lunes, 9 de noviembre de 2009

De las razones de un desvelo sostenido

Para Hafiza, porque a pesar de que
vaya que el gusto se rompe en géneros,
su fiesta de cumpleaños fue todo un éxito...


Después de más de 15 años de no vernos, el viernes vinieron a casa amigos del siglo pasado con quienes compartí ese primer año de universidad que tan definitorio resulta. Entre vino tinto, ron y cantidades industriales de cigarros, hablamos de lo que lógica y nostálgicamente se habla en este tipo de reuniones: anécdotas de todos colores, recuerdos propios y ajenos y, sobre todo, reconstrucciones polémicas de aquéllos tiempos (
en el caso de las historias compartidas la memoria juega trucos en apariencia descabellados porque, ¿quién puede tener la completa certeza de qué fue lo que en realidad ocurrió?). También hablamos de cuando los caminos se bifurcaron y cada quien tomó el suyo, del "¿¡qué ha sido de tu vida en todos estos años!?" que tanta curiosidad provoca e invariablemente termina sorprendiendo. A estas alturas del partido, la vida ha consistido en bodas, bautizos y divorcios, chambas variopintas y renuncias (forzadas o voluntarias), cambios de domicilio y vocación y todo aquello que pasa cuando uno ya empieza a contar las décadas en lugar de los años. Justo en el momento cumbre de la reunión convertida en gran reventón alguien dijo algo a lo que yo respondí: "eso merece una entrada en mi blog", pero ahora he olvidado quién lo dijo y qué fue (porque, de lo contrario, hubiera escrito una conversación al estilo de las que ya he publicado aquí). Algo mordaz sobre los fracasos matrimoniales de D (o sobre el gay que lleva dentro); algo chusco sobre la adscripción política blanquiazul de C y cómo lo explotan en su trabajo; algo serio y consternado sobre los anhelos de auto exilio de E o algo sobre... El caso es que D, N y yo acabamos compartiendo algo más que la cama (y comprobando que, por lo menos, dentro de D si habita un pequeño bisexual que sale tímidamente y muy de vez en cuando) y entre tanto trajín pudimos dormir hasta las 8 am.

***

El sábado llegaron a casa J y M: vienen de rolar por el sureste y piensar continuar su viaje después de una breve estancia en el DF. 17 horas de camino impidieron que J y M se animaran a ir a la Fiesta del Siglo. Y vaya que la Fiesta del Siglo hizo honor a su nombre: contó con un set de música de 8 horas en el cual se recopilaron solo algunas de las canciones favoritas (de 1900 a 2009) de quienes si escribieron y mandaron una lista de complacencias (¡cuánto me arrepiento de no haber hecho la mía!). Yo había dormido unas tres horas pero no podía faltar: entre la curiosidad de saber cuáles eran las rolas, quién las había pedido y la añoranza de ver a mis amigos más queridos, hice acopio de valor y llegue a la cita. Fui muy feliz escuchando a Gershwin, Nina Simone y John Coltrane; cuando llegaron los setenta bailamos y bailamos desde ABBA hasta los Doors. Para reavivar una tradición que estaba a punto de perderse, hicimos nuestro clásico karaoke coreográfico de Bohemian Rhapsody. T y E se batieron en un fabuloso duelo dancístico con Another brick in the wall. Todo iba muy bien hasta que, a eso de las 4 am, llegaron los 90 y comenzó la pesadilla. La mayoría de los invitados ya se había ido para entonces porque el reven parecía más maratón que otra cosa. Quienes nos quedamos estábamos un poco fastidiados por el cansancio o por haber escuchado ya varias rolitas que nomás no nos gustan o, de plano, por los efectos del consumo excesivo del alcohol, aunados a lo que ya empezaba a ser una cruda monumental. Seis rolas dance y ver contonearse a K casi me provocan un infarto o, por lo menos, daño cerebral irreversible. También me hicieron preguntar: pero, ¿dónde andaba en los noventa que no reconozco esta música? Afortunadamente, el inicio de este siglo fue genial: un poco de rai, otro tanto de balkan music, Delfin hasta el fin (muchas de las canciones del set eran chistes locales) y mi descubrimiento de Soulwax (gracias K: ¡si que te reivindicaste después de hacerme sufrir tanto!) me ayudaron a seguir bailando hasta la última canción que sonó pasaditas las 7 de la mañana. Resultado de la Fiesta del Siglo: regresé a casa a las 8 am...



... justo cuando J y M estaban despertando. Tomamos te (yo seguí fumando) y platicamos. Ya para las 9 am mi estado era deplorable: como hasta este fin de semana llevaba casi seis meses de monasticismo y exilio de interiores, tanto reven y trajín hicieron que me retirara a mis aposentos a pesar de que la conversación estaba muy buena. Me desperté a medio día porque supuestamente tenía (y tengo) muchas cosas que hacer (léase: primer capítulo de la tesis). Mis intenciones de trabajar tuvieron una corta vida: L llamó por teléfono y salí a comer con algunos de los supervivientes de la Fiesta del Siglo. Regresamos a casa para lo que creí sería una tranquila tarde dominguera de te y galletitas pero una cosa llevó a la otra y de nuevo acabó en desvelo. Después de la retirada del contingente de valientes que sobrevivieron a la Fiesta del Siglo, M, S y yo nos quedamos platicando sobre las curiosidades del lenguaje y las peculiaridades del encontronazo entre culturas. Como M es alemán, S y yo intentamos hacerle justicia a la riqueza de los albures y la chingada (no crean que nos albureamos a M, solo le dimos algunas ideas al respecto) y hasta aprendí a decir "vamos a trifulquear ahora" en lengua germana: Lass uns jetzt streiten!!! A pesar de mis ánimos trifulqueadores, nuestras disquisiciones madrugadoras llegaron a su fin casi a las tres. Lo más interesante del asunto es que es muy probable que esta semana olvide el monasticismo, cuelgue los hábitos y deje la austeridad del claustro: teniendo aquí a J y M solo por unos días más se me hace mala onda no sacarlos de reven... ayyy...

Música cortesía de MASS1MO0.

5 comentarios:

Alejandra dijo...

Me recuerda tiempos más jóvenes, pero en tu caso, se me hace que tienes algún pacto como el de Dorian Gray!!!

Qué buen fin de semana!!! felicidades!

Alejandra dijo...

Además ahora me divertiré adivinando el nombre de cada inicial en tu texto... jejeje

Beatriz dijo...

Jajaja yo estoy haciendo el mismo ejercicio que Alejandra. Muchos se me confunden pero hay un par que creo que sí le atiné.
Usté dele vuelo a la hilacha que al fin y al cabo es una racha aunque la deje como cucaracha.

Kurumo MI dijo...

Y de pronto me identifiqué como seguidor sincero -más allá de lo q significa ser blogger, jaja- de sus escritos, jeje...

Fiestas y fiestas... lo más bonito es q todos vivimos una gama muy amplia y diversa, y a la vez única, de fiestas... jejeje... He de confesar q la primera parte del relato me intrigó mucho, y fue por ello q, le digo, Miss Montse, q soy su fan, jaja!! Cuenta sus historias de una forma como en nadie más he leído. Felicidades por ello :D

Sin embargo, aquí viene la parte fea... Le hago notar mi inconformidad por la falta de comentarios en mi blog... jajajaja... Ahora sí, habiendo dicho lo anterior, le mando abrazos!

Viridiana / Hafiza dijo...

Por eso hay que hacer fiestas memorables, para que cuando se llegue al momento de contar décadas en vez de años, echemos un vistazo atrás y veamos lo divertida que ha sido nuestra vida.

"en gustos se rompren géneros", já, qué de acuerdo estoy con eso, la variedad y la tolerancia nos llevó a la locura.

Un fin de semana memorable... qué bueno que todavía existen.