miércoles, 2 de julio de 2014

Una carta para Ann Coulter sobre los "males" del soccer

Estimada Sra. Coulter: 

Acabo de leer su artículo sobre la creciente afición al soccer en EUA y lo encontré… digamos que un tanto problemático. A pesar del hecho de que definitivamente no soy una fanática del fútbol (así lo llamamos por acá), me sentí obligada a comentar sus argumentos contra este deporte y, extrañamente, a tratar de convencerla de que le de una oportunidad al fútbol. Para los estándares mexicanos (también para los mundialistas), podría endilgarme la etiqueta de soccer hater, dado que no comparto la pasión que suscita en mi país y porque la exuberancia y locura de esa pasión me hacen sentir incómoda las más de las veces, además de que encuentro al fútbol verdaderamente aburrido. Sí, puede que odie el soccer pero no puedo afirmar, como lo hace usted tan intensamente en su artículo, que sea inherentemente inmoral para el pueblo estadounidense, ni para nadie más.

En verdad creo que existe algún tipo de maldad al acecho en la industria futbolera y, en mi opinión, ello tiene que ver con la manera en que este deporte ha sido utilizado ideológicamente y explotado cínicamente por la FIFA y por algunos gobiernos nacionales, como el mexicano. Encuentro cuestionable (¿otra palabra para inmoral, quizá?) que se gasten miles de millones de dólares en la construcción de estadios de tecnología de punta, prácticamente inutilizables después del Mundial, en países como Brasil cuyos índices de pobreza son alarmantes. Encuentro cuestionable que los futbolistas sean repartidos, como si fueran productos de consumo, de equipo en equipo sin tener ningún tipo de injerencia al respecto (puede ser que les paguen millones por "nomás" perseguir un tonto balón, pero merecen un poco de dignidad, ¿no cree?). Me parece muy preocupante que el fútbol sea cínicamente promocionado para vender casi cualquier cosa, desde ropa deportiva (eso tiene sentido) hasta marcas de comida (que incluyen, y no estoy bromeando, pan y leche). Me parece aún más preocupante que algunas personas sean criadas para que les importe mucho más este deporte que, digamos, el estado de la política en su país, la falta de justicia o equidad o año tras año de prohibitivo estancamiento económico. En este sentido, yo también resiento, como usted correctamente señala, que el fútbol sea alimento obligado para muchas personas a quienes ni les importa. Cuando uno se enfrenta con el creciente y catastróficamente alto número de asesinatos y desapariciones forzadas en México, enloquecer por completo dado el triunfo o la derrota en un partido mundialista de fútbol (o de cualquier otro tipo) puede resultar una reacción bastante debilucha. 

Mis hábitos de odio futbolero pudieran incluso hacerme compararlo con las barrabasadas que, tiempo atrás, sucedían en el Coliseo romano: todo lo que el pueblo necesita es que sus omnipotentes gobernantes le den un poco de pan (pambolero) y mucho entretenimiento, olvidémonos de la representación y participación democráticas y de otros lujos no tan modernos. Pero me parece que éstos no son argumentos para llamar inmoral al fútbol, aún más en EUA donde el soccer es un fenómeno relativamente nuevo que no ha alcanzados los excesos que hemos visto, por décadas, en otros países. Considerar que el gusto por el soccer es "un signo de descomposición moral" en los Estados Unidos (o, por extensión, en cualquier otro país) no es más que una idea exagerada, sin fundamento y estrafalaria: la supuesta inmoralidad del soccer -si en realidad existe tal cosa- yace en algún otro lugar, no en la gran mayoría de sus fanáticos por supuesto, ni en el deporte en sí mismo.

Considero que algunos de los argumentos que usted emplea para descartar al fútbol en su artículo son un poquillo falsos (por decir lo menos). Cuando usted establece que "el logro individual no es un factor importante en el soccer" está en un error y demuestra que no tiene conocimiento alguno del deporte que tan duramente critica. De hecho, existen premios para los "jugadores más valiosos"; son individuos quienes anotan los goles, a través de trabajo en equipo como sucede en otros deportes, individuos que reciben todo el mérito si aciertan y todo el odio si fallan; sí existen héroes del fútbol, chorrociento mil héroes, quienes son adorados como dioses alrededor del mundo. Aunque suene totalmente descabellado, para algunos fanáticos extremos e intensos, el soccer es una religión y los futbolistas son ídolos, en el sentido más amplio de la palabra. Para mi consternación, ese es precisamente otro perturbador dato futbolero: el fervor con el cual se venera a los jugadores por sus hazañas en la cancha. A mi me parece que sólo son atletas, ni más ni menos. Es cierto que da la impresión de que los futbolistas nomás corren a diestra y siniestra y por todos lados antes (y después) de que "el balón accidentalmente entra" (en la portería), en sus palabras. Para correr sin parar durante 90 minutos consecutivos (lo cual, a decir verdad, encuentro bastante aburrido, tal como usted lo expresa) se necesita vigor en fantástica abundancia o, por lo menos, algo de preparación física seria, ¿no cree? 

Además, comparar las (supuestamente innatas) virtudes de un deporte con los (supuestamente innatos) vicios de otro es un total despropósito sin fundamentos: es como decir que el chocolate es obviamente mejor que la vainilla. Los deportes son una cuestión de gusto, tal como lo son los sabores de los helados. No me gusta el fútbol, pero eso tampoco me hace pensar que, por ejemplo, el tenis sea mucho más superior al soccer en términos morales. Simplemente son deportes distintos, para gustos y habilidades diferentes. La moralidad debería quedar fuera al evaluar el gusto (incluso en el arte: ¡por Wilde que me mira!), así como las lesiones personales. Si seguimos su afirmación de que "la posibilidad de humillación personal o lesión mayor se requiere para que algo cuente como un deporte", sólo existirían dos deportes completamente verdaderos: las luchas de la WWE -en las cuales se aplican grandes dosis de vergüenza, severa e implacablemente- y el snowboarding -en el cual existen cantidades insensatas de riesgo debido a la posibilidad, muy real y muy siniestra, de lesiones mortales. De aceptar esta convicción suya, el resto de los (supuestos, ¿diría usted?) deportes que quedan son juegos de niños sin sentido y tontamente seguros. Salvo el hockey, por supuesto. Le otorgo ese punto, Sra. Coulter, se lo otorgo...

Su razonamiento con respecto a la superioridad moral del football -o americano, como algunos hispanohablantes le llaman- sobre el soccer dado que el primero favorece "el uso de las manos" y sus insuperablemente valiosos "pulgares oponibles" es simplemente tonto. (Una situación que trae a la mente al menos dos preguntas: ¿por qué llamarlo football si los pies se emplean mínimamente? ¿Por qué arriesgar los dedos?) Para ponerlo sin delicadeza alguna, decir que el soccer es un juego de "bestias inferiores" porque emplea los pies, como usted insinúa en su artículo Sra. Coulter, es de hecho una aseveración racista. Por lo tanto, supongo que el tenis necesariamente resulta moralmente fallido, estéticamente falto de sofisticación y culturalmente menor dado que usan esos artefactos llamados "raquetas" cuando los tenistas muy bien podrían pegarle a las pelotas con sus manos desnudas, mayormente europeas y con pulgares oponibles, ¿no? La natación resulta entonces un deporte enloquecidamente difícil de evaluar en términos morales porque se usan manos y pies (y brazos y piernas y cuellos y torsos y…), ¿verdad? Ay, momento: la natación no es un deporte genuino porque casi no supone riesgo alguno de lesión… La cosa es que tanto el football como el soccer (y, en nombre de la salud, cualquier otro deporte) son producto del cerebro de la gente. Se piensan alternativas para crear reglas que permiten unas cosas y prohiben otras, incluso se construyen instalaciones y se fabrica equipo para competir y jugar. Manos y pies son meros instrumentos que se usan en formas diversas dependiendo de las reglas del deporte en cuestión. Además, los porteros en el fútbol sí dan buen uso a sus manos -arriesgándose a sufrir lesiones "menores", supongo, en sus preciados y nobles pulgares- y también existen muchos balones voladores, potencialmente traicioneros para la integridad de los dedos, en un partido promedio de soccer.

Me parece que su argumento verdadero sobre los males del fútbol no tiene nada que ver con este deporte en sí mismo, sino que está inspirado en una visión del mundo concreta: la xenofobia. El mayor defecto moral del soccer para los estadounidenses es que supone un deporte extranjero en su nación, de acuerdo con lo que usted abiertamente establece. (El fútbol puede ser tan extranjero para el público estadounidense como lo es el criquet para el mexicano. No creo que esta extranjería, absoluta e insalvable, haga del criquet un deporte necesariamente malo por naturaleza para sus aficionados mexicanos (casi inexistentes). No creo que el criquet pueda arruinar el buen juicio de persona alguna. Ay, pero está el argumento de usar las manos en el criquet… Aunque también se juega con palos, como en el béisbol, más o menos… Tal vez éste no sea un buen ejemplo después de todo…) Está bien, Sra. Coulter: desde su muy limitada perspectiva, el soccer es en verdad inmoral absolutamente para todos, salvo para el hombre que inventó su versión moderna, un británico de nombre Ebenezer Cobb Morley, y para sus compatriotas. (Supongo que esto es lo que, lógicamente, sigue: los británicos son los únicos que tienen permitido jugar y disfrutar del fútbol desvergonzadamente y tenerlo en alta estima. Cualquier no británico está muy mal y es bastante descarriado, de seguro, si se atreve a hacerlo…) Dicho esto, el mundo entero rezuma peligrosamente todo tipo de inmoralidad y corrupción, dependiendo de dónde esté uno situado: la cocina tailandesa segurito ocasiona "descomposición moral" cuando se come en cualquier otro lugar salvo en Tailandia y a menos que los comensales sean, por supuesto, tailandeses. (La tom kha kai, mi sopa tailandesa favorita, ha de ser testigo de este tipo de enigma moral porque, supongo, me ha convertido en una monstrua come sopa sin principios dado que la he probado, varias veces, en un restaurante de apariencia muy tailandesa y muy extranjera a unas cuantas cuadras de mi casa en el DF… Tu maldad me ha ganado, deliciosa tom kha kai, me ganó completita. Continuemos, pues…) Los burritos y los tacos, sin duda, "corrompen moralmente" a quienes se alimentan de ellos, además de los mexicanos y sólo si estos mexicanos se los comen dentro de los límites de su propio país. Los complejos procesos de globalización y todo tipo de interacciones entre naciones, las cuales han existido por siglos, sólo pueden originar desgracias, ¿verdad? (¡¡¡Maldito sistema métrico europeo, tan moralmente retorcido, que se usa en todo el mundo y sin reparo de las fronteras con la dudosa finalidad de comprendernos unos a otros!!!) El consumo de automóviles italianos, cerveza alemana, moda francesa, tecnología japonesa y hasta plátanos costarricenses debería restringirse a sus respectivos países y ser tanto o más causa de preocupación para la integridad moral estadounidense (o para la sanidad de cualquier otro país con respecto a sus propias amenazas extranjeras, es decir, a todo lo importado…) como ahora ya lo es el soccer. Básicamente, en eso derivaría su lógica, Sra. Coulter.

Lo que más me preocupa -incluso lo encuentro escandalizante debido a su tono racista- es que usted sugiere que la fuente de esta proto manía futbolera en los Estados Unidos está directamente vinculada con la mustia influencia de los extranjeros sobre los estadounidenses (esos mexicanos fanatizados por el fut y muchos otros latinoamericanos "locous" que viven en EUA, supongo). Únicamente la diseminación de su herencia y ese encanto exótico e irresistible que tiene podrían explicar por qué el soccer ha conseguido fanáticos en Estados Unidos. (Para sobrevivir, nosotros los mexicanos dependemos principalmente de la tradición, ¿sabe?) No puede existir alguna otra explicación racional. Por un lado, como usted dice, esos liberales (perversos amantes de lo extranjero, hipnotizados por el fútbol) han de haber adoctrinado a la gente realmente estadounidense para que les pueda gustar un deporte moralmente defectuoso. (Caray, esos liberales de veras que parecen muy disolutos: de acuerdo con sus propias palabras, Sra. Coulter, ¡¡¡hasta son devotos de Beyonce y Hillary Clinton!!!) Es un día triste cuando uno se da cuenta de que la gente ha perdido su voluntad… Por otro lado, sí, todos los vecinos "latinos" -y algunos vecinos italianos, alemanes, holandeses y franceses- en cada ciudad estadounidense son claramente culpables de este cambio de actitud referido al soccer. (Y qué tal si esos vecinos, imaginarios y perniciosos, no sólo fueran "latinos" sino también liberales… No se me ponga loca. Eso es sólo un conjetura.) Ay, los riesgos mortales de la hibridación cultural: de hecho, sí hay reciprocidad en el proceso (tal como deliciosamente atestiguan el chili con carne y el mole poblano).

Sin importar el lugar de nacimiento, algunos otros deportes también se han convertido en industrias globales, no sólo el soccer. La gente en México y en muchos otros países se deleita con el Super Tazón y millones lo ven, como usted menciona de manera acertada en su artículo. Cierto que el Super Tazón sólo se disputa una vez al año, mientras que la Copa del Mundo corre durante casi un mes completo, cada cuatro años. Resulta que organizar un evento deportivo competitivo que involucra 32 equipos diferentes peleando entre sí para ganar un solo primer lugar se toma un poquito más de tiempo, Sra Coulter. La FIFA conoce muy bien su negocio. (En este sentido, comparado con el escaso tiempo aire que tiene el Super Tazón, esos villanos, esos yonquis del fútbol de la FIFA tienen muchos más días para hacer su mejor esfuerzo… lo cual ciertamente significa tratar de ganarse a los indecisos y a los poco impresionados. Olvídense de la gloria futbolera: su única y verdadera finalidad es convertir a todos al Soccerismo…) Además de estas preocupaciones insignificantes sobre el tiempo, las cuales no creo le importen mucho a los entusiastas serios del deporte, surgen algunas otras preguntas con respecto a cómo afectan las industrias globales del deporte a sus ávidos fanáticos y a uno que otro ingenuo espectador: ¿es moralmente enfermo ver por la tele -y, ¡Santo Dios!, también disfrutar- cada uno de los partidos del torneo francés de tenis Roland Garros si uno definitivamente no vive en París ni tampoco es siquiera un poquitito francés, sin importar la nacionalidad de los tenistas involucrados? (La misma pregunta se puede hacer para (el legendario) Wimbledon, con el necesario cambio de escenario. Por cierto, a pesar de todos los ejemplos sobre tenis que he referido, no soy fan. Mi padre sí lo es. Y sí me enamoré de La broma infinita de David Foster Wallace, aún confrontada con una trama principal orientada, por completo, hacia el tenis. Regresemos a las preguntas…) ¿Están moralmente dañados esos otros extranjeros que se vuelcan hacia el football alrededor del mundo por no quedarse con sus propias modas deportivas nacionales? Su gusto por el fútbol americano, ¿los hace moralmente superiores a quienes no les gusta… sólo en sus países de origen o también fuera de éstos? O, ¿podría ser posible que a los no estadounidenses que adoran el Super Tazón les estuvieran lavando el cerebro para que nieguen sus identidades patrias y sus valores morales más íntimos? (Esto me huele a una cochina conspiración planetaria…) No me tomaría en serio NINGUNA de las preguntas anteriores, tampoco sus respuestas, potencialmente absurdas. Creo firmemente, Sra. Coulter, que los deportes y la moralidad, tal como usted los teje en su articulo, tienen poco o nada que ver en la misma frase. 

Sus palabras finales son: "Ningún estadounidense cuyo bisabuelo haya nacido aquí está viendo soccer. Uno sólo puede esperar que, además de aprender inglés, estos nuevos estadounidenses dejen su fetiche futbolero con el tiempo." Me pregunto dónde diablos nacieron los ancestros de esos bisabuelos de los que usted habla. En Inglaterra, ¿tal vez? O, ¿es posible que sean Sioux o Lakota? A lo mejor nacieron en algún oscuro país europeo o africano, ¿verdad? En el caso hipotético [*se ríe con sólo pensarlo*] de que esos ancestros fueran, de hecho, algún tipo de extranjeros, ¿podrían juzgarse sus gustos e influencias como pervertidos o malvados por el sólo hecho del lugar donde nacieron? Yo pensaba que una de las grandes cosas de los Estados Unidos es que representaban la libertad y la justicia para todos, incluso para los inmigrantes, mayormente para ellos, cuando sus desventuras terminaban una vez llegados a suelo americano. Los Estados Unidos se han catalogado a sí mismos como un crisol de culturas, como la tierra de las oportunidades, y por eso han atraído a los menos afortunados -ya sea en Guatemala, Polonia o Filipinas- con la promesa de libertad y prosperidad. ¿A caso me compré completita una mera propaganda extranjera y me convencí de ella? Mucho me gustaría pensar que no. (Por cierto, el estado de Arizona está haciendo un gran trabajo al desmitificar esa promesa que pareciera olvidada hace tiempo.)

Comparto su esperanza de que esos "nuevos estadounidenses" dejen su fetiche futbolero, pese a la lengua o lenguas que puedan hablar y en caso de que este deporte esté "poniéndose de moda" en EUA o no. (Me es imposible dejar fuera un recordatorio histórico importante: la lengua inglesa llegó a América (me refiero al continente) por primera vez en el siglo XVII. Los españoles y portugueses, con sus respectivos idiomas, llegaron a lo largo del siglo XVI principalmente. Dados estos hechos, tal vez todos deberíamos aprender a hablar, digamos, una lengua de la familia Quechua (las más antiguas datan del siglo XIII D.C.) ya que han estado por estos lares mucho, pero mucho más tiempo y ciertamente llegaron aquí antes que cualquiera de nosotras lo hiciera. ¿No parecemos ahora las verdaderas y originales extranjeras? Continuemos…) Los fetiches sólo traen consigo una suerte de gozo enajenado, a pesar de cuán multilingües puedan ser. Pero, al final, ¿quién soy yo para andar diciendo cuales pasiones son más meritorias que otras? Usted y yo vivimos en países libres (a veces me pregunto si los mexicanos somos verdaderamente libres dadas tantas limitaciones impuestas política, socioeconómica e ideológicamente), países donde las libertades están aseguradas por sus respectivas Constituciones y donde la gente tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana con su tiempo y energía, aunque usted y yo estemos, de todo corazón, en desacuerdo con ello, ¿no cree?

Quedo en espera de su respuesta.
Saludos cordiales, Montserrat Algarabel

P.D. He aquí un video (cortesía del usuario de YouTube xCNS GamingPs3) que compila algunas imágenes de percances futboleros triviales, exageradamente titulado "Las peores lesiones del fútbol jamás vistas" sólo para tener más visitas, segurito. Supongo que estos futbolistas intrépidos, al final, no estaban hechos de hule, aunque algunos si dan la impresión de ser niños malcriados y chillones con sus huesitos todos salidos al aire y así…

1 comentario:

Anónimo dijo...

Coulter hates the left and abhors immigration. Hence, her diatribe on soccer. Coulter’s inexplicable hatred of the Other is one reason why we should Never Trust Ann Coulter – at ANY Age, a new book available at www.coulterwatch.com/never.pdf.