domingo, 13 de diciembre de 2009

Crimen y castigo. The Steve Wilkos Show

Los talk shows (chat shows para los británicos) son todo un fenómeno mediático desde sus inicios en la radio en la década de los cincuenta. En su versión televisiva los hay de chile, mole y pozole (y también de manteca): tenemos Oprah, famosísimo programa en el cual la Winfrey entrevista a cuanta celebridad se puedan imaginar y da consejos sobre qué libros leer; Cristina, donde la Saralegui hace lo mismitito que Oprah pero en español; ahí está Tyra, donde la Banks empodera a las mujeres mostrándoles cómo abrazar su cuerpo y cómo ser asertivas; Mariano, que transitó más o menos dignamente de la radio a la televisión e hizo el milagro de hacer visible la cara de Osorio tras la voz de sus cursilerías; y The Tonight Show, al aire desde 1954, por el cual han pasado conductores como Johnny Carson, Jay Leno y Conan O'Brien.

Describir las transformaciones temáticas y estilísticas de este género televisivo a más de cinco décadas de su invención da para varios libros. El
talk show contemporáneo ha modificado su estructura original (que aún prevalece) [1] dando como resultado programas hibrídos que incluyen en su formato la engañosa premisa de todo reality show: gente real, común y corriente, con problemas igualmente reales y supuestamente comunes y corrientes. Entre estos talk shows mutantes se encuentran: Laura en América, donde la Srita. Laaauraaa pone en su lugar a los rufianes y canallas que engañan a sus parejas; Maury, en el cual Povich, con la paciencia de un santo, hace pruebas de paternidad y lidia con adolescentes descocadas; y el epítome de la tele basura, el escandaloso tabloide audiovisual que responde al nombre The Jerry Springer Show, programa en que Springer, ex alcalde Demócrata de Cincinnati, discute escabrosamente a expensas de sus invitados puros temas taquilleros (zoofilia, pedofilia, prostitución, drogadicción, incesto, racismo, infidelidad, divorcio, enanismo, homosexualidad, travestismo y un largo etcétera) y trata de salir del set en una sola pieza cada vez que los asistentes al show se lían a golpes (lo cual sucede muy a menudo). Precisamente, el antiguo jefe de seguridad de este exitoso y morboso programa ya tiene su propia emisión televisiva, The Steve Wilkos Show:



Este pelón altanero, malencarado y gritón, como dice cada ocasión que puede, fue oficial de polícía en Chicago durante doce años y marine al servicio de su patria. Le encanta confrontar malhechores y malvivientes y su única misión en la vida es proteger a los débiles. También es un orgulloso padre y marido [2], por lo que defiende ferozmente los valores familiares. Desde 2007, The Steve Wilkos Show recibe invitados a su foro para ayudarlos a superar problemas de toda índole: hijos e hijas que reclaman la atención de sus desobligados progenitores; mujeres golpeadas que tratan de escapar de sus parejas violentas; personas que buscan limpiar su nombre tras haber sido acusados (falsamente o no) de abusar sexualmente de niños y/o niñas o de haber matado bebés como consecuencias de sus adicciones fuera de control. Puros temas taquilleros que despiertan la curiosidad de la audiencia y que explotan la cuestión universal de la verdad: saber quién miente, quién engaña, quién es verdaderamente responsable por esto o lo otro, leitmotif que en programas como Maury ha asegurado durante años altos ratings y ganancias.

La característica distintiva de The Steve Wilkos Show frente a otros talk shows cuyos conductores resultan más comprensivos o tolerantes es que Wilkos se especializa en el linchamiento público y en cadena nacional de quienes, según su ojo clínico para el mal, son culpables de los crímenes que se les imputan.
El arma de Wilkos para develar la verdad y darle su merecido a los malosos y malosas: un detector de mentiras. Su estrategia nada tiene que ver con la de otro talk show reconocido, Dr. Phil, en el cual el doctor del título ofrece consejo "profesional" y buenaonda a los atribulados que aceptan ventilar su vida privada en televisión. Frente a un público histérico en el estudio, Wilkos intimida verbalmente a los bellacos que fallan la prueba del detector de mentiras: los acorrala con preguntas, sarcasmos y reproches, los forza a admitir "la verdad" y una vez que se impone ante ellos les exige que abandonen el set. Justicia expedita hecha en nombre de los desamparados.

Una de las constantes en The Steve Wilkos Show es la exhortación que hace Wilkos a sus invitados, ya sean catalogados como víctimas o perpetradores, para que "entren en razón", el what the hell were you thinking?, el ¿en qué cabeza cabe? que insistentemente usa con drogacticos que se meten en todo tipo de dificultades, pedófilos que aceptan o no su atracción sexual por los menores, mujeres incapaces de dejar a sus maridos golpeadores y hasta con los mismos esposos abusivos. Si algo tienen en común drogadictos, pedófilos y hombres y mujeres en relaciones de codependencia es la auténtica imposibilidad de "reformarse" sin auténtica ayuda especializada: el quiero pero deveras no puedo [3] de muchos asistentes a The Steve Wilkos Show es honesto e indica una condición patológica que se mantiene más allá de la intención o las ganas de cambiar, condición debida a incontables razones. En este sentido, los sermones de Wilkos (o de cualquier otra persona) son inútiles: por más que trate de convencer a sus invitados de que deben dejar de hacer cualquier cosa mala, incorrecta o enferma que estén haciendo, de que deben madurar y ser responsables, cuando la voluntad propia no es suficiente, la razón ajena no sirve para nada. Tal vez Wilkos actúe de buena fe, tal vez de verdad quiera ayudar a la gente, pero su enfoque espectacular y autoritario parece dar un solo y contudente fruto: harto rating y hartas ganancias.


NOTAS
1. Cuyo ejemplo paradigmático es el Late Show with David Letterman, un programa que gira alrededor de la conversación del anfitrión con sus invitados e incluye elementos del programa de variedad como números musicales y sketches cómicos.
2.
Rachelle Consiglio, esposa de Wilkos, trabajaba en la producción del programa de Springer y ahora es productora ejecutiva de The Steve Wilkos Show: todo quedó en familia.
3. Que, referido a la incapacidad de las mujeres golpedas para dejar a sus maridos abusivos, puede entenderse mediante el Síndrome de la Impotencia Aprendida. Para una muy concisa pero efectiva explicación de las causas y consecuencias de tal síndrome en inglés, conocido como learned helplessness, pícale aquí.

Esta es la tercera parte de la trilogía Crimen y castigo. Si te interesa leer dos entregas anteriores sobre televisión de realidad que busca combatir y/o explicar ciertos fenómenos del crimen en Estados Unidos, puedes picarle aquí y aquí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

no se cuanto tiempo tiene que publicaste tu post, pero te quiero decir que Wilkos tiene buena intención y cerebro para acorralar y por mi que bueno que se haga millonario, que USA tiene la tv que merece, al igual que los demás paises, que el morbo no sólo está ahí, está en el tributo estupido que sele rinde a las estrellas te cine y tv, esos son los modelos a seguir, como la Crazy Gaga, realmente "estrellas" disque personas pero eso si socialmente irresponsables. Yo he visto casi todo los shows de Wilkos porque me gusta su astucia, si grita pero eyyy asi son los gueros, todo exajeran y que el morbo -insito de verdad- está en todos lados, no solo en la tv, en la moda, en donde sea que haya personas, incluso contar chismes es la forma más común, usual en tooodo el mundo, creo que por mi que nos destruyan, sin salvar nada, siento una profunda misantropia pero tampoco por eso hago daño, sólo sigo pero es triste para personas como yo, tener que aceptar que así quiere vivir la mayoria de la humanidad, triste y ni modo.

nimbemon dijo...

Anónimo: escribí este post a finales del año pasado. Me topé con el Show de Wilkos gracias a youtube y me pareció una fantastiquez, a pesar de que a veces si creo que se le pasa un poco la mano. Sobre todo porque su estrategia de regaño y linchamiento no creo que ayude mucho a la "rehabilitación" de sus invitados. Y si: es posible que lo único con lo que nos podamos contentar, dadas las múltiples deficiencias de los sistemas de justicia, sea un güero gritón que combate el crimen en TV... Saludos, n.