domingo, 26 de julio de 2009

Bicicletas y recuerdos


























Domingo, 10 am: paso por Eli y Diego a su casa. Nuestra misión: andar en bici por las calles del DF y así aprovechar las múltiples ventajas dominicales para ciclistas chilangos que incluyen rutas preferenciales, avenidas cerradas al salvaje tráfico automovilístico, vigilancia policial ("¿qué clase de ventaja es ésa?", grita el anarquista que llevo dentro) y puestos de hidratación y servicio a lo largo de Reforma. Primer problema: ¡yo no tengo bicicleta propia! Vamos al módulo de Muévete en Bici que está en la Glorieta de La Cibeles. Segundo problema: ¡ya no tienen bicis! Las han prestado todas. Quedan dos más, averiadas. Esperamos un rato a que cambien la cámara de una. Listo: ¡conquistemos la ciudad!


Como decía mi madre: lo que bien se aprende nunca se olvida. Ella precisamente sujetó el respaldo de mi primera bicicleta hasta que yo aprendí a maniobrar sobre dos ruedas en el Parque Hundido. Recuerdo que era común insertar un envase vacío de Frutsi en la llanta trasera de la bici para que diera la impresión sonora -si todo salía bien- de ser una moto. Recuerdo la hazaña de andar en bici por los lotes baldíos que hace años rodeaban la cuadra donde vivía. Ahora todo se ha privatizado y ya no quedan terrenos agrestes en los cuales jugar al Tour de France tercermundista, entre cascajo y árboles caidos, sin más premio que divertirse.


12 pm: una ponchadura detiene nuestra carrera por Reforma. La llanta trasera de Eli ha reventado. Mientras ella va a buscar quien la cambie, Diego y yo almorzamos. Dos horas después seguimos el trayecto de regreso. Ya pasan muchos menos ciclistas por Reforma: en media hora abrirán de nuevo la avenida y el paraíso de las bicicletas estará cerrado hasta el próximo domingo. Regresamos la bici sin mayores contratiempos ni caidas; supongo que para eso todas las bicicletas del módulo tienen pegada una estampita de la Virgen de Guadalupe. Aunque tal vez solo sea para evitar que las roben.


2 comentarios:

Rocio dijo...

Suspiro! Con narraciones tan bonitas, extraño lo bello de mi amada Chilangolandia! Saludos desde Coatepé! Besos a Ali, Pingüino y Pekeñito!!! Y claro, a ti también Monts!

Moy dijo...

Jeje, yo tampoco tengo bici propia pero igual, no hace mucho intenté andar en una y me sorpreendí de mí mismo ya que todavía recuerdo muy bien cómo hacerlo. Hasta el impulso automático de colocar la mano sobre los frenos para ir regulando la velocidad.