovannina. Salimos las tres de la estación y caminamos unas cuantas cuadras bajo la lluvia y el esporádico acoso de varios chavos que esperan -Dios sabrá que- reclinados en las paredes. Llegamos al Giovannina y le pregunto al dependiente (que me da la impresión de ser pakistaní) si tiene una habitación o, ya de perdis, una cama en alguno de sus dormitorios. Oh, miss, I'm sorry but we are fully booked... Y, ¿de veras no tiene nada de nada? ¿Nada, nadita? El recepcionista revisa la pantalla de su computadora y dice que, bueno, hay una habitación de 60 euros. ¡Zaz! ¿¡60 euros por una mísera noche tormentosa!? Cuando estoy a punto de decirle que me deje dormir en su diminuto lobby, una chica brinca del sofá en el que estaba sentada y me ofrece compatir esa habitación con ella. Es Sarah Nicole de (alguna ciudad) de North Carolina, US of A. Mientras presentamos nuestros pasaportes y nos disponemos a pagar el cuarto, me cuenta que lleva 4 meses de intercambio académico en Europa -there's culture everywhere you turn your head!- y que debe llegar a París para regresar con sus padres, que ahí la esperan, a (God Bless) America. Sarah Nicole lleva tres impresionantes maletas (llenas de recuerditos de la cultura europea, supongo) con unos identificadores en forma de zapato de tacón de piel de zebra. Subimos penosamente para instalarnos en la habitación -tres camas, un gran armario, un baño completo- y regresamos al lobby.

Cuatro muchachas de Culiacán, Sinaloa planean su salida de Italia y para ello acaparan la única computadora del Giovannina. Sarah Nicole no se despega del teléfono: su madre le advierte que llegar a París por tierra es casi imposible porque el sistema ferroviario francés está colapsado y que podrá viajar por aire tal vez en una semana, si todo sale bien. Una de las chicas belgas de la estación dice que su amiga (al celular, bajo la lluvia pertinaz en la calle frente al Giovannina, llorando inconsolable) y ella han tratado de salir de Mestre para volver a Bruselas por todos los medios: no hay trenes, no hay buses, ni siquiera autos en renta. Europa es un desastre de miles (luego supe que éramos millones) de pasajeros varados que han perdido sus vuelos debido a cientos (luego supe que más de 60 mil) de cancelaciones aéreas. Ese pinche volcán islandés de nombre impronunciable nos ha jodido a todos. Ante el caos, mejor irse a dormir que mañana será otro día.

Domingo 18 de abril de 2010, 4:15 am
No he podido conciliar un sueño profundo desde que me acosté: ¿y si no hay trenes a Milán? ¿Y si se me acaba el dinero? ¿Y si me roban la cartera? ¿Y si nunca salgo de Mestre? Y, sobre todo, ¿por qué tengo tanta comezón? Me levanto de la cama mientras Sara Nicole duerme el sueño de los justos: anoche me dijo que lo más probable es que regrese a Venecia para pasar ahí otra semana (pus, total, ya qué...) hasta que se restablezca el tráfico aéreo. Entro al baño y prendo la luz: pero, ¿¡que me pasó!? ¿¡Por qué parece que me han inyectado botox en la parte inferior del labio izquierdo!? 30 euros por una noche y tengo a bien escoger la única cama del cuarto infestada de pulgas, aaarrrgggghhh... Me cargo el backpack y me despido del Giovannina: espero no tener que dormir aquí de nuevo.





































Llego antes de las 5am a la estación de Mestre y soy la primera en lo que, en unos minutos, se transforma en una larga cola de turistas cansados, desaliñados y preocupados. Abren la biglietteria: temerosa y torpemente pregunto al encargado -el labio inflamado me está matando y no me deja hablar muy bien que digamos- si hay boletos a Milán. Si claro, responde, en el tren de las 6:25 y se hacen dos horas de camino. ¡Perfecto! Compro mi boleto y me voy directito al andén, no sea que vaya a perder el tren. Éste llega muy puntual y sale casi vacío de Mestre: después de todo, parece que la terrible crisis de transporte europeo de la que todos se quejan no es tan grave como dicen. El tren pasa por Padua, Siena, Verona (¡maldición! Y yo sin poder bajarme para curiosear en cada una de estas tres ciudades. Me quedé sin ver "la tumba real" de los ficticios Romeo y Julieta...). Llegamos a Milán a las 8:28, ¡vaya puntualidad! La estación de trenes de Milán, esa si, es un verdadero mausoleo de mármol: parece museo más que estación.

Voy casi corriendo -mi movilidad con 15 kilos de peso extra no es muy ágil- a la biglietteria y la encuentro un total y monumental amasijo de gente. Las filas se extienden confusas por todos lados y me incorporo a una. Frente a mi hay una pareja de irlandeses: la mujer manotea y sacude al marido mientras éste lee indiferentemente el Daily Mirror. A mi izquierda veo a una familia hindú: el padre al celular explica que no sabe con exactitud cuando podrán llegar a Londres, la madre bosteza con cara de desvelo y hastío y sus dos hijos, con mochilitas al hombro, se entretienen empujando y cuidando cuatro maletas verdes. Despues de dos horas, el lento caminar de la fila me lleva finalmente al mostrador. Pregunto si hay trenes a Barcelona y un muy tranquilo y amable italiano (con tanto estrés en el ambiente, su estado es el de un auténtico santo o un monje zen) me dice que si... que hasta el próximo jueves. ¿¡Qué, qué, qué!? ¿¿¿¡¡¡Jueves!!!??? Si, jueves de esta semana por la mañana. No puedo quedarme en Milán tanto tiempo porque el jueves -cada vez lo dudo más- sale mi avión a México. Por primera vez en este viaje me invade una genuina desesperación. ¿Cuáles son mis opciones entonces?, le pregunto al sosegado italiano. Responde que ir a Ventimiglia, frontera con Francia, en el tren de hoy a las 5pm, y luego a Niza. Y de ahí quién sabe si haya trenes o camiones disponibles para llegar a Barcelona. ¿Qué hacer? Piensa rápido, que la fila apremia. Pues vayamos a Ventimiglia y luego a Niza, a ver qué me encuentro, le digo. Compro el boleto a eso de las 10am y a duras penas salgo de la apretujada biglietteria. Me preparo para sobrevivir 7 horas en lo que rápidamente descubro es el lugar más hóstil que hasta entonces había conocido (salvo, quizás, la terminal de camiones de Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde estuve varada unas doce horas hace ya algunos años): la estación de trenes de Milán...