miércoles, 9 de septiembre de 2009

Fotos robadas

Fotos robadas, fotos virtuales. Fotos que alguna vez tuvieron un soporte físico, prueba de su real existencia, una impresión de papel brilloso perdida tras los años de constantes mudanzas. Descubrir estas fotos encalladas en el ciberespacio me removió las fibras del corazón que solo se remueven cuando ataca la nostalgia. Por eso las robé. Para observar atenta ese segundo hurtado al olvido y hacerlo presente, para transportarme al momento justo del click y preguntarme: ¡ay!, ¿dónde fue a parar todo esto, además de estar escondido en un rincón profundo de mi memoria? ¿Quedó algo de ese instante salvo el remedo de recuerdo que centellea deslavado, oscurecido, pixeleado en mi pantalla? ¿Salvo el simulacro alterado de lo que fue?

I
La Fotografía no dice (forzosamente) lo que ya no es, sino tan sólo y sin duda alguna lo que ha sido. Tal sutileza es decisiva.
Vivo con la ilusión de que basta con limpiar la superficie de la imagen para acceder a lo que hay detrás: escrutar quiere decir volver del revés la foto, entrar en la profundidad del papel, alcanzar su cara inversa...

II

En la Fotografía, la inmovilización del Tiempo sólo se da de un modo excesivo, monstruoso: el Tiempo se encuentra atascado; no es necesario que me represente un cuerpo para sentir ese vértigo del Tiempo anonadado. La Fotografía es como la vejez: aunque sea resplandeciente, demacra el rostro...





























III
La Fotografía sólo adquiere su valor pleno con la desaparición irreversible del referente, con la muerte del sujeto fotografiado, con el paso del Tiempo. La fecha forma parte de la foto: no tanto porque denota un estilo, sino porque hace pensar, obliga a sopesar la vida, la muerte, la inexorable extinción de las generaciones...















IV
Lo que la Fotografía reproduce al infinito únicamente ha tenido lugar una sola vez: repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente. La Fotografía tiene el poder de mirarme directamente a los ojos...




V
Veo, siento, luego noto, miro y pienso. La vida está hecha así, a base de pequeñas soledades. Una foto está enteramente lastrada por la contingencia de la que es envoltura transparente y ligera.

Textos: La cámara lúcida. Notas sobre la fotografía de Roland Barthes.

Fotos robadas cortesía (en alguna u otra forma) de: Víctor, Manu, Jez, Larissa, Roberto, Nadine y Moy.


5 comentarios:

Alejandra dijo...

me encanta el vestidito de lunares, el copetazo de gel, el delineador más negro que la noche!! qué tiempos aquellos!

nimbemon dijo...

¿Qué tal la foto de Manu de pelos amarillos y Daniel de cabellito corto? Ay, ¡¡¡buenísima!!! Y si: oh, aquéllos tiempos... Un beso Alex.

Moy dijo...

Me jacto de ser una pesona con muy buena memoria (al menos para lo que me importa). Eso es muy bueno salvo en la percepción del tiempo; cuando tienes buena memoria no sientes cuánto tiempo ha pasado y sientes, por ejemplo, que en 1997 ocurrieron acontecimientos "recientes" porque los tienes todavía muy frescos en la mente... hasta que te topas con una buena fotografía y te das cuenta que han pasado 12 años y que en esa época estabas terminando la secundaria y ahora ya eres todo un ñor.

The fool dijo...

Vi tu post hace unos días, pero me costó trabajo comentarlo, tal vez sea por mi reticencia a mirar fotografías de momentos felices que se han ido, ¿Y a dónde fueron a parar las sonrisas? suelo preguntarme, para después sentirme presa de un cuento triste.

Esa nostalgia fotográfica, tal vez sea el único castigo que pudo imponer el tiempo por tratar de encapsularlo.

nimbemon dijo...

Moy: ¡¡¡Tu no eres ningún ñor!!! Estás en la flor de la vida...
The fool: Ay, pero que hermoso comentario... Es dificil ver fotos de antaño sobre todo cuando se tiene, como yo, una tendencia a la melancolía...
Un saludo, n.