miércoles, 15 de julio de 2009

Gatitos de miel y quebranto


Estos dos hermanos felinos son (de derecha a izquierda) Ali Milagros y Pingüino, mis nuevos hijos peludos. Mi amiga Chío los encontró encerrados en una jaula, bajo la lluvia. Inmediatamente los llevó con Claudia, una verdadera heroína de los gatos, para atenderlos y buscarles una casita donde vivir. Claudia tiene una organización pequeña, Gatos Olvidados, que con muchísimo esfuerzo y pocos recursos se dedica a cuidar gatos en situación de calle y así trata de darles la oportunidad de ser felices, si es que eso es posible en estos tiempos que corren.

Ali y Pingüino llegaron a mi casa el domingo pasado. Karsten, quien los había cuidado durante el último mes, quedó feliz de dejarlos en un lugar que los acogiera; me dijo que a Ali le gusta la miel con leche y que Pingüino es un poco desconfiado, pero nada como la paciencia y el amor. Porque estos gatitos -como miles más- eso necesitan: sentirse queridos, cuidados, acogidos. La historia de Ali es especialmente triste porque es ciego y parcialmente sordo. A veces le dan ataques como de epilepsia; el pobrecito se convulsiona y babea de forma horrible. Claudia y Karsten estuvieron a punto de decidir que Ali estaría mejor en el cielo de los gatos pero, tras estar internado un tiempo, un buen día Ali ronrroneó por primera vez: este gatito quería vivir y por eso también lo llamaron Milagros. (Además, el nombre árabe Ali se traduce al castellano como alto o excelso; en la tradición islámica el Imám Ali, yerno del Profeta Mohamed, también es conocido como el León de Allah. ¡Qué gran nombre para un gatito sufi!) Ahora el veterianario confía -y nosotros también- que la medicina que le ha recetado surta efecto y pueda controlar los ataques.

Tener a Ali y a Pingüino necesariamente me hace reflexionar sobre la (in)justicia del mundo y hasta el (sin)sentido de la existencia: ¿por qué un gatito tan dócil y frágil como Ali ha sufrido tanto? La pregunta no tiene respuesta ni tampoco termina en él; puede aplicarse a los millones de seres humanos que, debido a causas reprobables y muy reconocibles como la explotación, la guerra, la marginación y la pobreza (y a otras tantas causas que nos escapan), viven las miserias de este valle de lágrimas. Claudia podría contarles historias horribles sobre los gatos que son abandonados, mutilados, envenenados... Pero afortunadamente, personas como ella y Karsten, que trabajan de manera altruista con la intención de hacer de este mundo un lugar más compasivo para gatos y humanos por igual, de verdad que alimentan mi fe en la vida.

Si quieren adoptar un gatito, que mucho los necesita, escríbanle a Claudia: gattos.olvidados@gmail.com
Foto cortesía de Karsten.


4 comentarios:

The fool dijo...

Ahhhh se ven re lindos. Es curioso lo que dices pq mi rumi y yo tenemos un par de gatitos (Nosky y Fidel)que de nunca haber conocido ni la calle ni el hambre son RE fresas y uno de ellos es ligeramente mamón, cosa que notamos aún más el día que un amigo llevó a su gato Matusalén (hijo de la calle) a convivir con sus primos y nos sorprendió ver lo cariñoso y mucho mas dócil que es, en comparación con nuestros juniors. Gran labor de paciencia esa de rescatar a los felinos. Felicidades por los hijillos peludos!

Elizabeth Palacios dijo...

Amiga querida... me has hecho poner los ojitos llorosos... ya quiero conocer a mis sobrinos gatunos... besos...

Alejandra dijo...

suerte mañana en xochimilco!! y saludos a Karsten y todos los amigos de los felinos, incluida tú...

Rocio dijo...

Ali es... El "León de Allah"! wow... creo qiue Claudia no supo que eso significaba, pero estoy segura, es muy sincrónico que ella le haya dado ese nombre. Que bello! Besos Montse!