viernes, 2 de abril de 2010

Paulette: apuntes sueltos sobre moralidad

ADVERTENCIA En este post exploro mis impresiones después de leer infinidad de comentarios sobre el caso Paulette en grupos, foros y muros de Facebook. Es importante puntualizar que estas no son mis opiniones con respecto al particular y que, a pesar de no incluir citas textuales, el presente post se construye a través de la referencia y la glosa de palabras de otros, los usuarios de Facebook que vorazmente elucubran en torno a las incógnitas del caso.

En México todo el mundo está hablando de Paulette. Todo el mundo tiene qué decir: hipótesis, más o menos descabelladas, de lo que pasó y por qué; manifestaciones de repudio a quien resulte responsable de su muerte; acusaciones a las autoridades que han conducido la investigación de corrupción e ineptitud; imputaciones e insultos a los padres de la niña... La verdad de lo sucedido, es muy probable, nunca será revelada [1]. Independientemente de que es una tristeza indignante que Paulette haya sido asesinada (que su alma sea acogida en el Reino de la Belleza Divina), el manejo mediático de este caso -por parte no solo de periodistas, sino de los padres mismos y de las autoridades- y las reacciones que ha provocado en el ciberespacio resultan muy interesantes porque dan cuenta, me parece, de una especie de termómetro moral que opera en la sociedad mexicana contemporánea [2]. Lo siguiente son apuntes sueltos al respecto.

De inocentes y culpables
Hoy día el nombre Paulette se ha convertido en sinónimo de inocencia, de bondad y, dadas las misteriosas circunstancias de su muerte, de tragedia. Cultural e históricamente, la infancia ha encarnado tales virtudes y mucho más si, por un acto de violencia, no se le dio a cualquier niño o niña la oportunidad de salir de ella: no le dieron tiempo de corromper su pureza. Quienes se lamentan por la muerte de Paulette no dejan de insistir en que durante su corta vida fue un verdadero ángel y que ahora lo es de hecho porque está junto a Dios [3]. Muchos incluso declaran que gustosos la hubieran recibido en sus familias y corazones si sus padres no la querían, si estaban hartos de ella y por eso la mataron. Inversa y proporcionalmente, Lisette Farah y Mauricio Gebara, padres de Paulette, encarnan la maldad, son el epítome de lo perverso. Por presunta acción u omisión, los padres son malvados: no supieron cuidar a su hija, no quisieron valorarla o, en el peor de los escenarios, son culpables, sin asomo a duda, de su muerte.

De clasismo y racismo
Pobre pero honrado, dice la gente, lo que implica que ser rico es, hasta cierto punto, ser deshonesto. La maldad de Lisette también se ancla en esta percepción de clase y, aunaría yo, de raza. Una abogada solvente de ascendencia libanesa, blanca de ojos claros, que vive en un exclusivo garden house en Interlomas [4], Lisette ha sido llamada frívola, calculadora, desapegada, desequilibrada e incluso se le ha comparado con una hiena. La opinión de que Érika y Marta Casimiro, las "sirvientas" de la familia Gebara Farah, pagarán por el crimen de Lisette aparece reiteradamente: son víctimas de su "patrona", al igual que Paulette. Por un lado, el hecho de que las hermanas Casimiro sean pobres (también presumo que son morenas) las exime a ojos de muchos de culpabilidad en el homicidio y, por el otro, las coloca en una posición de riesgo: es imposible que salgan bien libradas si se están enfrentando a una mujer rica (y de paso astuta y cruel) que cuenta con los medios necesarios para evitar el castigo que merece. De aquí se deriva la precepción de que es muy probable que a las hermanas Casimiro les sea imputado un crimen que no cometieron. Contra el poder del dinero nada puede hacerse.

De morbo y justicia
A la par de la interrogante ¿quién mató a Paulette? (que se responde con inusitada avidez: su madre), surge la exigencia de conocer detalles íntimos del caso, detalles que las más de las veces alimentan cierta propensión hacia lo escabroso con el pretexto de demandar justicia. Algunas personas se preguntan (y se contestan) sobre las particularidades de la relación entre Lisette y Paulette, sobre los motivos que la empujaron a matar a su hija, sobre los tétricos pormenores del asesinato. Estamos frente a un filicidio, dice la mayoría, que junto con el matricidio y el parricidio resultan imperdonables atentados a lo que en un imaginario compartido es la base inherente de cualquier sociedad: la familia. El hecho de que una madre sea capaz de matar a su hija, un tabú casi tan poderoso como el del incesto, evidencia según la percepción generalizada que la sociedad mexicana presenta un estado de desintegración y corrupción alarmantes. En este sentido, la justicia para el caso Paulette se convierte en una cruzada por resarcir la integridad moral de la sociedad misma.

NOTAS
1. Entre que la dinámica de los sistemas de justicia parece articularse exclusivamente de manera retórica, lo cual soslaya la verdad -en sentido estricto- de los hechos (una entrega de la trilogía Crimen y castigo publicada en este blog habla sobre ello), y que, como buena mexicana que soy, no creo en las "autoridades competentes", estoy casi segura de que nunca sabremos que ocurrió en realidad con Paulette.
2. No quiero hablar demasiado sobre los particulares del caso. Para contextualizar solo diré que Paulette Gebara Farah era una niña de cuatro años que tenía discapacidad motriz y de lenguaje y cuyos padres reportaron como desaparecida el 23 de marzo de 2010. Tras el operativo judicial y la campaña pública para encontrarla, Paulette fue hallada muerta en su propia habitación la madrugada del 31 de marzo. Según la autopsia realizada murió asfixiada por sofocación.
3. Discutir sobre la certeza de muchos de que Paulette "se fue al cielo" es materia de todo un post en torno al tema de los imaginarios religiosos. Yo si creo que Paulette se fue al cielo, pero esa es otra historia...
4. No es mi intención citar para este post, pero no puedo dejar de linkear el artículo Cuando los ricos delinquen (referido en el muro del grupo Ayúdanos a encontrar a Paulette en Facebook) porque argumenta, muy deficiente y atrevidamente diría yo, la culpabilidad de Lisette con base en la percepción de clase a la que me refiero.

9 comentarios:

El Soviético Tuxtleco dijo...

Qué va con este caso. En fin, creo que Paulette se fue a algún lugar invisible, no al cielo.

Soy 100% ateo, no creo en Dios.

Malena dijo...

Es un albur todo lo que gira en torno a este caso. Lo cierto es que como buenos mexicanos, caímos una vez más en la telaraña de las telenovelas y los medios de comunicación. Aquí lo único que hay que lamentar es la muerte de una pequeña, como la de otros miles de niños más a los que nadie voltea a ver. Una máscara más del mexicano.
Muy bueno tu post, lo escribiste con antiadherente.

Kurumo MI dijo...

No me he enterado del todo de este asunto... De hecho, supe del mismo hace un par de días, y lo que de pronto surgió en mi mente -por algunas reflexiones personales que nada tienen que ver con el caso-, aun cuando no estoy de acuerdo con los supuestos actos, fue: "y si lo hizo por amor?, ¿quiénes somos para decir que no lo hizo por amor, cuando éste consiste de una experiencia plenamente subjetiva?"

En fin... Si los padres son responsables, me pronuncio a favor -como si importara mi posición, ¡ja!- de la aplicación de la justicia y una pena; si la niña se encuentra en un sitio religiosamente paradisíaco -y suponiendo que también importa-, bueno, todos somos libres de creer en lo que nos dé paz y esperanza...

Alejandra dijo...

Sí... el artículo es bueno porque sintetiza sin tomar partido en un asunto cuya verdad está muy lejos de esclarecerse...
y sí, es cierto, la mamá levanta pasiones sospechosistas, el papá -como es cada vez más usual en México- brilla por su ausencia, y hemos eximido a las nanas por el simple hecho de ser nanas...
y sí, los medios y las autoridades tienen un papel aún más escabroso que los protagonistas mismos de esta historia.
lo que faltó preguntarse, tal vez, sea por la oportunidad misma del asunto, uno que nos ha distraído de las masacres recurrentes y ahora cada vez más de niños y adolescentes en el norte del país.
Independientemente de lo que se crea o no sobre el paradero del alma de Paulette, lo que nos está hostigando a todos y con mayor y mayor intensidad son los lamentos de todos los niños y niñas asesinados, tan sólo en este año, dentro de nuestros corazones y nuestras conciencias.

El Soviético Tuxtleco dijo...

Si quieres reírte un rato, mira ni nuevo post en mi blog.

Aniuxa dijo...

Y pues soltaron a todos, a los padres y las nanas... qué cosa.

The fool dijo...

Muy buen post. Algunas semanas han pasado desde entonces y nos seguimos preguntando, ¿qué grado de descuido o complicidad hay de las autoridades para que el cuerpo haya sido dejado en la recámara?
No cabe duda, México mágico.
Saludos!

Panda en la bañera... dijo...

Bueno...es que este país está fundado en la lógica de cierto tipo de guiones. Nuestro imaginario colectivo se ha estructurado a partir de Cunas de lobos, montes calvarios, ricos y pobres que también lloran ¡TORITOOOOOOOO!!!
Eso no deja mucho espacio para reflexionar, estudiar, inferir...
Somos una mala telenovela.

Moy dijo...

Creo que lo importante del caso Paulette es:

1. El impacto que pueden tener las redes sociales actualmente

2. La manera tan fácil que la sociedad juzga y emite opiniones tan a la ligera

3. La ineptitud de la justicia mexicana.