sábado, 31 de octubre de 2009

De Santos de cabeza y acumuladores compulsivos

Finalmente, después de mucho resistirme (porque en realidad no creo en esas cosas), puse a mi San Antonio de cabeza. Dicen que es buenísimo para encontrar el amor y los objetos perdidos (o sea: como se me perdió el amor, coloco al Santo en cuestión patas pa'rriba y éste, harto de estar en una pose estrafalaria e incómoda, me echa una manita para que aparezca ese amor extraviado porque cumplido el milagro segurito lo devuelvo a su posición habitual). Dicen que es un castigo para el Santo y que así muchas lo han forzado para que les consiga marido. Dicen que no basta con castigarlo y también hay que ofrecerle trece monedas de la misma denominación, prenderle una veladora y rezarle una oración para que lo saque a uno de la soltería. Sobre todo hay que tenerle fe. La verdad, yo lo colgué de cabeza porque se me hizo un detalle muy kitsch y muy necesario en una pared que había permanecido "pelona" (como diría mi papá) desde que llegué a esta casa hace más de dos años. Esta es la foto de mi San Antonio:


El San Antonio que embellece la entrada de mi casa salió de casa de mi vecino. Su mamá me lo dió porque ya estaba cansada de tenerlo arrumbado en una esquina. Acepté traérmelo porque mi vecino tiene novia y me parece que, por obvias razones, no lo necesita. Yo creo que mi vecino es algo así como un acumulador compulsivo (o que, con los años, seguramente se volverá uno). Esta sesuda conclusión se me ocurrió tras ver algunos episodios de una serie nueva de A&E, Hoarders. Digo: la casa de mi vecino no se parece ni remotamente a las casas de los acumuladores compulsivos que muestra Hoarders, retacadas de piso a techo con todo tipo de objetos, pero ahí se va.

Mi vecino recupera del desuso y/o del abandono cosas diversas con la esperanza de encontrarles algún provecho. Desafortunadamente, esa esperanza se ve frustrada en muchos casos, como había pasado con el San Antonio que ahora tengo. Muebles desvencijados, tablas, tablones y polines, botellas, fierros viejos y un largo y variado etcétera esperan a ser reciclados de alguna manera en los pasillos de casa de mi vecino. Estas cosas parecieran no tener utilidad, por lo que sus antiguos dueños las catalogaron como desperdicios e hicieron lo propio: tirarlas.

Mi vecino se dedica entonces a reivindicar objetos supuestamente inservibles. Aunque también es posible que mi recién adquirido San Antonio haya sido producto del vandalismo y no de la reivindicación de su potencial valor porque, ¿de veras estaba tan estropedado y era tan inútil que simplemente lo botaron en la calle para que lo recogiera el camión de la basura? Yo creo que mi vecino, además de acumulador compulsivo, en una de esas es un poco cleptómano y se robó al San Antonio de un crucero antes conflictivo y ahora mucho más conflictivo porque los automovilistas ya no saben para donde van. Tal vez en su lugar de origen, este San Antonio tenía el cometido de ayudar a los viajeros a encontrar el camino (por aquello de su efectividad para hallar lo perdido).
Supongo que nunca lo sabré de cierto. De cualquier forma, "haiga sido como haiga sido", el San Antonio ahora es mío y ya tiene utilidad. A ver si es tan milagroso como dicen...


Ah, por cierto: este post es el número 100 en nimbemon... ¡Yeah! La cuerda me ha dado para 100 entradas, a pesar de que recientemente he escrito muy poco y publicado aún menos. Espero que mi San Antonio sea multifuncional y también me ayude a encontrar la inspiración perdida porque ¡vaya que ha estado extraviada la Musa por estos (y otros) lares!

3 comentarios:

Beatriz dijo...

¡Genial post!
Ahora, a ver si no se convierte tu casa en un aleph y empiezas a encontrar todo lo perdido... si no está en tu casa, quizá en la del vecino.
Un beso

Alejandra dijo...

FELICES 100 ENTRADAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

y el Sn. Antonio de cabeza está genial!!

Diana dijo...

Me encanta el letrero! Felicidades or las 100!